2016-04-20

Adán y Eva y Adán y Eva y Adán y Eva




La tríada
"El uno engendra el dos; el dos engendra el tres; el tres engendra todas las cosas." [1]
La célula o unidad social mínima, en la que se producen las transferencias y las transmutaciones del goce, el deseo, la amenaza y la violencia, es la tríada mimética. Es una suerte de célula social básica, que pone en cuestión de manera radical las mitificaciones tanto de la pareja como del individuo por el orden dominante. Al hablar de social lo hacemos al mismo tiempo refiriéndonos a personas y a cosas. Pues como veremos esto tiene particular importancia en el régimen capitalista, en el que las relaciones sociales de las cosas desempeñan un papel dominante frente a las relaciones sociales de las personas. Cualquier intento de comprender el individuo o la pareja no tiene sentido al margen de las tríadas miméticas en las que estos se inscriben, en la medida en que como decimos, estos cuatro elementos libidinosos y sus intercambios alquímicos no se dan de manera integral sino en el marco de estas tríadas.

La tríada mimética es un concepto que, como el resto de conceptos, nos permite pensar y comprender la realidad, pero es también un concepto más real que otros, en la medida en que se corresponde con un referente real, y en la medida en que podemos experimentar esta tríada en nuestras propias carnes. Al contrario, las nociones de individuo y de pareja, aunque parecen corresponderse con entidades reales, son mitificaciones de esta realidad en la medida en que no consideran los ingredientes fundamentales que configuran las relaciones sociales, que aquí estamos llamado elementos libidinoso-agresivos y sus transferencias y transmutaciones relativas y de la materia que encarnan. De manera que podemos decir que la tríada mimética es un concepto que se acerca mucho a la realidad inmanente. De la misma manera que, como veremos, la trinidad es la contraparte trascendente. Pero lo cierto es que la inmanencia y la trascendencia no pueden ser del todo disociadas. Es solo una simplificación decir que la tríada mimética es inmanente y la trinidad es trascendente. En realidad cualquier configuración triangular real que queramos analizar estará a medio camino entre ambas, siendo la tríada y la trinidad los polos entre los que se mueve.

Lo más importante es que en la tríada predominantemente inmanente encontramos ya todos los elementos fundamentales de la alquimia social en una formulación relativamente simple. Sin tener que recurrir —supongámoslo o fingámoslo— a la idea de trascendencia. A pesar de que la realidad es que la trascendencia, como veremos con más profundidad cuando tratemos del lenguaje, es inseparable de la manifestación del goce y de la violencia, que parecería que son expresiones de lo inmanente. Como veremos el secreto es que la inmanencia se curva de tal forma que introduce una dimensión adicional que sería precisamente la trascendencia. Pero nos ocuparemos de ello en su momento.

De manera que la tríada nos ofrece una especie de laboratorio, de mundo en miniatura, en el que están todos los ingredientes básicos de lo social, que luego no hace falta más que aumentar de escala, que proyectar, para volver a encontrarlos en formaciones sociales, morales, políticas, religiosas de mayor alcance. Podemos asimilarla a la inmanencia, de la misma manera que podemos asimilar la trinidad a la trascendencia, como método operativo, aunque sepamos que en rigor no podemos hacer esta simplificación. Y si esto es así, insistimos, es porque en la tríada mimética se dan ya las formas básicas de transferencias y transmutaciones de goce, deseo, amenaza y violencia, y sus encarnaciones y transmutaciones en y de los cuerpos. Y todo ello en el marco de una relativa simplicidad, el que constituyen tres personas reales de dos sexos. [2]

Entrando en materia, la tríada se basa en la noción de "deseo mimético" de René Girard. Según esta teoría, el deseo no se da solamente entre dos personas o cosas, entre una persona deseante y otra persona o cosa deseada. Sino que lo habitual es que el deseo sea al mismo tiempo rivalidad o competición entre dos por la persona o la cosa deseada. [3] Esta rivalidad, más o menos sublimada, está siempre implícita. En efecto, como cualquiera habrá podido experimentar por sí mismo, hay una identificación entre los que desean, precisamente de su deseo. De hecho podemos decir que la identificación con otro es en última instancia una identificación con su deseo, y lo mismo podemos decir con respecto a la amenaza. Nos sentimos identificados con otro que padece una amenaza en la medida en que sentimos esa misma amenaza compartida.

