2016-02-13

La máquina social es un toroide



La máquina hierogámico-sacrificial genérica es, topológica y energéticamente, un toroide. Se trata de un mecanismo en el que interactúan materia y energía, cuerpos y almas-espíritus. La energía es el elemento fundamental de la máquina, de una categoría superior a la materia, que es una suerte de condensación o transmutación temporal de energía. La muerte de un bíos consiste en que la energía deja de agregar ese conjunto de materia y se transfiere a otros conjuntos, a otros bíoi, para seguir agregando su materia, y así suponemos que interminablemente. Los bíoi no son más que conjuntos de otros bíoi agregados por energía que fluye entre ellos, como ocurre con los seres humanos y las bacterias que los componen. Y lo mismo en la escala social, regida por la MHS. Los bíoi están vinculados unos y otros, conformando zoés, precisamente a través de energía, en concreto energía libidinoso-agresiva.

La MHS oscila entre dos estados: la crisis y el orden. En la crisis los cuerpos de los bíoi entran en contacto y se funden a través de la unión sexual o alimenticia. Intercambian por lo tanto materia, pero también energía libidinoso-agresiva, en forma de goce y de violencia. En el orden los cuerpos se mantienen a distancia, pero siguen intercambiando energía libidinoso-agresiva, en forma de deseo y de amenaza.

Estos flujos de energía libidinoso-agresiva discurren formando un campo toroidal, de una manera similar a como sucede en el átomo, el planeta Tierra o el Sistema Solar, según ha descrito José Alfonso Hernando "Valdeande Mágico".

https://www.youtube.com/watch?v=1UD-BA5hpyU

https://www.youtube.com/watch?v=H3sBQmEQcrg

Los flujos de deseo y de amenaza fluyen describiendo trayectorias helicoidales, en el marco de la estructura toroidal. Estos flujos pueden abrirse más o menos, como ocurre con los cinturones de Van Allen. En los polos del toroide estos flujos de deseo y de amenaza se intensifican, se aceleran, conforman vórtices, remolinos, pliegan la superficie del toroide, introduciendo una dimensión adicional n+1. De esta manera, el deseo se transmuta en goce y la amenaza en violencia. O al contrario, el goce se transmuta en deseo y la violencia en amenaza, en la medida en que los flujos corren en los dos sentidos. En el núcleo del toroide, el punto en el que más intensidad alcanzan estos flujos, el goce y la violencia se confunden.

Pero también los flujos de deseo y de amenaza, que fluyen en las capas más externas del campo toroidal interactúan. En concreto en el marco de agregaciones corporales triádicas. Se trata de tríadas miméticas, bien del tipo femenino-masculino-femenino o del tipo masculino-femenino-masculino. Estas tríadas se distribuyen también a lo largo y ancho de la superficie material del toroide. Y de la misma manera que los flujos de deseo y de amenaza se transmutan en flujos de goce y de violencia en los vórtices, las tríadas miméticas se transmutan en trinidades. También de los dos tipos, femenino-masculino-femenino y masculino-femenino-masculino. Todo ello en el marco del correspondiente ritual hierogámico-sacrificial.

El poder-religión consiste en la manipulación y la instrumentalización de esta MHS. En alterar el tamaño del toroide, en separar o juntar los vórtices, en aumentar o disminuir la intensidad de los flujos, en abrir un hueco en el toroide de manera que los vórtices sean menos pronunciados, etc. Esto se consigue celebrando rituales hierogámicos y/o sacrificiales, que en el caso límite, en el que los dos vórtices coinciden, son un mismo ritual hierogámico-sacrificial.

Estos rituales consisten en provocar artificialmente situaciones de crisis, es decir, la fusión de los cuerpos y la producción de flujos de goce y de violencia. De esta manera se adelantan al momento en que estas crisis se producirían de manera autónoma, autoorganizada. Es decir, la crisis se produce también de manera natural, sin que nadie intervenga. La MHS consiste precisamente en provocar la crisis artificialmente, culturalmente. Lo habitual es que en las sociedades existan élites religioso-políticas que conocen esta mecánica hierogámico-sacrificial y cómo catalizarla. Naturalmente, esta catalización artificial de las crisis es instrumentalizada por las élites en el poder a su favor. En esto consiste el verdadero poder. Pero en todo caso deben hacerlo cerca del momento en que estas crisis se desencadenarían de todas formas de manera autónoma, pues no hacen más que manipular de manera muy hábil una mecánica energética mucho más poderosa. Es decir, los rituales de crisis se basan en el uso de la energía libre. En suma, lo único que hacen es catalizar estas crisis, acelerarlas o retardarlas.

