2016-01-28

El nacimiento de los maniquíes y los dildos



Como hemos mostrado, es habitual encontrar una estrecha relación entre el incesto y la castración. Pero se trata de hecho en el fondo de la relación entre la dimensión hierogámica y la sacrificial de la MHS. La relación entre incesto y castración no es más que un caso particular de la relación entre las diversas formas de sexualidad prohibidas —el incesto, el adulterio, la violación, el rapto— y el sacrificio. En el marco del ritual HS, estas transgresiones son mostradas, escenificadas, por un lado, y castigadas con el sacrificio o la castración, por otro. De forma que los transgresores hacen las veces de bíoi sagrados, en un principio considerados transgresores, maléficos, impuros, nefastos, y después progresivamente en transformados, en el marco de la evolución del culto, en benéficos, puros, fastos. Hemos hablado ya de esta mecánica que explica por qué los dioses están asociados sistemáticamente a la transgresión, en todas sus formas, y porque también estos tienden a irse transformando en entidades trascendentes que representan el bien, la ley. Y que termina significando a menudo una disociación de estas dos dimensiones de un mismo dios en dos dioses diferentes, en la medida en que la lógica no admite tales transformaciones o duplicidades.

Pues bien, en el caso de las diosas femeninas, vemos esta transformación de manera muy evidente en la figura de la Virgen cristiana, que se deriva de la tradición ancestral de la mujer incestuosa, adúltera, disoluta —arquetipo afrodítico—, y posteriormente se transforma en la mujer y madre fiel, casta, pura —arquetipo demétrico—. De ahí que, como hemos mostrado, haya que reconocer que la Virgen cristiana no es más que una dimensión de este complejo, una versión posterior de una tradicción muy antigua de diosas predominantemente afrodíticas, como son las diosas de la fertilidad asiático-mediterráneas Ishtar, Mylitta, Astarté, Tanit, Ashera, Anaitis, Isis, Cibeles, etc... En la mayoría de estos casos, encontramos el tema del incesto. Es decir, estas diosas son al mismo tiempo esposas y madres de una deidad masculina. Y encontramos también, en general, el tema del sacrificio, y en particular, el de la castración.

Pero lo interesante es observar que estas diosas afrodíticas también eran calificadas como vírgenes, en el sentido más antiguo del término. [1] Lo que no hace más que reforzar nuestra tesis general de que es la transgresión la que produce lo sagrado, de que la virgen tal como se entiende hoy el término, lo es precisamente por su caracter transgresor. Pero es importante tener en cuenta que la dimensión sexual y fértil de estas vírgenes ancestrales está vinculada. La virgen es la prostituta sagrada pero también la madre de niños divinos. La virgen en el sentido afrodítico del término y la virgen en el sentido demétrico son también el énfasis en una u otra dimensión de lo femenino.

La virgen original y sus hijos son considerados sagrados, como hemos visto, como una forma de tabuización del endohomicidio y la endoantropofagia. Pero esta prohibición se instituye transgrediéndola, sacrificando vírgenes y niños sagrados. Además, estos bíoi sagrados son madres e hijos incestuosos, y de esta manera se instituye este tabú, bien sea el incesto entre padres e hijos o el que se da entre hermanos, así como el resto de incestos más sociales que les siguen. Todo ello en el contexto de la progresiva institución de la exogamia, y de la rivalidad entre las uniones de tipo incestuoso con las que no lo son. Y en contexto de la progresiva transición de órdenes más matriarcales a órdenes más patriarcales. Insistimos en que la tendencia general es la de una transformación progresiva de un régimen más matriarcal a otro más patriarcal, con situaciones intermedias.

De manera que el sacrificio de estos bíoi sagrados, en particular de aquellos que han concurrido en incesto, o son fruto del incesto, es lo que permite que el tabú del incesto y la exogamia se instituyan. Pero como hemos visto en el sacrificio de los varones incestuosos desempeña un papel protagonista la castración, sea como parte de un sacrificio total o como su sustitución en forma de sacrificio parcial. Y estos miembros viriles, como también hemos mostrado, son también sagrados y juegan un papel central en los rituales, particularmente en la vinculación entre los sacrificios y las hierogamias. En otras palabras, estos falos castrados o sus sustituciones por ídolos son utilizados como elementos fecundadores de vírgenes en rituales orgíasticos y hierogámicos. [2] Aquí se ve de manera muy clara la vinculación entre la castración y la virginidad.

Existen muchas variaciones sobre este tema. [3] En muchos mitos los falos castrados de las víctimas sacrificiales son arrojados a los ríos, a los lagos, al mar, como hizo Cronos con el de su padre Urano. [4] Esto explica que las aguas tuviesen poderes fertilizantes, bien porque ya los tenían o bien porque los órganos masculinos castrados les comunican este poder. En todo caso lo que es importante es que el ritual de fertilización se produce a menudo en el seno de aguas sagradas, como nos muestran innumerables mitos. Las mujeres se bañan en las aguas de determinados ríos o estanques o playas sagradas, en momentos propicios, y son fecundadas por el dios. Pero evidentemente este tema de la fecundación por las aguas es una elaboración eufemística de rituales orgiásticos, y en definitiva hierogámicos, primitivos.