Pero de hecho la amenaza está ya implícita en el deseo, precisamente en la medida en que todo deseo es rivalidad en el deseo. De manera que el deseo, en términos genéricos, es deseo rival, rivalidad en el deseo, siempre contiguo de la amenaza que despierta esta rivalidad. Vemos por lo tanto que deseo y amenaza se dan la mano, se dan en continuidad, tal como venimos formulando desde un principio. De una manera curiosamente afín a como, en el extremo opuesto del lazo libidinoso, el goce y la violencia se vinculan en la tendencia sádica que conforma la MHS.

Este deseo mimético lo mismo afecta a lo erótico-sexual que a lo alimenticio, las dos tendencias naturales que alimentan, respectivamente, la máquina hierogámica y la sacrificial. Y lo mismo diremos en su momento del deseo de posesión, como derivado, en términos generales, lo que nos permitará comprender que el régimen mercantil se reduce también a esta lógica de deseo mimético, aunque sea mediado por la adquisición y posesión de mercancías, máxime cuando sabemos que la lógica estructural de este régimen es la de valorar a las personas como mercancías.

Por otro lado, no sólo los sujetos rivalizan por un objeto. También se puede decir que se da una dinámica recíproca en la medida en que los objetos deseados también rivalizan entre sí, si se nos permite la idea, con respecto a un sujeto deseante. Veremos que esto tiene más sentido de lo que parece a primera vista, dada la intercambiabilidad general de los roles de sujeto y objeto en el marco de la MHS, y en particular en la capitalista, dado que en la práctica lo que tenemos es pseudo-sujetos y pseudo-objetos, en la medida en que forman parte de una zoé cultural y por lo tanto están encarnados de alma social, de energía, de vida.

Por supuesto la tríadas miméticas no se dan de manera independiente y autónoma con respecto a otras tríadas. Cada tríada se solapa con otras tríadas para formar estructuras sociales más complejas, sean del tipo que sea. Una persona puede ser integrante de una tríada y al mismo tiempo de otras, y además puede serlo de manera más permanente o más provisional en función de los casos. La tríada mimética es, insistimos, antes que nada una estructura mínima, muy poderosa para comprender y experimentar como se produce la alquimia social, pero no hay que entenderla como una estructura autónoma, sino como una estructura social genérica en la que se inscriben distintas tríadas. En otras palabras, lo importante no son las tríadas o las trinidades sino la estructura triádica-trinitaria en la que se inscriben, en la que se mueven.

Pero lo cierto es que desde el punto de vista analítico, la tríada es como un trípode autoestable que nos permite comprender determinados fenómenos con relativa independencia de su entorno. Curiosamente el trípode desempeña un papel central en los rituales hierogámico-sacrificiales de la Antigua Grecia, como ocurre en el culto délfico, y es posible que esto no sea una casualidad si tenemos en cuenta que volvemos a encontrar estas formaciones triangulares en el ámbito de la mitología, en lo que estamos denominando trinidades.

Hay que inscribir el "complejo nuclear" o "familar" del que nos han hablado los psicoanalistas, los "complejos de Edipo" y "Electra" en el marco general de las tríadas miméticas, así como en el de las trinidades, que como veremos a continuación son inseparables. Como ha mostrado Bronisław Malinowski, el complejo de Edipo es una reducción que se corresponde con las sociedades patriarcales burguesas occidentales. [4] Diferentes circunstancias culturales, sociales y familiares dan lugar a otros complejos. Así, como ha mostrado este antropólogo, si en las familias europeas modernas el deseo agresivo reprimido se da entre el padre y el hijo y el deseo erótico reprimido entre la madre y el hijo, entre los trobriandeses la ecuación es otra: la rivalidad se da con el tío materno y el deseo incestuoso con la hermana. [5] Pero en ambos casos estamos en el marco de la tríada mimética. Podríamos dar otros ejemplos de otros complejos familiares que también se pueden inscribir en última instancia en el marco de la tríada mimética, o mejor, en el de tríadas miméticas de distinto signo, superpuestas formando estructuras más complejas.

