2016-02-11

Hollywood en el hollycapitalismo (1/2)



En un artículo anterior hemos tratado del concepto de "hollycapitalismo" y hemos mostrado que este supone una "fase superior", cualitativamente distinta, con respecto al capitalismo. Hemos mostrado que en el hollycapitalismo, Hollywood, en el sentido más amplio del término, juega un papel central, en la medida en que define un paradigama que atraviesa todo el sistema, de la economía financiera al dinero fiduciario, de la ingeniería genética y sus hermanas, la ingeniería social y la geoingeniería, a la guerra de cuarta y quinta generación. También, que el hollycapitalismo es "holy", religioso, de una manera distinta y mucho más intensa que en el capitalismo.

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Detengámonos ahora a analizar con más detalle el papel central que desempeña Hollywood en el hollycapitalismo. Para ello tomamos como base la obra La historia secreta de Hollywood de Rafael Palacios, que nos interesa particularmente en la medida en que su enfoque se acerca mucho al nuestro. En este libro se habla de Hollywood, no como ficción independiente de la realidad, sino todo lo contrario, como ficción que da forma a la realidad, de una manera u otra. Se habla de las películas en sí, pero sobre todo de sus vinculaciones con lo que está pasando o va a pasar en la realidad, con la geopolítica, la política, la economía y la sociedad en general. Poniendo el énfasis en el cine y los medios en general como herramientas de ingeniería y programación social. Palacios destaca de manera muy acertada y reveladora las relaciones de Hollywood con el aparato militar y de inteligencia, con los proyectos de control mental tipo MkUltra o Monarch, con los rituales satánicos de la élites.

El libro hace también alusión a la religiosidad de la que está imbuido todo el mundo holly-woodense. Nos interesan en particular las vinculaciones con la religiosidad pagana, con los cultos anteriores a los judeo-cristianos, en los que los excesos libidinoso-agresivos ocupaban un papel protagonista en los rituales religiosos: orgías, prostitución sagrada, sacrificios. Palacios nos habla de las estrellas como vestales, como "sacerdotisas del amor del Templo de Hollywood" (353, cf. 37, 148, 150), de "heroes sacrificados en el Templo de los dioses" (251; cf. 24, 320). Nos habla de las fans o "fanáticas", de los mitos alrededor del pene de Errol Flynn (51), de una manera que nos recuerda a los cultos dionisíacos. Nos habla del placer, las drogas, el lujo, el derroche, las orgías, la pornografía, la prostitución, el sadismo, el masoquismo (20, 24, 320-321). Nos sugiere la dimensión religiosa de ciertos métodos de interpretación, como el Stanislavski del Actor's Studio, como una suerte de posesión espiritual (92, 96), o el método "chamánico" utilizado por Nicolas Cage (294).

Sin duda todo esto forma parte de Hollywood. De hecho es una dimensión fundamental para entenderlo. Si el enfoque de este libro nos interesa es precisamente porque pone de manifiesto todo este lado oscuro de Hollywood que suele quedar velado en los estudios y medios dominantes. Todo esto, políticamente incorrecto, tiende a tabuizarse. Y sin embargo sigue implícito, precisamente de la misma manera que opera lo sagrado. En este sentido, es muy apropiado que en el título se enfatice lo "secreto". Pero hay que recordar la cercanía de lo secreto y de lo sagrado. Esbocemos, pues, una "historia sagrada de Hollywood".

Hemos dicho que el hollycapitalismo, como el capitalismo, y como el resto de regímenes de poder-religión, operan en base a una determinada máquina hierogámico-sacrificial. Pues bien, de lo que se trata aquí es de ver el papel que desempeña Hollywood en la máquina hierogámico-sacrificial hollycapitalista. En su momento hemos mostrado que la máquina hierogámico-sacrificial desempeña un papel central en las sociedades, en la medida en que los bíoi sagrados definen, en negativo o en positivo, los comportamientos de los bíoi profanos, trazan las líneas rojas de la ley, en el marco de un ritual que escenifica y castiga las transgresiones, como mecanismo sancionador de las prohibiciones. Pues bien, en el hollycapitalismo, con respecto al capitalismo, se produce una suerte de retorno a esta mecánica de normalización de la sociedad a través de individuos singulares.

