2016-02-06

El hollycapitalismo, fase superior del capitalismo



Formulemos algunas nociones básicas para delimitar el concepto de hollycapitalismo por oposición o como "fase superior" del capitalismo. En general, podemos decir que el capitalismo es lo que se suele denominar capitalismo clásico, y el hollycapitalismo coincidiría con el capitalismo tardío. Pero nos interesa no hipotecarnos con estos términos y fundamentar la distinción entre capitalismo y hollycapitalismo en el marco de la mecánica hierogámico-sacrificial. Veamos por lo tanto en que se diferencian la máquina hierogámico-sacrificial capitalista y la hollycapitalista.

La máquina hierogámico-sacrificial capitalista consiste fundamentalmente en intercambios mercantiles, incluido el dinero. La distinción fundamental entre lo profano y lo sagrado se da en el marco de estos intercambios, en la medida en que las mercancías son mercancías profanas y el dinero es la mercancía sagrada. Esto nos da ya una idea de hasta qué punto las relaciones entre lo profano y lo sagrado son mucho más complejas, más fragmentadas, más ubiquas, más confusas, en la máquina hierogámico-sacrificial capitalista que en la tradicional. La máquina hierogámico-sacrificial hollycapitalista supone una suerte de retorno a la máquina hierogámico-sacrificial tradicional, en la medida en que vuelve a jugar un papel central el espectáculo hierogámico-sacrificial, sobre todo el sacrificial. El terrorismo es el mejor ejemplo.

En las religiones tradicionales había espacios, tiempos, seres y objetos, marcadamente sagrados, por oposición a los profanos. La religión capitalista se caracteriza por una relación entre lo profano y lo sagrado mucho más confusa, dinámica, ambigüa. El dinero es lo sagrado por excelencia, pero la mercancía está también imbuida de lo sagrado en la medida en que entra en contacto con el dinero, es decir, en la medida en que se intercambia en el mercado. Esto es lo que Marx denomina el "fetichismo de la mercancía". Pero en todo caso se trata de una religiosidad predominantemente inmanente, como mostraron Max Weber y Walter Benjamin. La religión hollycapitalista, sin embargo, vuelve a introducir un elemento trascendente de una manera muy decidida, con una aparente independencia de los intercambios mercantiles. Solo aparente. De nuevo, si nos fijamos en el terrorismo, este se presenta ante la ciudadanía de los centros como un fenómeno exógeno, espontáneo, ajeno a la economía. Y sin embargo sabemos que el terrororismo es en esencia terrorismo de Estado, o mejor, de imperio. Es decir, que forma parte de la dinámica de conquista capitalista imperial, solo que de una conquista que pertenece a lo que se denomina la guerra de cuarta generación. Y que por lo tanto es parte integrante de la dinámica de acumulación capitalista. Se ve entonces lo que vincula esta violencia excesiva, trascendente, esta epifanía de lo sagrado, y su espectáculo en los medios de propaganda. Y como este espectáculo es en esencia un ritual sacrificial. En este sentido hablamos de la reintroducción de una dimensión trascendente en el hollycapitalismo, por oposición al capitalismo. Lo mismo podríamos decir del terrorismo pandémico, y en ocasiones también eugenésico, que el hollycapitalismo orquesta, y que responde a un estructura similar a la del terrorismo, sólo que ahora el enemigo fabricado es un virus en lugar de un grupo yihadista.

De manera que la máquina hierogámico-sacrificial hollycapitalista supone la introducción de una dimensión espectacular que no es tan importante en la capitalista. Y esta dimensión espectacular es de carácter trascendente, es una nueva forma de epifanía de lo sagrado, lo mismo si se trata de la violencia terrorista que de la de las catástrofes "naturales" o la geoingenierización del clima. Se trata en general de fenómenos fabricados por el propio sistema, que, insistimos, tienen como protagonista a la violencia. Pero lo mismo podríamos decir del goce. En este sentido se inscriben en la mecánica hierogámico-sacrificial. Y como decimos, suponen una diferencia cualitativa fundamental con respecto a la máquina hierogámico-sacrificial capitalista, en la que estas transferencias libidinoso-agresivas están mayoritariamente encarnadas en los intercambios mercantiles.

