2016-08-10

La hollymúsica o la música en el hollycapitalismo (1/2)


Britney Spears vestida de novia "adorada" por las pantallas en un templo tecnológico, en "Hold it against me" (Mantenlo contra mí, 2011).

En su momento hemos escrito un artículo en el que hemos sintetizado el papel central que Hollywood desempeña en el hollycapitalismo. Hasta el punto de que hemos decidido acuñar este término para referirnos a este régimen de poderreligión, cualitativamente diferente al capitalismo, precisamente por el papel que en él juega la ficción. En ese artículo comentábamos la obra La historia secreta de Hollywood de Rafael Palacios.

http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2016/02/hollywood-la-fabrica-de-represion.html

http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2016/02/hollywood-en-el-hollycapitalismo-22.html

Completamos ahora este análisis con la hollymúsica, y volvemos a recurrir a Palacios, y en particular a su libro El asesinato de la música y la creación de la contracultura (Madrid, Mandala, 2015). Como decíamos nos interesa particulamente el trabajo de Rafapal porque pone sistemáticamente el dedo en la llaga, esto es, en la dimensión política de la cultura, pero también en la dimensión religiosa y "secreta" —sagrada—, para nosotros estrechamente ligadas.

Si llamamos hollycapitalismo al régimen de poderreligión que impera en Occidente desde, por lo menos, la Segunda Guerra Mundial, es porque en él la ficción se convierte en el motor fundamental de la realidad, en el verdadero vehículo de LO político, absorbiendo a LA política, que pasa a convertirse en una escenificación más. Y esta ficción solo puede entenderse en todo su alcance como el escenario a través del que se ejerce, en el que se simboliza, pero también en el que se enmascara, el poderreligión.

El libro comienza mostrándonos el trasfondo religioso de la música popular. El blues "nació de las tristes y repetitivas melodías de los africanos que trabajaban en las plantaciones de algodón; con ellas se conectaban con sus ancestros del viejo continente y su libertad perdida" (21-22). El trabajo productivo como profanización de un ritual religioso que lo carga libidinalmente. También el jazz se nutre de los rituales funerarios y su profunda vinculación con los cultos de la fertilidad de la tierra, todavía vivos en las tradiciones sureñas de EEUU, en el Mardi Grass (martes de carnaval) de Nueva Orleans. Y el soul procede del gospel profanizado "mediante unas letras que sustituían a Dios por el amor romántico" (24).

Vamos a ver que toda la hollymúsica o música popular hollycapitalista supone una suerte de profanación, pero también de profanización de las religiones judeocristianas, de neopaganización, de recuperación de la corriente pagana que subyace a estas religiones occidentales en profundidad. Pero lo cierto es que esto ya está implícito en las subculturas que la nutren, particularmente en la afroamericana. Palacios dice que "el bues y el jazz, en su origen, vendrían a ser el yin y el yang de la música negra: la música triste frente a la música alegre" (23). Y añadimos que serían también como la tragedia y la comedia, en definitiva cultura emanada del culto religioso, sin el que, insistimos, no puede comprenderse este fenómeno en todo su alcance.

Nos habla de los fenómenos de histeria colectiva que producían el primer soul, Elvis Presley, los Beatles: "Se estaban creando los modernos «dioses», los ídolos de masas" (24, cf. 47-48). Efectivamente, no se trata solo de una metáfora. Las estrellas de Hollywood y de la hollymúsica funcionan como los héroes o los semidioses de las religiones paganas politeístas.
"La diferenciación y las etiquetas pretendían crear una identificación de sus «fans» con este estilo, ayudando a generar un mercado, unas ventas, unas identidades grupales" (25-26).
Estos nuevos seres sagrados o semisagrados son los focos en torno a los cuales se definen estas "identidades grupales", de una manera mucho más eficaz que en torno a las figuras manidas de la política clásica, por no hablar de la monarquía:
"En este caso, como el ser humano es imitativo, fueron las estrellas del rock las que sirvieron para llevar al ser humano hacia la realidad deseada por lo ingenieros sociales" (57).
"El cometido de todos estos videos es que a través de ellos las chicas se identifiquen con la diosa, repitan (inconscientemente) el comportamiento..." (204-205).
Lo que hace el Verdadero Poder en la Sombra (VPeS) es simplemente recuperar este fenómeno y hacerlo el vehículo de la verdadera política, de las transformaciones sociales más profundas que se producen en el marco de agendas que operan a décadas vista, más allá de lo que pueda estar sucediendo en la farsa de la política convencional, dominada cada vez más por marionetas esperpénticas vacías de un cometido real aparte del de aparentar que gobiernan.