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Hemos mostrado que las estructuras mínimas de la sociedad son las tríadas miméticas, y que a partir de ellas se definen trinidades. Esto lo han comprendido siempre mucho mejor los trágicos, los poetas, los literatos, que los filósofos o los científicos. También los guionistas y los directores de Hollywood. De ahí que estas tríadas o trinidades jueguen un papel central en las películas. Rafael Palacios es muy consciente de ello y nos habla de muchos de estos "triángulos amorosos" (252).

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En efecto, en muchas películas volvemos a encontrar toda esta mecánica de las tríadas y las trinidades, tanto en su modalidad femenina-masculina-femenina como en la masculina-femenina-masculina. Volvemos a ver una y otra vez variaciones sobre estos temas, sobre los dos arquetipos femeninos, el "afrodítico" y el "demétrico", y los dos masculinos, el "dionisíaco" y el "apolíneo".

Hemos visto el papel central que estas tríadas-trinidades juegan en la MHS, en la medida en que en ellas se condensan, se concentran, se transmutan, las energías libidinoso-agresivas. En la medida en que, en el marco de estos triángulos, se vinculan el goce y la violencia, el deseo y la amenaza, en suma, la dimensión hierogámica y la sacrificial. Que estas tríadas-trinidades jueguen un papel central en Hollywood no hace más que confirmar que estamos ante una MHS, que estamos ante un fenómeno especifícamente religioso, que de hecho es uno de los rituales centrales del hollycapitalismo.

También hemos visto en su momento que las trinidades de un solo sexo, tal como aparecen en los panteones de diversas religiones, pueden ser interpretadas como una manipulación de estas trinidades mixtas. En este sentido es muy oportuna la referencia de Palacios al personaje de Trinity en "Matrix" (326), que se remonta a la Sophia gnóstica, y que después fue masculinizada por la cultura patriarcal cristiana como el Espíritu Santo. Lo mismo se puede decir de la trinidad exlusivamente femenina que conformaron Madonna, Britney Spears y Christina Aguilera en la entrega de los premios de la MTV de 2003, y que era, como sugiere implícitamente este autor, una hierogamia (351). Veremos si acompañada o no de un sacrificio...

Hemos visto que la MHS gira en torno a hierogamias y sacrificios, a menudo vinculados explícitamente, pero en todo caso implícitamente, por la propia máquina. Y hemos visto cómo estas hierogamias-sacrificios se dan sistemáticamente en el marco de trinidades. De ahí que, como muestra el libro, en muchas de estas películas "el amor nunca llegue a materializarse" (59, cf. 74), los rivales del mismo sexo se enfrenten a muerte, o alguno de los integrantes de estas trinidades se suicide (31-32, 194). Por supuesto esto hay que extenderlo a la vida real de las estrellas, que como mostraremos después, puede considerarse también como parte de la ficción. En este sentido, se puede decir que muchos de los fenómenos hollycapitalistas son hierogamias-sacrificios, a menudo en el marco de dichas trinidades, como el caso Kennedy-Marylin Monroe, o el de la Princesa de Gales.

También hay que interpretar las visitas de Marlene Dietrich o de Marilyn Monroe a los soldados en campaña (41) como rituales hierogámico-sacrificiales. Se trata en definitiva del viejo ritual propiciatorio de la caza o la guerra, del que nos hemos ocupado en su momento, protagonizados por vírgenes o diosas de la fertilidad, y en torno a las cuales se celebraban ritos orgiásticos, hierogámicos y/o sacrificiales. La mecánica es siempre la misma, la de la armonización y canalización de las energías libidinoso-agresivas excesivas, como estrategia para reforzar la cohesión del grupo, para que este opere como colectivo, como zoé, y no como una suma de bíoi.

