2016-02-11

Las tríadas y las trinidades





Veamos ahora en conjunto cómo se relacionan las tríadas miméticas y las trinidades de los dos signos. Tanto unas como otras son una suerte de nudos en los que se concentran las fuerzas en liza. Si las tríadas y las trinidades son, como hemos dicho, las células, las agrupaciones sociales mínimas, si son tan expresivas, tan simbólicas de lo que sucede en el conjunto de sociedad, como el psicoanálisis mostró con los complejos de Edipo y Electra, es porque en ellas se da de manera sintética la vinculación de los elementos libidinoso-agresivos que hemos definido —goce, deseo, amenaza, violencia—. En las tríadas y las trinidades se observa, y se experimenta, de la manera más concreta, cómo deseo y amenaza, goce y violencia se vinculan, lo mismo que todos sus derivados: atracción y repulsión, amor y odio. Las tríadas y las trinidades ponen de manifiesto, muestran, nos permiten experimentar en nuestra propias carnes, que todos estas nociones no se pueden entender desde una lógica dicotómica, de oposiciones, de positivo y negativo, en la medida en que están inscritos en una estructura, en su mínima expresión triangular.

Las tríadas y las trinidades nos muestran que hay una vinculación muy estrecha entre el amor paterno o materno-filial y el amor erótico. No es algo tan sencillo como decir que el primero es una sublimación del segundo. [1] Más bien habría que decir que ambos comparten algunos de los elementos de su estructura. Y que si ambos tipos de unión se vinculan es porque lo hacen a través del tercer elemento de la tríada que es la rivalidad.

En todo caso no hay que caer en la simplificación de los complejos de Edipo y Electra. Estos son solo casos particulares de tríadas miméticas, aquellos que se dan en el marco de la familia mónogama patriarcal. Pero en el momento en el que hablamos de otras formas de familia, de matrimonios de grupo, de poligamia, de poliandría, las tríadas miméticas adquieren otras configuraciones o se disocian para incluir más elementos. Malinowski nos ha hablado del régimen patriarcal de los trobriandeses de Nueva Guinea en el que las relaciones de rivalidad son sobre todo entre el hijo y el tío materno y la tendencia incestuosa más intensa es la que se da entre hermano y hermana. Y naturalmente siguen presentes la madre y el padre. Esta estructura familiar primitiva pone de manifiesto lo que venimos diciendo, que tampoco hay que mitificar ni hipstasiar las tríadas miméticas, que estas no dejan de ser una forma de aislar una realidad más compleja y comprender cómo operan las trasferencias libidinoso-agresivas. Pero que en última instancia todas las sociedades están formadas por numersosas tríadas de distintos signo, que se solapan, que se hacen y se deshacen, más estables y más inestables, articulando todos los juegos y transformaciones socieales. Las tríadas, y sobre todo las trinidades, no son más que cristalizaciones de una estructura compuesta por infinitas tríadas y trinidades.

Cuando decimos que las tríadas son una suerte de átomo social indivisible, no queremos decir que sea estable o que los individuos que la conforman no se puedan independizar. Lo que queremos decir es que ni el individuo ni la pareja se pueden entender al margen de está mecánica de transferencia ambivalente de energías libidinoso-agresivas. Esta geometría triangular es clave para entender hasta qué punto el pensamiento dominante occidental ha mitificado tanto al individuo como a la pareja, hasta qué punto estas dos formaciones sociales son constitutivamente parciales, carentes, incompletas, y por lo tano dicha mitificación, como todas las mitificaciones, está al servicio de una estrategia de dominación encubierta, en la medida en que individuos y parejas incompletos son más fácilmente manipulables por la MHS.

En el caso de las trinidades, su propia esencia como realidad trascendente, en defintiva producto de la MHS, por más encarnada que pueda estar en ídolos o en símbolos materiales, hace que parezcan entidades indepedientes, desligadas del resto del complejo mítico o ritual. Pero, como hemos visto, este aislamiento no es más que una apariencia, una ficción cultural, pues las trinidades, como las tríadas, siempre están insertas en una estructura más compleja de de otras tríadas, con las que compiten, de las que se derivan, a partir de las que se asocian o disocian, etc. Como en otras muchas ámbitos de la vida, el arte, la literatura, la tragedia y la comedia, han entendido mucho mejor estas complejas estructuras triádicas que muchos filósofos.

