2016-02-09

Los Protocolos de Sión y el Nuevo Orden Mundial (1/2)
























Un documento imprescindible para comprender nuestro mundo y cómo se transforma son Los protocolos de los sabios de Sión. Para comprender la verdadera política que se esconde detrás de las bambalinas del teatro de la política aparente. Y para comprender lo que está pasando hoy, las transformaciones que está sufriendo el mundo en este momento.

http://www.bibliotecapleyades.net/sociopolitica/esp_sociopol_zion28.htm

Se trata de un documento polémico del que no se puede asegurar su autoría. Una posibilidad es que fuesen notas filtradas de reuniones de sociedades secretas de la masonería. Otra posibilidad, que fuesen parte de los contenidos del Primer Congreso Sionista que tuvo lugar en Basilea en 1897. También pudo haber sido elaborado por Sergei Nilus, que los publicó por primera vez, y que era agente de la Ojrana, la policía secreta de la Rusia zarista. Sobre todo a partir de 1921 serían desacreditados por la inteligencia británica, la Liga Antidifamación estadounidense y el New York Times, presentados ante el público como una falsificación al servicio de intereses antisemitas.

https://www.youtube.com/watch?v=0bUMVLHbRfs

https://www.youtube.com/watch?v=d-xjLa9xrOo

http://mediaarchives.gsradio.net/dduke/032114.mp3

https://www.youtube.com/watch?v=1deGVUpe8vc

Al margen de las polémicas sobre la autenticidad de los Protocolos, que no hacen más que señalar su relevancia, en la medida en que pretenden demonizarlos, que una parte del público no los lea, o los tome con escepticismo, lo cierto es que se trata de un documento extraordinario y que toda persona interesada en saber cómo funciona el poder, el verdadero poder, debería leer. Son extraordinarios porque exponen de manera muy explícita toda una serie de estrategias de poder que normalmente no son declaradas de forma tan abierta. Sean o no sean auténticos, nos interesan como tales, por su contenido y por la riqueza y la claridad de la información que contienen, que no suele encontrarse en los ámbitos oficiales que se ocupan de la política o la economía. Son radicalmente políticamente incorrectos, y por eso son un complemento perfecto a la hipocresía que domina en al ámbito institucional en todo lo que se refiere al poder, la guerra, las finanzas o la propaganda.

No nos interesa tanto si pertenecen o no a la tradición judía en general y al proyecto sionista en particular. Lo que nos interesa es que son una expresión muy evidente de la forma en que piensa y opera la alta política, del signo religioso o cultural que sea. No cabe duda de que la ideología judía y el sionismo son una de la dimensiones fundamentales para entender el poder atlantista que tiende a ser global. Pero no queremos caer en la trampa de interpretarlo exclusivamente en términos de raza, religión o ideología. En todo caso, como ha mostrado Thierry Meyssan, el sionismo es un proyecto atlantista, no exclusivamente judío, desarrollado en alianza con otros intereses, sobre todo protestantes.

http://www.voltairenet.org/article184972.html

En suma, no nos interesa estudiar los Protocolos como un producto específicamente judío o sionista, sino de forma más general como una agenda de dominación global en la que pueden participar y participan de hecho distintas facciones pertenecientes a tradiciones, culturas e ideologías diferentes.

Como han comentado David Icke, David Duke, Adrián Salbuchi y Enrique Romero, lo interesante de este texto no son las minucias sobre su autoría o su autenticidad. Lo interesante es que, 120 años después de su redacción, muchas de sus intenciones se han confirmado, y siguen ofreciendo claves fundamentales para comprender cómo se ejerce el poder hoy. Como dice Icke "si se permite a la gente que los lea... simplemente que los lea apasionadamente, y después mire el mundo tal como ha sido manipulado en los últimos cien años... verá que se reflejan el uno al otro."

Esto es lo que nos interesa de los Protocolos, que incluso aunque sean una ficción, se trata de una ficción tan cercana a la realidad que vale más que muchas de las informaciones que se nos presentan como verdaderas. En eso se parece a obras como 1984 de George Orwell, y en general a todo el género de las distopías, que como hemos comentado recientemente, está jugando un papel en la transformación de la realidad mucho más importante del que se suele reconocer.

http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2015/12/las-distopias-hollywoodenses-como.html

No sólo lo que se dice en los Protocolos y lo que observamos en la realidad "se refleja". Además todo parece indicar que el mundo va a seguir transformándose según esta misma lógica. Por lo que se pueden interpretar en cierta manera como proféticos, como ha señalado Duke. Nos hablan de una agenda de control y dominación total que todavía no habría llegado a su fin, y cuyo destino final no es otro que el Nuevo Orden Mundial. Por lo que son un documento de plena actualidad que puede ayudarnos a comprender nuestro presente y adelantarnos al futuro.