Lo mismo podemos decir de los nacimientos sagrados, que como hemos visto forman parte del complejo hierogámico-sacrificial, cerrando el círculo de la hierogamia y el sacrificio, en la medida en que estos niños divinos son sacrificados, bien en la infancia o bien, ya crecidos, en forma de héroes. Evidentemente los superhéroes (34, 50) no son más que una versión moderna de los héroes religiosos del pasado. De ahí que siguen imbuidos de una cierta religiosidad.

Y así podríamos seguir mostrando cómo muchos elementos habituales del mundo hollywoodense remiten a la tradición religiosa. Es el caso de la impotencia, a la que se hace alusión en varias ocasiones en este libro (142-143, 167-168, 189), que es una vez más una sustitución del tema de la castración, que como hemos mostrado juega también un papel central en la máquina hierogámico-sacrificial. Que de hecho pone de manifiesto de una manera muy evidente la articulación de lo hierogámico y lo sacrificial.

Pero para profundizar en la comprensión de la MHS hollycapitalista, para entender el papel central que Hollywood juega en ella, necesitamos aclarar previamente algunos puntos. En términos generales podemos decir que en el régimen capitalista las mercancías mandan. Toda la lógica del sistema se basa en el intercambio de las mercancías, en base a su designación como valor de cambio. El valor de cambio es, por así decirlo, el lenguaje común que todas las mercancías entienden, el que les permite interactuar. Lenguaje que es el que las personas se ven obligadas a hablar para participar en este mundo. Así, las personas, en el capitalismo, tienden a convertirse en mercancías, a ser valoradas según su trabajo y su consumo. En otras palabras, el plano en el que opera la máquina hierogámico-sacrificial capitalista es el de los intermbios de mercancías. La distinción fundamental entre lo profano y lo sagrado es, en este régimen, la que existe entre las mercancías o mercancías profanas, y el dinero o mercancía sagrada.

Lo que no hay que olvidar es que esta máquina hierogámico-sacrificial capitalista sigue siendo una máquina de poder-religión. Si en el capitalismo, como han hecho los economistas clásicos, se puede comprender aceptablemente bien el funcionamiento de una sociedad atendiendo solo a estos intercambios materiales, es porque estos encarnan los flujos libidinoso-agresivos, que como sabemos, están en la base de cualquier régimen de poder-religión.

Pues bien, lo que sucede en el hollycapitalismo es que aparecen nuevas modalidades de intercambio mercantil, de carácter financiero, inmaterial, aumentan las ocupaciones en el sector terciario, cobra cada vez mayor importancia la información y la comunicación. De manera que la dimensión libidinoso-agresiva, que en el capitalismo quedaba enmascarada o encarnada en lo material, en las mercancías, vuelve a ser predominante en el hollycapitalismo en forma de puro flujo libidinoso-agresivo. Esto lo han mostrado Gilles Deleuze y Félix Guattari con gran lucidez. En este sentido hablamos de una suerte de retorno de modalidades de funcionamiento de la máquina hierogámico-sacrificial tradicional. Dicho sea al margen de cualquier connotación positiva o negativa, de cualquier asociación con las nociones de progreso o regresión, siempre cargadas de ideología, en la medida en que son producciones míticas.

Este retorno a la mecánica de los flujos puramente libidinoso-agresivos supone un salto cualitativo fundamental en lo que a los comportamientos y a las transformaciones sociales se refiere. Si en el capitalismo es el mismo aparato de producción el que los conforma, en el hollycapitalismo resurgen mecanismos de represión alternativos, en la medida en que los sujetos no están tan sometidos al sistema productivo material, en la medida en que el trabajo productivo no consume tanta de su energía. En este sentido hay que entender Hollywood como un gran conformador de comportamientos, como un mecanismo de canalización, desvío, absorción, emanación de flujos libidinoso-agresivos. Pero también como producción inmaterial, como producción pura de flujos libidinoso-agresivos. En otras palabras, como ritual hierogámico-sacrificial, de una forma muy similar a como lo hacía la MHS tradicional, aunque sea con otras herramientas, en otros formatos, a otras escalas, con otros estilos.