Comprender que estos complejos familiares se reducen en última instancia a tríadas miméticas permite también entender cómo lo familiar es solo uno de los niveles en los que se producen transferencias y sustituciones. Así hay tríadas miméticas también en otros marcos sociales, como en el del trabajo o la cultura, en las que los objetos que generan al rivalidad, así como la rivalidad misma, pueden estar implícitas o sublimadas. Un ejemplo evidente de esto es la relación maestro-discípulo, en la que el objeto se sublima en algo tan etéreo como el saber, el reconocimiento, el prestigio, y la rivalidad se da en forma de admiración, de idealización, de emulación. De esto nos ha hablado René Girard. [6] Pero también, como veremos en su momento, no se puede entender el consumo sin estas tríadas miméticas, sobre todo en el hollycapitalismo en el que el deseo de consumo debe ser construido artificialmente por la publicidad, precisamente por mimetismo con respecto a un deseo sintético escenificado. De hecho está lógica se puede extender, en el marco hollycapitalista, al conjunto de lo político, en la medida en que consiste cada vez en la fabricación sintética de deseo y de amenaza en el marco de rituales hierogámico-sacrificiales.


La tríada y la trinidad
"—¡Cómo! ¿Dices que Dios posee los dos sexos, oh Trimegisto? —Sí, Asclepio, y no solamente Dios, sino todos los seres animados y los vegetales." [8]
La trinidad es la proyección trascendente de la tríada. Es su manifestación depurada, trascendente, como trascendencia hipostasiada. Como decíamos no es del todo cierto que la tríada sea totalmente inmanente y la trinidad sea totalmente trascendente, pero esta formulación nos sirve como simplificación, en la medida en que las tríadas y las trinidades se pueden interpretar como los dos polos entre los que se mueven todas las situaciones reales.

Hasta ahora hemos hablado de bíoi sagrados y de bíoi profanos. Pues bien, los bíoi sagrados conforman trinidades y los bíoi profanos tríadas. Hemos visto que muchos complejos rituales se asociaban o se disociaban formando rituales complementarios, cada uno de ellos presidido por una divinidad. Y que en estas asociaciones es habitual encontrar dos divinidades del mismo sexo, una de tipo ctónico y otra uranio, y otra divinidad del sexo contrario. Pues bien, se trata ya en este caso de trinidades, aunque sea implícitamente.

De manera que cuando hablamos de bíoi sagrados, estamos hablando implícitamente de bíoi inscritos implícitamente en trinidades, sea de una forma más o menos implícita. Insistimos en que no tiene por qué ser una sola trinidad. De hecho lo habitual es que se solapen varias de ellas, aunque haya alguna que termine siendo dominante. De la misma manera, los bíoi profanos se inscriben en diferentes tríadas que se solapan en el marco general de una estructura triádica-trinitaria.

Cuando hablamos de flujos libidinoso-agresivos recíprocos y unánimes, lo hacemos en el marco de las tríadas y de la trinidades. Los flujos recíprocos se dan por encima de todo entre dos integrantes de un mismo sexo de una tríada. En cuanto a los flujos unánimes la tríada nos ofrece también la situación micro que se da también a nivel macro, cuando dos integrantes de un mismo sexo canalizan su energía hacia el tercer integrante de sexo contrario. Esta es la mecánica básica, que varía en función del tipo de flujo libidinoso-agresivo, si se trata del deseo alimenticio o el sexual, pero que nos sirve como fórmula general.

A su vez el flujo libidinoso-agresivo que se da en la tríada de bíoi profanos puede proyectarse a los bíoi sagrados, sea en el caso de la hierogamia o del sacrificio. Pero se puede decir que la tríada mimética supone ya una suerte de MHS en miniatura, en la medida en que rivaliza con otras MHSs de mayor alcance, en la medida en que los flujos que circulan en una tríada, o en conjunto de tríadas, no lo hacen hacia formaciones triádicas-trinitarias mayores.

Las ceremonias Bora de ciertas tribus primitivas australianas, de las que nos habla Radcliffe-Brown, son un buen ejemplo de la vinculación de las tríadas y las trinidades. Se trata de rituales iniciáticos de pubertad, que se dice fueron instituidos por el dios Baiame en el "principio del mundo". Además de Baiame en los mitos y los ritos está presente su esposa y su hijo Daramulum, representado a veces por un toro sagrado, y que fue asesinado por su padre y resucitó al tercer día. Como se ve tenemos aquí una trinidad, en la están implícitas hierogamia y sacrificio, todo ello reforzado por la polaridad de las dos figuras y formas masculinas. Pero lo que nos interesa es que esta trinidad, como decíamos, opera en el marco de un ritual iniciático de pubertad en el que los adolescentes deben aprender las normas de la tribu en lo que respecta al matrimonio y en general las que afectan al comportamiento con los distintos parientes. En otras palabras, el dios Baiame, considerado el "dador divino de leyes", lo es en la medida en que está implícito en una estructura trinitaria sagrada y que esta estructura es la referencia negativa para las tríadas profanas. [9]

