2016-04-13

Geneagonía del hollycapitalismo



En un momento determinado, durante el eterno retorno de lo mismo, encontramos bíoi y zoés. Ambos son en esencia lo mismo, formas de vida organizada, solo que de distinto orden, estando las zoés compuestas de bíoi. Los bíoi están a su vez compuestos de otros bíoi de menor orden, y por lo tanto son respecto a ellos también zoés. Y lo mismo sucede con las zoés, que son bíoi con respecto a otras zoés de orden mayor. En suma bíos y zoés son nociones relativas que nos interesa usar porque entre ambos se da social.
Cada bíos consiste en una determinada cantidad de materia y de energía organizadas de una determinada manera. La suma de todos los bíoi da como resultado una zoé que integra la materia y la energía de todos los bíoi de los que está compuesta, además de una cierta cantidad de energía que obtiene del exterior y que utiliza para organizarse, para cohesionar los bíoi y la materia que la componen. Esto es posible porque cada zoé intercambia energía con su entorno, energía que absorbe y que desecha, pero de tal manera que absorbe más energía que la que desecha, de manera que puede destinar este diferencial a organizarse y tender a alcanzar grados de organización más complejos. Así, en condiciones favorables, las zoés tienden a crecer, materialmente pero sobre todo energéticamente, en su complejidad organizativa, en la cantidad de energía que integran y contienen.

Fig 01. Crecimiento de la zoé.

En un momento determinado [fig. 01], antes de que existan bíoi y zoés humanas o culturales, encontramos a la ZOÉ A, compuesta de BÍOI. Decíamos que en condiciones favorables la ZOÉ tenderá a crecer en tamaño y al mismo tiempo en nivel de complejidad. Esto puede suceder porque incorpore o porque desarrolle en su interior BÍOI EXCÉNTRICOS (círculos ámbar y rojos) que supongan el desarrollo de la ZOÉ, teniendo en cuenta que los BÍOI NO EXCÉNTRICOS (círculos verdes) no suponen ninguna novedad para la ZOÉ que impulse su transformación. Al hablar de excentricidad, en nuestro esquema topológico, queremos significar tendencias que desafían el orden, el equilibrio, la armonía de la ZOÉ, y que por lo tanto fomentan una transformación reequilibradora. De estas tendencia excéntricas algunas fracasarán (círculos rojos), pero otras tendrán éxito (círculos ámbar) y darán como resultdo la transformación de la ZOÉ A en la ZOÉ B y esta en la ZOÉ C, y así sucesivamente.
Suponemos que alrededor de estas ZOÉS A, B y C hay otros bíoi y otras zoés con los que a su vez se producen intercambios, uniones, expulsiones, confrontaciones, etc., que también contribuyen a transformarlas, pero en todo caso no afectan a la tendencia de las ZOÉS A, B y C a crecer, a incrementar su nivel de complejidad y de energía.
Hemos de aclarar que en nuestra topología la extensión no equivale solo al tamaño, a la cantidad de materia, sino también al grado de organización, a la cantidad de energía. Que la ZOÉ A crezca y se transforme en una ZOÉ B y en una ZOÉ C y así sucesivamente significa que esta zoé se desarrolla, es cada vez más compleja, integra y contiene cada vez más bíoi, más materia y más energía.
Además, como decíamos, la forma esférica significa en nuestra topología una forma óptima, armoniosa, equilibrada. Al hablar de BÍOI EXCÉNTRICOS nos referimos a formas de vida —poco importa si integran la zoé, si se han unido a ella, si la comprometen desde el exterior, etc.— que alteran este equilibrio, esta armonía. Pero que al mismo tiempo son una oportunidad para una transformación de la zoé. La paradoja es que lo que hace que la zoé se transforme es esta actividad excéntrica, que en la mayoría de los casos está destinada a fracasar. Actividad que es derrochadora, caprichosa, azarosa, excesiva, transgresora. Y que solo terminará contribuyendo a transformar a la zoé en la medida en que se alcance un nuevo estadio de optimización, de equilibrio, de armonía, un reequilibrio con respecto al desequilibrio que causaron los BÍOI EXCÉNTRICOS. Como dice el refrán, "lo que no mata, engorda".
Con el tiempo se van desarrollando zoés de distinto tipo, con grados de organización cada vez más complejos, esto es, con mayor capacidad de contener materia y energía, de absorber más materia y energía de la que desechan, y emplear esta materia, pero sobre todo esta energía, en su organización, en la cohesión de su materia. Dicho con otras palabras, aunque las zoés más desarrolladas van siendo también más grandes, van absorbiendo más materia, la cantidad de energía que absorben es proporcionalmente mayor. Y la energía es el factor determinante en la medida en que es la clave de la organización de la materia, la que da lugar a formas de vida cada vez más complejas, más aptas para sobrevivir con relación a formas de vida menos complejas.
Las formas de vida menos complejas componen las formas de vida más complejas. Las zoés más complejas desde el punto de vista organizativo o energético engloban a zoés menos complejas, según el esquema topológico anterior, en el que el tamaño de las zoés se corresponde con esta mayor complejidad y mayor empleo y contención de energía. Hay por lo tanto zoés más complejas que se componen de zoés y de bíoi menos complejos, y que están rodeadas a su vez de bíoi y de zoés menos complejos. Es decir, el que una zoé más compleja integre otras zoés y bíoi menos complejos supone que las primeras han sido capaces de absorber a las segundas y de confrontar o convivir con ellas exitosamente. Esto significa que el grado de complejidad es también el grado de capacidad de supervivencia de unos bíoi o zoés con respecto a otros. Lo que en definitiva es una de las formas principales como la zoé superior absorbe materia y energía para aumentar su tamaño y su grado de organización. El grado de complejidad y de organización es, por lo tanto, al mismo tiempo, superioridad de unos bíoi o zoés con respecto a otros en la lucha por la supervivencia.
Fig. 02. Excentricidad de los bíoi en la zoé natural.