Por supuesto estamos simplificando una realidad mucho más compleja, estamos formulando dos régimenes diferentes desde un enfoque conceptual, que sabemos que en la práctica se dan de manera combinada, complementaria, solapada.

Lo que hay que subrayar es que en el capitalismo el propio sistema productivo opera como mecanismo de canalización y absorción de las energías libidinoso-agresivas excesivas, que son las que el poder-religión debe controlar para asegurar la cohesión y la reproducción social. En el hollycapitalismo, por el contrario, por así decirlo, estas energías libidinoso-agresivas tienden a quedar liberadas, no son reprimidas por el propio aparato productivo, lo que hace necesario articular mecanismos de represión, de liberación, de canalización, alternativos.

Este es uno de los papeles centrales de Hollywood. Palacios nos habla del cine mudo de Harold LLoyd o de Buster Keaton, de cómo "se ven envueltos en situaciones estresantes, delirantes, de las que salen vivos gracias a una mezcla de suerte y peripecia. Siempre están viviendo al límite, corriendo y escapando, y al espectador estas andanzas le servirán para exorcizar sus propios demonios" (12). O de cómo, en el caso de Charlot "la insumisión frente a la autoridad hacía que el espectador se identificara con él" (13, cf. 21, 54). Se trata en definitiva de esta mecánica de transferencias de energías libidinoso-agresivas, que como decimos está en la base de la MHS. El espectador se identifica con los personajes, en última instancia, por la misma razón por la que, en las religiones paganas, se sacrificaba a víctimas o se las hipostasiaba como divinidades. El cine no hace más que retomar esta mecánica, darle un formato apropiado a la sociedad del momento. 

Que se trata de una mecánica de canalización de energías libidinoso-agresivas se pone de manifiesto cuando el cine es utilizado como estrategia de demonización de ciertas naciones o de ciertos líderes. El libro describe cómo Hollywood demonizó a los alemanes en el momento en que EEUU se disponía a entrar en las guerras mundiales (20, 62, 72-73). De hecho la mecánica es la misma que la que utilizan una y otra vez los medios de masas para que la opinión pública acepte intervenciones militares. También es la misma mecánica la que está detrás de las manipulaciones y dramatizaciones del Holocausto judío. Se trata en definitiva de una misma mecánica hierogámico-sacrificial, que oscila entre la victimización y la culpabilización, pero que siempre se alimenta de las energías libidinoso-agresivas excesivas, canalizadas en un sentido u en otro por los medios hollywoodenses. 

En todo caso, hay que entender que la reproducción social siempre ocupa un lugar preeminente en el régimen de poder-religión. Si en el capitalismo la producción de mercancías ha ocupado un papel predominante, es, insistimos, porque la producción y el intercambio de mercancías encarnaba de manera muy eficaz los excesos libidinoso-agresivos, en el marco del crecimiento de la producción y su extensión colonialista. Pero sabemos que este sistema es insostenible, porque el crecimiento es insostenible, de manera que es necesario retornar a mecanismos de control de los excesos libidinoso-agresivos tradicionales.

Así, el hollycapitalismo supone que el sistema productivo ya no basta para contener estas energías, y implementa nuevos mecanismos, pero que como decimos son también los viejos mecanismos religiosos de represión, aunque ahora sean más sofisticados. Estos mecanismos hollywoodenses son solo aparentemente alternativos al sistema productivo, porque son en sí mismos una forma de producción, de la misma manera que lo son la especulación financiera o el dinero fiduciario. Se suele hablar de producciones inmateriales. Podemos también llamarlas virtuales, porque están a medio camino de lo inmanente y lo trascendente. Son sin duda alguna producciones, porque, en última instancia, las producciones materiales no tienen sentido sin estos flujos energéticos, porque ambas, producciones materiales e inmateriales, son dos modalidades distintas pero complementarias, ambas producciones de la MHS. Y además estas producciones inmateriales juegan un papel central a la hora de dar forma a la realidad, es decir, a las producciones materiales, tanto a las cosas como a las personas.

