2016-02-11

Hollywood en el hollycapitalismo (2/2)


[Continuación de "Hollywood en el hollycapitalismo" (1/2)]

Esto es en definitiva lo que ya anunciaba el Informe de Iron Montain. La guerra solo se puede eliminar si se absorve como paradigma de todo el espectro económico. Si la violencia se contiene por medios artificiales. Es lo que estamos viendo ya generalizarse en la tendencia que va de las guerras convencionales a las de cuarta y quinta generación. La crisis de generaliza, se hace sistémica, se confunde con el orden. La crisis se hace normal en todos los ámbitos, de la misma manera que el trauma de la programación lo invade todo. Enciendes la televisión y ya está la musiquita estresante, miras a alguien en el metro y todos se convierten en policías que te vigilan. De lo que se trata es de ir aceptando progresivamente que la felicidad consiste en aceptar el sufrimiento permanente.

La clave de toda esta trampa esta en la pasividad. Y en esta pasividad la MHS hollywoodense juega un papel central. La estrategia del poder ha consistido siempre en capturar el goce y la violencia de sus sometidos, en producir ritualmente deseo y amenaza a partir de estas energías capturadas. Esto es, en resumen, lo que hace Hollywood. Por eso decimos que Hollywood desempeña un papel central en el mundo de hoy, no solo como espectáculo, sino como dimensión central constitutiva de lo político, lo económico, lo moral y lo religioso. Político porque en última instancia el poder consiste en el control de los comportamientos. Económico porque la economía sobre la que se asientan los intercambios materiales es, en última instancia, libidinoso-agresiva. Moral porque las líneas rojas que separan el bien y el mal son definidas en escenarios hollywoodenses, sean los de las películas o los de los telediarios. Religioso porque Holly-wood reintroduce un paradigma que no es otro que el de la distinción de la sagrado y lo profano.

En el hollycapitalismo Hollywood es político-económico de la misma manera que la economía política es hollywoodense. Sabemos que uno de los objetivos fundamentales, de largo plazo, de todo régimen de poder-religión es el control de la reproducción social, el de la transformación de la zoé, es decir, el de la fertilidad de los bíoi. Y en esto Hollywood juega un papel fundamental. La política tradicional puede ocuparse de lo circunstancial, de las transformaciones de fondo ya se ocupa Hollywood. "Dadme el control de la moneda de un país y no me importará quién haga las leyes", dijo Mayer Amschel Rothschild. Pero lo mismo se puede decir del cine, porque al fin y al cabo el dinero fiduciario y las películas son la misma producción virtual que da forma a la realidad. "Dadme el control de Hollywood y no me importará que haya teóricos de la conspiración".

Si la MHS hollywoodense juega un papel tan importante, es en buena medida porque sus temas centrales son la vida y la muerte, la unión erótica y la fertilidad. De ahí que las trinidades, las hierogamias y los sacrificios, los nacimientos sagrados, las castraciones o las impotencias, los abortos, jueguen un papel protagonista en las películas. Porque el control de estos procesos es en lo que consiste el verdadero poder. No solo las películas sino los medios de masas y la política en general, que legitiman las guerras o la eugenesia programada por las instituciones internacionales.

Pero tratemos de comprender cómo se produce la influencia de la ficción hollywoodense en la realidad. Sabemos que en la máquina hierogámico-sacrificial hay una distinción esencial entre los bíoi sagrados y los bíoi profanos. Si los bíoi sagrados son referencias para los profanos, si con ellos pueden identificarse es, paradójicamente, porque hay un salto cualitativo entre unos y otros. Como hemos mostrado en su momento, los bíoi sagrados lo son, en su origen, porque son transgresores, porque las transgresiones definen, paradójicamente, las prohibiciones. Es decir, lo que está en la base de la atracción que generan los bíoi sagrados en los profanos es que estos encarnan lo prohibido. La relación que liga a los bíoi profanos con los sagrados es siempre ambivalente, oscila entre la atracción y la repulsión, el amor y el odio.