Hasta ahora estamos hablando de bíoi y de zoés naturales, no humanas. Pensemos ahora en el BÍOS y en la correspondiente ZOÉ más desarrollada de todos ellos, todavía naturales pero a punto de convertirse en culturales, es decir, en humanos [fig. 02]. Seguimos en la lógica de la excentricidad que hemos planteado. No importa si se trata de otras zoés, de bíoi externos o internos. Lo que importa es que esta ZOÉ otra vez se ve desequilibrada por BÍOI EXCÉNTRICOS (círculos ámbar), que desafían su orden, su armonía, su equilibrio. Entonces estos BÍOI EXCÉNTRICOS son rechazados o expulsados de la ZOÉ, que no tienen más remedio que alejarse e intentar conformar o internarse en otras ZOÉS.
Pero esto sucede sin que estos BÍOI EXCÉNTRICOS sean asesinados por los BÍOI NO EXCÉNTRICOS. En la medida en que se da un equilibrio entre la violencia de unos y de otros, de manera que esta violencia no le compensa a ninguna de las partes. Los BÍOI EXCÉNTRICOS son rechazados, expulsados, pero no asesinados. Esta es una de las claves, como veremos, para entender la diferencia entre una zoé natural o animal y una zoé cultural o humana.

Fig. 03. Excentricidad de los bíoi en la zoé cultural.