Si en el capitalismo predomina la producción de mercancías, en el hollycapitalismo lo hace la especulación financiera. Si en el capitalismo el dinero es el resultado de la producción material de mercancías, en el hollycapitalismo el dinero se crea ex nihilo por los bancos centrales, el sistema de reserva fraccionaria y, en general, el sector financiero. Si el dinero capitalista es metálico, el dinero hollycapitalista es fiduciario. Si el dinero metálico es un depósito de valor por exceso, el fiduciario lo es por defecto. Si el dinero metálico representa un superávit, el dinero fiduciario representa un déficit, una deuda.

Como se ve el capitalismo y el hollycapitalismo se diferencian de manera radical. Y sin embargo hay continuidad estructural entre uno y otro, espacial y temporal. Yanis Varoufakis ha mostrado en El minotauro global cómo la hegemonía estadounidense siguió siendo similar antes y después de la derogación del patrón oro en 1971. Antes, cuando los flujos predominantes eran excedentes de producción estadounidenses, y después, cuando estos pasaron a ser déficits, compra de deuda soberana y productos financieros. Con la pistola en la sien del Pentágono y los golpes de Estado orquestados por la CIA, claro. Porque los intercambios mercantiles y financieros están inscritos en una dinámica de intercambios libidinoso-agresivos. EEUU ya era una potencia en decadencia a partir de los 70, pero compensaba esta decadencia y pérdida de poder en el terreno puramente mercantil con el poder de sus finanzas, su tecnología, su ejército, su aparato de inteligencia, su industria cultural y del espectáculo. Claudio Katz nos ha mostrado todo esto en Bajo el imperio del capital. Es decir, la máquina hierogámico-sacrificial hollycapitalista incorpora toda una serie de ingredientes que no eran predominantes en la máquina hierogámico-sacrificial capitalista: la especulación financiera, el dinero fiduciario, la ciencia y la tecnología basadas en la manipulación de la vida, la guerra de cuarta y quinta generación. Todo ello en el marco hollywoodense. El espectáculo hierogámico, pero sobre todo el sacrificial, la espectacularización del goce, pero sobre todo la de la violencia, se convierten en centrales. Inseparables de los intercambios mercantiles. Ineludibles para comprender el sistema.

De manera que nos interesa poner todos los ingredientes que intervienen en los intercambios mercantiles, financieros, monetarios, en relación con la dimensión representativa, espectacular. Porque sabemos que esto es un elemento central en la máquina hierogámico-sacrificial, y sobre todo en la hollycapitalista. En este sentido, simplificando, podemos decir que el modo representativo paradigmático capitalista es el teatro, y el hollycapitalista el cine y la televisión. Esta distinción se corresponde con la materialidad de la economía productiva y el dinero metálico capitalista, por un lado, y la virtualidad de las finanzas y el dinero fiduciario hollycapitalista, por el otro. Sabemos que el teatro es tan antiguo como el hombre y que el cine se deriva del teatro, pero entre el teatro y el cine hay un salto cualitativo fundamental, similar al que hay entre la economía productiva y la economía financiera, entre el dinero físico y el dinero papel o virtual.

Por descontado, estamos tratando de establecer una distinción conceptual entre el capitalismo y el hollycapitalismo. La distinción entre centros y periferias coincide aproximadamente con la de hollycapitalismo y capitalismo. Pero teniendo en cuenta que los centros también tienen sus periferias, que las periferias también tienen sus centros. Es decir, en la realidad ambos regímenes conviven, se solapan, se dan al mismo tiempo. El hollycapitalismo es un ámbito de vanguardia que se produce en el seno del capitalismo, y con el que sigue conviviendo en distintas proporciones.

