2015-12-09

El plano de inmanencia y Occidente

¡Occidente, jodido Occidente, has perdido el Norte! Y eso que paradójicamente eres el Norte. Pero ¡lo has perdido, fucking Occidente! Has perdido, has olvidado los placeres intensos, has dejado de sentir el dolor en tus carnes. La sangre ya no corre por tus venas. A pesar de que la disfrutas en las pantallas. La sangre y el sudor y las lágrimas y el goce y la violencia, que crees que son de los otros, pero que son tu propia sangre y tu propio sudor y tus propias lágrimas, tu propio goce y tu propia violencia. Convenientemente empaquetados para ti, Occidente. Listos para disfrutar y para temer. Listos para comprar y consumir.

Tus intelectuales, Occidente, se creyeron la historia del plano de inmanencia, se olvidaron de que la trascendencia es tan vieja como el hombre. Sin duda más vieja que tú, Occidente. De eso de la trascendencia tu sabes mucho. Pero quizás no tanto de cómo se imbrica con la inmanencia, con tu querida inmanencia, con tu plano de inmanencia. Se olvidaron los intelectuales, o se quisieron olvidar, de que la trascendencia es una punzada profunda y desgarradora en ese plano de inmanencia, de que sólo desde las profundidades del dolor y del placer, también del dolor y del placer al mismo tiempo, se puede alcanzar algo parecido a la trascendencia. Se olvidaron de eso tus intelectuales, Occidente, porque siguen siendo sacerdotes de tus nuevas religiones de plástico. Los mismos sacerdotes de siempre, pero ahora con chaquetas y corbatas en lugar de sotanas. Dejaron de comprender tus intelectuales, o hacen como que no comprenden, porque siguen siendo sacerdotes de tu nueva religión de neón, muchas de las cosas que entendieron ya hace siglos hombres a los que llaman despectivamente primitivos. ¡Tú si que eres primitivo, Occidente!

Tus intelectuales se reúnen entre ellos y hablan del plano de inmanencia y de otras pendanterías. Pero se niegan a comprender; porque se niegan a vivir esas punzadas profundas, esos desgarros inesperados, o no tan inesperados. Tus intelectuales se reúnen y hablan del terrorismo y de las pandemias y de los cambios climáticos y de las crisis de refugiados. Pero para ellos todo esto está, como no podía ser de otra manera, dentro del plano de inmanencia. Porque los intelectuales sólo saben de estas cosas por los periódicos, o por las pantallas, o por las comidas con los suegros, o por las cenas con otros intelectuales que leen los mismos periódicos y miran las mismas pantallas y comen con los mismos suegros. Porque para ellos todas estas cosas no son más que distintas regiones dentro del mismo plano de inmanencia. De lunes y viernes, y el fin de semana otra vez partido y otra vez comida con los suegros.

Dejaron de entender tus intelectuales, Occidente, y con ellos el resto de la sociedad, anestesiada por el brillo de los envoltorios y de las pantallas, que nos falta el goce, que nos falta la violencia, que nos falta la sangre corriendo por las venas. No el goce y la violencia en general, sino nuestro goce y nuestra violencia, nuestro amor y nuestro odio, nuestra rabia y nuestra locura. En todo se quiere meter el sistema y para ello inventa sexualidades de neón y violencia de género de telediario. De toda esa violencia y todo ese goce tenemos de sobra en las pantallas, pero ya no son nuestros. Nos los ha arrebatado el sistema. Nos los ha arrebatado la farsa de la democracia. Dejaste de entender, Occidente, que esa violencia que ves en las pantallas es tu propia violencia. Que ese placer, ese goce, ese deseo que ves por todos lados reflejado ya no es tuyo. Que te lo han robado, que es tu deseo y tu placer y tu rabia pero reflejadas, empaquetadas, listas para tu disfrute y para tu miedo, listas para tu consumo. Tu placer y tu rabia, tu goce y tu violencia siguen hay, Occidente, pero ya no te pertenecen. Los han colocado detrás de una urna de cristal. Como el dinero falsificado por los bancos y que no sabes que tarde o temprano también te robarán. De momento, por si las moscas, ya se lo has entregado, o bien se lo debes. Todo esta ahí, todo es tuyo, pero detrás de la urna de cristal. Para que puedas verlos con nitidez, con calidad HD. Para que puedas ver el sudor y las lágrimas, la sangre y el semen salpicando las paredes de cristal. Para que puedas ver tu sangre y tu semen, tu sudor y tus lágrimas, que ya no te pertenecen. Te los ha robado el sistema, Occidente. Te los ha robado tus Estados, tus corporaciones, tus agencias de inteligencia, tus estudios de Hollywood, e incluso algunas ONGs. Dejaste de entender, Occidente, que tu goce y tu violencia, tu sangre y tus hormonas están ahora detrás de una pared de cristal. Todos esperándote. Porque al fin y al cabo te pertencen. Cuidadosamente empaquetados para ti, para tu disfrute exclusivo, para tu temor exclusivo. La emoción, el goce, la rabia, la violencia que dejaste de sentir, Occidente, los fabrican para ti con el mayor esmero tus propias agencias de inteligencia, tus propios medios de incomunicación, tus redes asociales, tus propios estudios de Hollywood.