Volvamos a saltar de lo abstracto a lo concreto, ahora que hemos formulado suficientemente las nociones de tríada mimética y trinidad y cómo estas se relacionan. El mito de Minos y Pasifae se puede interpretar según esta lógica de tríadas que se superponen, de tríadas de distinto signo que se complementan. Para empezar Minos es fruto del rapto de Europa por Zeus transformado en toro, es decir, de una unión ilegítima, transgresora. Recordemos lo que hemos dicho: la prohibición se sanciona mediante la transgresión cometida por los bíoi sagrados. Esta tríada se solapa con las siguientes: el matrimonio de Minos y Pasifae. Pero en este caso se dan las dos tríadas de distinto signo: por un lado la del tipo m-f-m, integrada por Minos, Pasifae y toro blanco, y por otro la del tipo f-m-f, formada por Pasifae, Minos y la vaca de madera (que Dédalo construye para ella, para que se esconda en su interior y se una al toro blanco, de cuya unión nace el Minotauro, como mostruo híbrido mitad hombre y mitad toro). [2] Aún podríamos seguir solpando nuevas tríadas, como la que forman Teseo, Ariadna y el Minotauro, en la que volvemos a encontrar los elementos básicos de los que hemos hablado: la unión ilegítima, incestuosa, endogámica, de Ariadna y el Minotauro, frente a la unión legímtima, no incestuosa, exógamica con Teseo. Y naturalmente la rivalidad de ambos en el marco de esta relación triangular. [3] Ariadna es hermana y amante del Minotauro de la misma manera que Pasifae es madre y amante. Lo que confirma que estamos ante una misma mecánica de fondo, pero con dos tipos de incesto diferentes en el centro de mira de la MHS. [4] Es decir, se trata de la misma máquina pero en dos situaciones sociales distintas, lo que supone que el régimen de prohibiciones está en ese momento instaurándose en un cierto nivel, poniendo el énfasis en determinadas prohibiciones.

Esta serie de tríadas nos muestra de manera muy gráfica como la estructura genérica es relativamente simétrica. Tenemos, por una lado, las dos figuras masculinas —Minos y el toro—, y por otro las dos figuras femeninas —Pasifae y la vaca—. Pero, insistimos, sólo la estructura, la geometría es simétrica. La realidad, como ya lo hemos mostrado, es que existe una asimetría constitutiva en el MHS que remite en última instancia a la del hombre y la mujer, a su diferente papel en la fecundidad humana, así como en sus diferentes capacidades, lo que hace al hombre más apto para hacer uso de la violencia. Estas condiciones básicas y elementales, sin las que no se pueden comprender las relaciones sociales, son las que el discurso sesgado y intencionadamente simplificador de la igualdad tratan de dejar fuera del ámbito de la discusión teórica y de marginar apelando a una supuestas intenciones humanistas, solidarias, etc.

Si profundizamos en el mitologema de Minos, Pasifae, el Minotauro, Ariadna y Teseo, en definitiva, en el del laberinto, encontramos todos los elementos del sacrificio-hierogamia. Robert Graves ha señalado que el laberinto se deriva de un mecanismo cinegético en el que el tema del deseo sexual y la rivalidad se dan cita:
"El origen de este diseño, llamado también laberinto, parece haber sido el tradicional laberinto de matorrales utilizado para atraer a las perdices hacia uno de sus machos, encerrado en una jaula en el centro, que emitía reclamos amorosos, desafiaba a otros machos o reclamaba alimento; y seguramente los danzarines imitaban el éxtasis de las perdices machos renqueantes al ejecutar su danza amorosa, aunque su destino era ser acogotados en la cabeza por el cazador. [...] Los celos amorosos llevaban al rey a la muerte como a la perdiz macho en la laberíntica maleza, explica el mitógrafo, y le sucede su heredero." [5]
Otra posibilididad es que el ritual del laberinto se derivase de los ceremoniales de apareamiento y rivalidad de las grullas, lo que sigue confirmando nuestra tesis de que hay que hierogamias y sacrificios son dos caras de una misma moneda, de que la tríada mimética remite en última instancia a una estructura natural. La tríada mimética, la vinculación triangular, si se nos permite la expresión, entre goce, deseo, amenaza y violencia, se da ya en la naturaleza. La cultura lo único que hace es comprimir, como si dijésemos esta tríada, forzar el goce y la violencia, y hace de ello un evento social que produce la distinción entre prohibición y transgresión, entre profano y sagrado. En otras palabras, la cultura lleva la mecánica mimética más allá de su límite natural, de manera que este exceso de inmanencia se transmuta en trascencencia. A esto es a lo que nos referíamos la hablar de exceso natural y exceso cultural. La naturaleza no fuerza estos límites. Una vez que las crías adquieren suficiente desarrollo para desafiar a los padres, son expulsados, de manera que el complejo de rivalidad e incesto no se produce. La cultura, por el contrario, fuerza este límite, estrecha la vinculación en el seno de las tríadas miméticas, de manera que se ve obligada a producir un salto cualitativo en el régimen de relaciones, que es precisamente la MHS, que produce de manera artificial y excepcional el goce y la violencia para al mismo tiempo prohibirlas con carácter general.