Así, Hollywood no es solo una "fábrica de sueños". Es de hecho una máquina hierogámico-sacrificial que, como las tradicionales, vuelve a producir bíoi sagrados, en todos sus grados: héroes, semidioses y dioses. Vuelve a poner en escena el goce y la violencia, como ritual sagrado, del que se alimentan el deseo y la amenaza profanos, que son los flujos fundamentales del orden político y social. En este sentido Hollywood desempeña un papel político mucho más importante que el de la política tradicional, que pasa a quedar absorvida por la maquinaria hollywoodense. En este sentido decimos que Hollywood atraviesa todo el sistema hollycapitalista. La política tradicional se vuelve hollywoodense en la medida en que Hollywood pasa a encarnar su función. Ya no se trata tanto de la definición de leyes que limiten, por así decirlo, desde fuera, lo que se puede o no se puede hacer, sino de que los comportamientos se moldeen desde dentro.

Como hemos mostrado esta es la lógica de las ciencias y las técnicas paradigmáticamente hollycapitalistas: la ingeniería genética, la geoingeniería, y por supuesto, la ingeniería social. Decíamos que en el capitalismo la ciencia y la tecnología, en términos generales, actuaban desde fuera, que sus paradigmas eran la física y la geología, que su cometido era la producción de mercancías materiales. Y que en el hollycapitalismo la ciencia y la tecnología tienden a actuar desde dentro, desde la lógica propia, inherente, de la vida y sus transformaciones. Pues bien, Hollywood se corresponde con esta lógica, en la medida en que da forma a los comportamientos de la sociedad desde dentro, desde el inconsciente, desde la emoción, desde el pathos. Pero sabemos que esto no es otra cosa que el viejo ritual hierogámico-sacrificial.

En este contexto hay que entender los programas de control mental desarrollados por las agencias de inteligencia y su estrecha vinculación con Hollywood. No es una casualidad que muchas de las víctimas de estos programas sean estrellas de Hollywood, que muchos de los controladores sean también actores, directores, productores. Ni que las películas jueguen un papel central en estas programaciones. Porque el cine opera según la misma lógica. Hollywood es en última instancia un inmenso programa de control mental, cuyo objetivo es dar forma a los comportamientos de toda la sociedad. Los actores controlados por MkUltra o Monarch no son más que intermediarios entre un programa y otro, entre el duro y el blando. Las estrellas de Hollywood son una suerte de colectivo de vanguardia de un paradigma social distópico que poco a poco se va extendiendo al conjunto de la sociedad.

Si los proyectos de control mental ocupan un papel tan central en Hollywood es porque el mismo ritual cinematográfico es una suerte de MkUltra colectivo. Como bien señala Palacios (247, 253, 255, 280), en muchos casos el cine consiste en una suerte de autotortura masoquista, en encerrarse voluntariamente durante dos horas en una sala oscura y someterse a un bombardeo de violencia y obscenidad, de música y ruido estridentes, desestabilizantes, en sufrir la disociación de la personalidad en la que consisten estos programas. Se trata de la misma lógica de los programas traumáticos de las agencias de inteligencia, solo que amortigüados, en la medida en que, por el momento, el público acude voluntariamente a las salas.

Lo que nos muestra lúcidamente Kubrick en La naranja mecánica es que en última instancia el MkUltra duro y el blando son el mismo. Como en otros ámbitos hollycapitalistas, el de la comida basura, los fármacos o las vacunas, este masoquismo voluntario se va progresivamente normalizando, de manera que también se va convirtiendo, de facto, en una obligación, si uno no quiere vivir aislado del delirio social dominante. Como el envenenamiento generalizado en el que hoy vivimos, el cine como gran proyecto MkUltra de masas va siendo cada vez más tolerado por las sociedades, estas se hacen cada vez más resistentes al efecto estupefaciente o torturante, se inmunizan, y así las dosis pueden irse aumentando.