Pues bien, en términos generales, el ritual hierogámico absorve e irradia flujos de deseo, que se transmutan en o a partir de goce, en el vórtice correspondiente. De la misma manera, el ritual sacrificial absorve e irradia flujos de amenaza, que se transmutan en o a partir de violencia, en el otro vórtice. Pero en la medida en que estos dos vórtices se vinculan los flujos de goce y de violencia, y de deseo y de amenaza, se vinculan y se transmutan también unos en otros.

La hierogamia y el sacrificio genéricos son de bíoi humanos, que precisamente porque son los protagonistas del ritual, se transforman en bíoi sagrados, por oposición a los bíoi profanos y a la zoé que estos conforman. Los bíoi sagrados, por lo tanto, se producen en el marco del ritual hierogámico y/o sacrificial. Pero la MHS produce también nociones tales como cuerpo y alma, mortalidadad e inmortalidad, inmanencia y transcendencia, en correspondencia con la distinción fundamental de materia y de energía, de energía que se condensa en forma de materia. La energía libidinoso-agresiva que fluye a lo largo y ancho de todo este campo toroidal se corresponde con las nociones de alma, de vida o inmortalidad y de trascendencia, mientras que la materia que esta energía atraviesa, se corresponde con las nociones de cuerpo, de mortalidad y de inmanencia. Como decimos los flujos de deseo y de amenaza se transmutan en flujos de goce y de violencia en el entorno de los vórtices. Esto supone que, entre las nociones de cuerpo y alma-espíritu, de mortalidad e inmortalidad, de inmanencia y trascendencia, hay una relación no de oposición o de dicotomía, sino de continuidad y complementariedad, en el marco de esta topología y esta energética toroidal.

La hierogamia consiste, bien en la unión de bíoi sagrados, o en la de un bíos sagrado con la zoé profana. Pero también en el nacimiento de un bíos sagrado fruto de esta unión. El sacrificio consiste en la muerte y en la ingesta de un bíos/bíoi sagrado/s por otro bíos sagrado o por la zoé profana. La hierogamia es un proceso de conjunción, y el nacimiento es un proceso de disyunción. De manera similar, el sacrificio es un proceso de disyunción y la ingesta sacrificial de conjunción. Hay una correspondencia entre la ingesta sacrificial y la "ingesta" hierogámica. De la misma manera que entre el nacimiento sagrado y el sacrificio, en la medida en que los bíoi sagrados productos de estos nacimientos rituales son destinados a sacrificios. Los poderosos son bíoi sagrados que difieren provisionalmente su sacrificio. Es decir, bíoi sagrados que disfrutan del privilegio del goce y la violencia, pero sin ser víctimas.

En el marco de las tradiciones religiosas, el ritual hierogámico-sacrificial tiende a estilizarse, el goce y la violencia tienden a ocultarse y a sustituirse por símbolos. Esto se corresponde con una suerte de tapones artificiales en los vórtices del toroide, que hacen las veces de puestas en escena que ocultan lo ob-sceno, que sigue ocurriendo en el núcleo del vórtice, en forma de rituales hierogámico-sacrificiales secretos celebrados por la casta político-religiosa en el poder.

En el marco de estas escenificaciones las sociedades tienden a perder consciencia de la importancia que juegan estos rituales, sobre todo en el marco del régimen de poder-religión. Y eso a pesar de que siguen sometidos a este ritual de manera implícita, inconsciente, en la medida en que siguen inmersos en la MHS y su campo energético toroidal. Los tapones impiden reconocer que se trata de vórtices, pero estos siguen actúando como polos de toda la energética toroidal. En estas situaciones, los bíoi profanos pierden también progresivamente la consciencia del papel central que desempeñan los flujos libidinoso-agresivos, en particular el goce y la amenaza, así como las trasmutaciones que se producen entre unos y otros. Esta es la clave para comprender la manipulación y la programación de las masas por la élite que conoce, controla y activa a su favor la MHS.