De esta manera la cultura hollycapitalista opera al mismo tiempo como una forma de despolitización en el sentido tradicional, y como una repolitización en un nuevo sentido, en el que estas "identidades grupales" son mucho más fácilmente manejables por el VPeS. Este aspecto es el que Rafapal nos muestra con gran lúcidez: cómo los distintos estilos, artistas, temas, van apareciendo de una manera aparentemente espontánea, pero en realidad de una manera muy calculada, en el marco de la agenda geopolítica, de la legitimación de guerras, precondicionando a la población para crisis ingenierizadas, generando diversas paranoias como la homosexual, la feminista o la de violencia de género. Tener un fino olfato para detectar estas vinculaciones entre los distintos ámbitos, entre lo que está pasando en Hollywood o la hollymúsica y lo que está pasando en las calles y en los escenarios de guerra, es un virtud muy sobresaliente en Palacios.

Este mecanismo simultáneo de despolitización y repolitización es además mucho más flexible que el de la política tradicional, porque le permite al VPeS controlar y manipular a los distintos grupos de manera relativamente autónoma, especialmente a las minorías, que como sabemos son fundamentales para el poderreligión en la medida en que las utiliza como chivos expiatorios en momentos de crisis para canalizar el descontento social. Pensemos en la importancia que juegan los artistas de razas y orígenes minoritarios en EEUU, de Michel Jackson a Madonna, también en Hollywood pero sobre todo en la hollymúsica. Porque es la forma como el VPeS llega a ellos de manera más directa y más sibilina.

Lo que es importante entender es que estos fenómenos de histeria colectiva inducida son en esencia los mismos que los que operan en otros fenómenos de crisis sociales, del terrorismo a las revoluciones de color. La cultura de masas opera en el hollycapitalismo simplemente como otro frente más de la guerra de cuarta y quinta generación que el VPeS libra contra todos permanentemente, que según el documento "Armas silenciosas para guerras tranquilas" fue declarada unilateralmente y secretamente en 1954. El cine, la música, y hoy las redes sociales, los videos virales o los memes, le permiten al VPeS catalizar, controlar, modular fenómenos sociales, instrumentarlos políticamente.

Para esto una de las claves es la vinculación entre el deseo y la amenaza, entre las energías libidinosas y las agresivas, algo ya implícito en la naturaleza pero que la cultura puede tensar, deformar, forzar. Aquí es donde el retorno a la religiosidad pagana juega un papel central, en la medida en que en esta las distinciones entre goce y violencia, entre deseo y amenaza, son mucho más flexibles que en las grandes religiones monoteístas oficiales. Aquí es donde el VPeS, haciendo uso de un conocimiento iniciático, mistérico, mágico, masónico, muy superior al que ponen a nuestra disposición en las instituciones oficiales, recurre a todo el repertorio de las religiones paganas: los rituales iniciáticos, las divinidades teromorfas, las trinidades mixtas, la prostitución sagrada, las hierogamias, los sacrificios, los regicidios, etc. Aprovechando además el hecho de que las grandes religiones monoteístas occidentales se fueron convirtiendo en los últimos siglos en engendros mutilados en los que el papel de lo religioso se reduce progresivamente a ser un instrumento de represión y de control de masas.

No es que estas religiones paganas y neopaganas no sean también, a su manera, represivas, formas de control social. No es que no sirvan también a la canalización de las energías libidinoso-agresivas. Pero lo hacen de una manera mucho más atractiva para el fiel. Entre otras cosas porque suponen, a un cierto nivel, procesos de catarsis, mientras que las religiones monoteístas ponían el énfasis en la anarsis. Liberación frente a culpabilización.