Los falos castrados son arrojados a menudo a las aguas y de la misma manera surgen de las aguas. Y lo mismo sucede con los niños divinos, que como sabemos es frecuente que sean traídos por las aguas del mar o de los ríos. En Metimna los pescadores encontraron una imagen de Dioniso Falero que representaba a la vez un falo y una cabeza, [5] y que se corresponde con el tema de la castración y el lanzamiento del miembro castrado al mar. [6] También encontramos rituales en los que doncellas, madres o hijos eran sacrificados y arrojados al mar. [7] No hay que olvidar que lo que está en el trasfondo de todos estos rituales es la MHS y su dimensión moral. Las víctimas se matan, se desmembran, se reparten y reintegran de distintas maneras en la comunidad y en la naturaleza, porque se pretende neutralizar su dimensión maléfica, transgresora. Y las aguas tienen precisamente esta dimensión purificadora. Los miembros castrados de los bíoi transgresores son arrojados al mar y de alguna manera retornan purificados en forma de niños sagrados.

Estos rituales hierogámicos pueden tener lugar en el marco de las aguas o en el de cavidades subterráneas, en cuevas, en grutas. En ellas, como en el mar o los ríos, los bíoi sagrados o sus miembros castrados son enterrados o escondidos. Y de nuevo el círculo HS se cierra y en estas mismas cavidades ctónicas vuelve a surgir la vida, aparecen los niños divinos milagrosamente, paridos por la tierra o por animales, criados por ninfas. [8] Otra vez, como en el caso de las aguas, estas grutas sagradas son el lugar de encuentro de la hierogamia y del sacrificio, son el ámbito en el que se produce la catarsis, la purificación, el intercambio de la cultura con la naturaleza, la continuidad de la muerte y de la vida.

En todos los casos estamos girando alrededor de la hierogamia y del sacrificio. Los rituales pueden ser de manera explícita sacrificios y hierogamias o alguna de estas dimensiones puede estar simplemente implícita. Es muchos casos encontramos rituales exclusivamente femeninos pero que se sirven de miembros castrados o de sus sustituciones en el marco de prácticas orgiásticas-masturbatorias, que también hay que considerar hierogamias en la medida en que el elemento masculino está implícito. Y que también suponen el sacrificio, aunque este esté implícito y solo haya sido hecho explícito en otro ritual complementario. En estos rituales femeninos volvemos a observar la estrecha vinculación entre la castración y la virginidad.

En otros casos estos rituales de fertilización o de concepción, pueden consistir en la ingesta de determinados frutos, alimentos o bebidas. En este caso parece difícil hablar de hierogamia. Pero hay que recordar lo que dijimos en su momento, que la estructura de la encarnación sacrificial y de la hierogámica es la misma, de manera que una y otra pueden intercambiarse. Es decir, si la ingesta es equiparada con una concepción es, porque la encarnación sacrificial y la hierogámica comparten la misma estructura. O para ser más precisos, porque ambas son dos dimensiones de una misma MHS integral en la que siempre están implícitos tanto la hierogamia como el sacrificio aunque no sólo se haga explícito alguna de estas facetas. Lo mismo podemos decir de versiones más sublimadas de hierogamias tales como aquellas en las que los agentes fertilizantes son los fenómenos atmosféricos, el viento, los rayos del sol, etc. La secuencia de Melancolía de Lars von Trier, en la que la protagonista se tiende desnuda sobre las rocas, en el lecho del río, bajo la luz fertilizante del planeta homónimo, puede interpretarse en este sentido como una hierogamia. [9]

En lo que hay que insistir es en la dimensión excesiva de lo sagrado de la que nos hemos ocupado en los primeros capítulos. La virgen en un principio encarna esta dimensión excesiva de una manera de hecho más intensa que los bíoi sagrados masculinos en la medida en que es la fuente de la vida humana. Hemos visto que la MHS es en definitiva el intento de la cultura por dominar la naturaleza, y en esto la mujer supone uno de los objetos fundamentales, porque supone una encarnación de lo excesivo natural mucho más marcada que la que se da en el hombre. Si se nos permite la simplificación, que no debe ser malinterpretada, las mujeres son más naturales y los hombre son más culturales, porque las mujeres encarnan más que los hombres el exceso natural que la cultura trata de contener. Y la virgen es, "entre todas las mujeres", la más excesiva, la más maldita y por ello la más bendita. En el hombre, por el contrario, lo excesivo, en particular en lo que respecta a la dimensión erótica, es más fácilmente localizable. De ahí, una vez más, que haya una cierta correspondencia entre la virgen y la castración.