En efecto, las élites político-religiosas, las que verdaderamente ostentan el poder, lo hacen en la medida en que tienen el control de grandes máquinas hierogámico-sacrificiales, en el marco de sociedades iniciáticas en las que este arte no es accesible al resto de la sociedad, y en la medida en que las ponen al servicio de sus agendas de dominación. La clave de su manipulación está, como decíamos, en la capacidad de jugar con la intensidad de los flujos libidinoso-agresivos que fluyen por todo el campo toroidal. Y en partícular entorno a sus vórtices, donde regulan ritualmente la transmutación de las energías de deseo y amenaza en energías de goce y violencia, mediante hierogamias y/o sacrificios. Tanto en un sentido como en otro, como flujos de absorción y como flujos de irradiación. La mecánica es la misma, en última instancia, que la de la tensión de una batería eléctrica, como ha mostrado Hernando. De lo que se trata es de crear tensión, pero en el caso de las sociedades humanas, jugando con la intensidad de las energías que le son propias, el deseo, el goce, la violencia y la amenaza. La misma lógica es también la de la tensión económica, como se dice en Armas silenciosas para guerras tranquilas.

https://www.youtube.com/watch?v=W5T2uFlqafg

Lo que hay que entender es que en los rituales hierogámico-sacrificiales tradicionales, es decir, en los que se celebraban en las religiones primitivas y paganas, estos servían para la cohesión, para la renovación y la catarsis de toda la comunidad. De manera que el conjunto de las comunidade tendían a tener una comprensión integral de la realidad, de las vinculaciones entre naturaleza y cultura, entre cuerpo y alma-espíritu, entre mortalidad e inmortalidad, entre inmanencia y trascendencia. Por el contrario, estos rituales, a partir de las grandes religiones institucionales y monoteístas, han tendido a ser cada vez más utilizados como instrumentos de dominación y de alienación de las sociedades, que no deben comprender, de acuerdo con la lógica del poder, las vinculaciones de todas estas nociones, que tienden a interpretarse por la cultura dominante como simples dicotomías lógicas, como burdas simplificaciones, como entelequias.

La estrategia de la casta político-religiosa consiste por lo tanto en generar la disyunción pero no la conjunción, el solve pero no el coagula, según la vieja máxima del divide et impera. Desvincular la naturaleza y la cultura, el bíos y la zoé, el cuerpo y el alma-espíritu, la mortalidad y la inmortalidad, la inmanencia y la trascendencia. En definitiva, la hierogamia y el sacrificio, y en concreto el sacrificio en sí y la ingesta sacrificial, la hierogamia y el nacimiento, el erotismo y la fertilidad.

En este contexto hay que entender muchas de las crisis, pero también las guerras, que hoy padecemos. La lógica, como también ha sugerido Hernando, es la de la intensificación de los flujos libidinoso-agresivos en el borde de estos vórtices hierogámico-sacrificiales y su catalización artificial mediante técnicas de guerra de cuarta y quinta generación. Esta es la mecánica que está detrás de la mayoría de las crisis que estamos sufriendo hoy, desde los atentados de bandera falsa a las pandemias de laboratorio, de las crisis de migración a las revoluciones de color, de la geoingeniería del clima y los sismos a las guerras proxies. Y por supuesto esta va a ser la mecánica que las élites van a seguir utilizando cada vez de manera más intensa para arrastrarnos al vórtice del Nuevo Orden Mundial orwelliano, que las masas aceptarán encantadas ante el vértigo y el estremecimiento de su aceleración. Ordo ab chao, pero orden y caos toroidales y vorticiales.

Imagen a partir de Adán (1507) y Eva (1507) de Alberto Durero [pd], El jardín de las delicias (1500-1510) de El Bosco [pd], Virgen de los lirios (1899) de William-Adolphe Bouguereau [pd], Cristo de San Juan de la Cruz (1951) de Salvador Dalí [fu/fd] y otros.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/