2016-03-16

La ciencia y la tecnología no son buenas ni malas, ni neutrales; son sacrificiales


Si la convivencia-libre tiende al equilibrio, el capitalismo de crisis aprovecha e intensifica los desequilibrios de cualquier tipo. Lo que diferencia a nuestro imperio de los de otros tiempos es que ha alcanzado una enorme capacidad, sofisticación y sutileza para catalizar dichos desequilibrios, para fomentar o provocar estas crisis, a través de métodos aparentemente no agresivos, mediante la ciencia, la tecnología, la medicina, la biología, la geoingeniería, la ingeniería social, etc. Esta transferencia a ámbitos científico-tecnológicos de la violencia imperial es una de las máscaras de las que se sirve el imperio de la ficción. Lo que no había ocurrido nunca antes en la historia es que se pudiera influenciar tanto, y de una manera tan imperceptible, en los fenómenos naturales o reales. Evidentemente hay un enorme trabajo de investigación detrás de estas manos invisibles, grandes recursos económicos, poderosos intereses, pero todo esto queda oculto detrás de sus catastróficos efectos. Esto es lo que distingue al imperio de hoy de otros imperios. También lo que distingue —relativamente— al imperio atlantista de otros imperios emergentes: su dominio de las crisis manufacturadas como métodos de conquista.

En este sentido también se puede decir que la lógica del sistema es sacrificial y que esta dimensión sacrificial ha sido transferida en parte a los procesos científicos, tecnológicos, médicos. El saber, la ciencia, la medicina, la tecnología no son ni «buenos» ni «malos»; tampoco son neutrales; son sacrificiales. Si pueden llegar a ser beneficiosos para una mayoría es porque al mismo tiempo son perjudiciales para una minoría. Y esta dinámica sacrificial se observa de manera muy evidente en el ámbito de la investigación y el desarrollo. El secretismo que afecta a la investigación de punta no es sólo una cuestión de competitividad. Las investigaciones más avanzadas son secretas porque, como veremos, están intrínsecamente asociadas a esta dimensión sacrificial, en particular a la guerra. En este sentido decimos que los mecanismos científicos, tecnológicos, médicos, etc., de hoy son instrumentos de lo sacrificial. La ciencia y la tecnología requieren inmolar víctimas en los altares del progreso. El fanatismo que hoy observamos en torno a la innovación científica, sea al adorar los aceleradores de partículas, o al hacer colas para obtener el último iPad, no es otra cosa que una forma de participación sacrificial sublimada, que sostiene la religión capitalista.

Extracto de la obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses publicada en Ediciones Libertarias.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/