2016-03-29

La transferencia simbólica del poder

En Tumba y poder: El culto político a los muertos desde Alejandro Magno hasta Lenin Olaf B. Rader nos ha mostrado cómo innumerables monarcas de todos los tiempos y diferentes culturas han recurrido a rituales funerarios para legitimar su poder. Especialmente en lo que denomina "prismas de poder", momentos de crisis en los que este poder amenazaba con desintegrarse y eran más necesarios que nunca estos rituales fúnebres para volver a canalizarlo. [1] Estos prismas de poder es lo que venimos denominando crisis en el marco de la mecánica HS. Pero si es acertado este término es porque abunda en la lógica de la energía y de su canalización, que como hemos visto nos parece central.

Veamos algunos de estos rituales. En 331 a. C. el ejercitó macedonio, a las órdenes de Alejandro Magno, venció al ejército persa. Al año siguiente Alejandro consiguió hacerse con el cuerpo del rey Darío III. Plutarco y Curcio Rufo estilizaron este episodio diciendo que el emperador macedonio se quitó el manto y lo extendió sobre el cadáver del rey persa. [2] Destacamos este gesto cargado de simbolismo porque nos recuerda a los rituales de desollamiento de las víctimas sacrificiales y la utilización de las pieles u otros elementos incorruptibles de las víctimas por otros bíoi o para revestir objetos sagrados. En otras versiones de este episodio histórico Alejandro encontró a Darío todavía vivo, y lo reconfortó en sus últimos momentos. Antes de morir en sus brazos, el rey persa exhortó a Alejandro, al que llama "hijo mío", a que tanto persas como macedonios acudiesen juntos a su sepelio. [3] Sabemos que se trata de una estilización de la realidad, pero precisamente por eso nos interesa, en la medida en que se trata de una ficción que, en el marco de la MHS, produce la realidad. En este caso es significativo que Alejandro encuentre vivo a Darío. Se trata sin lugar a dudas de una sublimación del viejo tema de la lucha entre rivales, en este caso transformada en piedad filial, que sirve así para legitimar la toma de poder de los macedonios del imperio persa y fomentar la cohesión de ambos pueblos.

En 44 a. C. Julio César fue asesinado en el Senado romano mediante 23 puñaladas. Cinco días después el cónsul Marco Antonio celebró un espectáculo fúnebre en el cual se levantó una pira funeraria en el Campo de Marte, junto a la tumba de su hija Julia. Apiano de Alejandría cuenta que durante la celebración funeraria, en el momento en que la efervescencia de la plebe era más intensa, Marco Antonio "sostuvo sobre el féretro una imagen del propio César, hecha de cera... La imagen era movida en todas direcciones por medio de un mecanismo, y se pudieron ver las veintitrés heridas en el cuerpo y en el rostro, que le habían sido causadas de manera bestial." Es inevitable pensar en la vieja técnica del deux ex machina del teatro griego. Como en la leyenda del encuentro de Alejandro Magno con Darío III todavía vivo, esta máquina sacrificial, en el sentido más literal del término, conseguía revivir al César asesinado, pero también revivir el asesinato mismo, si tenemos en cuenta la fidelidad con la que se reprodujeron las heridas. Como señala Rader "[e]l cónsul Antonio logró por medio del ritual funerario desviar del dictador muerto el carisma de éste, transferírselo a sí mismo y, finalmente, anudar de este modo un lazo fuera de lo cotidiano". [4]

En un momento muy convulso, en el marco de luchas feroces de poder en el papado de Roma, tuvo lugar un ritual muy singular. Como se podrá intuir, de los innumerables rituales funerarios y de coronación, estamos seleccionando y poniendo el énfasis en aquellos en los que la vinculación con los rituales sacrificiales es más acusada, para mostrar hasta qué punto se pueden entender estos rituales como parte de la MHS. Esta afinidad es más que evidente en el caso del que ahora hablamos. En 896 el cadáver del papa Formoso, en elevado estado de descomposición, llevando los atavíos pontificales y sentado en un trono, fue objeto de las acusaciones, por parte del papa Esteban VI, de haber infringido las normas relativas al acceso al papado. Ordenó que se le quitasen las vestiduras santas, se le cortasen tres dedos de la mano y se le arrojase al Tíber. El cadáver de Formoso fue sacado de la iglesia arrastrado por lo pies. A partir de ese momento el cuerpo del antiguo papa sufrió todo tipo de vicisitudes. Fue enterrado en una tumba anónima en un cementerio para peregrinos, arrojado al Tíber, encontrado por unos pescadores o, según otra versión, por un monje, vuelto a enterrar en secreto, una vez más desenterrado, etc. Hasta que finalmente le volvieron a revestir con las vestiduras pontificales y fue enterrado por cuarta vez en la antigua Basílica de San Pedro. [5]

