2017-01-06

Neuro-piratas: Reflexiones sobre la ingeniería social de Lucien Cerise (1)



Leímos con mucho interés Gouverner par le chaos - Ingénierie sociale et mondialisation (Gobernar a través del caos: Ingeniería social y globalización) aparecida de forma anónima en 2010 (Max Milo), que luego supimos que era obra de Lucien Cerise. Ahora hemos seguido con Neuro-Pirates: Réflexions sur l'ingénierie sociale (Neuro-piratas: Reflexiones sobre la ingeniería social, Kontre Kulture, 2016).

Nos interesa todo lo que se mueve alrededor de Egalité et Réconciliation y su editorial Kontra Kulture, liderados por Alain Soral, una de las voces más lúcidas del pensamiento francés contemporáneo, ferozmente perseguido por la dictadura atlantista-sionista que se esconde tras la careta del aparato de Estado francés desde hace décadas.

Lucien Cerise es uno de esos intelectuales con un pie en el pensamiento académico y otro en la calle, en la realidad de lo que está ocurriendo en el mundo. Nos dice que se ha movido mucho en los ámbitos del activismo, de la militancia política, de los movimientos de base (pp. 215, 331-332).

Habla el lenguaje de los académicos, pero para tratar de los temas de los teóricos de la conspiración, y lo hace con un admirable rigor, armado de lecturas, referencias y citas. Pero sobre todo de lucidez, de capacidad para discernir lo importante de lo que no lo es, para moverse entre disciplinas y ámbitos del saber, para saltar de escala, para poner el dedo en la llaga. Es un investigador suficientemente especializado en el ámbito de la ingeniería social, pero al mismo tiempo un intelectual con una gran cultura y sensibilidad. Esto le permite mostrar hasta qué punto esta disciplina ocupa un lugar central en nuestros días, como ámbito en el que se ejerce lo político, por oposición a la política de teatro de marionetas, cada vez más vacía de contenido.

Así, a pesar de que la ingeniería social es el ámbito central de su trabajo, Cerise es uno de esos intelectuales transversales, profundos, comprometidos. De manera que más que hablarnos solo de ingeniería social, lo que hace es hablarnos de todo a través de la ingeniería social. Poner el foco de lo político en la manera cómo el poder transforma las sociedades.

Es un pensador que recoge lo mejor de la tradición francesa —Foucault, Deleuze, Guattari, Debord, Baudrillard, Girard— pero que sabe actualizar este saber de cara a analizar y comprender, de manera muy concreta, el presente. En esto Cerise nos recuerda a Comité Invisible/Tiqqun, otro colectivo de gran interés, que también alimenta su obra.


Orden a partir del caos

Desde Gouverner par le chaos Cerise ha comprendido la clave del poder contemporáneo:
"La novedad del siglo XX reside en que se pasa de un control social a través del orden a un control social a través del desorden. El orden a partir del caos."
Esta estrategia se remonta, según Cerise, a las revoluciones burguesas de finales del XVIII (pp. 190, 239). Lo que cambia es que entonces las revoluciones eran disrupciones en la continuidad del orden instituido, tras las que se retornaba a otro orden, mientras que hoy la revolución tiende a hacerse permanente, con los efectos traumáticos que esto tiene para la gran mayoría, que no se beneficia de tanto cambio.

Subraya algo obvio, a pesar de que el pensamiento dominante tienda a obviarlo: que la historia de la humanidad ha sido mayoritariamente la de la instauración del orden. Y que el prestigio del cambio, del progreso, de la revolución, de la transformación, es de hecho una anomalía, inculcada por el mismo aparato de propaganda del sistema, fuertemente ideologizado. La tradición, la continuidad, el orden, ha sido casi siempre la norma. El antitradicionalismo moderno es la anomalía (p. 217).

De manera que el francés pone el dedo en otra de las claves de la religión capitalista: el culto al progreso. Que se resume, para él, en la repetición permanente del mantra "antes era peor". Efectivamente, el progreso científico o tecnológico, no solo no siempre lleva aparejado el progreso humano o espiritual, sino que, de hecho, tiende a impedirlo, a eclipsarlo, a sustituirlo.

