2016-04-10

El hollycapitalismo como máquina toroidal










Proponemos este esquema para la comprensión sintética, topológica y energética del régimen de poder-religión hollycapitalista. Se basa en general en nuestra teoría de la máquina hierogámico-sacrificial (MHS) (http://deliriousheterotopias.blogspot.com/) y en particular en el "Esquema toroidal-vorticial de la MHS" (http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2016/04/esquema-toroidal-vorticial-de-la-mhs.html).

Partimos de la base de que el hollycapitalismo es un régimen de poder-religión. Está basado, como todos los demás regímenes de poder-religión, en la MHS, esto es, en el control que esta ejerce sobre los flujos de energía, como estrategia para el control de los flujos de materia. De esta manera ponemos en cuestión de manera radical la economía materialista dominante. Lo prioritario es la energía, en la medida en que es a través de ella como se controla la materia. La MHS es por lo tanto, antes que nada, una máquina energética. Pero, como veremos, esto es posible porque en los ámbitos sagrados se producen apropiaciones gozosas y violentas de materia.

La MHS es por lo tanto una máquina de flujos materiales y energéticos, pero también una máquina religiosa, mágica, simbólica, que regula los ciclos de disyunción y conjunción de la materia y la energía, y en general de las distintas categorías de participantes en todo el proceso, y en el caso particular del hollycapitalismo, de personas y de mercancías, de valores morales y valores de cambio.

Distinguimos entre un sistema social, integrado por personas y sus intercambios, y un sistema mercantil, integrado por mercancías y sus intercambios. Pero en la práctica se trata de dos sistemas relacionados, que pueden estar más o menos supeditados el uno al otro en función de las circunstancias. Y que en los ámbitos sagrados se funden.

En términos generales, podemos decir que en el régimen precapitalista el sistema mercantil estaba supeditado al sistema social, en el capitalista el sistema social estaba supeditado al sistema mercantil, y en el hollycapitalista ambos tienden a converger, en la medida en que la distinción entre personas y mercancías tiende a desaparecer. La cibernética y el transhumanismo son en este sentido disciplinas plenamente hollycapitalistas en la medida en que esta fusión de las personas y las mercancías es su objetivo central.

Como decíamos, el sistema en su conjunto es una MHS, que se controla a través de rituales hierogámico-sacrificiales (HS) sagrados que permiten a su vez el control del ámbito profano. 

Los rituales HS que controlan el sistema social consisten en la producción sintética —real pero fabricada a partir de una ficción— de goce y de violencia excesivos, transgresores, para con ellos regular la intensidad de los flujos de deseo y de amenaza que atraviesan el cuerpo social. Estos rituales oscilan entre la dimensión hierogámica y la sacrificial, se inclinan hacia el polo del goce o el de la violencia, hacia lo libidinoso o lo agresivo, hacia la fertilidad o la muerte, hacia la creación o la destrucción del cuerpo social y sus valores culturales y morales. En definitiva, al operar en este plano la MHS transforma la reproducción social, transforma la zoé humana. Para ello establece una distinción fundamental entre bíoi sagrados y bíos profanos, en la que los bíoi sagrados son los protagonistas de los rituales HS y de esta manera sirven de referencia a los bíoi profanos. En el hollycapitalismo los bíoi sagrados paradigmáticos son las estrellas de Hollywood.

En cuanto al control del sistema mercantil, la mecánica es similar pero ahora la MHS opera sobre el plano de las mercancías y sus intercambios, y la trasformación que se persigue es la de la reproducción mercantil. Hablamos de reproducción mercantil en la medida en que consideramos al conjunto de la naturaleza como una zoé natural, obviando la distinción entre lo orgánico y lo inorgánico, y al sistema mercantil como una zoé cultural montada sobre esta zoé natural.

En este sentido no hay distinción entre el sistema social y el sistema mercantil. Ambos son zoés culturales, seres vivos con cuerpo y alma, montados sobre la zoé natural con la que intercambian flujos de materia y de energía.