Volviendo al tema del laberinto, también nos ha mostrado Robert Graves que el rey Minos alude a toda una dinastía real cretense, que se remonta al segundo milenio a. C., en la que los reyes se casaban ritualmente con las sacerdotisas de la Luna de Cnossos. Las referencias bovinas aluden a estas mismas ceremonias hierogámicas en las que los oficiantes portaban máscaras y cuernos de toros y vacas, como ocurre de manera más gráfica en el híbrido Minotauro. [6] Aquí está también implícito el tema de las sustituciones de víctimas humanas y animales sobre el que nos extenderemos en un capítulo posterior. [7] En los estratos más profundos del mitologema encontramos un ritual orgiástico-sacrificial, similar al de los cultos dionisíacos, en el que un grupo de mujeres extasiadas despedazaban a una víctima masculina. [8] En otras versiones, que sin duda deben de corresponderse con una fase más elaborada del ritual, Minos era sacrificado por Pasifae durante un baño lustral, de una manera similar a la que se encontramos en el mito de Osiris o en el de Hércules, [9] retomada por Esquilo en La Orestía para el asesinato de Agamenón por Clitemnestra. [10] Este ritual hierogamico-sacrificial habría sido sustituido posteriormente, según señala Graves, por el de siete muchachos y siete doncellas que los atenienses debían dar como tributo a los cretenses cada 100 meses lunares, que coincide precisamente con el "Gran Año" al final del cual tenía lugar el regicidio-hierogamia. Los primeros serían sacrificados y las segundas serían destinadas a rituales orgiásticos o de prostitución sagrada, todo ello en el marco del famoso laberinto. [11]

Pero si nos detenemos en el conocido laberinto cretense, es sobre todo por la simetría estructural que presenta, a pesar de que, insistimos, esta simetría es sólo de orden geométrica. Así, a pesar de que se dan las dos tríadas y las dos duplicidades femenina y masculina que hemos señalado, la tríada del tipo masculino-femenino-masculina predomina, al menos en los estratos del mitologema de los que más información tenemos. Es el caso de las tríadas Minos-Pasifae-Minotauro y Teseo-Ariadna-Minotauro. Seguramente si siguiesemos excavando en estratos anteriores encontraríamos otras tríadas de tipo f-m-f. Un vestigio de ellas sería el mito de Pasifae y la vaca de madera que le construye Dédalo.

En suma, toda la complejidad de este mitologema puede reducirse a una estructura mucho más simple, que es precisamente la que hemos propuesto, la de dos tríadas o trinidades complementarias, que remiten en última instancia a un sacrificio-hierogamia. Minos y el toro blanco, Pasifae y la vaca de madera, son los cuatro vértices de dos tríadas-trinidades de distintos signo y complementarias. Y que como vamos a ver a continuación nos llevan a una estructura básica que coincide con la Estrella de David.

Veamos otros casos en los que encontramos la misma estructura básica de la MHS. Una versión gnóstica de los Misterios de Eleusis se puede interpretar en este sentido. Aquí Rea desempeña el papel de Deméter en la versión oficial. Zeus persigue a su madre Rea, deseando unirse incestuosamente con ella, y entonces ambos se transforman en dragones (dragón y dragona) y se unen sexualmente, enroscándose formando en nudo de Hércules o bien el caduceo de Hermes. [12] En una ilustración del alquimista Solidonius aparecen Adán y Eva coronados sobre la fuente de la vida, cada uno a un lado de una columna en la que se enroscan las dos serpientes. [13] Volvemos a encontrar aquí lo que ya dijimos sobre la serpiente del Edén, que esta puede ser tanto femenina como masculina. Esta ilustración de un tratado alquímico pone de manifiesto la simetría estructural de la que estamos hablando, similar a la que hemos visto con Minos, Pasifae, el toro y la vaca.