En suma, lo que estamos intendo mostrar es que la MHS está en el trasfondo de todos los rituales religiosos, aunque estos hayan puesto el énfasis más en unos elementos u otros, aunque las hierogamias y los sacrificios hayan sido sustituidos, hayan sido sublimados. De ahí que haya que considerar como hierogamias, pero también como sacrificios implícitos, rituales orgiásticos en los que se utilizan falos castrados o sus sustituciones. Pero también en general toda una serie de rituales en los que lo erótico está representado por animales sagrados o sus restos incorruptibles. Podemos encontrar distintas variantes, orgías en las que los participantes se disfrazan de animales, utilización de objetos sagrados, como huesos o cornamentas, con connotaciones fálicas, o simplemente danzas que mimetizan los movimientos animales. Si estamos poniendo el énfasis en la castración y la utilización de los miembros castrados como objetos sagrados es porque en este caso se observa de manera muy evidente la vinculación de lo sacrificial y lo hierogámico. Pero de hecho esta vinculación sigue presente de manera implícita también cuando la dimensión erótica o agresiva de los rituales se mitiga, cuando los sacrificios y hierogamias reales son sustituidos, ritualizados, simbolizados, proyectados en la naturaleza.

En los cultos dionisíacos se puede observar algo de esta progresiva estilización de los rituales. Al mismo tiempo que reconocer que remiten a rituales hierogámicos y sacrificiales muy explícitos, orgías desenfrenadas, desmembramientos de víctimas sacrificiales, ingesta antropofágica en su estado más salvaje. Después todo esto se dulcifica, se ritualiza. Los sátiros y los silenos nos hablan de esta transformación del ritual con sus formas caprinas o equinas, sus penes erectos. También los participantes en los certámenes cómicos, con sus dildos atados en las cinturas. Las ménades en procesión extática camino del monte Citerón son también una forma ya muy ritualizada. La escultura griega nos ha mostrado estas ménadas que sintetizan toda la mecánica HS aunque sea de manera implícita. Pero lo importante es comprender que todas estas manifestaciones rituales y mitológicas, por más ritualizadas o simbolizadas que estén, remiten en última instancia a la MHS, y la vinculación de la hierogamia y el sacrificio. En definitiva, al vórtice HS del que hemos hablado en el que el goce y la violencia, como el resto de aparentes dicotomías, se funden.

Así, hay que considerar también como hierogamias los rituales de concepción en los que participan solamente mujeres, en la medida en que el elemento masculino está implícito en el espíritu del lugar, los vientos, las aguas, los animales, los rayos de los astros o el polvo de las estrellas. [10] O, como decíamos, en el caso de la concepción a través de la ingesta de frutos, de alimentos, de la bebida de líquidos, a menudo asociados a sacrificios. Lo que, insistimos, vincula la encarnación sacrificial con la hierogámica. [11] Hemos mostrado que estos rituales que giran en torno al tema de la concepción y/o del nacimiento sagrados se dan a menudo en entornos acuáticos o ctónicos. De ahí que toda una serie de animales comunes en estos ámbitos suelan estar asociados al erotismo, tales como la serpiente, la culebra, el dragón, la anguila, el pez, el lagarto, etc. [12] Y que sean a menudo representantes de la unión incestuosa, endogámica, ilícita, por oposición a la unión exogámica, lícita.

Después de todo lo que venimos diciendo se entenderá por qué estos niños sagrados nacidos de uniones incestuosas o en general transgresoras son los candidatos privilegiados para los sacrificios, no sólo como niños, sino también una vez que se convierten en adultos. De nuevo se cierra el círculo de lo HS y observamos cómo el sacrificio y el nacimiento divino, y por tanto la hierogamia, se vinculan. La misma ambivalencia que atraviesa todo lo hierogámico-sacrificial vuelva a observarse en el caso de estos niños sagrados. Si son adorados como tales es también, antes que nada, porque han sido denostados como hijos incestuosos, ilegítimos, excesivos. Hijos de puta, o hiejos de virgen. Los romanos llamaban a estos niños excesivos terrae filii ('hijos de la tierra'), lo que abunda en el tema del parto ctónico del que hemos hablado. [13] Lo sagrado funciona al mismo tiempo como sanción de las prohibiciones y como su válvula de escape. En otras palabras, lo sagrado es un vestigio de prácticas comunes en regímenes morales anteriores que están en trance de prohibición, que se resisten a desaparecer. De ahí que los rituales religiosos sean fuentes privilegiadas para conocer los hechos históricos, en la medida en que en ellas subsisten estratos anteriores de la cultura. Pero lo sagrado también es la vanguardia de las transformaciones sociales, en la medida en que es a un mismo tiempo el ambito en el que se da el exceso natural y el exceso cultural.

Extracto de la obra La máquina hierogámico-sacrificial que será publicada próximamente.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/

1 Evola 1958: 159.
2 Malinowski: 100; Martín-Cano 2013: 30-33.
3 Graves 1948: 416; Campbell 1959: 232.
4 Burkert 1972: 123, 318.
5 Ibíd.: 312.
6 Ibíd.: 321.
7 Ibíd.: 319, 322, 326.
8 Ibíd.: 303.
9 Cf. Han: 13-14.
10 Martín-Cano 2013: 66-67, 237.
11 Cf. Campbell 1959: 111.
12 Burkert 1972: 240.
13 Eliade 1954: 192.

Imagen a partir de El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli (1484) [pd] y otros.