Pues bien, si la estrategia para el control del sistema social es la escenificación de rituales HS, en los que se da la creación y la destrucción de vida social, la del sistema mercantil consiste también en rituales HS pero de otro orden, que escenifican la creación y la destrucción de vida mercantil, de recursos naturales, de capital, de dinero.

Las diversas instituciones culturales son sustituciones HS que operan según la misma mecánica de la MHS genérica, solo que con un grado mayor de sofisticación, simbolización, profanización, sin dejar de perder nunca del todo una cierta dimensión sagrada. En todas ellas sigue siendo necesario siempre en algún grado la distinción entre lo sagrado y lo profano, la crisis y el orden, la transgresión y la prohibición, la materia y el espíritu, la inmanencia y la trascendencia, etc.

En definitiva, al operar en el plano del sistema mercantil la MHS transforma la zoé mercantil y su reproducción. Una distinción análoga a la de bíoi profanos y bíoi sagrados se establece en el sistema mercantil entre mercancías profanas y mercancías sagradas. Solo que las mercancías sagradas, precisamente porque son sagradas, porque se dan en el ámbito de la conjunción sagrada, se confunden con los bíoi sagrados.

Esto ha venido ocurriendo desde la antigüedad, aunque en rigor todavía no se pudiese hablar de mercancías, sea en forma de esclavitud, de prostitución o de apropiación patriarcal de la mujer, y sigue ocurriendo hoy en los ámbitos sagrados del sistema, sea en las periferias o en las bases secretas de las agencias de inteligencia. En otras palabras, el sistema mercantil se alimenta de recursos naturales, materiales y energéticos, pero por encima de todo se alimenta del sistema social, de cuerpos humanos y de energías libidinoso-agresivas humanas, que son las que de hecho cargan todo el sistema mercantil.

En este sentido decimos que la MHS opera también en el plano mercantil. No sólo como una máquina de segundo orden en la que el ritual hierogámico se convierte en ritual de creación de capital o de dinero, y en la que el ritual sacrificial se convierte en un ritual de destrucción de capitales obsoletos, sino también en el sentido en que la MHS opera al mismo tiempo en el plano social y en el mercantil, en el sentido en que, como vamos a intentar mostrar, ambos planos se funden en los vórtices sagrados del sistema total.

Para comprender la distinción entre bíoi y mercancías profanos, por un lado, y bíoi y mercancías sagrados, por el otro, hay que inscribirlos en sus correspondientes ámbitos. El ámbito profano está caracterizado por la prohibición y el sagrado por la transgresión; el profano por la legalidad y el sagrado por la ilegalidad y la impunidad; el profano por el orden, la estabilidad, la paz y el sagrado por la crisis, la inestabilidad, la guerra. Estas distinciones pueden ser tanto espaciales como temporales, pero antes que nada son estructurales, topológicas. Se dan además en distintas escalas y en distintos grados de intensidad. En todo orden hay una cierta dosis de crisis y en toda crisis una cierta dosis de orden.

Además es importante insistir en que los dos ámbitos —sagrado y profano, crisis y orden, guerra y paz— son complementarios. El uno no puede darse sin el otro. Son dos caras de la misma moneda. Y lo que es fundamental es comprender que lo sagrado, la crisis, la guerra, la ilegalidad, la impunidad, etc., es el ámbito dominante, la palanca que mueve todo el sistema. La anomalía es la que conforma el paradigma, la excepción instaura la regla. Esto es lo que suele faltar, en ocasiones de manera intencionada, en las teorías dominantes.

De manera que tanto el plano social como el plano mercantil lo son en la medida en que en ellos opera la MHS, y de esta manera son zoés culturales, seres vivos cohesionados por la energía que los atraviesa. O dicho de otra manera, el sistema social y el mercantil son cuerpos colectivos con almas encarnadas que dependen de la mecánica ritual de creación y destrucción, de conjunción y disyunción, de transgresión y prohibición, etc. Son zoés culturales relativamente inmortales con respecto a los bíoi y a las mercancías mortales, que se alimentan de la muerte de los bíoi y las mercancías y que crean nuevos bíoi y mercancías. El fetichismo de la mercancía es el fenómeno que se corresponde con la vida de las personas, el signo de que las mercancías están vivas, de que están encarnadas por un valor de cambio.

