2016-10-09

Amarna Miller y la Santísima Trinidad hollycapitalista


Collage del autor, a partir del billete de 1 dólar, la bandera de Isis y Amarna Miller/"Patria".

En estos tiempos de obscenidad hollycapitalista no es extraño que una actriz porno se haga famosa y aparezca en los medios de vulgarización de masas. Hay que reconocer que Amarna Miller es una buena actriz porno. Tampoco le falta talento en el arte oral. Esto hace de ella un "activo" eficaz para el adoctrinamiento del ganado subhumano. Tiene labia, habla mucho, sonríe incluso cuando la están despreciando, como hacen las actrices porno, repite con exactitud milimétrica lo que toca decir para impulsar la agenda globalista, para hacerse famosa y ganar más dólares ficticios en el pornocapitalismo. Incluso disimula bien su probable bizquera MK Ultra. Sospechamos que es parte de una operación psicológica de las agencias de inteligencia atlantistas-sionistas. O de las fundaciones globalistas à la Soros. No tiene ningún pudor y ninguna moral. Todo encaja a la perfección en el régimen de decadencia civilizacional y de perversión moral al que nos llevan los Illuminati para implantar el Nuevo Orden Mundial.

Pero ante tanta propaganda de las virtudes de la pornografía, conviene practicar de vez en cuando la abstinencia y tratar de comprender el papel central que esta práctica juega en nuestro mundo de hoy. Y es que la pornografía desempeña un rol importante en el hollycapitalismo. Es una de esas cosas de las que apenas se habla, que son tabú en la mayoría de los círculos sociales, pero que casi todo el mundo practica o ha practicado en algún momento.

La pornografía tiende a ser predominantemente una suerte de ritual solitario. Casi podríamos decir que es el ritual por excelencia de la religión hollycapitalista. El ritual de lo habitual. De hecho no debe de ser una casualidad que la pornografía se consuma sobre todo de forma individual y que el hollycapitalismo sea seguramente el régimen de poder-religión en el que el individualismo más intensidad ha alcanzado. Y esto es solo el principio.

La cuestión del individualismo es clave para comprender la pornografía y el papel que juega en el sistema. En esencia lo que hace todo régimen de poder-religión es desviar las energías libidinoso-agresivas naturales y transformarlas en culturales. Esto lo ha hecho siempre de manera colectiva, social. Las comunidades o las sociedades se conforman en torno a rituales, que son los fenómenos cohesionadores fundamentales, a menudo frente a otras comunidades enemigas o extranjeras, frente a minorías, frente a chivos expiatorios, etc. Con la pornografía, por el contrario, estamos ante un ritual eminentemente individual, que no solo aisla al individuo al practicarlo, sino que además tiene una enorme incidencia en la manera en que este se relaciona con el resto de la sociedad. Insistimos en que este es un tema clave, central, trascendental, tan importante que será prácticamente imposible que se trate de él en la dictadura mediática de facto que hoy padecemos.

Evidentemente todo esto tiene que ver con la agenda de destrucción de la familia tradicional y de la fertilidad natural, con la destrucción de las culturas, de las razas, de la idiosincrasia de los pueblos. Pero todo esto, de nuevo, no lo dirán en los medios, porque será calificado automáticamente de racista, de suprematista, de reaccionario y a uno no le dejarán hablar. La "democracia", la "libertad de expresión", la "tolerancia", la "pluralidad" son hoy una ilusión en Occidente, porque el propio sistema articula mil y una maneras para que cualquier posición disidente no sea escuchada o comprendida. Esto es lo que podemos llamar la dictadura mediática, la dictadura de lo políticamente correcto, la dictadura de la superficialidad, la dictadura de la vulgaridad, la dictadura de las opiniones todo-a-un-euro, etc.

La pornografía es un fenómeno que nos muestra muy bien el trasfondo satánico que amenaza nuestras sociedades, impulsado por los Illuminati como una estrategia de desestructuración total de las sociedades tradicionales. Lo que la llamada izquierda no está entendiendo es que la transgresión por la transgresión no es una alternativa o una resistencia al poder-religión. Lo que no están entendiendo es que el poder-religión hollycapitalista opera en buena medida fomentando la transgresión por la transgresión. No estamos en contra de la libertad ni de la transgresión. De lo que estamos en contra es de la transgresión por la transgresión. En el hollycapitalismo transgredir las prohibiciones se convierte en la regla. De la misma manera que en el ámbito geopolítico, político, legal, etc., la crisis tiende a ser permanente, el orden se crea a partir de la crisis (ordo ab chao). De la misma manera, lo que la mayoría no está comprendiendo es que la transgresión moral está conformando nuestro día a día, nuestra normalidad. Hasta el punto en que la distinción entre prohibición y transgresión tiende a perder todo su sentido.