Olvidaron tus intelectuales, Occidente, que la trascendencia sigue ahí. Sólo que caída sobre el plano de inmanencia, como dijo Walter Benjamin. Sobre ese plano de inmanencia que tanto le gustaría a tus intelectuales, que se creen de izquierda, que no fuese más que eso, un plano de inmanencia. Pero la trascendencia sigue ahí, te guste o no, Occidente, tan pegada al plano de inmanencia que ni siquiera la distingues. Has dejado de verla a fuerza de ensimismarte. Primero en la trascendencia misma, sí, pero sólo en la trascendencia separada de la inmanencia. Y después en la inmanencia, una vez que la trascendencia se había caído, o una vez que construiste todo tu mundo inmanente a partir de esa trascendencia. El plano de inmanencia ha absorvido a la trascendencia y ahora ya no se sabe muy bien que es una cosa y que es otra. De manera que los intelectuales pedantes pueden decir que sólo hay plano de inmanencia y quedarse tan anchos.

Pero no te preocupes, Occidente, tus intelectuales pueden seguir construyendo sus planos de inmanencia. Para eso están. De la trascendencia ya se ocupan las agencias de inteligencia y los estudios de Hollywood. Los mismos sacerdotes de siempre, con sus rituales, sus sacrificios, sus hierogamias, sus espectáculos, pero ahora con chaqueta y corbata en lugar de sotana. Y por cierto que lo hacen mucho mejor que los intelectuales. Estos nuevos sacerdotes fabrican para ti, Occidente, la trascendencia, es decir te roban el placer y el goce y las lágrimas y la rabia y la sangre y los empaquetan también para ti, para que los consumas. Como Dios o la CIA o la CNN mandan. No te preocupes, Occidente, ellos ya se encargan de darle un poco de relieve a tu plano de inmanencia; el poco relieve que tienen tus pantallas, tus Facebooks y tus Twitters. Relájate, Occidente, tus agencias de inteligencia, tus medios de desinformación, tus ONGs, tus estudios hollywoodenses fabrican para ti todo el espectáculo, toda la trascendencia: el terrorismo, las pandemias, las revoluciones coloreadas, los Podemos y los Syrizas, los cambios climáticos... e incluso alguna que otra nanopartícula inteligente que puede estar ya pensando y sintiendo por ti.

¡Despierta Occidente! ¡No sólo estamos en guerra; además la guerra es también contra ti! ¡Y tu ni siquiera te habías enterado, Occidente! ¡Espabila Occidente! El placer y la rabia, el goce y la violencia que has dejado de sentir, que quizás ya nunca vuelvas a sentir, las hormonas corriendo por tus venas, la erección y la humedad de tu sexo, los fabrican para ti tus agencias de inteligencia, convenientemente retribuidas con tus impuestos; tus estudios de Hollywoood, convenientemente rentables con tus tickets, tus palomitas y tu Cocacola. Tu pequeño paraíso se acaba, Occidente. Tu paraíso de inmanencia, de pequeñas trascendencias, pequeños deseos, pequeños placeres, pequeños sadismos y pequeños masoquismos. Tu paraíso políticamente correcto. Tu paraíso de reunión de trabajo y comida familiar. Este pequeño paraíso inmanente se te acaba, Occidente. Se te acaba el deslizarte felizmente en tu plano de inmanencia, en tus pequeñas elecciones, en tus pequeños Je suis Charlie, en tus pequeñas ONGs, en tus pequeños activismos controlados, en tus pequeños caprichos de centro comercial. Se te acaba todo esto, Occidente.

Pero quizás tengas a cambio, por fin, la posibilidad de vivir. Te toca elegir si lo que quieres es que tus pequeños políticos con corbata estrecha o con camisas de cuadros, tus pequeños expertos de televisión, tus no tan pequeñas agencias de inteligencia y tus gigantescos estudios de Hollywood sigan fabricando para ti el goce y la violencia. Tu goce y tu violencia, los que te han robado. O si lo que quieres es vivir.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/

Imagen a partir de Cristo crucificado o Cristo de San Plácido (ca. 1632) de Diego Velázquez  [pd] y otros.