Consideremos ahora [fig. 03] que esta ZOÉ animal o natural pasa a ser humana o cultural. La clave de esta transformación está en que estos bíoi excéntricos, que desequilibran a la ZOÉ, no son simplemente rechazados sino que son violados, asesinados e ingeridos por los bíoi no excéntricos. Y lo hacen precisamente para significar, para subrayar, para enfatizar, su excentricidad, su exceso, su transgresión, tanto en lo erótico como en lo agresivo, que en última instancia coinciden. En este momento, que coincide con la transformación de los bíoi y la zoé en humanos, en culturales, surge la distinción entre BÍOI SAGRADOS, que son justamente estos bíoi excéntricos, y BÍOI PROFANOS, que son los bíoi no excéntricos. El exceso de goce y de violencia se convierte en el origen de la cultura. Pero con un matiz importante. Es un exceso de goce y de violencia del conjunto de la zoé, es decir social, y se hace de cara a conjurar que vuelva a suceder.
En general, lo que ocurre es que los BÍOI SAGRADOS femeninos son violados por los BÍOI PROFANOS masculinos. Pero en circunstancias particulares también puede suceder que los BÍOI SAGRADOS masculinos sean violados por los BÍOI PROFANOS femeninos. En cuanto al asesinato y a la ingesta antropofágica, estos pueden ser tanto de BÍOI SAGRADOS masculinos como femeninos, y por lo tanto sumarse a la violación. Además, a los BÍOI SAGRADOS masculino y femenino hay que sumar otro tipo de BÍOI SAGRADOS niños, también considerados excéntricos en la medida en que nacen al margen del ámbito profano o han sido engendrados por BÍOI SAGRADOS, y que son una vez más violados, asesinados y/o ingeridos.
En todo caso hay que subrayar que estos actos no son gratuitos ni generalizados. Son excepcionales, surgen en situaciones críticas, pero sirven paradójicamente para instaurar las correspondientes prohibiciones que han de regir en las situaciones normales. Es decir, junto a la distinción entre bíoi sagrados y bíoi profanos surge la de crisis y orden, o ámbito sagrado y ámbito profano, que pueden distribuirse tanto en lo espacial como en lo temporal, y en torno a la que se establecen otras distinciones tales como transgresión y prohibición, impureza y pureza, culpa e inocencia, mal y bien, cuerpo y alma, inmanencia y trascendencia, etc.

Fig. 04. Régimen primitivo.

Con el tiempo estos tres fenómenos —violación, asesinato-antropofagia y nacimiento sagrados— van restringiéndose y conformando el ámbito de lo sagrado por oposición al de lo profano, van asociándose y tomando forma como rituales, en la medida en que son complementarios, en que pueden combinarse unos con otros. En efecto, entre estos tres fenómenos hay una complementariedad profunda que hace que terminen conformando un complejo único que denominamos ritual hierogámico-sacrificial. Y que da lugar a constelaciones de bíoi sagrados de tipo trinitario, bien trinidades de tipo femenino-masculino-femenino o masculino-femenino-masculino [fig. 04]. Simplificando, podemos decir que este complejo ritual consta de una dimensión destructora o sacrificial y otra creadora o hierogámica, que pueden llegar a fundirse, en la medida en que entre ellas hay una continuidad profunda. Este complejo ritual hierogámico-sacrificial se inscribe a su vez en la alternancia del ámbito sagrado o de crisis y el profano o de orden, conformando la máquina hierogámico-sacrificial (MHS).
Todo esto lo hemos representado en nuestro esquema con dos vórtices que se internan en la masa de una esfera, conformando un toroide. Decíamos que representábamos la zoé natural o no humana como una esfera, para simbolizar su armonía, su equilibrio, su optimidad, material y energéticos. Y que los bíoi excéntricos eran simplemente expulsados de la zoé natural. Pues bien, lo que distingue ahora a la zoé cultural o humana es esta topología toroidal-vorticial, que se corresponde con el exceso de erotismo y de agresividad, de goce y de violencia, que se ejerce o que experimentan los bíoi sagrados. En otras palabras, lo que distingue a lo humano con respecto a lo animal es un salto cualitativo, en la medida en que se ejerce intencionadamente, sádicamente, como estrategia ritual para conjurar estos excesos en el ámbito profano.