Pero lo que nos dice Cerise, como vamos a ver, es que no se trata de rechazar de plano el progreso, sino de valorar hasta qué punto este es negativo o positivo, "disolutivo" o "coagulante".

Cerise comprende que el progreso capitalista no consiste en "adaptar el mercado al pueblo", sino al contrario en "adaptar el pueblo al mercado" (p. 132). Aún se podría ir más lejos y decir que el objetivo último del capitalismo sería fusionar el pueblo y el mercado, esto es, transformar el ser humano en ganado cibernético. La mercancía, el valor de cambio, la plusvalía, el dinero, son solo medios para un fin. El objetivo a largo plazo, creemos, es mercantilizar al humano. De ahí que la ingeniería social esté hoy en el centro de lo político, pero también de lo económico, en la medida en que en el capitalismo ambas dimensiones tienden a fundirse. Y que en el hollycapitalismo la mercancía fundamental es el hombre.

El sociólogo reconoce que el comunismo ha fracasado. Pero también que este no ha sido tan destructor de la moral y los valores humanos como el capitalismo (pp. 134-135). Porque, más allá de las ideologías y de las diferencias entre los distintos sistemas politico-económicos, lo que cuenta es siempre una relación real de fuerzas, en la que el más agresivo, el más perverso, el más amoral, pero también el que mejor sabe enmascararlo, tiende a ganar.

Cerise pone el énfasis en los hechos, y el hecho por excelencia en política y sociedad es la relación de fuerzas (p. 227). Toma de Heráclito el elogio del polemos, de la lucha, por principio:
"Porque la victoria consiste en luchar" (pp. 178-180).
Así, propone apoyar a todos los contrapoderes, en la medida en que supongan una oposición real al imperio atlantista-sionista: China, Rusia, Irán, Venezuela (p. 355). Pero también, apoyar al Estado, que es hoy la única estructura que puede resistir los embates del capitalismo global. Esto relega a un segundo plano todas las ideologías, las distinciones artificiales entre derechas e izquierdas, etc. La cuestión es detectar dónde está la oposición real y apoyarla, dejando en un segundo lugar las ideologías.

La ingeniería social consiste —nos dice Cerise— en considerar a la sociedad como un objeto (pp. 141-142). Insistimos, lo que diferencia al hollycapitalismo del capitalismo es que el humano pasa a ser la mercancía por excelencia. De ahí que la ingeniería social se convierta en una disciplina central en este régimen de poder-religión. Simplificando, en el capitalismo se producían coches y en el hollycapitalismo se producen humanos. El objetivo del capitalismo, aunque estuviese centrado en la producción de mercancías, era servirse de estas como intermediarias para someter y transformar al humano. El hollycapitalismo sería una fase posterior del capitalismo, en la que las mercancías ya no ocupan el lugar central para transformar al humano, en la medida en que la ciencia y la tecnología de la producción de mercancías se aplica ya directamente al humano.

Veamos con más detalle cómo, según Cerise, opera este gobierno de las sociedades a través del caos. Una de las claves, a la que su investigación recurre, es la ideología de género. Porque nos permite ver de manera muy evidente cómo el poder orquesta una guerra artificial entre dos partes —en este caso mujeres y hombres, pero también heterosexuales y homosexuales—, que están por naturaleza llamados a conformar una unidad. Se hace realidad una ficción, se naturaliza un artificio. Y ¿qué puede haber de más artificial que fabricar la noción de género e independizarla de la realidad del sexo? Por supuesto que siempre habrá anomalías, y estas deben ser respetadas. Pero eso es una cosa y otra muy distinta hacer de la anomalía el paradigma.