De ahí que, como dice Palacios, "[l]as entradas y salidas de la cárcel de [Lindsay] Lohan eran mostradas por televisión como si fueran un pase de modelos, en el doble sentido de la palabra: el éxito obtenido al hacer una maldad e ir a la cárcel parecía el modelo del éxito a seguir para las jóvenes criadas a comienzos del siglo XXI" (353). Insistimos en que esto está siempre en la base de la MHS. Esta transgresión siempre está asociada al poder, aunque en ocasiones se olvide o su propaganda lo encubra. Sobre todo en los períodos en que predomina el orden. Es decir, el poder lo es precisamente porque se impone mediante la violencia, porque es transgresor, porque es maléfico, solo que este mal se torna en bien en el marco de la MHS. En la medida en que el poderoso lo es, tiene el privilegio de transgredir las prohibiciones. En este sentido, los poderosos no son más que las versiones, más o menos profanizadas, de los bíoi sagrados. Si la transgresión rezuma por todos los poros de Hollywood es porque el poder necesita también demostrar que lo es y lo hace transgrediendo las prohibiciones que afectan al mundo profano.

Además, en el régimen de poder contemporáneo, en el que el verdadero poder de las élites está oculto, es necesario que otras figuras, como en este caso las estrellas de Hollywood, desempeñen este papel de ostentación del privilegio de la transgresión. En este sentido se puede decir que las estrellas actúan como máscaras del verdadero poder, están justo en el límite que separa lo sagrado de lo profano, con un pie en un lado y otro en otro. Son las intermediarias entre estos dos mundos, de la misma manera que a través de ellos se vinculan los rituales hierogámico-sacrificiales privados y los públicos, los "científicos" de las agencias de inteligencia o los de las élites, y los sistémicos, los de masas.

De hay que muchos de estos actores participen tanto en unos como en otros. A través de ellos estos dos órdenes se comunican, de manera que la programación MkUltra más "científica", más metódica, más sistemática, la que se lleva a cabo en las agencias de inteligencia, así como los rituales secretos de la élites, terminan alimentando los grandes rituales hierogámico-sacrificiales sistémicos, en la medida en que Hollywood actúa como una pantalla porosa que comunica ambos mundos.

Todo esto viene a significar que no existe una relación lineal entre lo sagrado y lo profano. Se da siempre un salto cualitativo, una línea roja que separa dos ámbitos distintos. Pero también complementarios, que no se pueden entender el uno sin el otro. Lo sagrado es la excepción que confirma la regla profana. En esta lógica hay que inscribir la máquina hierogámico-sacrificial hollywoodense. Entre lo que sucede en las películas y la transformación que esto produce en la realidad no hay una relación lineal. Si acaso esto puede ser cierto en lo que respecta a fenómenos del orden de lo cotidiano, del de la vida común. Pero no creemos que se pueda aplicar a las situaciones más extremas, más intensas, más críticas. En otras palabras, el centro de la MHS es la hierogamia y el sacrificio, es decir, el goce y la violencia excesivos, los que están en la base de la reproducción de la vida y la muerte, de la fusión de los bíoi en la zoé.

Hay que recordar que la MHS produce un proceso complementario de sacralización de los bíoi sagrados y de profanización de los bíoi profanos. Es decir, si los bíoi son sagrados o profanos es porque están a un lado o a otro de la línea roja que define el ritual, tanto la que distingue las transgresiones de las prohibiciones, como la que distingue los actores de los espectadores. Es cierto que, en general, en el capitalismo se difuminan las líneas de separación entre lo sagrado y lo profano, en la medida en que lo sagrado por excelencia, el dinero, circula a través de todo el espectro del sistema, aunque tienda a acumularse en su polo superior. Pero en el hollycapitalismo esta tendencia a la polarización de lo sagrado se intensifica con el sistema monetario fiduciario, que crea el dinero ex nihilo. Pero la misma lógica es la de Hollywood, en la medida en que hay una separación muy neta entre estrellas, que hacen las veces de bíoi sagrados, y los bíoi profanos. Y en general, la producción inmaterial hollywoodense, que es comparable a la producción inmaterial de dinero fiduciario.