Este es un elemento central para entender lo que está en juego aquí, que es también algo que distingue al hollycapitalismo del capitalismo: la dominación y el control a través del deseo, del goce, de lo erótico. Esta es la estrategia de dominio más poderosa en la medida en que el sometido no es consciente de ella y se entrega de manera voluntaria. En este sentido, como vamos a intentar mostrar, lo que está en el trasfondo de Hollywood y la hollymúsica es, pura y simplemente, satanismo:
"En estos años, las evidencias de que detrás de la industria discográfica se escondían los cultos ancestrales donde se honraba a demonios y se sacrificaba a los dioses y las diosas eran tan evidentes que se convirtieron casi en un pasatiempo para los cazadores de detalles MK Ultra Illuminati. Las ceremonias de los Grammy o la Superbowl donde aparecían estos dioses y diosas se convirtieron en escenarios donde ver, a simple vista, lo que décadas atrás había sido un rumor, una conspiración. Todas las señales, todos los símbolos, a simple vista: una auténtica orgía satánica" (220).
Todo en el mundo de Hollywood y de la hollymúsica rezuma esta religiosidad pagana. Palacios nos cuenta que Berry Gordy, uno de los promotores y mánagers más importantes de los años 60, fundador del sello Motown, afirmaba que las artistas no debían casarse, en otras palabras, que debían entregarse a su labor como las antiguas prostitutas sagradas (33). La estructura y la melodía del famoso "Blowin' in the wind" (Soplando en el viento, 1963) de Bob Dylan es la de un salmo religioso (38). Etc.


Madonna revive a una santo negro, en "Like a Prayer" (Como una plegaria, 1989).


Madonna junto a santo revivido, versión masculina de las vírgenes negras, en "Like a Prayer".


El santo negro sale ("EXIT", Éxodo) de la iglesia cristiana, en "Like a Prayer".


Madonna se hiere en las manos emulando a Cristo, en "Like a Prayer".

Uno de los casos en los que se puede apreciar mejor esta estrategia de profanación, pero también de profanización, de la religión cristiana, es el de Madonna. En el videoclip de "Like a Prayer" (Como una plegaria, 1989) revive con su fervor eróticoreligioso a un santo negro, en lo que vemos una alusión a las vírgenes negras, y mantiene con él una relación erótica. Acto seguido el santo abandona la iglesia y Madonna se hiere con un cuchillo, emulando las heridas en las manos del Cristo crucificado.

Se trata evidentemente de una profanación del ritual de la Crucifixión cristiana. Pero también es una profanización en la medida en que este santo negro, en el mismo video, se identifica con un delincuente de la misma raza. Y en el trasfondo de todo esto, en el nivel más profundo, lo que hay es una forma de recuperación de una tradición pagana aún más ancestral, en la que las figuras sagradas femeninas eran protagonistas de los cultos, como diosas del amor pero también como víctimas sacrificiales.

Este triple mecanismo o estos tres niveles de un mismo mecanismo —profanación del culto cristiano, profanización de lo sagrado, y neopaganización— lo vemos una y otra vez, tanto en Hollywood como en la hollymúsica


Potnia Theron o Señora de los animales, representación de la Gran Diosa pagana, s. VII a. C.


Lana del Rey encarnando la Potnia Theron o Señora de los animales, en "Born to Die" (Nacida para morir, 2012).

Por ejemplo en el video de "Born to Die" de Lana del Rey, que alude de manera evidente a la Potnia Theron o Señora de los animales, una de las representaciones de la Gran Diosa pagana, en particular en su versión de diosa de la caza, como es el caso de Artemisa-Diana, como centro de una trinidad masculina-femenina-masculina híbrida teromorfa.

Pero insistimos en que esta misma mecánica aparece una y otra vez. En parte como profanación de las religiones oficiales, sobre todo de la cristiana y de la católica, que se presta más a ello por su imaginería. Particularmente de la Virgen María como "arquetípo demétrico", que es tergiversada para acercarla al "arquetipo afrodítico", siguiendo los términos de Julius Evola. Es también una forma de profanización, en el sentido en que supone una fusión de lo sagrado y de lo profano que rompe las separaciones dominantes. Y al mismo tiempo es una recuperación de los cultos y los símbolos de las religiones paganas, aunque sea en el marco de un gran sincretismo.