La ideología de la confusión de géneros

Lo interesante es que esta separación artificial lo que persigue en última instancia es una "confusión". Así, para Cerise la teoría de género es, en realidad, "ideología de confusión de géneros" (pp. 25, 361). Las teorías de género están ahí para destruir una de las riquezas, de los valores fundamentales de toda cultura: la distinción entre hombres y mujeres. Distinción entendida como complementariedad, como suma integral en la que 1 + 1 > 2. La teoría de género es una ideología tremendamente perversa, al servicio de una agenda de empobrecimiento y de destrucción de las sociedades humanas. El género es un invento, una entelequía de los intelectuales, aliados de manera implícita con la agenda transhumanista, para destruir todo lo que nos diferencia, y por lo tanto nos atrae, nos une, a hombres y a mujeres.

Pero lo más interesante de Lucien Cerise es que disecciona con mucha exactitud "cómo" esto se está llevando a cabo. Nos dice, y estamos plenamente de acuerdo con él, que lo importante es el "cómo", y no el "quién" o el "por qué" (p. 341).

Según el francés, lo que están haciendo es demonizar las diferenciaciones y las jerarquías que hacen una sociedad rica, estructurada, compleja. La clave para esto está en la mecánica de identificación, que depende de categorías y estructuras delimitadas y jerarquizadas. La entelequia de la igualdad-confusión entre hombres y mujeres es el caso más evidente de este igualitarismo mal entendido (pp. 36-37). Igualitarismo que, en realidad, persigue la destrucción de todas las diferencias, y con ello la destrucción del ser humano.

Lo importante es comprender que esta desestructuración a un nivel se produce en paralelo a una reestructuración a otro nivel. Es decir, la desestructuración al nivel de la sociedad tradicional se produce en paralelo a la reestructuración el nivel mercantil-tecnológico-informacional. De ahí que ingeniería social y capitalismo estén tan íntimamente relacionados.

Cerise comprende que lo que está en el trasfondo de la ingeniería social es el cuestionamiento de la norma, en el sentido más fundamental, en el ámbito moral y el del comportamiento. Nos dice que "[l]a heteronormatividad es la fuente de toda norma, la norma de las normas, la metanorma" y que "piratear" esta heteronormatividad equivale a destruir las sociedades humanas tradicionales (pp. 38-40):
"Las diferencias primeras, fundadoras, de toda sociedad, se resumen en un concepto: el complejo de Edipo. Son las diferencias hombres/mujeres y padres/hijos (por extensión jóvenes/viejos)" (p. 193).
Y efectivamente esto es lo que estamos viendo hoy. Levantar dos de las prohibiciones centrales en las que se fundan todas las comunidades sanas, desde hace milenios: la prohibición del incesto y la prohibición de la homosexualidad:
"Existe por lo tanto una verdadera ingeniería psicosocial del levantamiento de los límites, de la transgresión de las prohibiciones, de las leyes, de los tabúes y de la abolición de las fronteras, y por lo tanto una ingeniería de la desocialización, del asalvajamiento, de la desestructuración de masas y de la regresión civilizatoria provocada; en suma, una ingeniería de la desedipización..." (p. 196).
Como vemos, hay un cierto paralelismo entre el tabú del incesto —distinción entre padres e hijos— y el de la homosexualidad —distinción entre sexos—. Estos son los dos tabués que sostienen las estructuras familiares o clánicas tradicionales, del tipo que sea, desde los matrimonios de grupo o las diversas formas de poligamia, a la familia extendida o la nuclear. La homosexualidad se puede entender como una forma de incesto. Esto es, la homosexualidad sería una suerte de endogamia, mientras que la heterosexualidad sería una forma de exogamia.

Levantar estas dos prohibiciones —incesto y homosexualidad— equivale a destruir todas las formas de familia o clan tradicionales, las que hacían posible la existencia de un ser social natural, de una zoé. Levantar la prohibición de la homosexualidad —proceso ya muy avanzado en Occidente— y la del incesto —que vamos a padecer en las próximas décadas—, equivale a exterminar al ser humano social, y con ello al ser humano individual, que de hecho no es más que una faceta de este ser social. Y evidentemente todo esto forma parte de la agenda transhumanista.