Pero lo que más nos interesa de estos Protocolos es que demuestran un conocimiento muy profundo de la máquina hierogámico-sacrificial. De alguna manera, son la confirmación de que esta máquina no es una pura entelequia o la teoría de un chiflado. La MHS rezuma por todos los poros de este texto, en ocasiones de manera muy explícita. Se pone de manifiesto que, si esta es la manera de pensar y de actuar de las altas esferas del poder, sobre todo del poder secreto, entonces esta debe hacer un uso privilegiado de la MHS, de manera consciente. Este texto confirmaría que, lo que en ellos se denomina los "misterios del arte de gobernar" (XXIV) entroncaría con una tradición milenaria que se remonta a los orígenes de la humanidad, pero que fue pasando cada vez más a la clandestinidad, en la medida en que sus métodos no eran políticamente correctos.

En los Protocolos se insiste en la importancia del secreto como estrategia central para alcanzar sus objetivos (I, II, V, XXIV). Esto por sí solo desmontaría todas las críticas sobre los enfoques de investigación conspirativa. Si, como parece razonable pensar y como demuestran numerosas pruebas, el verdadero poder es por definición secreto, entonces solamente las teorías conspirativas o conspiranoicas podrían acercarse a comprenderlo.

Como decíamos, en el texto se habla de "los misterios del arte de gobernar", de educar y formar a los altos cargos del poder mundial de manera exclusiva, de hecho como una iniciación no accesible a los profanos (II). Este secretismo es una de las claves para entender el poder, porque el poder genera por definición la rivalidad o el contrapoder y por lo tanto la mejor forma de conservarlo es la invisibilidad.
"¿Quién puede destruir una fuerza invisible? Pues tal es la nuestra" (IV).
El "arte de gobernar" consiste en este secretismo, en esta invisibilidad, "que, sin embargo, se hace sentir" (IV). Aquí está implícita la lógica hierogámico-sacrificial, que como sabemos se basa en la disyunción de lo corporal y lo espiritual. Que como veremos atraviesa todos los Protocolos de cabo a rabo.