Palacios vuelve a poner el dedo en la llaga al hablarnos del fenómeno de las revistas para "adolescentes", un concepto creado por los ingenieros sociales
"que no existía en aquella época y paso a denominar un estado entre la niñez y la adultez, caracterizado por tener unos gustos diferentes, y con ellos, una manera de ser, de relacionarse. En eso consistió, en sentido profundo, el rock, en la creación de una clase social" (47).
Lúcida observación. Lo que hay que añadir es que se trata otra vez de una recuperación de un ritual iniciático de las religiones primitivas y paganas. Estamos aquí ante un tema central para comprender lo que está en juego en la cultura hollycapitalista. En las sociedades tradicionales estos rituales eran centrales para articular la comunidad. Eran, como dice el nombre, los "ritos de paso" que iniciaban a los adolescentes en la vida adulta, que les introducían en las responsabilidades del matrimonio y la paternidad-maternidad.

Lo que estamos intentando mostrar es que si estas estrategias de ingeniería social son tan poderosas, son tan "políticas", es porque recuperan el papel central que tenían los rituales religiosos, en este caso los rituales sociales de paso. Pero también los tergiversan de una manera tremendamente perversa. En efecto lo que hacen es canalizar la energía libidinoso-agresiva natural en el momento en que es más potente, en la adolescencia, pero en lugar de reconducirla a un fin cultural virtuoso, a una segunda naturaleza, lo que el hollycapitalismo está haciendo es bloquear el desarrollo personal, vital, familiar, de sus sometidos. En otras palabras, de lo que se trata es de producir "adolescentes" a perpetuidad. En esto sentido Hollywood y la hollymúsica son profundamente perversos y pervertidores, exactamente como la agenda del VPeS que contribuyen a implementar. En este sentido son también satánicos.

Rafapal critica sistemáticamente la manera cómo Hollywood y la hollymúsica fomentan los comportamientos transgresores, cómo esto tiene un efecto destructor muy significativo en las sociedades tradicionales. Estamos de acuerdo con él en lo esencial. Algo que no están comprendiendo el 90% de los críticos culturales, que trabajan al servicio del sistema.

Pero hay que hacer una matización. El problema no es la transgresión en sí, sino el hecho de que la transgresión, tal como es instrumentalizada en la religión hollycapitalista, deja de ser excepcional con respecto a la prohibición. En otras palabras, en todas las culturas saludables, es decir, en las culturas primitivas y paganas de una cierta escala, la transgresión ritual jugaba un papel compensador fundamental frente a la prohibición. Había un tiempo para el trabajo, para lo profano, para la prohibición, para el respeto de la ley y el orden, y había un tiempo para la fiesta, para lo sagrado, para la transgresión y el caos. Y esta alternancia era muy saludable socialmente, porque permitía regenerar a la sociedad, producir catarsis liberadoras, despilfarrar los excedentes productivos, rearmonizarla, etc.

Hoy, por el contrario, el sistema fomenta la transgresión pero no como tendencia que compensa el orden establecido, sino como otra forma de orden pervertido. No es que la excepción confirme la regla, sino que la excepción se convierte en la regla, que es algo muy distinto. La crisis se convierte en la estrategia política fundamental y permanente. De la misma manera el rito de paso, el ritual iniciático, la adolescencia como nueva clase social, tiende a convertirse en el estado civil único y generalizado. Lo que parece el paraíso del todo vale y la juventad eterna es en realidad una perversión social que nos acerca cada vez más a la distopía en la que los globalistas quieren convertir el mundo. Y esto es en lo que consiste en esencia el satanismo. Esta inversión satánica permite comprender por qué la "supuesta libertad" (53) de la contracultura es en realidad una forma de libertinaje, y por lo tanto un mecanismo más sofisticado de dominación.

Uno de los temas que mejor expresa esta inversión satánica, esta catarsis sin anarsis, esta catábasis sin anábasis, este descenso a los infiernos sin retorno, es "Highway to hell" (Autopista al infierno, 1979) de AC/DC:
"Abono transporte (season ticket) para un viaje sólo de ida / ... / Hey, Satán, he pagado mis deudas / tocando en una banda de rock."
En este sentido se puede hablar de satanismo. Es verdad que todo en Hollywood y en la hollymúsica, especialmente en las últimas décadas, rezuma satanismo. Pero no se trata solo de la utilización de símbolos. No se trata solo de detectar pentagramas invertidos, Baphomets o pirámides Illuminati. Lo que es importante entender es que todo esto está al servicio de una transformación social brutal que nos lleva directamente a la distopía orwelliana hecha realidad.