Normalizar las anomalías

Según el sociólogo, una de las técnicas que están utilizando para vendernos lo que en realidad es la destrucción encubierta del ser humano, es una "puesta de anzuelo" (hameçonnage). Consiste en presentar como discriminación positiva, como defensa de las minorías, lo que en realidad es un ataque encubierto a las mayorías. Esto es, una defensa de las excepciones, de la anomalías, pero que enmascara lo que en realidad es un ataque a las normas, a los paradigmas (pp. 73, 119). Y esto pasa por culpabilizar a las mayorías, de cara a legitimar la discriminación positiva de las minorías (pp. 230, 238-239).

Insistimos, una cosa es respetar la anomalía, y otra muy distinta hacer de la anomalía el paradigma. Y esto segundo es lo que está ocurriendo hoy. Se declara una cosa pero en realidad lo que se está haciendo de manera encubierta es otra muy distinta. Así funciona todo hoy. Hacer de la anomalía el paradigma, hacer de la transgresión la norma, tiene efectos perniciosos y pervertidores devastadores para cualquier sociedad (p. 279). La muerte, el sacrificio del ser humano.

Y esta lógica, que vemos de manera muy evidente en las teorías de género, Cerise la extiende a otros muchos dominios:
"... el transhumanismo es esencialmente una forma quimérica para vendernos otra cosa, que es la discriminación positiva humanófoba y la dictadura de las minorías. La propaganda homo y transexual, el pinkwashing, el antiespecismo, el veganismo, los derechos de los robots y la lucha moral y jurídica contra todas las diferencias naturales, participan también de este programa de puesta en minoría jurídico-moral de la especie humana" (p. 281).
A todo esto nosotros añadimos la dimensión religiosa. La transgresión siempre ha sido el ámbito de la sagrado. Hacer de la transgresión la norma lleva implícito esta religiosidad, sin la que no se puede entender en todo su alcance el régimen de poder-religión contemporáneo, el hollycapitalismo. Así, esta ingenieria social no se puede entender sin el papel central que están desempeñando toda una serie de figuras que podemos calificar como semisagradas, que actúan como referencias sociales para los profanos. Las estrellas de Hollywood y de la Hollymúsica son las más evidentes. Pero en realidad hay que ir más al fondo de la cuestión para comprender que estas estrellas son de hecho solo parte de un fenómeno más profundo, que es el de los programas de control mental mediante trauma, tipo MK Ultra o Monarch, que producen literalmente todo tipo de figuras sociales que lideran las agendas de ingeniería social. Y todo esto opera como las religiones paganas, con iniciaciones, rituales, sacrificios, hierogamias.

Y todo esto está, además, muy vinculado con el abuso intergeneracional, que nos atrevemos a decir que es una de las claves de bóveda del sistema, del que se nutren estos programas institucionales de control mental, en los que, el incesto y la homosexualidad ocupan un papel central. Como vemos todo encaja, todo se cierra, todo se relaciona.

Hacer de la transgresión la norma implica una inversión mayúscula de las bases morales y normativas de cualquier sociedad, que solo podemos calificar de satánica. Y efectivamente esta es la corriente subterránea sin la que no se puede entender todo este movimiento transhumanista. Aunque en realidad siempre ha estado ahí, desde hace milenios, porque es la estructura profunda del poder-religión: el ritual de sexo y sangre.

Volviendo a Cerise, lo que se esconde detrás de estas discriminaciones positivas, de esta defensa de las minorías, es algo en realidad mucho más perverso, patológico y patogénico. Lo que estarían encubriendo estos movimientos, supuestamente progresistas, es en realidad un "odio visceral contra el pueblo y los heterosexuales" (p. 272). Esto es, un odio contra lo normal, contra la norma.

Se podría añadir que estos movimientos, que podemos englobar bajo el término trans —transexualismo, transgenerismo, transgenetismo, transespecismo, transhumanismo— son mucho más religiosos y fundamentalistas de lo que aparentan. Serían de hecho la herencia de la tradición judeo-cristiana más radical, más puritana. Paradójicamente. En el sentido en que suponen una demonización de lo corporal, de la carne, en lo que esta tiene de menos maleable por el espíritu, por la cultura, que es su tendencia a unirse con el otro sexo.