Lo mismo podríamos decir de los dos Eros y las dos Afroditas a las que se alude en el Banquete de Platón: Eros Uranio y Eros Pandemo; Afrodita Urania y Afrodita Pandemo. [14] Aquí están presentes otra vez el tema de la rivalidad mimética y el de las dos dimensiones de lo sacrificial de las que venimos tratando desde el principio de este trabajao: la transgresora y la no transgresora, la maléfica y la benéfica, la corporal y la espiritual, la inmanente y la trascendente. Lo que hay que subrayar es que esta duplicidad, tanto de la figura masculina como de la femenina, que remite, instistimos, a la rivalidad y al sacriricio, se da justamente en una obra centrada en el erotismo y el amor. En efecto, a lo largo de todo el Banquete está implícita esta complementariedad entre Eros y la muerte, lo que confirma la estrecha vinculación entre el sacrificio y la hierogamia. No debe de ser una casualidad que se trate precisamente de un banquete, que como sabemos es el complemento fundamental del sacrificio. No debe de ser casual que este banquete tenga lugar después de una celebración sacrificial, con motivo de la victoria del anfitrión Agatón en un certamen de tragedias, ni que las referencias al culto dionisíaco sean numerosas. [15] Tampoco que Sócrates afirme que Diotima, que le ha iniciado en los misterios del amor, es también maestra en sacrificios. [16] En suma, lo que encontramos en el trasfondo de esta obra central de Platón es nada más y nada menos que la hierogamia-sacrificio.

Hemos dicho que estas duplicidades de figuras de un mismo sexo remiten lo mismo a las dos dimensiones de un mismo sacrificio que a su hipóstasis en forma de dos figuras rivales. Pues bien, en el Banquete se dan también estos dos polos entre los que oscila la MHS. Si en ciertos pasajes de la obra se habla de esta duplicidad de Eros, en otros se dice que este es un "demon", un intermediario entre los hombres y los dioses, entre lo mortal y lo inmortal. [17]

Abundando en lo que decímos sobre la simetría estructural de las dos tríadas o trinidades, es significativo que los dos Eros y las dos Afroditas se presenten precisamente de esta manera simétrica:
"Todos sabemos, en efecto, que no hay Afrodita sin Eros. Por consiguiente, si Afrodita fuera una, uno sería también Eros. Mas como existen dos, existen también necesariamente dos Eros. ¿Y cómo negar que son dos las diosas?" [18]
En suma, en el Banquete encontramos esta complementariedad elemental de las tríadas o trinidades de signos opuestos, f-m-f y m-f-m. Y con ello la vinculación profunda entre lo hierogámico y lo sacrificial. [19]

Volvemos a encontrar esta complementariedad de las dos tríadas o trinidades en el anagrama 'AVM' de Ave María. Que, como ha señalado René Guénon, también alude a Cristo. Otra vez encontramos la oscilación entre la trinidad f-m-f y la m-f-m siempre implícita, con independencia de que la cultura dominante haga explícita la una o la otra. Y es que la composición de estas tres letras —A, V y M—da lugar a una figura geométrica en la que dos triángulos complementarios se funden. Esto confirma el papel dicotómico de la Virgen cristiana del que ya hemos hablado. Como dice el esoterista francés, lo mismo sucede con el monósilabo sánscrito 'OM', también escrito como 'AUM', así como con el Sello de Salomón o Estrella de David. [20] Esta superposición de los dos triángulos se puede interpretar como la de dos símbolos casi universales y complementarios como son la montaña y la cueva, [21] que nos lleva otra vez a la dicotomía entre la tumba ctónica y el altar uranio de los que hemos hablado. Los dos tríangulos fundidos, junto con su línea de intersección horizontal, vuelve a ser la fusión de los cuatros elementos alquímicos, fuego, agua, tierra y aire, lo que a su vez implica una cruz. [22] Y a pesar de que no queremos enfatizar la dimensión esotérica de esta obra, podemos asociar también estos cuatro elementos alquímicos a las cuatro energías libidinosas fundamentales que hemos formulado: fuego-violencia, agua-goce, tierra-deseo y aire-amenaza.

