2016-05-26

¡Es la economía destructiva, estúpido!


No es la producción, ni el intercambio, ni la ley de la oferta y la demanda, ni la competitividad, ni el salario mínimo, ni la flexibilización cuantitativa... ¡Es la destrucción económica, estúpido!

Para comprender el hollycapitalismo que hoy padecemos es necesario comprender que todo esta vinculado. El sistema es como un enorme toroide formado por numerosas capas, por numerosos toroides, que se envuelven unos a otros como las capas de una cebolla. En el marco de esta topología es como se puede entender cómo todos estos toroides, cómo todas las capas de la realidad se relacionan. A través de estos campos toroidales circulan la materia y la energía, entre ellos se producen los intercambios. Pero la clave está en la materia y la energía que se crean y se destruyen en el centro del toroide. Todo el sistema está en tensión, todos los toroides están comprimidos, inflados, todos ellos están atravesados por energía que los cohesiona, todos ellos se influyen los unos a los otros. Cada capa de la realidad es solo relativamente independiente de las otras. En función del tipo de régimen unos toroides u otros serán dominantes y tendrán un papel más importante con respecto a los otros para dar consistencia al sistema en su conjunto, para gobernarlo. En el régimen tradicional será el toroide social, en el régimen capitalista el toroide mercantil, en el régimen hollycapitalista el toroide financiero, etc (ver gráficos en https://www.youtube.com/watch?v=n7cb3UFHHh8, http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2016/04/geneagonia-del-hollycapitalismo.html, http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2016/04/el-hollycapitalismo-como-maquina.html, http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2016/04/esquema-toroidal-vorticial-de-la-mhs.html).

Hay que poner en cuestión radicalmente la economía dominante, la de las mercancías y los valores de cambio, y reconocer que esta economía no es más que parte de una economía más integral en las que toda la materia y toda la energía del sistema están en permanente proceso de destrucción, regeneración, transmutación, recreación. El sistema es antes una máquina alquímica, mágica, hierogámico-sacrificial, que una máquina de producción y de intercambio. La máquina produce no solo mercancías, materiales e inmateriales, produce también información, conocimiento, propaganda, espectáculo, terror, inseguridad, riesgo, deseo, ansiedad, víctimas, culpabilidad. Todos estos flujos son también producciones equiparables a las mercancías, son también económicos. De hecho son la producciones dominantes en el hollycapitalismo, por oposición al capitalismo, que producía coches y lavadoras. Lo que es importante entender es que hoy el imperio hollycapitalista se las arregla para que otros produzcan coches y lavadoras mientras él produce dinero ficticio, productos financieros tóxicos, discursos dominantes, films distópicos, patentes de transgénicos, sexualidades artificiales, infertilidad, posts virales...

Hay que poner en cuestión radicalmente la noción clásica de producción mercantil y comprender que esta ocupa un lugar pasivo en el conjunto del sistema. Que frente a la producción, lo más determinante es la creación y la destrucción de materia y de energía, entendiendo por creación también la incorporación al sistema de recursos naturales materiales y energéticos. De la misma manera hay que poner en cuestión radicalmente la importancia del intercambio, sea este de flujos materiales o energéticos. El intercambio no cambia gran cosa al nivel del sistema en su conjunto, es solo un cambio de manos de dos mercancías, de dos flujos. Es verdad que el consumo que va ligado al intercambio también puede ser considerado una forma de destrucción, pero no es una destrucción simbólica. Y esto tiene mucha más importancia de lo que los economistas dominantes han reconocido, como Georges Bataille o Jean Baudrillard nos mostraron.

La topología toroidal nos permite comprender de manera integral la mecánica del sistema en su conjunto. El toroide total se divide en un sector esférico o ecuatorial, y un sector doble vorticial o polar. Ambos son las dos caras de la misma moneda, el orden y la crisis, la prohibición y la transgresión, el estado de derecho y el estado de excepción, la paz y la guerra, el deseo y el goce, la amenaza y la violencia, lo profano y lo sagrado. Lo fundamental es entender que estos dos ámbitos, que pueden distribuirse tanto en el espacio como en el tiempo en función de las circunstancias, son dos caras de la misma moneda, dos modos que no pueden existir el uno sin el otro. Como el día y la noche, como el cuerpo y el alma, como el bien y el mal. El orden no puede darse sin la crisis, la prohibición sin la transgresión, la paz sin la guerra, el estado de derecho sin el estado de excepción, lo profano sin lo sagrado. El ámbito esférico del toroide es también el lugar de la disyunción y el ámbito vorticial el de la conjunción. Todas las distinciones que se dan en el ámbito esférico, todas las separaciones de categorías, tanto a nivel conceptual como real, tanto a nivel legal como económico y político, son posibles solo porque en el ámbito vorticial se confunden. Los opuestos lo son, paradójicamente, solo en la medida en que en algún momento o en algún lugar coinciden. Necesitamos más Heráclito y menos Aristóteles.