Esto supone además, como es lógico, un incremento de tensión energética significativo en toda la zoé, pues evidentemente el ritual que protagonizan los bíoi sagrados está destinado a servir de ejemplo a los bíoi profanos y así regular los flujos de deseo y de amenaza que cohesionan a la zoé. En suma, de la naturaleza a la cultura se produce un salto cualitativo muy importante, y este salto se da precisamente en el grado de energía que contienen las zoés, de manera que pueden conformar estructuras de mayor tamaño, más complejas, más cohesivas, de sus bíoi.
Pero hay otra diferencia fundamental entre la zoé natural y la cultural. Todo lo que venimos diciendo se da a la vez que las nociones de ALMA y ESPÍRITU, por oposición a la de CUERPO, se consolidan, esto es, se vinculan a un referente real y objetivo, al bíos sacrificial. El sacrificio ofrece la constatación de que en los BÍOI SAGRADOS vivos se encarna un espíritu (E.), que se puede distinguir claramente del cuerpo (C.) en la medida en que coincide con el principio vital y que por lo tanto se separa de él en el acto del sacrificio. Esto ocurre de forma genérica en la muerte natural de los BÍOI PROFANOS, pero en el ritual sacrificial ocurre de una manera mucho más explícita, objetiva, social. De esta manera el ESPÍRITU de los BÍOI SAGRADOS sacrificados se convierte en paradigma del ALMA de los BÍOI PROFANOS (C.+A.). ALMA y ESPÍRITU se establecen por lo tanto con nitidez en el marco del ritual sacrificial, conformando una realidad trascendente que se superpone a la realidad inmanente.

Entre ESPÍRITU y ALMA hay por lo tanto una gran afinidad, una distinción simplemente de grado. El ESPÍRITU es al BÍOS SAGRADO lo que el ALMA es al BÍOS PROFANO. Dicho con otras palabras, ESPÍRITU y ALMA son energías que se encarnan en los CUERPOS, en la materia; el ALMA en el CUERPO de los BÍOI PROFANOS y el ESPÍRITU en el CUERPO de los BÍOI SAGRADOS. Pero al mismo tiempo, precisamente por ser bíoi sagrados, el ESPÍRITU se encarna en el cuerpo y en la materia de la zoé cultural. Esta constatación de la realidad del ESPÍRITU y del ALMA trascendentes se da en paralelo a su encarnación en el marco del resto de rituales que conforman el complejo hierogámico-sacrificial, esto es, junto con el sacrificio, el banquete sacrificial, la hierogamia y el nacimiento sagrado.
Los BÍOI SAGRADOS aparecen por lo tanto desde un principios definidos por una doble dimensión, inmanente (círculo rojo relleno, C.) y trascendente (círculo rojo vacío, E.). Pero al mismo tiempo, sobre todo la dimensión trascendente, el ESPÍRITU, se encarna en la ZOÉ. De ahí que la hayamos representado como un toroide vorticial que envuelve al toroide vorticial corporal o inmanente. Pero que también da continuidad a la esfera sobre los vórtices, con lo que queremos significar que el ESPÍRITU, en estado desencarnado, es un plano trascendente que se superpone al plano inmanente. Inmanencia y trascendencia son dos caras de la misma moneda. No tienen sentido la una sin la otra. Se relacionan en el marco de la MHS. En este sentido decimos que el exceso de inmanencia produce la trascendencia. La esfera de ESPÍRITU o trascendencia que hemos dibujado por encima de los vórtices, es, insistimos, espíritu desencarnado, pero que tarde o temprano tendrá que encarnarse en la inmanencia, de la misma manera que ha surgido de ella. En otras palabras, lo que distingue al ALMA del ESPÍRITU es también que su régimen de disyunción y conjunción con el CUERPO o la MATERIA es de distinto orden, de distinta escala.
Con este toroide vorticial y esta esfera trascendentes, que envuelven el toroide vorticial inmanente, también queremos significar que la MHS, es decir, la zoé cultural, supone un salto cualitativo con respecto a la zoé natural en lo que a su contención energética se refiere. Seguimos en la misma lógica topológica con la que hemos comenzado, según la cual representamos el incremento del nivel energético o el grado de complejidad con formas espaciales mayores. El toroide vorticial y la esfera trascendente suponen un incremento energético significativo con respecto al toroide vorticial inmanente.
Pero insistimos en que hay una correspondencia entre el exceso de inmanencia, esto es, entre la transgresión, el goce y la violencia excesivos, que se ejercen contra o por los BÍOI SAGRADOS, en los ámbitos sagrados, y que hemos representado como vórtices excavados en la esfera, y el incremento energético y del grado de complejidad de la zoé, en forma de trascendencia anímica y espiritual.
Por último, hemos de hacer notar que además de los BÍOI PROFANOS (círculo verde) y de los BÍOI SAGRADOS (círculos rojos, relleno y vacío), hemos dibujado un tipo intermedio (círculo ámbar), que representa la transformación de los BÍOI PROFANOS en BÍOI SAGRADOS, en la medida en que se internan en el ámbito sagrado, transgrediendo las prohibiciones. Con ello queremos significar sobre todo que consideramos los BÍOI SAGRADOS, y con ello el alma, el espíritu y en general la trascendencia, como productos de la MHS.