Decíamos que las dos serpientes del caduceo de Hermes también pueden formar un nudo de Hércules, que curiosamente es análogo a los dos triángulos entrelazados. Así es como, según los gnósticos, se unieron incestuosamente Zeus y Rea, convertidos en serpientes. [23] En efecto, el nudo de Hércules, también llamado nudo de rizo o cuadrado, expresa de otro modo la complementariedad de las dos tríadas miméticas. No es casualidad que está vinculado a bodas sagradas, y que el ceñidor de las novias romanas, consagrado a Juno, fuese precisamente un nudo hercúleo, que el novio debía deshacer. [24] Cada cuerda tiene dos extremos que se unen y se introducen en el hueco dejado por la otra cuerda, pero plegándose en una tercera dimensión y en sentidos contrarios. Las dos cuerdas son complementarias, pero no son exactamente simétricas, en la medida en que una se pliega hacia abajo y otra hacia arriba. Todo esto resuena curiosamente con lo que venimos diciendo de las tríadas, de su complementariedad y simetría estructural, pero no simetría completa desde el punto de vista del funcionamiento de la MHS. Por otro lado, la aparición de una tercera dimensión que se suma a la segunda resuena también con la lógica asimétrica de las tríadas, en tanto que estructuras vivas y dinámicas que evolucionan con el tiempo. Además, como veremos cuando nos ocupemos del lenguaje, todo esto también guarda mucha relación con el concepto lacaniano de "punto de almohadillado", fundamental para entender la estructura de la simbolización.

En suma, el nudo de Hércules es una forma análoga a la estructura triádica, en el sentido en que supone un plano de conjunción inmanente, pero al mismo tiempo trascendente. También en el sentido en que la trascendencia se produce, por así decirlo, en dos sentidos opuestos, en el ctónico y en el uranio, en el demoníaco y en el divino. Todo esto es otra manera de decir lo que ya hemos sugerido anteriormente, que la trascendencia es un producto de la MHS pero solo en la medida en que esta produce un exceso de inmanencia, un exceso de goce hierogámico y/o de violencia sacrificial que no puede asimilarse si no es mediante un salto de nivel. La inmanencia y la trascendencia, como dijimos en su momento, no sólo son dos dimensiones complementarias de la realidad, sino que además, tal como sucede con las energías libidinoso-agresivas, no se inscribe en una lógica dicotómica, lógica, de exclusión u oposición, sino que entre ellas hay algo parecido a una continuidad en el funcionamiento de la MHS que produce un salto de dimensión. De la misma manera que el principio de placer o el sadismo pasan de ser de los bíoi a las zoés, de la misma manera que la mortalidad de los bíoi es el alimento de la inmortalidad de las zoés.

Además, si giramos el nudo de Hércules 90 grados, nos encontramos con algo parecido al signo del infinito, o mejor, a dos signos entrelazados, con uno de ellos perdiéndose en la profunidad y otro en las alturas. Pues bien, esto también guarda mucha relación con lo que sucede en la MS. El signo de infinito inferior hace las veces de catábasis, la ida y el regreso a y de los infiernos, mientras que el signo inferior representa la anábasis, el ascenso y descenso —o encarnación— a y de los cielos. Un lazo es la figura inmanente del ritual sacrificial y otro es la trascendente.

Extracto de la obra La máquina hierogámico-sacrificial, de próxima publicación.

1 Malinowski: 47.
2 Graves 1955: I-432 y ss.
3 1955: I-502-504.
4 1948: 434.
5 Ibíd.: I-512-513; cf. 1948: 435.
6 1955: I-512.
7 Ibíd.: I-436 y ss; Campbell 1949: 20-21.
8 Graves 1948: I-147-8, 515.
9 1948: 419, 426.
10 301 y ss.
11 1955: I-460-461, 499, 515; 1948: 423-424.
12 Mylonas: 290.
13 Solidonius: fig. IV.
14 180c-d; cf. 186a-b, 187d, 188a; cf. "¡Bienaventurados los que con mesurada castidad participan de los lechos de la diosa Afrodita, con tranquilidad, lejos de sus locos aguijones, porque Eros, el de dorada melena, tensa su arco y dispara dos tipos de flechas con sus dones: unas deparan un feliz sino en la vida, otras traen su destrucción!" Ifigenia en Áulide: 545-550, en Eurípides 412-408 a.C.
15 Ibíd.: 173a, 175e.
16 Ibíd.: 201d.
17 Ibíd.: 202d-203a.
18 Ibíd.: 180d.
19 Cf. ibíd.: 185e.
20 1958: 38-39.
21 1962: 166-168.
22 Evola 1931: 65-67.
23 Mylonas: 290; Evola 1931: 22.
24 Graves 1955: II-129.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/