De estos dos ámbitos, el ámbito esférico representa la economía pasiva o inerte y el vorticial la economía activa o motora. La economía en su conjunto es como un tren, se compone de numerosos vagones en los que viajan pasajeros o mercancías y de una locomotora. La parte más grande, más visible, más patente, son los vagones, pero el tren no podría avanzar si no fuese porque lo arrastra una locomotora. De la misma manera hay una economía pasiva o inerte, que es la mayoritaria, la que más presencia tiene, pero que se estancaría si no fuese porque hay una economía activa o motora que tira de ella.

Pues bien, la economía inerte se corresponde con el ámbito esférico del toroide, con el orden, con la prohibición, con la legalidad, con el estado de derecho, con la paz, con lo profano. La economía motora se corresponde con la transgresión, con la impunidad, con el estado de excepción, con la guerra, con lo sagrado. La producción y el intercambio se sitúan en el ámbito esférico, pero estos no son más, como decíamos, que la transformación de un flujo en otro, que el cambio de manos de dos mercancías, lo que no cambia nada al nivel del conjunto del sistema. Lo que verdaderamente transforma el sistema es la destrucción y la creación de flujos de materia y de energía, de mercancías y de dinero, de moral y de valor, de información y de espectáculo, de ley y de soberanía, de creencia y comportamiento. Todas estas categorías son en última instancia flujos materiales y energéticos y deben ser consideradas también como flujos económicos en el sentido pleno del término. De nuevo, hasta el capitalismo, el sistema podía comprenderse relativamente a partir de los intercambios de mercancías materiales. Pero en el hollycapitalismo los flujos de dinero fiduciario, de información, de conocimiento, de espectáculo, de deseo, de goce, de amenaza y de violencia pasan a jugar un papel predominante, hasta tal punto que podemos hablar de un régimen específico y marcadamente diferente con respecto al capitalismo. Hollycapitalismo, capitalismo religioso y hollywoodense, capitalismo de guerra, de guerra de religión. El mayor de los fundamentalismos hoy, la mayor de las guerras de religión, es la que libra el hollycapitalismo contra todos. El mayor de los enemigos, el mayor de los terroristas, está en casa. Hay que matar al padre.

El sistema funciona porque hay una diferencia de potencial energético y material entre sus polos. Si este diferencial no existe el sistema colapsa, se desintegra, se divide. Esta diferencia de potencial no se crea de manera natural, hay que producirla culturalmente, artificialmente, hay que apropiarse de ella, hay que crearla intencionadamente. Esta diferencia de potencial, material y energética, se da en el centro y en los vórtices del toroide, tensando con ello toda la economía toroidal. Esta es la clave de la economía, este es su motor, esto es lo que la transforma. Destrucción y creación. Caos y orden. Ordo ab Chao.

La clave del funcionamiento del sistema no está por lo tanto en el ámbito esférico sino en el vorticial. La locomotora económica, la diferencia de potencial, no es la producción ni el intercambio de mercancías que tienen lugar en el ámbito de la paz, del estado de derecho, de la legalidad. Lo que mueve el sistema, lo que lo transforma, lo que lo tensa, lo que que crea la diferencia de potencial que lo hace fluir, que lo tensa en un sentido determinado, que hace que los flujos lo atraviesen de un polo al otro, es, insistimos, la destrucción y la creación de flujos materiales y energéticos que tienen lugar en el ámbito de la guerra, del estado de excepción, de la transgresión, de la impunidad, de lo sagrado.