Pero también se pone de manifiesto la lógica hierogámico-sacrificial en el hecho de que el paradigma que permite entender este poder es el del teatro, el de la escenificación, el de la actuación de los actores o las marionetas en escena que representan un papel parcial de una obra, que son movidos por una mano invisible: "hemos movido por medio de una mano inteligente todos los resortes de su mecanismo" (IX); "una mano que opera en todo el mundo, pero que es invisible" (V). Así, esta mano mueve las marionetas que son los altos cargos, que se ven obligados a obedecer, premiados con el soborno, al ascenso, los privilegios, comprometidos por el chantaje o la revelación de escándalos, amenazados con la muerte.
"[N]adie es admitido a este gremio si no tiene en su vida pasada alguna tacha vergonzosa e infamante; y estas notas infamantes, al punto que se cometa la traición, serían reveladas" (XII, cf. X).
Esta "Francmasonería secreta" (XI), la verdadera depositaria del "misterio del arte de gobernar", necesita que este no se enseñe en las universidades (XVI), y que solo una minoría de allegados tenga familiaridad con él.
"Ni aun todos los gobiernos actuales son capaces de entender la verdadera política" (XVIII).
"Mientras llega el tiempo de nuestra dominación, crearemos y multiplicaremos las logias masónicas en todos los países del mundo, atraeremos a ellas a todos los que son y pueden ser agentes aptos. Estas logias formarán nuestro principal centro de enseñanzas y el medio mejor de nuestra influencia y difusión de nuestras actividades. Concentraremos todas esas logias en un gobierno solamente conocido por nuestros sabios. Las logias tendrán su representante, detrás del cual quedará oculto el gobierno de que hablamos, y ese representante será el que dé la palabra de orden y el programa. Formaremos en esas logias el núcleo de todos los elementos revolucionarios y liberales. [...] Los proyectos políticos más secretos nos serán conocidos y caerán bajo nuestra dirección aun antes que aparezcan" (XV).
Como no podía ser de otra manera, la violencia es uno de los ingredientes centrales de esta agenda de dominación. Los Protocolos insisten en que el poder se basa en la violencia, que en la medida en que no sea necesaria, puede ser sustituida por el "disfraz" del derecho o la democracia. Algo en lo que Walter Benjamin insistiría en Hacia la critica de la violencia. De manera que el programa de gobierno debe alternar entre la violencia y la hipocresía (I).
"Nuestro objeto es apoderarse de la fuerza. La palabra Derecho es un concepto abstracto, al que nada corresponde en el orden real y con nada se justifica" (I, cf. XXIV).
"Nuestra palabra de orden es la fuerza y la hipocresía. Sólo la fuerza puede triunfar en política, principalmente si permanece velada por el talento y demás cualidades necesarias a los hombres de Estado.
La violencia ha de ser un principio: la hipocresía y la astucia una regla para los gobernantes que no quieran dejar caer su corona en las manos de una fuerza nueva. Este mal es el medio único de llegar al fin: el bien" (I).
Como vemos, esta manifestación tan explícita de los "misterios" de la alta política, consiste en una doble moral: actuar según la amoralidad del poder a cualquier precio, y aparentar la moral dominante reconocida.
"La política nada tiene que ver con la moral. El gobierno que toma por guía la moral no es político, y en consecuencia es débil. El que quiera dominar debe recurrir a la astucia y a la hipocresía" (I).
"¿Qué necesidad tienen los súbditos de ver en su soberano un alma angelical? Lo que importa que vean en él es la personificación de la fuerza y del poder" (XXIII).
En suma, el derecho, la moral, los valores humanos son, de acuerdo con esta ideología, una ficción.
"Los derechos que hemos consignado en las Constituciones son ficticios para las masas, no son reales. Todos estos llamados Derechos del pueblo no pueden existir sino en la imaginación, pero nunca en la realidad" (III).
Pues bien, todo esta lógica de la realidad y la ficción, la convencionalidad de la moral, en suma, la de un paradigma escénico en el que hay una diferencia radical entre lo que se presenta en la escena y lo obsceno, es exactamente la de la máquina hierogámico-sacrificial. En este caso sobre todo la de la máquina sacrificial. Hemos visto que en el marco del funcionamiento de la MHS, la violencia está en la base del derecho y de la política, y esta se transmuta en amenaza en la medida en que no es necesario recurrir a ella. Hemos visto también que la MHS produce instituciones tales como el derecho y el Estado, pero que estas son en buena parte ficticias, en la medida en que su verdadero funcionamiento es el del ritual hierogámico-sacrificial. Pues bien, todo esto se aprecia con toda claridad en los Protocolos.

También hemos visto que la moral es una convención, el resultado provisional de un determinado equilibrio de fuerzas. Que el poder se caracteriza por su amoralidad, su criminalidad y su hipocresía, en la medida en que el poder lo es en tanto en cuanto es el agente que controla la MHS. Sabemos que en la MHS la violencia y la criminalidad son inherentes al orden instituido, y por lo tanto este es por definición maléfico, y sin embargo la mecánica hierogámico-sacrificial presenta este mal como un bien, en la medida en que se corresponde con el bien común resultante.
"[T]odo el mal que nos hemos visto obligados a causar durante tantos siglos ha servido finalmente al verdadero bien, a poner todo en orden... ¡He aquí la confusión de nociones de bien y de mal! El orden se restablecerá, en parte, por medio de la violencia, pero se restablecerá al fin" (XXII).
Insistimos en que los Protocolos ponen de manifiesto un conocimiento muy fino de estas sutilidades, demuestran un saber explícito, consciente, de la mecánica sacrificial —"hemos hecho LA PUBLICIDAD DEL MARTIRIO" (XIX)—. El poderoso que quiere conservar su poder o incrementarlo debe recurrir a la violencia, pero al mismo tiempo a la hipocresía, como los momentos inseparables e indefectibles de su actuar.