Además, cada uno de los terrenos que constituyen estos dos régimenes puede tender a pertenecer más a uno o a otro. Es decir, en la práctica las transformaciones de un régimen a otro se pueden dar antes en un terreno que en otro. Por ejemplo en el de la forma de producción, o en el del sistema monetario, o en otros terrenos que veremos a continuación, como el de la tecnología, la guerra o la cultura. Pero aunque estas transformaciones se den antes o después unas con respecto a las otras, lo que nos interesa destacar es que hay una cierta correspondencia, una cierta coherencia, entre los distintos terrenos y el régimen al que pertenecen conceptualmente. Es decir, hay una coherencia interna, estructural, entre los distintos terrenos. Lo que hace que cada uno de los régimenes pueda considerarse, desde un punto de vista teórico, como un sistema específico y distinguible del otro. Aunque en la realidad estos convivan. Como se ve distinguimos en todo momento entre el modelo conceptual que manejamos y la realidad. A lo que queremos llegar es a formular uno y otro régimen, cada uno como una máquina hierogámico-sacrificial específica, con un funcionamiento coherente, con una correspondencia lógica entre los distintos terrenos. Una máquina hierogámico-sacrificial capitalista y otra hollycapitalista.

Resumiendo lo que hemos dicho hasta aquí, el capitalismo se basa en el intercambio de mercancías físicas, el hollycapitalismo en el de productos financieros. El sistema monetario del primero es el dinero metálico, el del segundo el fiduciario. En cuanto a la modalidad representativa, en el primero predomina el teatro y en el segundo el cine, la televisión e internet.

Veamos ahora las diferencias en otros terrenos, como son la ciencia, la tecnología y la guerra, que están en la base del sistema productivo y económico, todo ello en el marco de un determinado régimen representativo.

Si la ciencia y la tecnología capitalistas se basan predominantemente en la geología y en la física, las hollycapitalistas lo hacen en la química y la biología. Dicho de una manera más simple, las primeras actúan sobre la realidad desde fuera, mientras que las segundas lo hacen desde dentro. Las primeras contienen la vida y las segundas la transforman, la manipulan desde su misma lógica interna. Es decir, la ciencia y la tecnología hollycapitalistas paradigmáticas son la ingeniería genética, la socioingeniería y la geoingeniería. Las tres se basan en la misma estrategia de transformación y manipulación de la vida y la realidad desde dentro, desde su química o su biología, desde su genética, es decir, desde sus procesos internos de transformación, crecimiento y reproducción.

No olvidemos que estamos tratando de comprender estos distintos terrenos de manera integral, como formando parte de un mismo régimen, de una misma máquina hierogámico-sacrificial. Así, en general, la ciencia y la tecnología capitalistas son las que están en la base de la producción industrial convencional de mercancías, en las que el elemento central es la fuerza física que las conforma. El paradigma son los altos hornos, la industria pesada, o la cadena de montaje fordista. Por el contrario, la ciencia y la tecnología hollycapitalistas por antonomasia serían las distintas formas de ingeniería genética, social o geofísica, en la medida en que lo que está en juego no es ya la contención física de la fuerza de la vida, de la naturaleza, de la realidad, sino la transformación de estas desde su propia dinámica, con el objetivo de afectar a estas fuerzas y que sean ellas mismas las que, por así decirlo, se autotransformen. El paradigma de producción hollycapitalista es un producto financiero derivado o una superproducción hollywoodense. Pero también una catástrofe geoingenierizada o una revolución de color.

En cuanto a la guerra, la diferencia entre la capitalista y la hollycapitalista se corresponde con la que acabamos de ver en el terreno de la ciencia y la tecnología. Como no podía ser de otra manera, en la medida en que la guerra es el ámbito de vanguardia del sistema, tal como hemos mostrado en El imperio de la ficción. Así, podemos hacer corresponder el capitalismo con las guerras convencionales, particularmente las de segunda y tercera generación, mientras que las guerras propiamente hollycapitalistas serían las de cuarta y quinta que hoy padecemos todos. Si las guerras convencionales son de Estados o bloques de Estados con otros, en las guerras no convencionales ya no tiene sentido hablar de Estados. Si las guerras capitalistas son libradas por ejércitos regulares, en las hollycapitalista participan ejercitos proxy, pero también todo tipo de armas circunstanciales como minorías raciales, inmigrantes, fenómenos atmosféricos o virus. Si en las guerras capitalistas las víctimas son sobre todo las tropas regulares, y en menoer medida la población civil, en las hollycapitalistas todos somos armas y víctimas, con independencia de nuestra nacionalidad, de los intereses del gran capital global.