La economía inerte aparenta ser la más importante porque es la más generalizada en los centros del sistema, porque en ella habitan las clases dirigentes, porque así lo presenta el pensamiento dominante y los medios de propaganda. Pero lo cierto es que esta economía inerte no se movería, no se transformaría, no tendría suficiente tensión para cohesionar el sistema, si no fuera por la economía motora. La guerra, la dictadura, el golpe de estado, el estado de excepción, la desestabilización, la revolución de color, la catástrofe natural geoingenierizada, el terrorismo sistémico, el atentado de bandera falsa, la pandemia de laboratorio, la crisis migratoria ingenierizada, el accidente tecnológico provocado, el tráfico de drogas, de armas, de personas, de órganos, la producción espectacular de violencia y de goce, la operación de inteligencia, la investigación científica fraudulenta, el genocidio, el crimen y la traición de estado, mueven el sistema. ¡Es la economía destructiva, estúpido!

La clave por lo tanto para comprender cómo funciona el sistema, especialmente el sistema de hoy en el que todo cada vez está más conectado, es hacerlo de manera integral, como una gran máquina toroidal. Las distintas categorías, los distintos tipos de flujos, no son más que distintas capas de un mismo toroide que interaccionan unas con otras. Estos distintos toroides se pueden distinguir en los ámbitos esféricos del toroide total, pero se confunden, confluyen, en los vorticiales. Lo fundamental es comprender cómo estas distintas categorías se crean y se destruyen, pero sobre todo cómo lo hacen relativamente las unas con respecto de las otras. Los dos vórtices del toroide son simétricos estructuralmente, pero no energéticamente, en la medida en que uno de ellos es un vórtice sacrificial o destructivo y el otro un vórtice hierogámico o creativo. Esto es, los distintos toroides se están destruyendo, están siendo absorbidos por el vórtice sacrificial, y al mismo tiempo se están creando, están siendo empujados o inflados por el vórtice hierogámico. La clave para transformar el sistema, para moverlo, está en el control de la creación y la destrucción relativas de los distintos toroides. Si un toroide es creado en mayor grado que destruido crecerá. Si un toroide es creado en menor grado que destruido decrecerá. Pero este crecimiento y decrecimiento, estas creaciones y destrucciones, no pueden darse si no es a partir de creaciones y destrucciones de otros toroides. Pues en definitiva cualquiera de estos toroides no puede incrementarse o disminuirse con independencia de los demás. De ahí que en última instancia lo más importante sea cómo la destrucción de unos toroides alimenta, material y energéticamente, la creación de otros toroides, y cómo esto transforma la estructura general del sistema. En esto consiste el verdadero poder, en controlar la creación y la destrucción relativas de los distintos toroides y de unos toroides con respecto de otros. De ahí que digamos que la economía motora pertenece al ámbito de la transgresión, de la excepcionalidad, de la impunidad, de la guerra, de la creación sintética de goce y de violencia. La economía motora, y por extensión el conjunto de la economía que se controla y se deriva de ella, se basa en la transmutación y en la alquimia. La fruta prohibida del bien y del mal no es solo una manzana, ¡es una manzana toroidal, estúpido!

Lo que estamos diciendo es que, en última instancia, el sistema es religioso y se controla con un conocimiento oculto y sagrado (secreto), que es el que desde hace milenios atesoran las castas sacerdotales, las religiones de misterios, los alquimistas, y hoy las sociedades secretas masónicas que gobiernan el mundo en la sombra. La secularización del sistema de los últimos tres siglos no es más que una apariencia, pero también parte de esta mecánica de destrucción del toroide tradicional, moral, religioso. La secularización es parte de esta destrucción. El verdadero poder, el que maneja la máquina toroidal, el que se esconde en sus vórtices, entre las bambalinas del teatro de los estados de derecho, las marionetas políticas, mediáticas, científicas, intelectuales, opera de la misma manera que lo han hecho todas las castas sacerdotales de todos los tiempos. Su poder se ejerce fundamentalmente en forma ritual, mágica, cabalística, propiciatoria, alquímica.