En esta dinámica de transferencias de flujos, en esta correspondencia o proyección entre tríadas y trinidades, vemos como ni las tríadas son totalmente inmanentes ni las trinidades son totalmente trascendentes. De esto nos han hablado Gilles Deleuze y Félix Guattari en El Anti Edipo. La tesis central de esta obra es que se puede evitar que estas proyecciones entre distintas escalas se produzcan, y que de hecho esta sería una estrategia revolucionaria, que toma como modelo de estas "fugas de deseo" la esquizofrenia. Nosotros creemos que esta estas fugas no llevan más que a la desestructuración social y por lo tanto a dejar al individuo aún más indefenso ante los flujos del capital. Creemos que la alternativa a los regímenes dominantes no pasa por modificar su estructura sino por reconfigurarla. En otras palabras, para resistir a las grandes máquinas hierogámico-sacrificiales solo cabe la opción de construir otras MHS que las confronten, que se les opongan.

En todo caso lo que observamos en estas dinámicas de transferencias, de transmutaciones, de encarnaciones de flujos libidinoso-agresivos, entre las tríadas y las trinidades, es que las nociones de inmanencia y trascendencia, como adelantábamos, no se corresponden exactamente con las de tríadas y trinidades. Inmanencia y trascendencia siempre están implícitas, como si se tratara de dos sustancias que se mezclan en distintas proporciones en función de las circunstancias, como dos planos de la realidad que se integran más o menos.

El mito de Tristán e Isolda pone de manifiesto cómo las tríadas siempre están implícitas en todas las "relaciones de pareja". Pero también como el amor inmanente entre las parejas implica un amor trascendente. Como ha mostrado Denis de Rougemont "Tristán e Isolda no se aman. [...] Lo que aman es el amor, el hecho mismo de amar." De ahí que, para ellos, los obstáculos sean necesarios para encender la pasión. Pero también hay que entender que esta distancia, esta separación, es la que hace posible que la imagen idealizada del otro se convierta en arquetipo y así en el tercer elemento de la tríada, pero que como vemos es en sí trascendente. "Se necesitan uno a otro para arder, pero no al otro tal como es; ¡y no la presencia del otro, sino más bien su ausencia!" [10]

Como veremos al tratar del lenguaje, creemos que hay que poner el acento en el dinamismo de estas nociones de inmanencia y trascendencia, en cómo estas se vinculan, se mezclan, en cómo la trascendencia se encarna en la inmanencia con mayor o menos intensidad. Y todo esto es lo que está implícito en la MHS. Cuando hablamos de transferencias de los flujos libidinosos y de transmutaciones de estos y de la materia que encarnan, estamos haciéndolo también de esta dinámica de encarnación de la trascendencia en la inmanencia.

Volviendo a El Anti Edipo, el proyecto revolucionario no sería dejar que estos flujos se desvíen de las estructuras triádicas tradicionales, para caer en nuevas estructuras trinitarias capitalistas que los esperan acechantes. El proyecto revolucionario sería más bien montar MHSs alternativas a las que produce el sistema, en las que sean posibles otras modalidades de transferencia y transmutación, y sobre todo en las que sean posibles otras formas de encarnación de la trascendencia, de intensificación de la realidad devolviendo a la inmanencia una trascendencia que tiende a ser producida por las grandes MHS para alcanzar sus objetivos. Si en su momento hemos dicho que la MHS produce las nociones de alma-espíritu, de trascendencia, de bien y mal, de inocencia y culpabilidad, ahora hay que decir que las MHSs revolucionarias tendrían como función desactivar estas producciones y crear sus alternativas. En el seno de las MHSs y contra la MHS dominante en la que se inscriben. Pero no es el momento de hablar de los usos revolucionarios de la MHS, lo que haremos al final de este trabajo.