Todos estos movimientos trans, están alimentados por un transcendentalismo, en el sentido más negativo del término. En otras palabras, lo que todos ellos tienen en común es la adoración, sin duda marcadamente religiosa, de lo espiritual, y la demonización de lo corporal. Pero sobre todo de lo espiritual separado de lo corporal. En definitiva, de la dominación enormemente sublimada, hasta el punto en que se convierte en inconsciente, del espíritu sobre la materia, del artificio sobre la naturaleza, de la ficción sobre la realidad. Y a su vez, entre las masas, de la dominación del cuerpo sobre el espíritu. Lo que padecemos hoy es el reino de la desencarnación, de la desespiritualización del cuerpo y la descorporización del espíritu. Y evidentemente esto solo lo saben orquestar altos iniciados.

Lo trans es, de hecho, una de las facetas más importantes para comprender la religión hollycapitalista, el reino de la producción de realidad a partir de ficciones. Dinero fiduciario, teoría de género, ingeniería genética, Hollywood, etc., son finalmente distintas facetas de un mismo fenómeno que hoy se despliega ante nosotros.

Lo más interesante de Lucien Cerise es que nos muestra, como avanzábamos, que muchos de estos movimientos trans —fomentados por el globalismo tras la máscara de activismos, militantismos y progresismos varios— son parte de una única agenda transhumanista:
"... veremos aparecer uno de estos días leyes antihumanas que se imponen enmascaradas bajo el pretexto moral de luchar contra la «transhumanofobia» y por la igualdad del humano y el transhumano."
Esto es, la misma mecánica de defensa de las minorías, de lo anómalo, de lo excepcional, de lo artificial, va a ser utilizada, según él, para otorgar a los robots los mismos derechos que a los humanos (pp. 74, 276, 279). Aquí vemos como esta dimensión transcendentalista es central, que como decimos no es otra que la de la dominación del cuerpo desencarnado por el espíritu, al máximo nivel, y del espíritu por el cuerpo, en la base. Insistimos, la noción clave para comprender lo que vivimos hoy es esta: desencarnación. Y todo esto se está realizando, no solo con ciencia y tecnología, sino además con rituales, con magia negra.

En lo que hay que insistir es en que lo que tenemos siempre es un doble movimiento de desestructuración a un nivel y de reestructuración a otro nivel. Esto es, el propio sistema tiene que desestructurar a un nivel más natural para reestructurar a un nivel más sístemico. Siempre en el marco de agendas de medio-largo plazo que operan más allá de la farsa de la política de telediario, controlada por las logias.

Cerise ha comprendido muy bien, como ya mostró en Gouverner par le chaos, que las élites atlantistas-sionistas están llevando a cabo una "demolición controlada" de las estructuras existentes (pp. 45-46), esto es, una desestructuración. Y que por ello, la labor de cualquier resistencia a esta dinámica debe pasar, al margen de las distinciones artificiales entre derechas e izquierdas, por la tendencia contraria, por una reestructuración. Pero una reestructuración "por abajo", frente a la reestructuración "por arriba", que también se produce.

Si el "orden a partir del caos" (p. 54) es eficaz es porque el sistema construye estructuras "por arriba", más artificiales, que son capaces de recuperar las energías que libera de las estructuras más naturales. Las teorías de género, la homosexualización y transexualización, la violencia de género, el abuso infantil, y como iremos viendo cada vez más, el incesto, nos llevan a una sociedad atomizada. Por eso todo esto está siendo instigado por las élites satánicas. Porque la desestructuración "por abajo" hace posible la reestructuración por "por arriba", el del intercambio mercantil, el dinero, el control del Estado, los dispositivos educativos, mediáticos, tecnológicos, etc.


Collage del autor.

Esta transferencia entre planos también puede entenderse como una estructura piramidal, tal como propone Cerise. La desestructuración y la división en la base se produce al mismo tiempo que la reestructuración y la cohesión de la cumbre. El sociólogo es consciente de la implicación de la masonería en todo esto, a pesar de que no ha profundizado en este tema (p. 54). Esto es lo que se echa de menos en el pensamiento de Cerise.

