2016-02-22

El hollycapitalismo o la "guerra tranquila" contra todos

Si utilizamos el término "hollycapitalismo" en lugar de "capitalismo tardío" es porque queremos enfatizar una serie de características de este régimen que no suelen ser calificadas como económicas por las teorías dominantes, y que juegan un papel central en él. También porque estas características distinguen radicalmente al hollycapitalismo del capitalismo clásico, hasta el punto de que podríamos estar ante un régimen radicalmente diferente, que estaría enmascarándose en las formas clásicas del intercambio capitalista, mientras adquiere suficiente preeminencia para poder aniquilarlo y erigirse como forma social hegemónica. Estos elementos que hacen del hollycapitalismo un régimen radicalmente diferente con respecto al capitalismo podemos resumirlos en tres: el dinero fiduciario, la ficción hollywoodense y la guerra no convencional.

http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2016/02/el-capitalismo-y-el-hollycapitalismo-en.html

Para analizar hasta qué punto el hollycapitalismo se diferencia del capitalismo merece la pena recurrir a Armas silenciosas para guerras tranquilas (Silent Weapons for Quiet Wars), un documento de 1979 elaborado por la inteligencia estadounidense, clasificado como "top secret", pero que salió a la luz en 1986, en lo que pudo ser un descuido o la acción intencionada de un whistleblower (1, 4).

http://www.vaccinefraud.com/uploads/Silent_Weapons_for_Quiet_Wars.pdf

Lo que nos interesa de este documento es que en él se habla de la economía como una forma de energía, de la sociedad como un gran máquina que puede ser gobernada en base al control de estos flujos de energía económica, poniendo el énfasis en la creacción de dinero fiduciario y en el control social, a través de lo que se denomina "armas silenciosas", en el contexto de una "guerra tranquila" permanente y multidimensional contra la ciudadanía.

El argumento central de Armas silenciosas es que "la energía es... la clave de toda la actividad en la Tierra" y que la economía puede ser interpretada en última instancia como un mecanismo energético, que consistiría en la transferencia de la energía natural y social desde el polo inferior del sistema al superior. Con el dinero, particularmente el fiduciario, operando como una suerte de catalizador de estas transferencias energéticas. La economía, por lo tanto, como una forma de energía social, es interpretada como una noción paralela a la de energía natural (7, cf. 14). Como una segunda naturaleza.
"La economía es simplemente una extensión social de un sistema de energía natural (14), [...] la ciencia de la energía social" (16).
Pero insistimos en que lo interesante de este texto, que encontramos muy raramente en los autores mainstream, es cómo se vincula lo económico con lo bélico, lo cuantitativo con lo emocional y lo empático. Y es que, una vez que se reconoce que en lo que consiste la economía es en "transferir energía natural y social" del polo inferior al superior, lo que es necesario es librar una guerra, aunque sea con "armas silenciosas", aunque sea "tranquila", pero una guerra al fin y al cabo, para hacer posible esta transferencia.
"... se decidió librar de manera privada una guerra tranquila contra el público americano con el objetivo último de transferir permanentemente la energía natural y social (riqueza) desde la indisciplinada e irresponsable mayoría a las manos de la autodisciplinada, responsable y valiosa minoría" (7).
Además, se insiste en el uso de una "tecnología de automatización social", del "análisis y automatización de la sociedad" (5), de manera que la "economía sea completamente predecible y manipulable". Para ello se debe rebajar la calidad de la educación, "desintegrar la unidad familiar", "amansar, entrenar, colocar un yugo" a los individuos, "esclavizarlos" (8), en suma, convertir a la sociedad en "un animal bien regulado" (14).