Lo que hemos dicho para las tríadas se puede aplicar en general para las trinidades. Ambas se componen de dos miembros de un sexo que rivalizan en su deseo por un tercer miembro del sexo contrario. El límite de esta rivalidad, es decir la violencia recíproca en el seno de la trinidad, es la muerte de uno de estos miembros a manos del otro, que es en la práctica otra modalidad de sacrificio, en la que en lugar de la violencia unánime de la zoé contra el bíos sagrado, lo que tenemos es la violencia recíproca entre dos bíoi sagrados. Este tema de la rivalidad entre los dos bíoi de un mismo sexo se funde de hecho, como hemos visto, con el tema del sacrificio, de manera que estas dos figuras también pueden representar las dimensiones inmanente y trascendente de un solo bíos sacrificial. De ahí que, como decíamos, la trinidad contenga implícitamente una dimensión trascendente, de la misma manera que las tríadas contienen una dimensión trascendente.

En Símbolos de transformación Carl Gustav Jung expresa de esta manera cómo las dos dimensiones de una misma divinidad pueden disociarse y constituir dos divinidades diferentes enfrentadas:
"Tal es la contradicción que se da en los dioses paganos. Como fuerzas naturales son tan benéficos como nocivos para el hombre. Por consiguiente, para hacer el bien y salvar tienen que actuar contra sí mismos. La contradicción se atenúa al concebirse cada uno de ambos aspectos de la fuerza natural personificado por un dios especial o bien, cuando cada una de ambas virtualidades, la benefactora y la funesta, se simboliza separadamente. Luego, poco y poco el símbolo se hace cada vez más independiente, hasta convertirse el mismo en dios; entonces, mientras que originalmente el dios luchaba contra sí mismo, ahora la lucha es entre símbolos: dios contra dios o dios contra símbolo." [11]
Esta es la mecánica de las disociaciones de la que hemos hablado, que está implícita en las formaciones trinitarias.

Por otro lado, en el caso en el que la violencia sacrificial es, sobre todo, violencia recíproca entre dos bíoi sagrados, es en el que la amenaza se presenta de manera más pura, en la medida en que la participación de los bíoi profanos en el sacrificio es más pasiva, más espectacular. Lo mismo sucede con el goce y el deseo en el caso de la hierogamia que protagonizan dos bíoi sagrados y en la que los bíoi profanos son participantes pasivos, puros espectadores.

Por otro lado, los dos rivales no son perfectamente simétricos, puesto que uno de ellos suele representar una unión hierogámica ilegítima y otro una legítima. [12] De tal manera que la designación de uno y otro como maléfico y benéfico, malo y bueno, depende de estas dos modalidades de unión. Aquí vemos otra vez cómo la dimensión sacrificial y la hierogámica son inseparables, cómo están vinculadas de una manera muy estrecha y estructural, de tal manera que no pueden ser consideradas por separado sin incurrir en grandes malinterpretaciones. En su momento hemos mostrado que la moralización supone una polaridad asimétrica entre un mal inmanente y un bien trascendente. Esto se observa en su expresión mínima en la tríada mimética, que supone una cierta tendencia trascendente. Lo que queremos decir es que toda distinción moral entre un bien y un mal supone implícitamente, por mucho que se quiera presentar de forma abstracta, dos pseudo-sujetos rivales que compiten por un tercer elemento o pseudo-objeto.

En suma, la tríada y la trinidad son las expresiones más puras y más condensadas de la mecánica y la estructura HS. En ellas se dan las paradojas y las ambivalencias fundamentales que rigen la máquina. En la tríada y la trinidad, y sus dimensiones al mismo tiempo inmanente y trascendente, se condensa también lo que hemos dicho, que la MHS hace posible saltos de nivel, vinculaciones, entre distintos órdenes de la realidad. Finalmente, son la expresión evidente de que cualquier formulación de la realidad en términos dicotómicos no es más que una entelequia.

Extracto de la obra La máquina hierogámico-sacrificial, de próxima publicación.

1 Lao-tsé, citado en Cirlot: 437.
2 Cf. Evola 1958: 45, 49.
3 1972: 150 y ss.
4 147.
5 Ibíd.: 79-80.
6 1978: 275.
8 Hermes Trimegisto, Corpus Hermeticum, citado en Libis: 69.
9 195-196.
10 43; cf. 44.
11 389; cf. Jung y Kerényi 1939-1940: 188, 204.
12 Martín-Cano 2013: 248 y ss.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/