Desarrollemos, ahora que hemos visto los elementos fundamentales en los terrenos de la ciencia, la tecnología, la producción y el dinero, cuáles son las diferencias entre capitalismo y hollycapitalismo en lo que a la dimensión representativa, espectacular, mediática, se refiere. Ya hemos visto que en el capitalismo el paradigma representativo es el teatro, y en el hollycapitalismo el cine y la televisión, a lo que habría que añadir formas de comunicación más recientes como internet. Como hemos visto, en el ámbito científico-tecnológico el salto entre uno y otro régimen es cualitativo, en la medida en que la ingeniería hace posible transformar la realidad desde dentro, a través de su misma dinámica. Se trata no sólo de transformar la realidad sino también de crearla, de tomar el control de su génesis. Algo parecido sucede en el terreno económico. En el capitalismo el valor se crea a partir de un valor de base que se transforma, al que se le incorpora un trabajo para incrementarlo en forma de valor añadido. En el hollycapitalismo, el valor de los productos financieros no consiste tanto en la transformación física del producto como en la transformación del valor en sí, en el marco de una estrategia especulativa que juega con dicho valor en relación con otros valores y los contextos de mercado. Una diferencia parecida se observa entre el dinero metálico y el fiduciario. El primero es físico, real, se puede tocar; el segundo es un valor virtual, una promesa, una creencia en que el dinero seguirá teniendo valor en el momento en que se intercambie por una mercancía.

Pues bien, como se ve, la dimensión representativa, espectacular, mediática, el cómo se presentan las cosas, el cómo se ven, el cómo aparecen, el qué parecen, es central en todos estos terrenos en el hollycapitalismo. Si utilizamos este término es porque se dan todas estas correspondencias y porque esta dimensión espectacular nos parece central, lo atraviesa todo. Si la economía financiera y el dinero fiduciario se sostienen es en buena medida porque aparentan tener valor, porque su valor es en cierta medida ficticio, virtual, subjetivo. Si hablamos de 'hollycapitalismo' es porque Hollywood no es sólo una modalidad de producción espectacular, sino porque el sistema, a partir de un deteminado momento, en un determinado marco espacial, pasa a ser espectacular, hollywoodense, a estar dominado por este carácter, como supo ver Guy Debord en La sociedad del espectáculo. Si una compañía determinada tiene un determinado valor en bolsa, en un contexto concreto, es porque parece que lo tiene. Lo mismo sucede con una divisa, con la deuda soberana de un país o con la cotización de una estrella de Hollywood.

Es cierto que en el capitalismo en general el valor de una mercancía también es variable, que depende de todos los factores que inciden en el mercado, que en última instancia el valor lo establece el mercado de manera, por así decirlo, automática. Es verdad que la mercancía también debe aparentar ser una buena mercancía en el mercado, y que esta apariencia también incide en su valor de cambio. Pero el salto cualitativo entre el capitalismo y el hollycapitalismo es que en el segundo se intercambian también mercancías que son exclusivamente productos financieros, sin ninguna materialidad. Se intercambian puras apariencias, puros fantasmas. Es decir, productos cuya esencia coincide con su representación, cuyo valor se desvincula cada vez más de su referente real, material, físico. Como se ve la lógica de esta economía es la misma que la de la ficción hollywoodense. Y esto es aún más evidente en el caso del dinero fiduciario, que se crea de la nada como se crea un personaje o un guión de una película. Como se crea un grupo terrorista como ISIS o un virus eugenésico como el zika. La clave es que estas realidades ficticias no se sostendrían sin toda la película que los rodea, que de hecho los constituye. No es que se hable del zika en los medios. Es que el zika no sería zika sin los medios. Porque es antes que nada un gran montaje hollycapitalista. Esta es la diferencia esencial entre capitalismo y el hollycapitalismo. En el capitalismo se venden coches y en el hollycapitalismo se venden vacunas eugenésicas. Lo mismo sucede con el terrorismo convencional, sobre todo a partir del espectáculo del 11S. Con aviones holográficos incluidos. El terrorismo hollycapitalista no se puede entender más que como terrorismo hollywoodense. Y lo mismo se puede decir del gran espectáculo eugenésico del sida o del zika que hoy padecemos. Esta es la máquina hierogámico-sacrificial a pleno rendimiento.