La "guerra silenciosa" debe ser tal guerra, pero pasar inadvertida para el público, entre otras formas, incrementando su intensidad progresivamente de manera que este la vaya tolerando sin reconocerla como tal. Y como, en última instancia, de lo que se trata es de una transferencia de energía natural de las sociedades en general a las élites, lo que caracteriza a estas "armas tranquilas" es que
"[a]tacan la vitalidad, las alternativas y la movilidad de los individuos de una sociedad a través del conocimiento, la comprensión, la manipulación y el ataque a sus fuentes de energía natural y social, y sus fortalezas y debilidades mentales, físicas y emocionales" (9).
En esta batalla permanente y total el dinero es uno de los elementos centrales. En el documento se asimila la riqueza capitalista clásica con la energía potencial, y el dinero fiduciario con la energía cinética, en la medida en que impulsa los flujos energético-económicos, pero a partir no tanto del valor real como de la apariencia del valor, y en concreto, la "apariencia de poder" (11). Esta
"apariencia de poder podría ser usada para inducir... al público a entregar su riqueza real a cambio de una promesa de mayor riqueza (en lugar de una compensación real). Entregarían un colateral real a cambio de un préstamo de dinero fiduciario (promisory notes)".
Se trata por lo tanto de crear dinero sin respaldo y prestárselo a los Estados, que pueden compensar esta falta de valor real precisamente con su "apariencia de poder" (12), con su prestigio.

Evidentemente esta estrategia es útil cuando se alternan períodos de bonanza y períodos de crisis, en la medida en que los períodos de bonanza sientan las bases para el optimismo, para que se contraigan créditos, que en los períodos de crisis no pueden devolverse y por lo tanto suponen la entrega del colateral, o bien el acicate para iniciar una guerra. Esto supone una transferencia de riqueza real desde el polo inferior al superior del sistema, y así se sientan las bases para un nuevo ciclo de bonanza (12).

En otras palabras, si el dinero capitalista era por definición un excedente, el dinero hollycapitalista es algo muy distinto, solo una "apariencia" de excedente, pero en realidad, un déficit. Vemos aquí como la noción de ficción atraviesa de una manera muy decidida algo tan esencial en una economía como el dinero. Si el dinero capitalista era, desde un punto de vista conceptual, valor real, el dinero hollycapitalista es valor ficticio.
"En esta estructura, el crédito, presentado como un elemento del circuito llamado «moneda», tiene la apariencia de capital, pero es de hecho capital negativo. Es decir, tiene la apariencia de un servicio, pero es, de hecho, endeudamiento o deuda. Es por lo tanto una inductancia económica [energía cinética] en lugar de una capacitancia económica [energía potencial], y si no es compensado de otra manera, lo será por la negación de la población (guerra, genocidio). [...] La guerra es por lo tanto la compensación del sistema, al matar a los verdaderos acreedores (el público al que hemos enseñado a cambiar valor real por dinero inflado) y al recurrir a lo que reste de los recursos naturales y la regeneración de estos recursos" (12-13).
En Armas silenciosas se observa, por lo tanto, la complementariedad entre los períodos de bonanza y de crisis, de paz y de guerra. La crisis o la guerra es necesaria para producir la diferencia de potencial energético-económico que hace funcionar el sistema. El escrito reconoce que la guerra es el "engranaje económico primario" (53). Si el flujo de dinero disminuye, es decir, si la diferencia de potencial se reduce, el orden del sistema se ve amenazado y solo se puede asegurar provocando artificialmente nuevas crisis o guerras que vuelvan a generar tensión (20). La clave de toda la máquina económica es, por lo tanto, generar y "controlar el flujo de energía" (40), aumentarlo en el caso de que se debilite, y en todo caso antes de que esto amenace la cohesión del sistema. Y naturalmente utilizar estas crisis o guerras para transformar el sistema en el sentido en el que aquellos que controlan la máquina deseen.

Hasta aquí hemos visto los elementos fundamentales que constituyen el sistema en su conjunto, la vinculación entre su polo superior e inferior, así como entre el régimen de orden o paz y el de crisis o guerra. A partir de este punto, el documento sigue ocupándose de estrategias más específicas de intervención en la economía, siempre desde la lógica de la transferencia energética que hemos visto. La estrategia de fondo es siempre la misma, el "dominio de la energía" por parte de la élites (49), lo que significa controlar sus "fuentes", no solo en forma de recursos naturales, sino también en forma de energía social (49-50). Y modular el flujo de dinero, sea mediante el volúmen de dinero en circulación, el control del precio del dinero, la inflación, y en general el control de precios (45).