Veamos ahora como las nociones de ficción y realidad se relacionan con las de lo sagrado y lo profano, y con las de la transgresión y la prohibición. La relación entre la realidad y la ficción, en el marco de la MHS, es fundamental para entender muchos fenómenos. En general podemos decir que en la MHS tradicional, las sociedades son más estables y las transformaciones sociales más importantes se dan en el marco de crisis sacrificiales, es decir, a través de la violencia real. Después, el ritual reproduce esta violencia, pero ritualizándola, sublimándola, simbolizándola, en forma de amenaza. En la MHS capitalista, pero sobre todo en la hollycapitalista, esta relación se invierte. En la MHS capitalista, en términos generales, es el sistema de producción el que se transforma, en el marco de su propia lógica de competencia, optimización, concentración de capital, y es este sistema productivo el que, indirectamente, transforma a las sociedades. Pero en el hollycapitalismo hemos visto que la reproducción social vuelve a ocupar un papel central.

Además, todo en el hollycapitalismo lleva a una aceleración muy importante de estas transformaciones sociales, en buena medida porque la ciencia y la técnica adquieren mucha más capacidad para transformar la realidad, pero también porque la economía financiera y el sistema monetario ficticio empujan a la sociedad a un delirio de actividad, la obligan a ser cada vez más productiva, cada vez más violenta, cada vez más esclava, en la medida en que su sistema de valores es siempre deficitario. En otras palabras, las sociedades viven en una ilusión, en buena medida sostenida sobre un sistema financiero y monetario basado en el milagro de crear valor ficiticio, que solo se hace real imponiendo más violencia en el polo contrario del sistema. El hollycapitalismo se caracteriza por mecanismos cada vez más sofisticados de captura de los instintos libidinoso-agresivos, que se corresponden con un tejido productivo menos consumidor de energía. Y estas energías sobrantes pueden ser destinadas a transformar la sociedad a una velocidad mucho mayor de lo que sucedía en otros regímenes.

En este marco hay que inscribir las ficciones hollywoodenses. Tiene razón Palacios cuando dice que la ficción "crea la realidad por un efecto imitativo" (239, cf. 282), que la ficción se adelanta a la realidad (228, 288, 334). Pero hay que matizar cómo es esta imitación. Nuestra tesis es que la relación entre realidad y ficción hay que interpretarla, en el marco de la MHS, como una relación entre lo sagrado y lo profano, así como entre la transgresión y la prohibición, que de hecho son pares de nociones muy afines. La ficción hollywoodense da forma a la realidad, en la medida en que es una ficción sagrada con respecto a una realidad profana.

La noción de trascendencia religiosa tradicional se confunde en el hollycapitalismo con la de lo virtual. Para la mayoría de los mortales, no importa que las estrellas de Hollywood sean reales, porque en la práctica son percibidas como una virtualidad, como una proyección trascendente sobre una pantalla de cine o de televisión. En este sentido el hollycapitalismo se basa en una peculiar relación entre inmanencia y trascendencia, en la que lo trascendente se encarna, no tanto en lo inmanente, como en una categoría intermedia que es lo virtual. Recordemos que el capitalismo, como mostró Walter Benjamin, se basa en la "caída" de la transcendencia en la inmanencia de los intercambios mercantiles (El capitalismo como religión). Pues bien, en el hollycapitalismo, una vez que la trascendencia "ha caído" y se ha fundido con la inmanencia de las mercancías, aparece una nueva categoría intermedia, la virtualidad, que asciende desde la inmanencia y se coloca en un nivel intermedio entre esta y la trascendencia. En este sentido, la virtualidad hollywoodense tiene una gran capacidad para vincular la trascendencia o la ficción, con la inmanencia o la realidad.

En todo caso hay que insistir en que el poder, que como sabemos se ejerce en el marco de la MHS, está muy vinculado con la ficción. Sabemos que el ritual HS oscila entre crisis reales y escenificaciones en las que estas crisis simplemente se simbolizan. Cuanto más estable es un régimen de poder más poderosa debe ser esta ritualización de la violencia. En otras palabras, el orden social se sostiene en una gran ficción, en un gran ritual, en un gran teatro en el que todos debemos fingir que todo está bien y no hay ningún problema, en una gran hipocresía, que se basa en la externalización permanente de la violencia y el goce. El poder se basa en esta ficción, en esta virtualidad, y cualquiera que llame la atención sobre esta violencia estructural, como ha sucedido estos días con los titiriteros acusados de enaltecimiento del terrorismo, son demonizados como violentos.