Pero hay que aclarar que no se trata de la violencia gratuita, sino de una violencia muy calculada en su aplicación, en su economía, en su ostentación, una violencia que se complementa y se corresponde en todo momento con la amenaza, que como sabemos es la lógica alternante y cíclica de la máquina sacrificial. Una violencia que se dosifica, que se ejerce solo cuando es necesario, particularmente en los momentos de crisis, pero que perdura en los momentos de orden en forma de violencia en potencia, es decir de amenaza. En el marco de toda una simbólica de la ostentación que como sabemos siempre está vinculada al poder y a la que estas élites otorgan una enorme importancia. En este sentido hay que entender que las instituciones y los valores sean "disfraces" de la violencia que verdaderamente los sostienen. La noción de representación soberana no es más que una entelequia,  otro disfraz. La verdadera representación que está en juego en las instituciones políticas es esta escenificación sutil de la violencia que pueden ejercer contra aquel que se oponga a ellas.

En este marco hay que inscribir toda la retórica del Humanismo, de la Ilustración y de la Revolución Francesa, de los lemas "libertad, igualdad y fraternidad", y en general de instituciones tales como el contrato social, el Estado de derecho, la separación de poderes, la democracia o los valores humanos. Se trata de puras fachadas que sirven para esconder la verdadera lógica del poder que es siempre la de la violencia y la criminalidad, o de coartadas para ganarse el favor de ciertos sectores de la población y así poder socavar el poder de las aristocracias (I, III, IX, X, XXIV). La historia de los últimos tres siglos es la de la toma de poder por el capital de los privilegios que antes ostentaban las aristocracias nobiliarias, y ello en buena medida a través de la manipulación de las clases populares con palabras huecas como el Estado, la ley o la democracia.
"Sobre las ruinas de la aristocracia natural y hereditaria, hemos alzado nuestra aristocracia de la inteligencia y del dinero. Hemos tomado por criterio de esta aristocracia la riqueza, que depende de nosotros, y la ciencia que está dirigida por nuestros sabios" (I).
En el mismo sentido hay que entender el mito del progreso, que es una de las claves de la manipulación en el marco del capitalismo, y una vez más un disfraz que esconde lo contrario, la regresión y la decadencia.
"[H]emos trastornado la cabeza a esos imbéciles Gentiles con éxito completo por medio de esa palabreja: PROGRESO" (XIII, cf. V).
Todos estos mitos, que se pueden sintetizar en la Revolución Francesa y los Derechos Humanos, tales como la libertad, la igualdad y la fraternidad, el progreso, el materialismo, el Estado, hay que inscribirlos en una estrategia más profunda de socavamiento de la tradición cristiana. En este sentido, el capitalismo y el comunismo no son más que dos modalidades de este mismo proyecto de socavamiento, en un caso poniendo el énfasis en la libertad individual y en el otro en la igualdad y la fraternidad en el seno de la colectividad. Dos caminos distintos para llegar a la misma desestructuración de la sociedades, a la destrucción de sus valores, lo que facilita su sumisión a la dominación de las élites que pretenden integrar ambas vías en un mismo Nuevo Orden Mundial.

Todos estos valores ficticios se pueden considerar por lo tanto como cultos sustitutorios, en la medida en que de hecho sustituyen a las religiones tradicionales. Se pueden considerar como nuevos valores religiosos, derivados del monoteísmo judeo-cristiano. En la medida en que un dios puramente trascendente podía reencarnarse en la inmanencia del mundo material y productivo, sea el capitalista o el comunista, con más facilidad. Y en esta empresa no cabe duda de que uno de los elementos centrales ha sido y sigue siendo la destrucción de la religión y los valores cristianos, particularmente de los católicos y los ortodoxos.
"He aquí por qué es necesario que nosotros arruinemos la fe y arranquemos de los espíritus Gentiles el principio mismo de la Divinidad sustituyéndolo por los cálculos y las necesidades materiales (!!!).
Así, pues, para que los espíritus Gentiles no tengan tiempo para pensar y reflexionar, es necesario distraerlos por medio de la industria y del comercio" (IV).
"La lucha encarnizada por la supremacía, los choques de la vida económica crearán, mejor dicho, han creado ya, sociedades sin ideales, frías y carentes de sentimientos.
Estas sociedades sentirán repugnancia por la política noble y elevada y por la Religión. Su único culto, su única guía será el cálculo, o lo que es lo mismo, el oro, al que se tributará una verdadera adoración, por razón de los bienes materiales que proporciona" (IV, cf. V, XV, XVII).
En otras palabras, la religión del agnosticismo o del ateísmo, la religión del progreso, la religión materialista, la religión de "la libertad, la igualdad y la fratenidad", la religión comunista y la religión capitalista, no son otra cosa más que la consecuencia de la decadencia de la religión cristiana. Dicho de otra manera, no son más que nuevas máquinas hierogámico-sacrificiales que se constituyen por oposición a la máquina judeo-cristiana, pero también, en un sentido más profundo, que le dan continuidad. Y en última instancia no serían más que estadios intermedios en un movimiento más amplio de transición hacia otras máquinas hierogámico-sacrificiales, como la que ya se está constituyendo como Nuevo Orden Mundial.