Fig. 05. Régimen tradicional precapitalista.

A partir de todo lo que venimos diciendo planteamos el régimen tradicional precapitalista [fig. 05]. En él la mecánica hierogámico-sacrificial anterior es la misma en lo esencial, con una distinción neta entre el ámbito sagrado y el profano, que afecta a los distintos planos de la realidad. Estos planos son una vez más de hecho toroides vorticiales que se envuelven unos a otros según el criterio señalado, con los más inmanentes al interior y los más trascendentes al exterior. Pero sin perder de vista que inmanencia y trascendencia son dos caras de la misma moneda, que ambas se funden en el centro del toroide.
Así, una organización genérica de la sociedad tradicional distingue entre COSAS, ANIMALES y PERSONAS en el ámbito de lo profano, que a su vez se corresponden, en el ámbito sagrado, con MONUMENTOS, RELIQUIAS, REYES, etc. Pero no hay que olvidar que esta correspondencia no es más que aproximada, en la medida en que la verdadera esencia del ámbito crítico o sagrado es la conjunción de estos planos y articular transferencias y sustituciones desde unos planos a otros. Por encima de estos planos inmanentes tenemos un plano trascendente, en este caso representado por categorías tales como la MORAL, la LEY, el LENGUAJE, etc., en el ámbito profano y los DIOSES en el sagrado. Una vez más hay que poner en cuestión la independencia de estas categorías trascendentes, que en última instancia no tienen sentido más que encarnadas en la inmanencia, esto es, en el cuerpo social real, en las personas, los animales, las cosas, etc. Pero si dibujamos este toroide y esta esfera por encima de los planos inmanentes es, otra vez, porque en este régimen tradicional estas categorías están particularmente cargadas de energía, de manera que ejercen un gran poder sobre el cuerpo social en su conjunto.
Lo que es importante subrayar es que entre el ámbito profano y el sagrado hay una distinción fundamental, en el sentido en el que hemos señalado. Entre ambos hay una suerte de frontera que no puede ser cruzada impunemente, que diferencia la prohibición de la transgresión, el deseo del goce, la amenaza de la violencia. Y sin embargo cada uno de los toroides son continuos entre el ámbito profano y el sagrado, solo que cambiando justamente en esta línea de la forma esférica a la vorticial. También en esta frontera entre lo profano y lo sagrado unos toroides se intersecan con otros, lo que se corresponde con sustituciones hierogámico-sacrificiales, que son a su vez transferencias energéticas y simbólicas entre unos toroides y otros.