Todo lo que decimos debe servir para comprender que el poder, en general, no puede renunciar a esta dimensión ficticia, escénica, representativa, virtual. Y esto se intensifica en el hollycapitalismo, en el que esta virtualidad del poder es un elemento central. Dicho de una manera muy simple, el poder en el hollycapitalismo es hollywoodense. Y Hollywood es poderoso. De ahí que las relaciones entre Hollywood, las agencias de inteligencia, el Pentágono, la geopolítica imperial, etc. sean tan estrechas. Porque en el hollycapitalismo el poder y los medios son indistinguibles, forman para indisoluble de una misma cosa. Además, es importante destacar, como hace Palacios, la importancia de lo "secreto" en Hollywood. No solo lo secreto de Hollywood en sí sino también sus relaciones con los ámbitos secretos de los aparatos de Estado y en general del poder que trasciende los Estados. Porque, en definitiva, este secretismo, que insistimos casi coincide con sacralidad, es un ingrediente fundamental de la MHS. El poder es como un gran agujero negro que se traga todo lo que entra en él, pero está rodeado por una pantalla que lo oculta, creando la ilusión de que este agujero no existe. Esta pantalla es Hollywood. El poder es por definición ob-sceno, pero también por definición necesita una pantalla, una escena que lo presente ante el mundo profano de una manera más amable.

Este rol de Hollywood como pantalla que separa la obscenidad del poder de aquello que se escenifica es habitual en todas las películas que tienen que ver con el poder, con lo militar, con la inteligencia, con la ciencia y la tecnología de vanguardia.
"[L]as películas de ciencia ficción incluyen un asesoramiento gubernamental con un doble objetivo: por un lado, filtran información útil y por otro, otorgan a estas películas el calificativo de ficción, dejando así que la gente piense que el contacto extraterrestre y este tipo de tecnologías son algo «de película»" (300).
Por otro lado, es muy lúcida la manera en que Palacios nos muestra cómo la realidad y la ficción de Hollywood se funden. Nos referimos a la realidad de las estrellas, de sus vidas glamurosas. Lo que de hecho, para el espectador profano, no es muy distinto a la ficción de las películas, porque de hecho también son ficciones escenificadas por los medios de masas. Todo acaba formando parte de la misma película. De ahí que las estrellas y sus personajes tiendan a confundirse. Pero si esto ocurre, insistimos, es porque existe una diferencia constitutiva, esencial, entre el mundo de la ficción sagrada de Hollywood y el mundo de la realidad profana que la observa.

Pues bien, la ingeniería social, en la que sabemos que Hollywood juega un papel central, hay que inscribirla en todo lo que venimos diciendo. Como decíamos, nuestra tesis central es que la influencia que la ficción hollywoodense ejerce en la realidad no es lineal, en la medida en que la primera pertenece al ámbito de lo sagrado y la segunda al de lo profano. Esto lo pone de manifiesto Palacios cuando dice que "al mostrar la Realidad en una película, el público lo mete en la carpeta ficción de su mente, desechando que eso pueda ser real" (380, cf. 302, 412-413). Este es el efecto pantalla al que nos referíamos antes, pero también a la noción de virtualidad, como dimensión intermedia entre la inmanencia y la trascendencia. De la misma manera podríamos decir que, en el hollycapitalismo, existe una categoría intermedia entre la ficción y la realidad: la realidad ficticia, fabricada, ingenierizada. En rigor esta categoría ha existido siempre, pero en el hollycapitalismo ocupa un lugar privilegiado, hasta el punto en que todo parece indicar que esta realidad ficticia terminará engullendo la realidad, siempre tensada por una ficción cada vez más delirante, cada vez más distópica. Una granja humana cada vez más productiva, para el aprovechamiento de una raza superior, probablemente no humana.