Además de estos dos planos, social y mercantil, la máquina toroidal hollycapitalista cuenta con un plano financiero desencarnado. Se trata de un plano exclusivamente trascendente, por oposición a los planos social y mercantil, que son planos inmanentes y trascendentes al mismo tiempo. Esto es, el plano social inmanente coincide con un plano social trascendente encarnado en él, que podemos llamar el valor moral. De la misma manera el plano mercantil inmanente coincide con un plano mercantil trascendente, que podemos llamar el valor mercantil o el valor de cambio. En cuanto a este tercer plano financiero exclusivamente trascendente, desencarnado, se trata también de valor de cambio, pero puramente espiritual. Es el dinero fiduciario, una pura ficción, una entelequia, que no tiene valor más que en la medida en que todo el sistema está cohesionado, lo que como veremos implica la actividad excesivamente gozosa y violenta, ilegal, impune, que se da en los ámbitos sagrados.

La estrategia de transformación social y mercantil en su conjunto pasa, como hemos visto, por coordinar los rituales de creación y destrucción de bíoi y de mercancías, y con ello transformar la reproducción de las correspondientes zoé social y zoé cultural. Según se intensifique el ritual de creación o el de destrucción, según se haga más en el plano social o en el mercantil, la zoé social y la mercantil tendrán más peso relativo, y de esta manera arrastrarán a la otra. En otras palabras, la MHS puede actúar más en el plano social o en el mercantil, más en la dimensión creadora o en la destructora, y con ello dar a un plano o a otro mayor dominio.

En lo que hay que insistir es en la dimensión energética. Lo que hace la MHS es, como decíamos, cargar energéticamente los cuerpos social y mercantil y con ello controlar los intercambios, no solo energéticos sino también materiales. Hemos dicho que la estrategia fundamental de la máquina es, a través de la producción de flujos de energía, controlar los flujos de materia. Pero esto es así solo en el ámbito profano. No sería posible si en el ámbito sagrado no se produjesen goce y violencia reales, intercambios transgresores de materia y energía.

Esta es la clave para entender cómo opera la MHS. El orden no se sostendría sin la crisis, la paz sin la guerra, la legalidad sin la ilegalidad y la impunidad, el estado de derecho sin el estado de excepción. La zoé social está cohesionada por el deseo y la amenaza, pero estos no podrían contenerse si no fuese por la producción ritual excesiva de goce y de violencia. De la misma manera la zoé mercantil no estaría cohesionada si no fuese porque la MHS produce un excedente, y a partir de él, una carencia cultural. La creación de valor no sería posible sin la destrucción de tejido mercantil y de tejido social. En última instancia ambos planos, el social y el mercantil, operan según la misma lógica, que es la de la conjunción material y energética transgresora en el ámbito sagrado y la disyunción material en el ámbito profano, pero que sigue siendo una zoé cohesionada en la medida en que el ámbito sagrado produce un diferencial energético y material que tensa todo el sistema.

En este sentido hay que interpretar nuestro esquema toroidal-vorticial. Los distintos planos toroidales que hemos dibujado son más o menos envolventes en la medida en que están más cargados material pero sobre todo energéticamente. No la hemos dibujado pero en el centro del toroide estaría la naturaleza, que es también una máquina toroidal-vorticial, en la que el vórtice sacrificial es simplemente un vórtice de muerte y el vórtice hierogámico un vórtice de nacimiento. Es decir, vórtices no rituales. Sobre esta máquina natural, que como decimos ya es toroidal-vorticial, se monta la MHS, que lo único que hace es activar los vórtices más o menos, recubrirlos con rituales que enmascaran lo que sucede bajo ellos, que ponen en escena ficciones que ocultan la obscenidad real.