Como decíamos, su método es comprender el "cómo" antes que el "quién", y en esto demuestra mucha inteligencia. Y es que cuanto más nos acercamos a las cúpulas más desinformación vamos a encontrar sobre los "quiénes", mientras que los "cómos" son relativamente constantes. Así, Cerise propone investigar y "democratizar" los métodos utilizados por las agencias de inteligencia, que son de hecho quienes verdaderamente ejecutan las agendas concebidas por el verdadero poder en la sombra (pp. 256, 334, 344). Sobre todo en el régimen del caos, de la crisis, del desastre, que hoy padecemos.

Esta mecánica de desestructuración y división de la bases se puede aplicar también a la distinción tradicional entre izquierdas y derechas. Pero de hecho todas las oposiciones sociales responden a la misma mecánica (pp. 56, 90, 149, 152, 181).


La ficción produce realidad desencarnada

El sistema pone en escena la tesis y la antítesis, pero ambas controladas, esto es, tesis y antítesis solo hasta ciertos límites. Y al mismo tiempo deja fuera de escena todo aquello que supone una verdadera oposición al sistema (pp. 152, 156, 158). Lo que hay que subrayar es que la dimensión espectacular, escénica, representativa, de esta mecánica, es central. Especialmente en el mundo de hoy en el que cada vez más todo está inscrito en algún dispositivo de representación, de mediación. Este es el verdadero poder hoy.

De hecho la mercancía no tiene sentido sin su "puesta en mercado", que es una suerte de "puesta en escena". Esta "puesta en mercado" es lo que la dota de valor, lo que permite incrementar su valor de cambio por encima de su valor de uso. Pero esta misma lógica afecta a los demás valores: a la verdad, al honor, a la credibilidad, al prestigio. La homosexualidad, el transgenerismo, la cocina deconstruida, las mayores artificialidades... todo se carga de valor en función de cómo es escenificado en los medios dominantes. Como el dinero ficticio. De manera mágica, por el simple hecho de aparecer en la escena hollycapitalista.

Pero lo importante es comprender que estas ficciones son el vehículo en el que se transfieren los flujos libidinoso-agresivos que articulan todo el sistema, que vinculan los distintos planos de la realidad de los que hablábamos. Son ficciones pero ficciones encarnadas. Que sin embargo producen realidad desencarnada. Aquí está una de las claves para comprender el hollycapitalismo.

Cerise nos dice que esta dimensión ficticia es a veces suficiente, cuando el poder pone en escena la violencia:
"... la representación [del terror] es a veces suficiente para provocar los mismos efectos que lo real. […] La capacidad para «hacer creer» (en el poder o en el peligro) es fundamental, porque la representación del peligro provoca más o menos los mismos efectos anxiógenos que el peligro real" (p. 165).
Aquí el investigador francés pone el dedo en un tema central en el hollycapitalismo. En lo que hace de él un régimen no solo político sino también religioso. Todo el sistema se sostiene sobre una estructura de producción de valor de cambio ficticio, que vacía cada vez más de contenido, de realidad, el resto de los valores sociales. Pero esta producción inmaterial, ficticia, de valor, tiene que estar tensada a su vez por una producción de goce y de violencia, en parte ficticios pero también, en alguna medida, reales. Realidad y ficción son los dos polos entre los que se mueven todas las producciones del sistema. Y lo que estructura y articula todos los niveles del sistema son flujos libidinoso-agresivos que se transfieren entre los distintos niveles. En otras palabras, si es posible que la ficción del dinero fiduciario, del terrorismo fabricado, de las pandemias de laboratorio o de las teorías de género, se sostengan, es porque todas ellas vienen acompañadas en última instancia, aunque sea solo parcialmente, por producciones reales de goce y de violencia. En este sentido decimos que son ficciones encarnadas. Aunque paradójicamente produzcan realidad desencarnada. Esto donde mejor se ve es en los programas de control mental mediante trauma.