Que se trata de una agenda satánica se pone de manifiesto de una manera más profunda en este fenómeno de inversión ritual al que nos hemos referido. Esto está vinculado de una manera muy estrecha con el fomento de formas de sexualidad antinaturales, transgresoras, con la perversión general de la moral y de las costumbres. De nuevo el problema no es la transgresión en sí sino el hacer de la transgresión la norma. Por ejemplo temas como el travestismo, las diosas barbudas o los dioses afeminados, el andrógino, el Rebis, son habituales en las religiones paganas, mistéricas, en la alquimia, etc. Pero siempre como una excepcionalidad sagrada que tensa lo social, que, si acaso, conforma un ritual excepcional. Hoy por el contrario el sistema hace de estos fenómenos normas, frentes de vanguardia de la perversión de la sociedad, para llevarnos a un mundo transhumano en el que las máquinas sustituyan a los seres humanos. Y de nuevo lo importante es comprender que este plan es en sí satánico, que lo que vemos en las pantallas y cada vez más en las calles es la otra cara de la moneda de lo que ocurre en los rituales satánicos reales que celebra el VPeS, que son la clave de bóveda del sistema en la que sus valores fundamentales son producidos: el sadismo, la lascivia y la perversión más bajos.

De manera que hoy la "supuesta libertad" en realidad nos está encadenando. Estas paradojas son las que nos permiten comprender cómo funciona el sistema. Palacios identifica muchas de ellas. Por ejemplo cómo se fomenta la promiscuidad sexual al tiempo que los laboratorios y los medios ingenierizan la campaña de terrorismo eugenésico llamada sida:
"Eran los paradójicos tiempos del sida en los que, al tiempo que se extendía el miedo al contacto sexual bajo pena de contraer esa fulminante enfermedad, las películas, y los videoclips, excitaban cada vez más la sexualidad de la población. ¿Se puede ser más contradictorio?" (175).
Algo de esto estamos viendo hoy con el zika y los carnavales. Con las musculosas deportistas olímpicas. Pero otra vez se trata de una contradicción solo aparente. De lo que se trata es de canalizar la energía libidinoso-agresiva natural, de atraparla en la trampa del sistema, de recuperarla y ponerla al servicio de una agenda, en este caso la desfertilización masiva de la población. El miedo al contagio lo hace paradójicamente más atractivo, produce un fenómeno ambivalente en el que una minoría de la población se deja arrastrar hacia las prácticas de riesgo, mientras que una mayoría opta por lo contrario, por evitar los contactos sexuales directos, por ponerse el condón, por no casarse, por vivir solo.

La misma mecánica ambivalente opera hoy en otra campaña de terrorismo eugenésico como es la llamada violencia de género. Otra vez la estrategia es eminentemente religiosa, se inscribe en las prácticas rituales paganas. Consiste en explotar la vinculación de lo erótico y lo agresivo, que las religiones oficiales tanto cuidado han puesto en separar. Con ello, una minoría extraordinariamente reducida, pero aumentada por los medios de propaganda, se ve arrastrada a participar en el ritual que el poder le propone, que se puede resumir en fundir erotismo y agresividad. Se convierten así en patsies, en chivos expiatorios, en víctimas pero también en verdugos, en héroes que disfrutan de sus quince minutos de gloria. Mientras la mayoría de los mortales, que les observan bajo la luz de las cámaras, se van convirtiendo progresivamente en corderitos asexuados.

La estrategia es tremendamente sofisticada y perversa, y la mayoría de los intelectuales no están entendiendo nada, porque están profundamente atrapados en la matrix. De nuevo hay que agradecer a Rafael Palacios que esté contribuyendo a que comprendamos todo esto.