Pero de nuevo por lo que nos interesa particularmente este documento es porque en él se ponen en relación ámbitos disciplinares normalmente diferenciados en las teorías dominantes. Así, una de las estrategias para el control de los flujos de dinero es también la información y la publicidad (45), que operarían como una suerte de amplificadores de la corriente económica, como coartadas para acceder a los "almacenes de energía" que son en definitiva los ahorros de los particulares, de manera que sea transferida, siempre hacia el polo superior del sistema, a través del consumo (40).

Lo interesante es observar como la estrategia de base que hemos visto para el sistema en general vuelve a reproducirse ahora a escala menor. Si la clave para comprender el sistema en su conjunto era vincular el régimen de crisis o de guerra con el régimen de orden o de paz —el sistema de dinero fiduciario y de deuda con la violencia que se cobra la "libra de carne"— volvemos ahora a encontrar la misma lógica, pero extendida a lo cotidiano, en una suerte de fusión del régimen de orden y el de crisis. En este sentido la noción de "armas silenciosas para guerras tranquilas" debe ser entendida, no solo como una forma de guerra no convencional, es decir de guerra de cuarta y quinta generación, sino también como una guerra total, permanente, multidimensional y contra todos.

No es extraño entonces que se hable de estrategias tales como los "schock de precios", creados artificialmente como "eventos fabricados", que permiten predecir, a través de modelos informáticos, cuál será la respuesta del público, con el objetivo del "control y la subyugación total del público, a través de la subversión de la economía" (35). Esto incluye, no solo la manipulación de los precios de mercado de los productos o de la mano de obra, sino también, como decíamos, otros factores que en principio podríamos pensar que no pertenecen al ámbito económico, como "malas noticias en la TV, etc., que provocan un colapso de la moral pública" (39). Se señala la importancia de conocer la relación entre el flujo de dinero y la respuesta psicológica de la población (34).

Insistimos, lo que subyace a todo el documento es la mecánica de la crisis fabricada que se extiende al régimen de orden. Se trata de "comprometer emociones", "crear desorden, caos o insensatez", "crear preocupación" para "disminuir las defensas" (46), generar "constantes confrontaciones y ataques emocionales (violación mental y emocional) a través de un constante bombardeo de sexo, violencia y guerra en los medios, especialmente en la televisión y los periódicos".
"La regla general es que la confusión aporta beneficios; cuanta más confusión más beneficio. Por consiguiente, la mejor estrategia es crear problemas y después ofrecer las soluciones" (47).
Insistimos en que el objetivo de fondo es convertir a las sociedades en algo cuantificable, predecible, en transformarlas en una máquina que funcione de manera regular, pero que a su vez pueda ser modulada, sometida a mayor o menor presión según las circunstancias (13, 16, 33). Transformar a la sociedad en una máquina y a los individuos en piezas de esta máquina.
"Los seres humanos son máquinas, palancas que pueden ser manejadas y giradas, y hay poca diferencia real entre automatizar una sociedad y automatizar una fábrica de zapatos" (54).
Pero no se trata simplemente de una máquina técnica, sino de una máquina zoológica, utilizando para ello determinados "inputs" de los que se puede predecir cuál será el "output" (44-46). Y teniendo en cuenta que estos "inputs" y estos "outputs" tienen una alta componente emocional, empática, crítica, bélica.