Pero hay que recordar que el control mental, sea a la escala de las agencias de inteligencia, o a la de las masas, no deja de ser una MHS. Si los regímenes sacrificiales paganos pudieron desaparecer, en Occidente en el marco del judaísmo y del cristianismo, es porque los individuos aprendieron a reprimir sus energías libidinoso-agresivas, porque el ritual orgiástico y sacrificial social se tornó en autosacrificio, en represión, en castigo penal, en prostitución profana, en pornografía, etc. Porque la dimensión sádica que constituye la cultura humana se tornó en masoquista. Palacios dice:

"Ante la avalancha de violencia, la humanidad queda aletargada, incapaz de reaccionar y sumisa ante los desmanes del Poder, una de cuyas patas, por supuesto, es la industria cinematográfica. Todo sádico necesita, indefectiblemente, de un masoquista: si el sádico, en este caso, son los directores y productores cinematográficos que se regodean en traumatizarnos con las mayores depravaciones, los masoquistas, es decir, los que acaban regocijándose en su propio sufrimiento, son los espectadores que se acaban haciendo adictos a ese sufrimiento..." (207).

Esto es cierto, pero sólo como parte de un fenómeno más complejo, ambivalente, en el que los participantes en esta MHS oscilan entre el sadismo y el masoquismo. En otras palabras, el cine es una suerte de ritual mixto en el que alternan unas y otras de estas modalidades, de estas transferencias libidinoso-agresivas, en un sentido y en otro. Se exponen el goce y la violencia excesivos, cada vez de una manera más explícita, cada vez más cerca de la pornografía y del sadismo violentos. Y en este sentido el público participa del sadismo. Pero al mismo tiempo los espectadores se someten a una suerte de masoquismo, al mismo tiempo individual y colectivo. Como en el ritual sacrificial, el público oscila entre su identificación con la víctima y con el verdugo, y en correspondencia, entre el masoquismo y el sadismo.
 
En esencia el cine es un gran ritual de programación MkUltra. Entre la programación que se lleva a cabo en las bases secretas de la CIA, o en los rituales satánicos de los Illuminati, y la que se celebra en las salas comerciales, solo hay una diferencia de grado, de escala, de intensidad. Pero en esencia se trata de lo mismo. La imagen del protagonista de La naranja mecánica en una sala de cine, mientras es sometido a uno de estos programas, es muy reveladora a este respecto [fig. superior]. Esto se pone de manifiesto en el momento en que comprendemos que en ambos casos se trata de una misma MHS. De dos máquinas análogas o de dos piezas de una misma máquina, lo que se prefiera. Porque lo que está en el trasfondo de las dos es lo mismo, la misma mecánica de canalización, de desvío, de absorción, de producción de flujos de energía libidinoso-agresiva. Convenientemente instrumentalizada, en función de las agendas de la élites que controlan la máquina.

Y entre estas dos MHSs, o entre estas dos piezas de la misma máquina, las estrellas MkUltra o Monarch juegan un papel central como intermediarios entre un mundo y otro. Son, literalmente, marionetas movidas por los hilos del poder, pero a su vez son lo hilos que nos mueven al resto de la población como marionetas del gran teatro social. Si los códigos que desencadenan los alters MkUltra forman parte de la cultura popular es porque, como decíamos, estos programas son solo la vanguardia de una tendencia que, en las agendas de las élites hollycapitalistas, va a extenderse al conjunto de la sociedad. Hasta que llegue un momento en el que toda la realidad sea una inmensa película, un inmenso simulacro, como mostró Jean Baudrillard. De la misma manera que las distopías hollywoodenses son la vanguardia de una realidad que va a ser cada vez más normal.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/