El videoclip "Ultraviolence" (Ultraviolencia, 2014) de Lana —anal— del Rey, se inscribe en esta agenda perversa de manipulación de masas. Anal-ismo MK Ultra que lo atraviesa todo, literalmente, en el hollycapitalismo. La cultura convertida en un inmenso mecanismo de porculización de masas. ¡Te quiero, Hollywood! ¡Mi ano te espera bien untado de vaselina! En "Ultraviolence" aparece una novia entre algodones que se acerca, sola, a la iglesia, cantando:
"Dame toda esa ultraviolencia.
...
Me hizo daño pero lo sentí como verdadero amor.
Me golpeó pero lo sentí como un beso.
...
Tu eres mi líder religioso."
Lo importante es comprender que esta propaganda hollymusical es la otra cara de la moneda de la campaña de violencia de género con que nos bombardean en los telediarios. Ambas funcionan en tándem. Se trata otra vez de una aparente paradoja según la cual el sistema mitifica el matrimonio tradicional pero al mismo lo rodea del aura de la transgresión, del peligro, de la exposición a la violencia. Otra vez una inversión satánica tremendamente perversa y pervertidora. Todo ello explotando una tradición religiosa pagana milenaria en la que las futuras esposas debían atravesar rituales de desvirgamiento o de prostitución ritual en los templos, como formas de iniciación al matrimonio.

El sistema canaliza, desvía, atrapa el deseo, en este caso mayormente el de las mujeres, de acceder al matrimonio, pero al mismo tiempo lo desactiva, lo neutraliza, al asociarlo a la violencia. De manera que el efecto conjunto de estas producciones culturales y de las campañas de violencia de género es, insistimos, doble. Por un lado incrementan la violencia de género real en una minoría de la población, pero muy magnificada por los medios. Y por otro inmunizan a la mayoría de la población contra las relaciones de pareja naturales y tradicionales, produciendo prácticas no naturales, desviadas, pervertidas. El capitalismo producía mercancías; el hollycapitalismo produce seres pervertidos.

Decíamos que no se puede comprender la cultura hollycapitalista en todo su alcance al margen de esta religiosidad. Rafapal apunta otra vez un elemento clave: los antiguos cultos dionisíacos y eleusinos no serían más que formas rudimentarias de métodos de control mental mediante el trauma, las drogas, el trance, etc., esto es, MK Ultra, Monarch y similares (57). Y lo mismo se podría decir a la inversa: los modernos MK Ultra no serían más que formas contemporáneas de los antiguos cultos mistéricos.

Igual que en la Antigüedad el secreto de los misterios no podía revelarse bajo pena de muerte, hoy las estrellas que osan hacer público lo que se esconde en las bases secretas, en los santa sanctorum en los que se desarrollan los proyectos de inteligencia, son sacrificadas. En efecto, muchos episodios de las mitologías clásicas, muchos de los fenómenos religiosos antiguos, son en esencia estas mismas estrategias de dominación y control social. Se trata en última instancia del mismo mecanismo de producción de seres excepcionales, sagrados o semisagrados, en el marco de cultos mistéricos, para servir como modelos para el control de los seres profanos. Los supersoldados de hoy son nuevas versiones de los Hércules de antaño. Las estrellas y las prostitutas de élite son nuevas Isis, nuevas Afroditas (205).

De ahí que la hollymúsica esté llena de referencias a la religiosidad pagana, a las hierogamias, a los sacrificios, a los regicidios, a las trinidades mixtas, a los andróginos, a la prostitución sagrada, a la transgresión, al satanismo. De hecho de una manera mucho más marcada que los films hollywoodenses, porque estos tienden a ser más realistas, mientras que los temas musicales y los videoclips tienden a moverse en un registro más simbólico.

Algunos ejemplos más: Jimmy Hendrix en "If 6 Was 9" (Si el 6 fuera el 9, 1967) dice:
"Yo soy el que va a tener que morir
cuando me llegue la hora,
así es que déjame vivir la vida a mi manera".
Don McLean en "America Pie" (Pastel americano, 1971):
"¿Crees en el rock and roll?
¿Puede la música salvar tu alma mortal?".
Lou Reed (The Velvet Underground) en "Heroin" (Heroína, 1967):
"Y me siento como el hijo de Jesus
...
He tomado la gran decisión: voy a intentar destruir mi vida.
...
cuando estoy cerca de la muerte
...
Heroina, sé mi muerte.
Heroina, es mi esposa y es mi vida" (113-114).

Continua en "La hollymúsica o la música en el hollycapitalismo" (2/2).

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. Colabora habitualmente en diversos medios alternativos como El Robot Pescador, El Espía Digital, Katehon y Página Transversal, así como en la serie de videoprogramas "Hollycapitalismo" en La Caja de Pandora.