Aunque estamos destacando los elementos sacrificiales, sabemos que estos aparecen siempre vinculados, de una manera más o menos explícita, a los hierogámicos. Ya hemos visto que la pira funeraria de Julio César se colocó en el Campo de Marte junto a la tumba de su hija Julia. Además, habría que destacar que para el ritual funerario de Julio César se construyó un capilla dorada siguiendo el modelo del templo de Venus Genetrix, fundadora de la estirpe de César. [6] Pues bien, el elemento hierogámico está particularmente presente en el ritual del que nos ocupamos a continuación. Se trata del que Guillermo el Conquistador, duque de Normandía, celebró en honor del rey Harold II de Inglaterra tras derrotarle en la batalla de Hastings en 1066. Los restos del rey inglés eran tan irreconocibles que tuvieron que llamar a su esposa Edith Cuello de Cisne para que los reconociese. [7] Así describió Heinrich Heine la escena:
"Le beso la frente, le besó la boca, / lo estrechó entre sus brazos; / besó las heridas, en sangre bañadas, / del pecho del monarca. / En su hombro descubrió también / —y de besos las cubrió— / tres pequeñas marcas, monumentos del goce, / que ella le hizo otrora con los dientes." [8]
Guillermo el Conquistador ordenó erigir un túmulo funerario para Harold II, y se coronó frente a él rey de Inglaterra: "Y enterrado así el rey, abandonó el lugar siendo rey él mismo." [9]

En 1000 el emperador Otón III abrió la tumba de Carlomagno en la Iglesia de Santa María de Aquisgrán. Como en otras ocasiones, el ritual fue posteriormente estilizado por los cronistas oficiales. Pero, como decíamos, si destacamos estos casos sobre otros más reales, es porque estas ficciones ponen de manifiesto de una manera mucho más evidente la mecánica HS que está en su trasfondo, y que es en definitiva la que está en la base de su eficacia simbólica y política, en la que la ficción es creadora de realidad. En el caso de la exhumación de Carlomagno por Otón III la leyenda oficial dice que encontraron el cuerpo del emperador incorrupto, sentado en un trono dorado, portando una corona con incrustaciones de piedras preciosas, un cetro y una espada de oro puro. [10]

Los restos de Carlomagno volvieron a ser exhumados por Federico I Barbarroja en 1165, que además lo canonizó, y por su nieto Federico II, que los colocó en un nuevo relicario en su coronación en Aquisgrán en 1215. Es de subrayar que ambos lo hicieron con sus propias manos, como sucede a menudo en estos rituales, a un mismo tiempo fúnebres y de coronación o legitimación política. Federico II exclamó en la ocasión:
"¡Yo soy no sólo pura y simplemente sucesor sino también descendiente de la semilla del santo Carlos! ¡Como el gran Carlos y Barbarroja, así tomo yo la Cruz, pues conducir cruzadas al Santo Sepulcro era y es misión del verdadero emperador!" [11]
Y efectivamente en 1229 se autocoronó rey de Jerusalén en el Santo Sepulcro. [12] El caso de las sucesivas exhumaciones de Carlomagno y sus vinculaciones con las Cruzadas es particularmente ilustrativo de cómo todo lo que venimos diciendo remite a la mecánica HS. El círculo sacrificial se cierra, los múltiples niveles que conforman la máquina se funden en un mismo vórtice, en un mismo punto de almohadillado. El sacrificio de Cristo es el modelo de la legitimidad de los monarcas cristianos, y esta legitimidad tiene que ser reinstaurada una y otra vez con nuevos rituales, que no son sacrificios propiamente dichos pero que responden a la estructura sacrificial. De ahí que hayamos destacada la ficción del hallazgo del cuerpo incorruptible de Carlomagno por Otón III. O la del encuentro novelado de Alejandro Magno y Darío III. Porque estas ficciones ponen de manifiesto de una manera más real que la propia realidad la mecánica HS. En la exhumación de Carlomagno por Federico II se pone además de manifiesto la vinculación de estos rituales con la guerra, que como sabemos son dos modalidades de una misma MHS. La legitimidad que el ritual funerario y de coronación produce, que como hemos visto remite al sacrificio de Cristo, legitima a su vez la recuperación de su tumba en Jerusalén por los cruzados. En fin, además del sacrificio y la guerra, en estas referencias histórico-legendarias se aprecia también de manera muy evidente lo que venimos afirmando desde un principio, la intimidad de lo religioso y lo político.