Así, aunque entre el ámbito profano y el sagrado hay una distinción radical, hay continuidad en estos planos, con lo que queremos significar la necesaria complementariedad de las superficies que están a un lado y a otro de la frontera, que el exceso de inmanencia que se produce en el ámbito sagrado es uno de los principales mecanismos por los que todo el sistema se carga, incluyendo en esto la producción de trascendencia y su encarnación en la inmanencia.
Pero además hay que señalar otra diferencia fundamental entre lo profano y lo sagrado. El ámbito profano es el de la disyunción, el de la separación, mientras que el sagrado es el de la conjunción, el de la unión. Todo ello en el marco de una dinámica cíclica, de creación y destrucción, de regeneración de todos los planos de la realidad, de reequilibrio de los desequilibrios. En su momento hemos dicho que el complejo ritual fundamental es hierogámico-sacrificial, y así podemos distinguir entre un ámbito SAGRADO HIEROGÁMICO y otro SAGRADO SACRIFICIAL, que también podemos denominar sagrado creativo y sagrado destructivo. Lo que es importante comprender es que todos los planos de la realidad participan de esta mecánica, que es también la de la alternancia de la disyunción y la conjunción. En lo sagrado se produce por lo tanto la conjunción de todos estos planos o toroides vorticiales, de manera que la distinción entre ellos no es posible, como decíamos, como en el ámbito profano. De nuevo hay que insistir en que estas conjunciones suponen la profunda vinculación de lo que hemos denominado exceso de inmanencia, es decir, transgresión, goce y violencia excesivos, con la trascendencia. Y esto a pesar de que, en determinadas circunstancias, la esfera trascendente puede darse de manera desencarnada por encima de esta mecánica. Pero esto es solo relativo, un índice de que estamos en una fase intermedia del proceso total, en la fase de disyunción, y en algún momento habrá de producirse la conjunción.
En todo caso hay que aclarar que estamos modelizando un ámbito SAGRADO HIEROGÁMICO y otro SAGRADO SACRIFICIAL en un sentido topológico, en la medida en que el primero es de creación y el segundo de destrucción, el primero genera materia y el segundo la absorbe, el primero atrae y el segundo repele, etc. Pero en la práctica encontraremos rituales, bíoi, símbolos, etc., que participan en ambas dinámicas creativa y destructiva al mismo tiempo o alternan entre ellas. Además, estas dinámicas alternativas se pueden dar entre los distintos toroides, de manera que unos sufren la destrucción y otros la creación.

Fig. 06. Régimen capitalista.

En el régimen capitalista [fig. 06] los dos planos inmanentes fundamentales de la realidad pasan a ser las personas y las mercancías. Hemos representado el toroide vorticial de las PERSONAS y el de las MERCANCÍAS de tal manera que en el ámbito profano las PERSONAS quedan por encima de las MERCANCÍAS y en el ámbito sagrado las MERCANCÍAS por encima de las PERSONAS, y hemos subrayado esta distinción con tramas verdes y rojas. Nuestra intención es representar lo que consideramos la clave del régimen de dominación capitalista, que las MERCANCÍAS y sus intercambios tienden a dominar a las PERSONAS y sus relaciones. O dicho con otras palabras, una minoría de personas domina a una mayoría con la intermediación de las mercancías y sus intercambios. Esta distinción entre dominar o ser dominado se da, en términos generales, en el marco de la distinción entre profano-sagrado, prohibición-transgresión, ahora en forma de metrópolis-colonias, centros-periferias, Estado de derecho-dictadura, etc.