En este contexto hay que entender también el socavamiento de los valores tradicionales y morales que ha supuesto toda la modernidad y que está llegando hoy a grados de decadencia mayúsculos en el hollycapitalismo. No parece una casualidad que coincida de manera tan exacta con la agenda que propone estos Protocolos, en los que se reconoce que se debe "desmoralizar a las sociedades" (XXIII), destruir la familia cristiana (X), que "los Gentiles degeneren" (III), "corromper, embrutecer y prostituir la juventud cristiana" (IX), "multiplicar de tal manera los defectos del pueblo, las malas costumbres, las pasiones, los reglamentos de la vida común, que no haya nadie capaz de desenmarañar este caos y que los hombres acaben por no entenderse entre sí" (V).

En efecto, la ingeniería social atlantista-sionista, sobre toda desde la Segunda Guerra Mundial, no ha perseguido otra cosa que la degeneración social, la destrucción de las comunidades tradicionales, su transformación en masas de individuos, más fácilmente sometibles a la máquina hierogámico-sacrificial hollycapitalista.

Pero un papel similar al del capitalismo lo ha jugado el comunismo.
"Les hemos dado como distintivo bufonesco el sueño o desvarío de la absorción de la individualidad humana por la unidad simbólica del colectivismo; y ellos no han comprendido, ni comprenderán en mucho tiempo, que esta bufonada es una violación evidente de la más importante de las leyes de la naturaleza, que creó después del primer día de la creación, cada ser distinto de los demás" (XV; cf. II).
Se trata del solve y el coagula alquímicos, de la disyunción y la conjunción, en suma, de la MHS. No hay más que destruir los lazos de una sociedad tradicional, vendiéndolo como progreso, como libertad, como igualdad, incentivando el materialismo, y esa sociedad caerá tarde o temprano en una nueva forma de dominación aún más intensa que la que se ha abandonado, en la medida en que los estructura que conformaba esa sociedad es socavada.

Esto nos lleva al populismo, que ocupa una papel importante en los Protocolos, así como en el hollycapitalismo, y que es el producto de esta mecánica hierogámico-sacrificial de destrucción de las estructuras sociales tradicionales. El texto propone "manejar y utilizar sus propias manos para aplastar a los que se oponen a nuestros designios" (III) o "utilizar sus pasiones enardecidas para nuestro provecho mejor que calmarlas" (V). Se trata en definitiva de lo que está en la base de la MHS: canalizar los excedentes libidinoso-agresivos, pero de manera que contribuyan a unos fines y no a otros, en particular a los de la agenda de las élites que los manipulan. En este sentido hay que entender lo que decíamos antes, la hipocresía de la utilización de nociones tales como ley, libertad, igualdad, fraternidad, Estado de derecho o democracia, de su instrumentalización como meras fachadas que encubren la verdadera dominación que está detrás. Así, el texto se refiere a la democracia como el "absolutismo de las mayorías" (X). Pero en general todos estos valores han funcionado siempre como coartadas para legitimar la dominación, sea colonial, capitalista o comunista.

