2016-03-08

El teatro de la política

Es cierto que los Estados han jugado y juegan todavía hoy un papel importante como mecanismos de intervención en las dinámicas capitalistas, como herramientas de contención, control, canalización, etc., de los flujos de capital. Siguen desempeñando una función crucial para el funcionamiento del sistema capitalista global. Pero se trata de un papel auxiliar, secundario, transitorio, supeditado en todo momento al capital global. En este sentido hay que entender la noción de representación política. Lo que verdaderamente representan los Estados hoy, lo que verdaderamente enmascaran, no es al pueblo soberano, sino a las fuerzas del capital. La representación hay que entenderla en el sentido más teatral del término, como baile de máscaras. La verdadera representación política en el imperio es la del capital, es la ficción del capital. Muchos de los fenómenos hoy no son otra cosa que máscaras del capital, en un baile de disfraces ininterrumpido, pero que también tiene momentos de especial intensidad, como vamos a mostrar. Hay que leer la realidad política y económica como un gran teatro, como un gran carnaval, en ocasiones como un macabro ritual sacrificial.

En efecto, el capital gobierna con su propia representación, con su propio teatro. La política tradicional, el Estado de derecho, la democracia, la legitimidad, etc., son solo algunos de los personajes de la función. Los cambios importantes a nivel político o legislativo no ocurren porque haya una mayoría democrática que lo decida o porque dichos cambios beneficien a la mayoría, sino porque una minoría de interesados tiene suficiente poder para manipular a la opinión pública, o bien para llevar a cabo dichos cambios de manera irregular, encubierta, sin que se perciba demasiado.
 
De manera que la política tradicional se ha convertido en un puro teatro. Los gobiernos de turno de los regímenes bipartidistas de turno legislan a golpe de decreto, coaccionados, sobornados o amenazados por el capital, que necesita medidas rápidas que no pueden esperar a que las leyes sean debatidas en los parlamentos, y que cuenta con armas de destrucción masiva financieras o monetarias o crediticias suficientemente poderosas para que ningún poder político se atreva a desobedecer sus dictados. En el corazón del imperio, el bipartidismo es una farsa tan grotesca que está dando paso a la bimonarquía hereditaria, como ocurre con los Bush y los Clinton, tal como Adrián Salbuchi ha comentado irónicamente.
 
En los parlamentos del imperio los políticos ya no hablan entre sí sino que posan ante las cámaras y calculan el formato de sus falacias de acuerdo con los códigos mediáticos. Regularmente se organizan enfrentamientos dialécticos ficticios entre los partidos del régimen para que la farsa de la política siga siendo creíble por los ciudadanos, al mismo tiempo que se silencian o manipulan las posiciones de grupos políticos marginales que podrían introducir algo de verdad en el debate. Por eso no es extraño que el patrón cada vez más habitual de las marionetas políticas de nuestro tiempo sean los personajes mediáticos, con buena apariencia, metrosexuales, con trajes y corbatas de autor. «Así sucede con la estetización de la política que propugna el fascismo» (Walter Benjamin). Las decisiones más relevantes que hoy se toman en los parlamentos o en los gobiernos, se han decidido previamente a puerta cerrada, como es el caso de los tratados de libre comercio (TTP, TTIP o TISA), o la aprobación de fondos destinados al terrorismo en el parlamento estadounidense (finales de 2014). Las leyes más importantes se deciden hoy en reuniones secretas con lobistas, siendo la aprobación por los parlamentos o los gobiernos un mero trámite formal. La disciplina de voto de los partidos es otro de los engranajes que hace posible la dictadura del capital con la máscara de la democracia. Los medios de desinformación denuncian la «rebeldía» de los diputados que se resisten a estos dictados. Esta es la dictadura de hecho del capital que poco a poco se está convirtiendo en dictadura de derecho.

Extracto de la obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses publicada en Ediciones Libertarias.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista.  http://deliriousheterotopias.blogspot.com/