De esta manera celebran rituales hierogámicos y sacrificiales a todos los niveles. Rituales de muerte, unión y nacimiento de personas, pero también de humanos y no humanos, de humanos e inteligencia artificial. Rituales de destrucción y de creación de naturaleza, de vegetales, de animales, de objetos, de instituciones, de ideas, de moral, de mercancías, de divisas. Rituales a todos los niveles. Grandes rituales mediáticos, rituales terroristas, rituales pandémicos, rituales apocalípticos, rituales orgiásticos, rituales canibalísticos. Rituales metódicos, científicos, encubiertos, como los proyectos de control mental, rituales esotéricos dirigidos a otras sociedades o a dirigentes, rituales iniciáticos para controlar y comprometer a altos cargos, para ascender en la pirámide. La gran máquina toroidal que es el sistema no la mueve la producción y el intercambio sino la creación y la destrucción, y estas son planeadas, decididas y ejecutadas por sociedades secretas, altos cargos infiltrados en los aparatos de estado, gobiernos en la sombra, estados profundos, aparatos de inteligencia. Todo en el marco del mayor secretismo, la alegalidad, la impunidad y la amoralidad. ¡Es la conspiración, estúpido!

A partir de esta mecánica se puede comprender el sistema de manera integral. En este gran toroide de creación y destrucción hay que inscribir todos los fenómenos que hoy presenciamos para comprenderlos en todo su alcance. La situación en la que nos encontramos responde a un pulso al mayor nivel entre la agenda globalista del Nuevo Orden Mundial que persiguen las élites atlantistas-sionistas, por un lado, y las estructuras de los estados-nación tradicionales, por otro. Particularmente estados-nación relativamente independientes de las redes de poder atlantistas, como son los BRICS. Esto significa que, en estas circunstancias, los pueblos occidentales deben considerar a los BRICS como aliados estratégicos en la lucha contra los planes globalistas occidentales, particularmente de las élites atlantistas-sionistas que gravitan entorno a Washington, Nueva York, Londres, Bruselas y Tel Aviv. Lo que es importante comprender es que cualquier iniciativa que socave las estructuras estatales, tanto por arriba como por abajo, tanto por la derecha como por la izquierda, contribuye de hecho a la agenda globalista. Esta es la clave para desmontar numerosos fenómenos de diverso tipo que hoy presenciamos y que aparentan ser de corte progresista, soberanista, popular, horizontal, radical, humanitario, etc. Este es el talón de Aquiles de las izquierdas de chichinabo que hoy padecemos, atrapadas en la matrix porque no la comprenden o no quieren comprenderla.

La clave de la dominación del sistema, especialmente desde la desvinculación del dólar del oro en 1971 es la creación de un gran toroide de dinero fiduciario, de finanzas, de deuda. De lo que se trata es de que esta burbuja crezca desmesuradamente de manera que arrastre al resto de la economía. Hemos visto que destrucción y creación son dos caras de la misma moneda. Esto significa que si esta gran burbuja financiera puede crecer, si se puede crear dinero ficticio como se está haciendo hasta hoy, es porque otros toroides más reales, más tradicionales, más naturales, se están al mismo tiempo destruyendo. Y entre todos ellos especialmente el estado-nación. Pero también la tradición, la familia, el amor, el sentido común.

En el hollycapitalismo no solo el toroide de dinero fiduciario, de finanzas y de crédito desempeña un papel crucial. También todos los toroides afines, en el sentido en que son también predominantemente inmateriales, espirituales, ficticios, virtuales. Toroides de información, de conocimiento, de investigación, de propaganda, de espectáculo. Hay que insistir en la afinidad de todos estos toroides monetarios, financieros, crediticios, cognitivos, informativos, mediáticos, en su dimensión ficticia, virtual. Hay que subrayar que son toroides espirituales en el peor sentido del término, espíritu desencarnado, no solo separado de la materia sino también destructor de la materia, del cuerpo encarnado. Evidentemente esto tiene connotaciones religiosas muy importantes. La verdadera guerra de religión que hoy se está librando es la de un proyecto desencarnado, artificial, liderado por una élite judeo-protestante que tiende al satanismo y sociedades tradicionales católicas, musulmanas, ortodoxas, hinduistas, budistas, etc.

Se atribuye a Mayer Amschel Rothschild la frase "[d]adme el control de la moneda de un país y no me importará quién haga las leyes". Pero esta frase se puede interpretar también desde nuestra mecánica toroidal. Dadme la posibilidad de crear toroides de dinero ficticio, de derivados financieros tóxicos, de ciencia fraudulenta, de teorías académicas reaccionarias, de propaganda bélica, de películas distópicas, de prensa basura, de posts virales... y el resto de los toroides serán destruidos. ¡Es la economía destructiva, estúpido!

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. http://deliriousheterotopias.blogspot.com/