Lo que está en el trasfondo de todo es la dominación por el espíritu. La prevalencia de lo espiritual sobre lo corporal. De ahí que sea tan importante el control y la manipulación del saber, de la educación, de la cultura, de la ciencia, de la historia (XII, XIX). Y así hasta llegar a los medios de comunicación de masas, de nuevo desde la premisa de "hacerle perder [al público] la costumbre de pensar, pues la reflexión da origen muchas veces a la oposición", o de "distraer las actividades de los espíritus con banales escaramuzas y torneos de oratoria" (V), "sin llegar al fondo de las cuestiones" (XII). Lo mismo podemos decir del "sistema de represión del pensamiento" mediante el uso de la imagen, "que debe transformar a los Gentiles en animales dóciles, que no piensen" (XVI). Una vez más de lo que se trata en el fondo es de la mecánica hierogámico-sacrificial, en la que juega un papel central el espectáculo, la seducción, la confrontación, la estupefacción, el pathos. Pero siempre como una puesta en escena que desvía la atención de los espectadores de lo que se oculta entre bambalinas. Se trata en definitiva de la captura de los flujos libidinoso-agresivos.
"Por la Prensa hemos conquistado toda la influencia, quedando nosotros ocultos en la sombra..." (II, cf. VII, XII).
"Con el objeto de que no lleguen a nada por medio de la reflexión, les distraeremos de pensar en cosas serias por medio de las diversiones, de los juegos, de los pasatiempos, de las satisfacciones de las pasiones, de las casas públicas..." (XIII).
Se trata siempre de la misma lógica de ocultación, de secretismo, de la que hemos hablado antes. De ser siempre el tercero en discordia, de sacar partido del enfrentamiento de dos partes, de canalizar los excesos libidinoso-agresivos de las sociedades según la mecánica hierogámico-sacrificial, bien como hierogamia o sacrificio explícito, o bien como confrontación de unos con otros. Se trata de orquestar estos flujos, de canalizarlos, de manejar con habilidad estas fuerzas y sus desequilibrios y reequilibrios en las balanzas del poder, en uno y otro sentido, jugando con las inercias.
"Muy pronto quedará destruido el equilibrio constitucional, pues lo hemos falseado para que no cese de inclinarse ya a un lado, ya al otro hasta que por fin la balanza se desgaste" (III).
Sabemos que la mecánica hierogámico-sacrificial responde a estas dinámicas de canalización, desvío, absorción, emanación, etc. de flujos libidinoso-agresivos. Y sabemos que la estructura mínima de estas transferencias es la tríada mimética. Que en el marco de esta tríada inmanente se puede ya observar cómo se produce la trascendencia. Se trata de la mecánica de las rivalidades miméticas entre dos bíoi de un mismo sexo que compiten por la unión con un bíoi del sexo contrario, mecánica en la que hay una distinción moral entre estas dos uniones. Pues bien, de nuevo, los Protocolos se basan en última instancia a esta lógica triádica.

De ahí que sea importante la manera en que estos contendientes son presentados, desde el punto de vista moral, en la escena pública. Esta dimensión moral es central. Porque lo que está implícito en estas transferencias libidinoso-agresivas es todo el juego de los inocentes y los culpables, de las victimizaciones y las culpabilizaciones, de la demonizaciones o las adoraciones. Todo esto remite a las creencias más irracionales, más convencionales, más íntimas de las sociedades. En definitiva, más religiosas. Los Protocolos demuestran un conocimiento muy fino de estas manipulaciones. Que en definitiva persiguen la participación empática del público como estrategia central de manipulación, para arrastrarlo a aceptar e incluso a demandar medidas políticas que en general van en contra de su interés.

En esta mecánica se inscribe también la utilización de la disidencia controlada. Se trata otra vez de la misma lógica de canalización, desvío, captura, de aquellos flujos libidinoso-agresivos que se opongan a los intereses de las élites, de manera que puedan ser canalizados, desviados, contenidos, controlados.
"Un órgano, cuando menos, será el antípoda de nuestras ideas. Nuestros contrarios tomarán a este pseudo opositor por un aliado suyo y nos descubrirán su juego" (XII).
Pero también, estas operaciones de oposición controlada sirven para hacer público y para que se acepte como hecho consumado aquello que las instituciones no pueden reconocer abiertamente si no quieren que se desvele su hipocresía constitutiva, su dimensión ficticia.
"Los agentes, sacados de entre ellos por nuestra prensa, discutirán bajo nuestras órdenes todo aquello que nos sería molesto publicar directamente en documentos oficiales, y nosotros, entretanto, aprovechando el ruido provocado por estas discusiones, tomaremos las medidas que juzguemos convenientes y las presentaremos al público como un hecho consumado" (XIII).
Imposible no pensar en Wikileaks o en el caso Snowden.

[Continúa en "Los Protocolos de Sión y el Nuevo Orden Mundial (2/2)"]

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/