Algo parecido ocurre con la guerra. Las guerras convencionales, desde la de primera a la de tercera generación, están basadas sobre todo en la violencia. Pero las guerras de cuarta y quinta generación tienden mucho más a basarse en la amenaza. Violencia y amenaza que, como sabemos por la mecánica hierogámico-sacrificial, son dos caras de la misma moneda. Una no puede darse sin la otra, si atendemos a todo el ciclo que las vincula. Pero lo cierto es que la guerra convencional se inclina mucho más hacia el polo de la violencia, mientras que la guerra no convencional lo hace hacia el de la amenaza. Además, en el primer tipo, en la guerra capitalista, es evidente quién ejerce esta violencia, mientras que en el segundo, en la guerra hollycapitalista, el agente real se enmascara detrás de toda una serie de fenómenos económicos, sociales, climáticos, sísmicos, naturales. Todo entre comillas, por supuesto, en la medida en que son, en buena medida, ingenierizados. De manera que vuelve a aparecer esta dimensión aparente, virtual, ficticia, que es la propiamente hollywoodense.

Algo parecido podemos decir de la ciencia y la tecnología, que de hecho están en la base de las dos modalidades de producción y de guerra. En el capitalismo se actúa de manera expresa, explícita, física, declarada, sobre la realidad. Pero en el hollycapitalismo no está tan claro cómo se transforma la realidad, quién lo hace, de qué manera. En la medida en que esta realidad, insistimos, se transforma desde dentro, desde su propia lógica, desde sus propias fuerzas, desde su generación, desde su reproducción. Otra vez, la transformación de la realidad se nos presenta como una apariencia, como una virtualidad, desvinculada de lo que realmente está en la base de esta tranformación. Esto abre todas las posibilidades para el engaño, la manipulación, la impostura, en suma, la ficción. En este sentido también se puede decir que la ingeniería genética, la socioingeniería o la geoingeniería son hollywoodenses, son la modalidad científico-tecnológica específicamente hollycapitalista.

Pero además, si utilizamos el término 'hollycapitalismo', es porque en esta última forma de capitalismo se intensifica la dimensión religiosa con respecto al capitalismo clásico. Recordamos que holy significa 'sagrado'. Pero además creemos que esta dimensión religiosa es inseparable de Hollywood en el sentido en que lo estamos considerando aquí, como algo que atraviesa estructuralmente todo el sistema. Hemos visto que la máquina hierogámico-sacrificial capitalista clásica consiste sobre todo en intercambios de mercancías profanas y de dinero sagrado. En la máquina hierogámico-sacrificial hollycapitalista, a esto hay que añadir la dimensión ficticia que constituyen las financias, el dinero fiat, la ciencia y la tecnología genéticas y de ingeniería del entorno, que, insistimos, están dominadas por lo virtual, por la apariencia, por la creencia compartida. El ejemplo más evidente es el del dinero fiduciario, que de hecho es una forma de milagro en la medida en que el dinero se crea de la nada y adquiere valor de manera milagrosa simplemente anotando una cantidad virtual en un asiento bancario. Pero lo mismo sucede con los sismos o con las catástrofes "naturales", milagrosamente creados por la geoingeniería. O con las revoluciones de colores, en las que grandes sectores de la población se ven poseídos repentinamente, como le sucedía a los héroes antiguos, pero en masa. Solo que ahora la hybris es inoculada por las redes sociales, fundaciones y ONGs imperiales, chemtrails, HAARP, virus transgénicos, armas psicotrónicas o nanopartículas inteligentes. Que siga el espectáculo.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/