La pornografía es uno de esos fenómenos que está minando nuestras sociedades de una manera mucho más profunda y mucho más trascendental de lo que la mayoría está comprendiendo. Pocos intelectuales están hablando de esto, pocos están comprendiendo la gravedad y la trascendencia de este fenómeno. Por otro lado los medios de masas cada vez rezuman más pornografía por todas sus costuras.

La palabra clave es obscenidad. Sabemos que la obscenidad es uno de los elementos claves que caracterizan al poder-religión, pero también que esta ha tendido a quedar oculta detras del escenario, precisamente para no desvelar en qué consiste el poder-religión. Por eso cuando la tendencia generalizada es a que las máscaras caigan y se contemple toda esta obscenidad, no cabe más que esperar a que se produzca la debacle final.

Todo esto tiene mucha más vinculación con el capitalismo de lo que se suele comprender. O mejor, con el hollycapitalismo. De hecho casi podríamos decir que la pornografía es uno de los paradigmas alrededor de los que gira el hollycapitalismo. El otro sería el terrorismo de bandera falsa. Y para cerrar esta trinidad, el dinero ficticio. Esta es la Santísima Trinidad hollycapitalista: Cristo convertido en terrorista, la Virgen María en pornstar y el Dios en dinero fiat. Tres personas pero una misma naturaleza.

El terrorista es un pobre diablo manipulado por los movimientos radicales de las monarquías del Golfo, y a su vez por las agencia de inteligencia occidentales, que cree estar luchando por una causa justa, pero está siendo utilizado por los intereses globalistas. La estrella porno es otra pobre diablesa atrapada en las redes del tráfico ilegal, endeudada para pagarse la cirugía estética o controlada mediante MK Ultra. Y el dinero fiat es una pura ficción, creado con la facilidad con la que se aprieta un botón en el sistema informático de la mafia bancaria. Pero lo importante es comprender que estos tres fenómenos están mucho más vinculados de lo que parece. Por eso son tres personas pero una sola naturaleza. Por eso conforman una Trinidad.

Pornografía, terrorismo de bandera falsa y dinero ficticio conforman los tres polos del sistema hollycapitalista. Son tres fenómenos que se realimentan los unos a los otros, que no tienen sentido sino es formando esta Trinidad. El dinero ficticio no tendrían valor si no es porque en los polos opuestos del sistema el goce pornográfico y la violencia terrorista derraman flujos genitales y sangre. Por supuesto estos polos teóricos en la práctica se confunden: la pornografía no está exenta de violencia, ni el terrorismo de violación. En los billetes quedan restos de cocaína y se puede oler en ellos el aroma del crimen. Si el régimen hollycapitalista, mal que bien, funciona, es porque estos tres polos, aparentemente separados, están vinculados por una alquimia secreta que intercambia los distintos flujos: flujos de dinero ficticio, flujos de sangre, flujos de semen.

Si estos tres fenómenos conforman la Santísima Trinidad hollycapitalista es porque la clave del funcionamiento de este régimen es la carga libidinoso-agresiva de las mercancías y del dinero. Hasta el punto en que este régimen se hace dominante y somete al resto de órdenes existentes, por encima de todo al orden social, moral, tradicional. En otras palabras, lo que está en juego es una suerte de conflicto de valores en el que el sistema fomenta nuevos valores que sustituyen progresivamente a los existentes. Y si esto es posible es porque estos valores están cargados libidinalmente, esto es, están atravesados por deseo y por amenaza, por goce y por violencia.

Esto es así en general en el capitalismo. Pero lo que distingue al hollycapitalismo del capitalismo es que los tres polos de esta Trinidad están caracterizados por la ficción. Por una ficción que se convierte en real en la medida en que la estructura trinitaria lo hace posible. Esto supone una suerte de violación de la realidad, un descoyuntarla, un sacarla de sus casillas. Y si esto es posible es, insistimos, porque se están tensando al mismo tiempo los tres polos: el polo del goce ficticio, el polo de la violencia ficticia, y el polo del valor ficticio. Que al apoyarse los unos en los otros, por así decirlo, se convierten en reales. La Santísima Trinidad obra el milagro de que el dinero ficticio se convierta en real, de que el goce pornográfico sustituya al amor tradicional, y la violencia de los llamados yihadistas contribuya a implementar el Nuevo Orden Mundial.

Pedro Bustamante es investigador independiente, arquitecto y artista. Su obra El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses ha sido publicada recientemente en Ediciones Libertarias. Colabora habitualmente en diversos medios alternativos como El Robot Pescador, El Espía Digital, Katehon y Página Transversal, así como en la serie de videoprogramas "Hollycapitalismo" en La Caja de Pandora.