En este sentido, Cerise ha comprendido muy bien que el terrorismo en Occidente es, en esencia, un producto sintético del propio sistema, controlado por las agencias atlantistas-sionistas (de Estados Unidos, de Reino Unido, de Israel, y de otros Estados aliados). Y que esta amenaza terrorista es, en parte, una ficción, "terror virtual" (pp. 166-167). Pero, como decíamos, una ficción fundamental, porque es la que permite, entre otras, que el resto de valores ficticios del sistema, como el dinero fiduciario falsificado por la mafia bancaria, así como la burbuja financiera, se carguen de valor real. Y lo mismo con el goce sintético, con las pornografía, con las niñas-esclavas sexuales de las que disfrutan los altos políticos, los monarcas, las estrellas de Hollywood, etc. Ficción encarnada, producción sintética de goce y de violencia que es lo que ha caracterizado siempre al poder-religión. Esta es la clave de bóveda de todo poder-religión, del de hoy como del de hace milenios.

Es verdad que una buena parte de estas violencias son ficticias, fabricadas, actuadas. Pero necesitan también tener algo de realidad. Con ello, lo importante es que provocan amenazas reales. Lo mismo podríamos decir del goce sintético, fabricado por el sistema, y del deseo real que este produce. De hecho el grado de perversión y de amoralidad que hoy padecemos, pone de manifiesto hasta qué punto el régimen de poder-religión es precario.

Aquí vemos otra vez la importancia de ciertas figuras que operan como intermediarias entre los profanos y los iniciados, aquellas que aparecen en el escenario del poder-religión. Son las que articulan la dimensión real y la ficticia. Las que "hacen creer" en la realidad del goce y la violencia, aunque esta realidad sea solo parcial. Estas figuras articuladoras de los dos ámbitos de lo social, del ámbito público y el secreto, del profano y el iniciático, no son otras que los esclavos de control mental tipo MK Ultra o Monarch. Otra vez, esta es la clave de bóveda de todo el sistema. Nos atrevemos a decir que toda la espectacularización del Hollycausto está ahí, entre otras cosas, para encubrir estos programas desarrollados en los campos de concentración, que después siguieron llevándose a cabo en Occidente, a través de la Operación Paperclip.

Este es un tema en el que Cerise no ha profundizado, dejándose guiar por desinformadoras como Naomi Klein (pp. 64-67, 182). Es verdad que el modus operandi del "capitalismo del desastre", de la "doctrina del schock" tiene mucho que ver con los programas de control mental mediante trauma. Pero la cuestión es mucho más compleja, mucho más profunda y mucho más sutil de lo que nos cuentan tanto Klein como Cerise. Porque para comprenderla es necesario recorrer el laberinto de las iniciaciones, del abuso intergeneracional, de lo que podemos denominar el gobierno encubierto del Falo desvirgador, violador, pederástico, incestuoso, homosexual, felado. Es este Falo del poder-religión el que articula el goce y la violencia reales, y por lo tanto el sadismo, con el goce y la violencia sintéticas producidas en su escenario, y que a su vez producen el deseo y la amenaza que sostienen todo el orden social. Esto es el hollycapitalismo en el que Hollywood lo atraviesa todo. Pero no el Hollywood políticamente correcto que nos muestran los medios dominantes, sino el Hollywood iniciático, el Hollywood del abuso infantil y sexual, el Hollywood vinculado a las agencias de inteligencia y a los programas de control mental.

Y sin embargo Cerise se acerca a comprender lo que está aquí en juego, que en definitiva es la utilización ambivalente —satánica— de símbolos. Nos dice que lo que hace el poder es "esconder a plena luz" (pp. 91-92). Este es el doble lenguaje orwelliano, el que hace posible que una misma palabra, un mismo discurso, una misma imagen, en definitiva, un mismo símbolo, pueda ser leído de distintas maneras, a los distintos niveles del sistema. Y que pueda servir como mantra de programación mental, tanto de control "duro", para esclavos MK Ultra-Monarch, como de control "blando", para el resto de la ciudadanía.

Pedro Bustamante es autor de "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015). Colabora en diversos medios alternativos como El Robot Pescador, El Espía Digital, Katehon, La Caja de Pandora y Csijuan.