Veamos ahora cómo todo lo que venimos diciendo se inscribe en la mecánica hierogámico-sacrificial. Sabemos que esta mecánica consiste también en el control de los flujos libidinoso-agresivos sociales. La energía social es en última instancia energía libidinoso-agresiva. Los recursos y las energías naturales son como sabemos los elementos primarios de la producción capitalista, pero lo que hay que subrayar es que están siempre supeditados a las energías libidinoso-agresivas sociales, que son en última instancia necesarias para transformarlos en mercancías e intercambiarlas en el mercado. La MHS, es decir, la que controla los flujos de energía libidinoso-agresiva, sigue estando en la base del régimen capitalista, tanto en el subrégimen de crisis-guerra como en el de orden-paz. Para destruir el aparato de producción enemigo, para saquear sus bienes y sus recursos, es necesario en última instancia un ejército que lo haga, por muy sofisticados que sean sus métodos y su tecnología. Y lo mismo podemos decir del régimen de orden.

Las teorías económicas dominantes han tendido a incluir el elemento humano en la noción de "trabajo", como algo que puede ser reducido a cantidad y ser intercambiado en el mercado en base a un valor de cambio. Pero el trabajo supone un régimen de represión, es decir, una determinada mecánica de control de las energías libidinoso-agresivas, que en última instancia no puede ser cuantificado como "trabajo". Y que se inscribe en la mecánica cíclica de orden y crisis de la que se trata en Armas silenciosas. En suma, el método que se propone en este documento, el de considerar la economía como una mecánica de transferencia de energía, nos parece crucial. Lo que es necesario es considerar las transferencias de energía libidinoso-agresiva como el mecanismo social básico, y sobre él superponer las transferencias de energía económica. Así, en términos simplificados, podemos formular tres modalidades de intercambio socio-económico.

Fig 1. Esquema de intercambios tradicionales

En primer lugar tendríamos un régimen tradicional [fig. 1] en el que el plano dominante, es decir, en el que opera la MHS, es el plano propiamente social, el de los bíoi profanos, que están vinculados por un ritual hierogámico-sacrificial presidido por bíoi sagrados. En este régimen los bienes no intervienen directamente en los intercambios sociales, sino que lo hacen a través de los bíoi, enganchándose por así decirlo en perpendicular al plano de los intercambios sociales.

Fig 2. Esquema de intercambios capitalistas

En segundo lugar tendríamos un régimen capitalista [fig. 2] en el que el plano dominante de los intercambios sociales es el de las mercancías en el mercado, a través de su valor de cambio. Se corresponde con las fórmulas que define Karl Marx al comienzo de El Capital. Como plano en el que opera la MHS ahora la mecánica de sacralización y profanización no se centra en los bíoi sino en las mercancías. Las mercancías en general son profanas y el dinero es la mercancía sagrada. Los individudos se enganchan, por así decirlo, al plano de los intercambios, a través de las mercancías, en la medida en que venden su trabajo como mano de obra o consumen mercancías en el mercado.

Evidentemente entre los bíoi existe una vinculación, que no es otra que la heredada del régimen tradicional. Pero este esquema indica que en el régimen capitalista la relación entre los bíoi, con carácter general, pasa a estar supeditada a la relación social de las mercancías, como propuso Marx. En la práctica lo que nos encontramos es con una estrategia de destrucción progresiva de las relaciones sociales tradicionales y su reformulación como relaciones mercantiles.

Fig 3. Esquema de intercambios hollycapitalistas

En tercer lugar tendríamos un régimen hollycapitalista [fig. 3], que en la práctica supone la supervivencia del régimen capitalista aunque ahora supeditado al nuevo régimen. Así, al plano de los intercambios de mercancías materiales profanas y su dinero material sagrado se le superpone un plano de intercambio de mercanías inmateriales profanas y su dinero inmaterial sagrado. En la práctica se trata del mismo plano, en la medida en que todas las mercancías se intercambian en el mercado en base a su valor de cambio. También el dinero inmaterial se superpone al dinero material. Pero lo importante es comprender que los intercambios inmateriales dominan en el conjunto de la economía sobre los materiales, de la misma manera que el dinero inmaterial domina sobre el material.