Podríamos hablar de otros rituales similares, como el celebrado por Josef Stalin frente al mausoleo de Lenin en la Plaza Roja de Moscú en 1924, en el que todos los presupuestos teóricos del comunismo se ponen radicalmente en cuestión ante el líder revolucionario embalsamado y santificado. [13] O de los homenajes de Adolf Hitler al mariscal y presidente del Reich Paul von Hindenburg en 1934 y 1935 en Tannenberg, [14] o a Napoleón en Les Invalides tras la capitulación de Francia en 1940. [15] Del tributado al mariscal Hindenburg afirma Olaf Rader:
"... con la solicitud funeraria de Hitler repetidamente escenificada, el aura del general victorioso, del afortunado estratega de Tannenberg, se transmitía ahora al Führer y canciller del Reich, se producía una derivación del carisma, si se nos permite denominarlo así." [16]
Lo que está en el trasfondo de todos estos rituales es esta "derivación del carisma", o dicho de una manera más simple, una trasferencia de poder. Más allá de todas las teorías de la soberanía, lo que está en el trasfondo de la legitimidad del poder es la MHS. Es decir, es el status de bíos sagrado alcanzado por determinados seres. Y este bíos sagrado, como sabemos, tiene una doble dimensión inmanente y trascendente. Es inmanente en la medida en que se trata de un bíos real, concreto, corporal, vivo. Pero es al mismo tiempo trascendente en la medida en este bíos corporal encarna otra dimensión trascendente. Y esta dimensión trascendente es inseparable de la dimensión transgresora, excesiva, sagrada. Puede estar vinculada a una estirpe, que es en sí una dimensión trascendente en la medida en que supone una dimensión inmortal relativamente con respecto a la mortalidad de los bíoi, esto es, producto de la MH. Pero como sabemos esta trascendencia también puede ser producto de la MS, del sacrificio, de la guerra, de la rivalidad. En los ejemplos que hemos seleccionado están presentes ambas dimensiones en distinta medida y combinación.

Insistimos, en el trasfondo de toda legitimación política, a un nivel mucho más profundo del de las teoría de la legitimidad dominantes, está la MHS, está el ritual hierogámico-sacrificial, está el privilegio del goce y de la violencia excesivas. Como hemos visto en muchas de las referencias históricas en las que nos hemos detenido, la legitimidad de reyes y emperadores procedía en buena medida de victorias bélicas. Señala Rader: "¿No tenía acaso que ser asimismo victorioso aquel que había sepultado honrosamente al más victorioso? ¿No señalaba al mejor la posesión de los restos del vencedor supremo?" [17]

Estos monarcas están cargados de este exceso libidinoso-agresivo, que está en la base del poder-religión, incluso después de muertos, pues como sabemos la mecánica de este poder-religión es al mismo tiempo inmanente y trascendente, mortal e inmortal. De ahí que nuevos reyes, emperadores, papas o dictadores quieran entrar en contacto con esa corriente, quieran atraer hacia sí esa carga energética. Y saben que la magia de estas transferencias solo puede alcanzarse en el marco del ritual HS. [18] Saben que el poder-religión es indefectiblemente simbólico y que es necesario recurrir a estos rituales si quieren encarnar su corriente mágica y simbólica. El exceso del goce y de la violencia, de la hierogamia y del sacrificio, pero sobre todo de la violencia y del sacrificio en este caso, están como siempre en el trasfondo de estos rituales, pero oportunamente enmascarada.

La vinculación de la dimensión material y la anímica-espiritual, como subraya Rader, es central en estos rituales. Lo mismo cuando se rinden honores a los restos de bíoi sagrados, como cuando se los destruye o se los aniquila. El método más efectivo para conseguir la damnatio memoriae ('condena de la memoria') es la damnatio corporis ('condena del cuerpo'). [19] Lo que está en juego tanto en un caso como en el otro es la misma mecánica sacrificial, la misma duplicidad de cuerpo y alma-espíritu, la misma dinámica de disyunciones y conjunciones. Hay que subrayar la importancia de la dimensión corporal para que la dimensión anímica-espiritual encuentre arraigo, estabilidad, para que pueda circular, fluir entre los distintos cuerpos, en suma, para que se encarne. De ahí que sea tan importante contar con los restos de los bíoi sagrados. Aunque sea solo con parte de ellos, aunque sean falsificados. La dimensión corporal es un requisito fundamental para que estos rituales sean efectivos: "En las luchas por el poder, los cuerpos muertos eran también, al mismo tiempo, la encarnación del poder, los lugares del recuerdo que constituían las tumbas eran la localización de la memoria." [20]

Extracto de la obra La máquina hierogámico-sacrificial, de próxima publicación.

1 67, 161.
2 Ibíd.: 169-170.
3 Ibíd.: 171-172.
4 Ibíd.: 68-75.
5 Ibíd.: 235-240.
6 Ibíd.: 71.
7 Ibíd.: 105-106.
8 Hastings, citado en ibíd.: 107.
9 Guy d'Amiens, Carmen de Hastingiae Proelio, citado en ibíd.: 108.
10 Ibíd.: 198-204.
11 Rainer de Lüttich, Reineri Annales, citado en ibíd.: 211-212.
12 Ibíd.: 230-234.
13 Ibíd.: 265-274.
14 Ibíd.: 257-265.
15 Ibíd.: 62-63.
16 Ibíd.: 264.
17 Ibíd.: 184.
18 Ibíd.: 184, 189.
19 Ibíd.: 239-240; cf. 249-250.
20 Ibíd.: 277.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/