De esta manera la máquina cultural se carga material, pero sobre todo energéticamente, pero teniendo en cuenta que esta materia y esta energía las toma de la máquina natural, que la energía cultural no es más que energía natural desviada desde la máquina natural a la cultural, sea en el plano social o en el mercantil. En este sentido, al dibujar los planos toroidales social, mercantil y financiero, envolviendo la máquina natural que está implícita en el centro, lo que estamos significando es esta transferencia material, pero sobre todo, insistimos, energética. Es también, en este sentido, artificial, espiritual.

En otras palabras, las zoés culturales pueden elevarse por encima de la zoé natural en el ámbito profano, pero solo en la medida en que se hundan por debajo de ella en el ámbito sagrado. Solo se produce el ascenso si también se produce el descenso, la anábasis si se da la catábasis, la anarsis si se da la catarsis, la trascendencia si se da un exceso de inmanencia, la espiritualidad si se da un exceso de animalidad. Esto es lo que significan los distintos planos vorticiales, que se envuelven unos a otros, y los vórtices que se hunden en la máquina natural. Solo es posible la disyunción en el ámbito profano si se da la conjunción en el sagrado. Pero a su vez la encarnación del alma de las zoés culturales que se da en el ámbito profano solo es posible si esta se separa mediante el sacrificio y la destrucción material que se produce en el ámbito sagrado. 

La clave del control del conjunto del sistema consiste por lo tanto en el control de estos vórtices, en su profundidad, en la medida en que en ellos la cultura se alimenta de la naturaleza. La clave está en cómo estos excesos naturales materiales y energéticos permiten inflar los distintos planos toroidales. En este sentido la noción de burbuja tiene mucho sentido, pero siempre que comprendamos que lo que hincha la burbuja, por más trascendente que pueda parecer, procede siempre de un exceso de inmanencia. La clave del control del sistema está en estas compensaciones entre lo inmanente y lo trascendente, lo sagrado y lo profano, la transgresión y la prohibición, etc. En cómo jugar con unos y otros planos toroidales de manera que los que están más cargados material pero sobre todo energéticamente, lo que en última instancia es carga libidinoso-agresiva, aquellos en los que opera predominantemente la MHS, arrastren al resto. El sistema es una inmensa máquina libidinoso-agresiva, ritual, mágica, religiosa.

Así, el régimen capitalista se caracterizó, en términos generales, por que la MHS operaba sobre el plano mercantil, esto es, ponía el énfasis en la reproducción mercantil más que en la reproducción social, de manera que la primera arrastraba a la segunda. El régimen hollycapitalista, por el contrario, tiende a poner el acento en la reproducción social, que en definitiva es lo que pretende transformar. Y es que el objetivo último del sistema mercantil no es el beneficio sino el control social a través de las mercancías y sus intercambios, la transformación de las personas en mercancías y de las relaciones personales en intercambios mercantiles. Pues la zoé mercantil no tiene sentido si no está alimentada de la energía social. Las mercancías y sus intercambios no son más que el vehículo, la forma de la transformación social, e irán perdiendo su importancia en la misma medida en que vayan cumpliendo su cometido, que es transformar a las personas en mercancías, o para ser más precisos, en ganado al servicio de una minoría, poco importa si humana o no. Esto es lo que está implícito en las transformaciones que estamos viviendo hoy, en la ecología, en la sostenibilidad, en la austeridad, en la desindustrialización, que se están vendiendo como progresistas cuando son simplemente estrategias para la transformación de los seres humanos en ganado.

En cuanto al plano financiero desencarnado que envuelve todo el toroide, en rigor este se correspondería con el plano de las mercancías, en la medida en que se trata en general de capital financiero, de mercancías inmateriales. Pero lo cierto es que, al ser el plano dominante en el hollycapitalismo, al arrastrar tras de sí, como hemos visto, a las mercancías y a las personas, afecta tanto a unas como a otras. Se corresponde así tanto con el valor de cambio que encarnan las mercancías como con el valor moral que encarnan las personas. El valor de cambio que es en definitiva este plano financiero arrastra a las mercancías, las desustancializa, las transforma en algo cada vez más vacío de valor real, de naturaleza, de sentido. Y a la vez arrastra el valor moral de las personas hacia la amoralidad en la que todo se valora según el poder de compra. Amoralidad vinculada directamente con la inmoralidad que rige en los ámbitos sagrados y que supone que el valor fundamental de todo el sistema hollycapitalista sea la hipocresía.