Pero como hemos dicho la intersección de los planos en las fronteras entre lo profano y lo sagrado son también articulaciones para transferencias y oportunidades para sustituciones hierogámico-sacrificiales. Lo queremos decir es que, en el régimen capitalista, se da una suerte de retorno a los sacrificios humanos, pero ahora de manera implícita, no ceremonial, a través de los mecanismos del mercado. Es decir, en el ámbito en el que, en los régimenes primitivos o tradiciones se producía el sacrificio o la destrucción de cosas, el capitalismo renuncia a este sacrificio y lo sustituye por el de personas. La crisis de sobreproducción no se resuelve sacrificando mercancías, como propuso lúcidamente Georges Bataille, sino librando guerras y sacrificando en ellas personas. Esta es una de las claves para entender el capitalismo como régimen hierogámico-sacrificial, y es lo que hemos significado con las tramas rojas.
Seguimos utilizando esta estructura religiosa a pesar de que en el capitalismo tiene lugar una PROFANIZACIÓN muy marcada de lo sagrado, esto es, una secularización generalizada. La distinción entre lo profano y lo sagrado, que como hemos visto se corresponde fundamentalmente con la de la prohibición y la transgresión, el deseo y el goce, la amenaza y la violencia, sigue dándose en el capitalismo pero ahora sobre todo en forma de mercantilización de las personas. Aunque no sea con la intensidad y la distinción de otros tiempos.
Lo cierto es que esta mercantilización de las personas es un fenómeno ancestral, que encontramos ya en regímenes primitivos y tradicionales en forma de esclavitud, de prostitución, de apropiación patriarcal de mujeres e hijos, formas que remiten todas a rituales sagrados. El caso de la prostitución sagrada es el más evidente, como lo es su profanización progresiva hasta llegar a la prostitución comercial que hoy conocemos. Y sin embargo en las altas esferas y en los programas de inteligencia siguen perviviendo formas de prositución que se acercan más a la modalidad sagrada que a la profana. En suma, esclavitud, prostitución, patriarcado, son formas de acumulación fundamentales en el capitalismo. Son también formas de mercantilización de las personas, que sufren un proceso de profanización progresivo a lo largo de la historia, que se intensifica en el capitalismo, hasta el punto en que lo sagrado como tal tiende a desaparecer. Pero de hecho estas formas de acumulación ofrecen los paradigmas de lo que constituye la religiosidad capitalista fundamental, el autosacrificio y la carga libidinoso-agresiva del mercado y del dinero que esto supone. Y no hay que olvidar que, en última instancia, esta carga libidinoso-agresiva de las mercancías y del dinero, que podemos llamar también fetichismo, remite al sacrificio de las personas por la maquinaria mercantil, del que hemos hablado antes. De manera que lo sagrado como tal tiende a desaparecer, pero no la religiosidad. Es lo que hemos querido representar con líneas rojas que recubren los vórtices sagrados y ocultan lo sagrado bajo ellas.
En cuanto al plano trascendente que engloba a los planos inmanentes, todo el conjunto de instituciones que conformaban la sociedad tradicional precapitalista, como son la moral, la ley, el lenguaje, la ciencia, el Estado, etc., tienden a quedar supeditados en el capitalismo al VALOR DE CAMBIO, como categoría trascendente fundamental. VALOR DE CAMBIO que, como decíamos, está cargado energéticamente, de manera que arrastra al resto de planos hacia sí, transformando los valores morales tradicionales en valores puramente económicos, transformando la moral tradicional en amoral capitalista. De nuevo dibujamos esta esfera trascendente envolviendo todo el sistema, ocupando el lugar de dios en las sociedades religiosas explícitas. El capitalismo es por lo tanto una suerte de religión implícita, no declarada, en la que no se puede identificar con nitidez la divinidad, porque esta lo atraviesa todo, sea que la llamemos dinero, valor de cambio o equivalencia general. Y que, como todas la divinidades, reclama sus sacrificios y sus hierogamias.

De manera que en el capitalismo los rituales hierogámico-sacrificiales tienden a quedar ocultos, en la medida en que el sistema es cada vez más global y tiende a no ser comprendido por la mayoría, que en todo caso siguen participando en ellos inconscientemente. En lugar de las hierogamias y los sacrificios explícitos podemos hablar ahora de un ámbito destructivo y otro creativo, que regeneran todo el sistema, en el que vuelven a conjugarse los distintos toroides vorticiales. Pero como decíamos, en la práctica estos vórtices tienden a confundirse. En todo caso podemos decir que el proceso destructivo fundamental es la crisis y la guerra, que hace posible la destrucción del capital obsoleto o rival, y con ello la apropiación de la riqueza y la acumulación. En cuanto al proceso creativo fundamental, este es el de la plusvalía, como resultado de la producción capitalista, que en este régimen tiende a estar encarnada en el dinero metálico.
Fig. 07. Régimen hollycapitalista.

