2016-03-21

El poder-religión

"Entre un cuerpo inmortal y un cuerpo mortal no hay más que una diferencia... uno es activo, y el otro pasivo... uno es libre y gobierna... el otro es esclavo y sufre el impulso." [1]
En lo que queremos insistir es en que el poder y la religión son momentos inseparables de lo que hemos llamado el poder-religión, que solo se puede entender en todo su alcance, en sentido profundo, de esta manera integral, y que en última instancia es el resultado de la MHS. También, por supuesto, la moral es inseparable de este complejo, que como hemos dicho es un producto más de la misma MHS, en tanto en cuanto dispositivo de moralización. Así, se puede decir que la moralización es la continuación de la política por otros medios, pero también que la política es la continuación de la moralización por otros medios. [2] O simplemente que moral, política y religión son distintas dimensiones de una misma MHS.
Si el ejercicio del poder es uno de los elementos fundamentales de la MHS es porque esta tiene como cometido fundamental la dominación de los bíoi, en el marco general de la dominación de la naturaleza. Lo importante es comprender que, aunque los protagonistas de los rituales son los bíoi sagrados, estos son solo intermediarios para la dominación de los bíoi profanos, todo ello en el contexto de su inscripción en las zoés culturales.

Toda relación de dominación consiste en intercambios, es recíproca, está formada por fuerzas de acción y de reacción, por transferencias y contratransferencias. Los dominadores están amenazados en todo momento por los dominados, que pueden invertir el régimen de fuerzas o de transferencias. Esto es lo que la MHS conjura, precisamente produciendo esta inversión, de manera que las fuerzas de oposición, de resistencia, puedan ser canalizadas, desviadas, invertidas, neutralizadas, convertidas en inofensivas. En este sentido una de las estrategias de la MHS es también transformar las energías de oposición en representación, en fiesta, en farsa, en excepción. Esta es la inteligencia de la MHS, que en buena medida pertenece a su propia mecánica y no puede asociarse por completo a los agentes que la activan. Hemos visto que la fuente de la máquina y de la cultura en general es el exceso natural, que este exceso puede ser identificado con el principio vital. Pues bien, también se puede considerar en cierto modo que la naturaleza es sujeto, en la medida en que es la energía fundamental que activa los procesos recíprocos y complementarios de subjetivización y objetivización.

Volviendo al núcleo de la MHS, el bíos sagrado se diviniza porque adquiere poder, porque concentra y desprende ese poder. Recordemos lo que hemos dicho de la energía libidinoso-agresiva excesiva, que en definitiva es lo que lo sagrado encarna. René Girard lo ha mostrado con gran lucidez: es la violencia la que constituye lo sagrado, o como lo ha interpretado su discípulo Jean-Pierre Dupuy, "[l]o sagrado contiene la violencia, en los dos sentidos de la palabra". [3] Lo sagrado lo es porque conjura la violencia pero también porque está constituido de violencia, porque "contiene" violencia. Y esto, evidentemente, supone que religión y poder son una misma cosa.

A lo largo de este escrito estamos intentando mostrar cómo, en el marco de la MHS, la fosa y el altar, lo ctónico y lo olímpico, lo inmanente y lo trascendente, etc., se complementan. [4] La ambivalencia hierogámico-sacrificial se inscribe en esta lógica dicotómica. El bíos sagrado es visto primeramente como maléfico, porque se le cree responsable de la crisis, culpable de todos los males que acechan al grupo. Y posteriormente pasa a ser visto como benéfico, porque su sacrificio trae de nuevo el orden y la cohesión del grupo, la fertilidad de la tierra, la abundancia de la caza, etc., de lo que igualmente se cree que es responsable.
"Incluso si, a final de cuentas, la víctima fundacional pasa por ser bienhechora, salvadora, aparece primero forzosamente como «debiendo ser asesinada» por criminal execrable, infinitamente temible." [5]
El mecanismo hierogámico-sacrificial puede enfatizar más su dimensión inmanente o trascendente, su dimensión maléfica o benéfica, su dimensión política o religiosa, según se exploten más los efectos posteriores o anteriores del ritual, según en que estadio de sustitución nos encontremos. Pero en el fondo la estructura es la misma. Se trata de dos polos entre los que oscila el mecanismo en función de las circunstancias.

Esta identidad estructural entre lo religioso y lo político ha sido señalada por Carl Schmitt, en particular entre los conceptos teológicos y los jurídicos. [6] La política es en última instancia teología y la teología es en última instancia política. Hablar de una o de otra por separado, de manera independiente, es no comprender hasta qué punto ambas son dos momentos de una misma cosa, en última instancia el manejo de la MHS. Cualquier comprensión profunda de la religión y del poder, de la teología y de la política, solo se puede alcanzar considerándolas de manera conjunta, como teología política o como política teológica. [7]

La misma vinculación de poder y religión puede interpretarse en la obra de Max Weber, y no sólo en su clásico sobre el trasfondo protestante del capitalismo. [8] Weber ve también la violencia y la amenaza como la condición de la política, y en particular la coacción física, de la misma manera que la coacción psíquica sería la condición del poder religioso. [9] Pero esto no es más que incidir en lo que venimos diciendo. De hecho las dos dimensiones de la violencia —violencia patente o en acto, y violencia latente o en potencia— se corresponden de manera aproximada con las nociones de coacción física y coacción psíquica de las que habla Weber.

En suma, el mecanismo hierogámico-sacrificial es al mismo tiempo de orden político y religioso. A partir de él se derivan, por sustitución, regímenes que en ocasiones se disocian en un polo religioso y en otro político. Pero ambos siguen operando de manera conjunta, en la medida en que la realidad sigue estando inscrita en la mecánica hierogámico-sacrificial. El poder y la religión son dos caras de la misma moneda. En ocasiones pueden darse conflictos entre ambos polos. Pero de lo que se trata a menudo es de una transición de una forma de poder a otra, de un acomodo en los equilibrios de fuerzas, pero que no cambia mucho en la ecuación general: la dominación a través de mecanismos político-religiosos, es decir, a través de la MHS.
Extracto de la obra La máquina hierogámico-sacrificial, de próxima publicación.

1 Hermes Trimegisto, Corpus Hermeticum, citado en Evola 1931: 234.
2 Cf. Tiqqun-Comité Invisible 2001a.
3 2009: 252.
4 Burkert 1972: 100.
5 Girard 2012: 61.
6 69.
7 Cf. Zizek, en Zizek y Gunjevic 2012: 31.
8 1901.
9 1922: 43-45.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/