En el caso del plano financiero, el proceso de creación consiste en la de dinero fiduciario a través de los bancos centrales y el sistema de reserva fraccionaria, así como en la ingeniería y la especulación financiera asociadas. En cuanto al proceso de destrucción, está se da en forma de destrucción del sistema social y mercantil.

En rigor los procesos de creación y destrucción que se dan en el ámbito sagrado no pueden distinguirse para los distintos planos toroidales, pues como hemos dicho lo que caracteriza precisamente a los vórtices es que en ellos se da la conjunción de estos planos. La creación y la destrucción son, en términos generales, al mismo tiempo de lo social, de lo mercantil y de lo financiero. Esta es la clave para entender el sistema. En los vórtices se conjugan estos planos de manera que la destrucción de unos hace posible la creación de otros. En general lo que se da en el hollycapitalismo es que la creación de dinero fiduciario que alimenta el plano financiero se alimenta a su vez, en el eje del toroide, de la destrucción de los planos social y mercantil. Cuanto más dinero circula en este nivel financiero, espiritual, desencarnado, más violencia, más perversión, más guerra, más terrorismo, más crisis fabricadas.

Aquí vemos por qué tiene sentido modelizar el régimen hollycapitalista como un toroide vorticial. Porque los distintos planos toroidales que están separados en los ámbitos profanos se juntan en los vórtices y se alimentan unos a otros material y energéticamente en el centro del toroide. Se trata en última instancia de una forma de alquimia en la que las claves para entender cómo se relacionan unos y otros planos, las personas, las mercancías y las finanzas, son las nociones de transmutación, de solve y coagula, de coincidencia de los opuestos, etc.

De ahí que sea tan importante comprender el sistema en su doble dimensión: sagrado-profano, crisis-orden, transgresión-prohibición, ilegalidad-legalidad, etc. De ahí que este saber esotérico sea excluido intencionadamente de las instituciones oficiales de manera que no se comprenda el sistema más que de forma instrumental y siempre supeditada a la mecánica HS que dominan las sociedades secretas.

Si los planos social y mercantil pueden distinguirse en el ámbito profano es porque en el ámbito sagrado se funden, se alimentan el uno al otro. De hecho, si hemos dibujado el plano mercantil envolviendo al social es precisamente porque el segundo está permanentemente alimentando al primero, porque las personas están siendo permentemente mercantilizadas, porque en los ámbitos sagrados las personas son tratadas como mercancías.

En suma, en lo ámbitos profanos los distintos planos están separados, en la medida en que rige una cierta legalidad, que hace posible hablar, aunque sea de manera muy superficial, de estado de derecho. Pero esto es posible, como venimos diciendo, porque en los ámbitos sagrados rige la ilegalidad y la impunidad, lo que hemos designado en nuestro esquema como agencias de inteligencia, pero que también se corresponde con el denominado estado profundo. Esta actividad ilegal, impune, secreta, de los estados profundos se inscribe a su vez en una estructura global que hemos representado con el caduceo de Hermes en el centro del toroide, que se puede adscribir a sociedades secretas que operan más allá del bien y del mal, con un alto grado de esoterismo, caracterizadas por el dominio de la MHS, a distintos niveles.

Como venimos diciendo, el ámbito sagrado oscila entre la función hierogámica y la sacrificial, esto es, entre la creación y la destrucción. De ahí que, desde un punto de vista topológico, lo hayamos dividido en dos vórtices, en los polos superior e inferior del toroide, pero que necesariamente se unen en su centro, en la medida en que la destrucción y la creación son dos partes de un mismo proceso. Esta es la clave para comprender las religiones de misterios, que hoy siguen operativas como mecanismos de dominación global, que consisten de hecho en el control de la MHS.