La lógica de Hollywood es en el fondo la misma que la de la disidencia controlada. Que en última instancia es la de la MHS. Canalización, absorción, acumulación, emanación de flujos. En la medida en que esté controlada, la disidencia se convierte en inofensiva, está neutralizada o puede ser neutralizada en el momento en que sea necesario. Sus flujos están capturados o pueden ser capturados en todo momento. La lógica de la pirámide másonica es la misma que la del cinematógrafo, lo mismo como cámara que como proyector. Las dos pirámides que, al cruzarse, definen todo el espectro de la realidad ficticia. Sello de Salomón.

Insistimos, hay que recurrir a la distinción entre lo sagrado y lo profano, y a la que subyace a esta, la de la transgresión y la prohibición, para comprender por qué la influencia de la ficción hollywoodense en la realidad no es lineal. Puede ser lineal en ámbitos más profanos, en los de la vida cotidiana, en los que calificamos como pertenecientes al orden. Pero definitivamente no es lineal en el ámbito de lo sagrado, en lo que denominamos lo crítico. Esto se pone de manifiesto en muchos fenómenos hollycapitalistas contemporáneos, como el terrorismo o la violencia de género, que no pueden ser comprendidos al margen de esta dimensión hollywoodense. El terrorismo y su escenificación en los medios son inseparables, porque en última instancia todo es una gran fabricación hollycapitalista. Y lo mismo pasa con las pandemias o con la violencia de género.

Que estos son fenómenos hollycapitalistas y no capitalistas se pone de manifiesto en el hecho de que en ellos la dimensión ficticia es la preponderante, la que arrastra, por así decirlo, a la real. El efecto del terrorismo escenificado en los medios es lo principal y el atentado de bandera falsa que es necesario cometer para disponer de la información en bruto es lo secundario. Esta es la lógica que impera en el hollycapitalismo. Lo mismo podríamos decir de las pandemias, de la violencia de género, de las revoluciones de colores, del cambio climático y de tantos otros fenómenos hollycapitalistas.

Que se escenifique el terrorismo en los medios hollywoodenses no significa que toda la sociedad se vuelva terrorista. Es verdad que una minoría puede radicalizarse, sin duda influenciada por los medios, pero también por otras razones, pero lo cierto es que la mayoría de la población no se hace terrorista porque presencie el terrorismo en los medios o en las películas. Al contrario, la suspicacia, la distancia, la inmunización, aumentan en general en la sociedad con respecto al tema terrorismo. Este se demoniza, se tabuiza. Cualquier reflexión serena sobre el tema es evitada. Porque la estrategia del poder que lo fabrica es precisamente convertirlo en sagrado, en algo que no debe ser comprendido en profundidad, que no debe ser racionalizado, que debe despertar pasiones, posicionamientos. O estás con nosotros o estás con los terroristas. En este contexto hay que leer también la reciente criminalización de los titiriteros en Madrid.

Pero la misma lógica afecta a la violencia de género, que como Palacios subraya muy acertadamente, es un elemento central en las películas hollywoodenses. De nuevo, es posible que estas campañas incrementen en parte la violencia sexual, pero para la mayoría de la población lo que de hecho suponen es que se eviten las situaciones de riesgo. De manera que es cierto que la violencia de género que nos muestran los medios influye en la sociedad, pero no de manera lineal, insistimos, sino en base a esta mecánica paradójica, que de hecho es la de la MHS.

Para concluir, hay que decir que lo que está en la base de todo esto es la trasformación de los sujetos en objetos. O mejor, la de los pseudo-sujetos en pseudo-objetos. Porque lo que está en la agenda de las élites hollycapitalistas es, nada más y nada menos, que tomar el control de la vida, de la naturaleza. No se trata simplemente de la objetivización de los sujetos. Se trata de una toma de control que se basa en un uso perverso de la máquina hierogámico-sacrificial, en la que se da la predominancia a lo espiritual frente a lo material. Anábasis sin catábasis. Desequilibrio permanente. Disyunción sin conjunción. Dominación por el espíritu.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/