A este plano de intercambios de mercancías se le superpone en el hollycapitalismo un plano de intercambios sociales que supone una suerte de retorno a la formula de los intercambios tradicionales, solo que ahora estas relaciones tienden a conformar también un plano de intercambio económico, en la medida en que estas relaciones sociales están cada vez más controladas por el poder. Así, vuelven a aparecer los bíoi profanos y los bíoi sagrados. De nuevo, si en el esquema este plano de intercambios sociales lo definimos como independiente es solo a efectos analíticos. En la práctica el segundo y el tercer plano son el mismo, en la medida en que los intercambios inmateriales están conformados sobre todo de relaciones sociales, en la medida en que en ellos el factor fundamental es el humano.

Lo que sucede es que las actividades terciarias liberan una energía que hasta entonces estaba en buena medida canalizada por las propias actividades productivas, de manera que el sistema necesita volver a formas de control social tradicionales, que afectan de manera directa a los comportamientos, haciendo además de ello una fuente de beneficio. Pero sabemos que en última instancia el beneficio es secundario, lo que prima es el control y transferencia de las energías libidinoso-agresivas. La diferencia es que el capitalismo las canaliza a través del plano de los intercambios materiales, mientras que en el hollycapitalismo, estas mismas relaciones sociales se transforman en un plano de intercambios inmateriales.

En suma, el plano de los intercambios materiales se debilita y los bíoi podrían quedar más liberados, pero al mismo tiempo el sistema implementa nuevos mecanismos de control social para canalizar esta energía. Lo interesante es que estos mecanismos vuelven a ser, grosso modo, los de la MHS tradicional, los de las transferencias libidinoso-agresivas entre los bíoi profanos, con el ritual HS y los bíoi sagrados actuando como intermediarios. Pero insistimos en que en la economía inmaterial el factor humano pasa a ser dominante y en que en la práctica el plano de los intercambios inmateriales y el de los bíoi es el mismo plano.

Pues bien, el esquema hollycapitalista que hemos definido pone de manifiesto la afinidad estructural entre los distintos planos, que en la práctica, insistimos, tienden a confundirse. Esto encaja con lo que estaba en la base de Armas silenciosas, la vinculación entre el régimen de orden y el de crisis, entre el dinero inmaterial y la violencia, entre las transferencias de energía social y las "guerras tranquilas". En efecto, los esquemas que hemos definido se corresponderían con los regímenes de orden o paz. Para comprender cómo opera el régimen de crisis o guerra solo habría que unir los extremos del esquema, de manera que los territorios, los recursos naturales, o el colateral alimenten la diferencia de potencial del sistema.

Para el caso que más nos interesa, el hollycapitalista, esta vinculación supone que el dinero fiduciario inmaterial está de hecho alimentado de la violencia de la crisis. Pero también, como sabemos que violencia y goce son las dos caras de la misma moneda de la mecánica HS, el dinero fiduciario se alimenta también de goce. Y además lo hace permanentemente, en la medida en que los regímenos de orden y de crisis tienden a confundirse.

En otras palabras, en el régimen hollycapitalista, al contrario que en el capitalista, la ficción juega un papel fundamental, en el sentido más amplio del término, como producción de espectáculo, como producción financiera o como producción monetaria. Y esta ficción solo se sostiene en la medida en que se vincula, en la forma de una crisis permanente, con el goce y la violencia excesivas. En este sentido decimos que la dimensión hollywoodense atraviesa todo el sistema. Pero se trata también de una dimensión religiosa, pues en última instancia lo que son estas crisis permanentes, fabricadas, hollywoodenses, son rituales hierogámicos-sacrificiales. El mismo ritual hierogámico-sacrificial que ha acompañado al hombre desde sus orígenes, pero ahora encarnado en los mecanismos del sistema, no solo económicos, financieros y monetarios, sino también científicos, tecnológicos, médicos, humanitarios, etc.

La gran ficción en la que consiste el poder hollycapitalista a todos los niveles es al mismo tiempo una guerra permanente, total, multidimensional, no convencional, enmascarada, en suma, una "guerra tranquila" contra todos.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/