Los rituales HS que hemos descrito, de carácter público, mediático, hollywoodense, se complementan con otros rituales también HS pero secretos, exclusivos para iniciados, practicados por las sociedades secretas que controlan el sistema. Son los que se suelen denominar rituales satánicos. Estos rituales de tipo micro son imprescindibles en la medida en que son la otra cara de la moneda de los rituales de tipo macro. Los rituales micro son la clave de bóveda de todo el sistema, en la medida en que permiten seleccionar, adoctrinar, controlar, comprometer, etc., a los ejecutores de los rituales macro, que son en definitiva los que controlan el mundo. Entre los rituales micro y los rituales macro, naturalmente también en el ámbito sagrado, se dan toda una serie de actividades que también suelen tener una componente ritual, y que van de los programas de control mental de las agencias de inteligencia a toda la serie de tráficos ilegales en los que la distinción entre personas y mercancías desaparece.

Con carácter general podemos decir que la dimensión sagrada creativa corresponde a Hollywood y la destructiva a la guerra. Pero hay que recordar que esto no es más que un esquema topológico. En la práctica el vórtice creativo y el destructivo son el mismo y los mismos agentes que operan en una dimensión suelen hacerlo en el otro. Pues como hemos visto la destrucción alimenta la creación y la creación la destrucción, de la misma manera que las dos serpientes del caduceo hermético se enroscan.

En todo caso hablamos de Hollywood en el sentido más genérico del término, en un sentido similar al "espectáculo" de Guy Debord. Al hablar de Hollywood nos estamos refiriendo a la dimensión hollywoodense que atraviesa todo el régimen hollycapitalista. Lo mismo podemos decir de la guerra, que en el caso del hollycapitalismo debe entenderse sobre todo como guerra encubierta de 4ª y 5ª generación, librada por las élites del sistema contra todos, con relativa independencia de su pertenencia a un Estado o a otro. Guerra que hoy es imposible separar de todo el sistema, de la ciencia y la tecnología, de la medicina, de la farmacia, de los transgénicos, de la geonigeniería, la ingeneria social y la genética, etc. De ahí que la guerra específicamente hollycapitalista sea la guerra no convencional, la de 4ª y 5ª generación, que terminará haciendo innecesarias las guerras convencionales de 1ª, 2ª y 3ª.

Lo que es importante entender es que tanto la dimensión creativa como la destructiva operan en el hollycapitalismo con un alto grado de enmascaramiento, de secretismo. Aunque hemos distinguido claramente entre los ámbitos sagrado y profano con dos líneas negras discontinuas diagonales, lo cierto es que en la práctica esta distinción pasa desapercibida para la mayoría de la ciudadanía, de la misma manera que ocurre con la religiosidad del sistema y en general con su comprensión. Esto lo hemos intentado representar con líneas rojas continuas que en los ámbitos sagrados recubren los vórtices, dando continuidad al toroide. Esto se corresponde con el secretismo que caracteriza a la actividad que se da en los vórtices, que como hemos dicho es la de las agencias de inteligencia, los estados profundos y las sociedades secretas. En otras palabras, en el hollycapitalismo la noción de sagrado prácticamente coincide con la de secreto. Dos términos que de hecho siempre han estado relacionados, y particularmente en las religiones de misterios, que como hemos dicho son antecedentes directos de la manera en que hoy las sociedades secretas controlan la MHS.

De manera que podemos asimilar estas líneas rojas continuas, que de hecho actúan como tapaderas de los vórtices, en el sentido más literal del término, con el espectáculo hollywoodense, incluyendo aquí tanto a la industria del entretenimiento como a los medios de desinformación de masas, tanto a las operaciones psicológicas de las agencias de inteligencia como a las de ingeniería social.

La guerra se corresponde con la destrucción, por razones obvias. Hollywood se corresponde con la creación, porque es sobre todo una ficción creadora de realidad. Pero lo cierto es que tanto Hollywood como la guerra son tanto destructivos como constructivos, en la medida en que la guerra no convencional se acompaña de un poderoso aparato de propaganda, de guerra mediática y psicológica, y Hollywood desempeña una labor destructiva fundamental como requisito para crear una sociedad distópica de ganado cibernético.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/