En el régimen hollycapitalista [fig. 07] los planos de las PERSONAS y las MERCANCÍAS siguen intersecándose de la misma manera que lo hacían en el capitalista, pero ahora a estos hay que añadir un plano de FINANZAS que intensifica esta lógica. Otra vez una minoría de PERSONAS domina a una mayoría, con la intermediación de las MERCANCIAS (materiales) y las FINANZAS (mercancías inmateriales). Todo ello, una vez más, en el marco de estructuras legales e institucionales diferenciales y graduales que hacen posible escalonamientos entre unas áreas y otras, entre la legalidad —prohibición— en los centros y la ilegalidad y la impunidad —transgresión— en las periferias. Y hay que insistir en que esta dominación de las FINANZAS y las MERCANCÍAS sobre las PERSONAS sigue operando según la mecánica hierogámico-sacrificial, en la medida en que las crisis de sobreproducción, de sobrefinanciamiento o de sobreendeudamiento no se resuelven sacrificando los correspondientes mercancías, finanzas o dinero, sino personas.

De nuevo, todo el sistema sigue envuelto por una esfera trascendente de VALOR DE CAMBIO que tiende a arrastrar tras de sí y a degradar el resto de valores morales, tradicionales, sociales, que tiende a transformar relaciones humanas en intercambios mercantiles.
Pero lo que distingue sobre todo al hollycapitalismo del capitalismo es que la mercancía sagrada, el dinero, no surge como consecuencia de la producción, sino como causa, como antecedente de la especulación, no es un excedente sino un déficit, no es tanto ex-post como ex-ante. Esto es, el dinero, la mercancía sagrada hollycapitalista, es sobre todo DINERO FIDUCIARIO, una creación ex nihilo, una forma de milagro.
Pero sabemos que la trascendencia no se puede producir sin un exceso de inmanencia, sin la transgresión, sin un exceso de goce y de violencia. De ahí que la creación de DINERO FIDUCIARIO, que lógicamente hemos situado en el ámbito SAGRADO CREATIVO, venga acompañada sistemáticamente de toda una serie de fenómenos, que podemos agrupar bajo el término de GUERRA DE 4ª Y 5ª GENERACIÓN, que son la otra cara de la moneda, y por ello situamos en el ámbito SAGRADO DESTRUCTIVO.
De manera que lo que se consolida en el hollycapitalismo es una forma específica de manifestación de lo sagrado que hemos denominado SAGRADO HOLLYWOODENSE. Esta sacralidad espectacular, mediática, tiene una dimensión tanto creativa como destructiva, y atraviesa todo el régimen hollycapitalista. Es el caso del terrorismo de bandera falsa, las pandemias de laboratorio, las catástrofes "naturales", la manipulación del clima, los "accidentes" tecnológicos, las revoluciones de colores, las crisis de migración weaponizadas, etc..., de los que la mayor parte son eventos sintéticos fabricados por el propio sistema, de manera que se cierre el ciclo delirante de la creación de dinero fiduciario y este se carge de valor real cobrándose "libras de carne".
En suma, el hollycapitalismo supone un retorno muy marcado de la dimensión religiosa, pero con modalidades de distribución de lo profano y lo sagrado inéditas. Se dan estos grandes eventos hollywoodenses —entendiendo por hollywoodense una característica que lo atraviesa todo en el hollycapitalismo—, que son formas de epifanía de lo sagrado que recuerdan las pestes bíblicas, los contagios míticos, las posesiones de grupo o las destrucciones dionisíacas. Pero también se da una nueva forma de sacralidad, también hollywoodense, en la que lo sagrado aparece diseminado, fragmentado, en millones de pantallas y cámaras, mezclado con lo profano, de una forma también inédita. En cada ordenador, en cada dispositivo tecnológico, un confesionario y un prostíbulo al mismo tiempo, por supuesto individuales, para mayor intimidad con el dios "que todo lo ve".
Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/