2017-01-16

Santa Ana no es la madre de la Virgen María; el niño Jesús encubre a la niña María


Joos van der Beke, 'van Cleve', Santa Ana trinitaria y San Joaquín (detalle), Musées Royaux des Beaux-Arts de Belgique, cat. 565. El "niño" aparenta ser Jesús, pero en realidad es la niña María, hija de la mujer de azul y no de Ana.

Hablamos siempre de símbolos. Todo son símbolos. Solo se comprende a través de símbolos. Eso que llaman la verdad es la verdad que se esconde en los símbolos.

La Virgen María es otro de esos símbolos. Y como todos los símbolos tiene varios niveles de lectura. Simplificando podemos decir que la Virgen María es la expresión más evidente del símbolo de la virgen cristiana. Pero este símbolo enmascara el de la virgen pagana, que a su vez podemos sintetizar como la prostituta sagrada.

Hay que acudir a los evangelios apócrifos para comprender estas cosas. Al Protoevangelio de Santiago. Al Evangelio de Pseudo Mateo. Y hacerlo en paralelo a la interpretación alternativa del arte. Especialmente de ciertos autores anómalos o iniciados-crípticos, como Leonardo da Vinci. Entonces podemos llegar a conclusiones radicalmente heterodoxas.

Joaquín, el que será el padre adoptivo de María, se averguenza por no tener hijos. Parece que Judit, la criada de Ana, le propone a su señora que se quede embarazada de otro hombre, o que acuda al templo —que se ponga el pañuelo—. Ana le responde a su criada:
"Apártate de mí, pues no he hecho yo tal cosa, y, además, el Señor me ha humillado demasiado como para que me lo ponga [el pañuelo ritual]; no sea que algún malvado te lo haya dado, y hayas venido a hacerme también a mí cómplice del pecado" (Santiago: II.3).
Están hablando de una relación sexual al margen del matrimonio. Bien porque Ana es ya una suerte de hetaria —el Señor me ha humillado demasiado—, casada posteriormente con Joaquín. O bien se están refiriendo a la vieja tradición ritual del desvirgamiento o del servicio en el templo como prostituta sagrada antes del matrimonio. Una costumbre en trance de desaparecer en la cultura judía de la época, pero que se conserva como anomalía entre las castas en el poder.

De acuerdo con Robert Graves estaríamos en el primer caso. El segundo sería más bien el de la prostituta sagrada María, su hija adoptiva. Graves nos dice que Ana, estéril hasta muy avanzada edad, pero que termina, aparentemente, teniendo una hija, responde al mismo arquetipo de Sara, Rebeca y Hannah (también Ana), madre de Samuel, de la que quizás se tomó el nombre para esta Ana. Insistimos en que es un símbolo, una estrategia de ingeniería social.

Sugiere el británico que esto indicaría que se trataba de sacerdotisas naditum ('barbecho'), una suerte de hetarias de herencia babilónica, similares a las vírgenes vestales romanas. Los hijos de estas naditum, tras muchos años de infecundidad, eran considerados especialmente sagrados (Los mitos hebreos, Madrid, Alianza, 1985, 29.2, 31.2, 38.1).

Ana sería pues una suerte de sacerdotisa, quizás prostituta en su juventud, que ha terminado casándose con un profano, con un hombre rico, soltero o viudo, como es el caso de Joaquín. Los evangelios apócrifos nos dicen que Joaquín era un hombre "muy rico". Rendía tributo a su señor pero igualmente era muy generoso con el pueblo (Santiago: I.1; Pseudo Mateo: I.2). Rubén le dice:
"No te es lícito ofrecer el primero tus ofrendas, por cuanto no has suscitado un vástago en Israel" (Santiago I.2; cf. Pseudo Mateo: II.1).
Como vemos, desde siempre, poder y religión van de la mano. También economía. Es la perversión del pensamiento dominante académico el que tiende a separarlo todo. Las castas más poderosas no pueden tolerar que Joaquín sea rico, que tenga éxito, que dé dinero a los pobres. Todo ello al margen de la pirámide de control político-religioso.

Aquí es donde aparece Ana y el tema de la descencendencia. Ana es una iniciada, una antigua prostituta o una sacedotisa, en todo caso cercana a las castas poderosas, porque el poder siempre ha sido el poder del Falo y el de la Vagina-Útero. De ahí que suela ser retratada de rojo. Joaquín es rico y los poderosos no pueden permitir perder el control de su herencia. Le censuran que dé dinero a los pobres, pero sobre todo lo que quieren es tenerle controlado, porque supone una alternativa al poder. Por eso le dicen que debe tener un hijo. Que entonces era como 'pasar por caja', como ahora veremos.

Toda la lógica de los sacrificios de los primogénitos —las primicias— se inscribe en esta lógica. Que es siempre la del control político-social. En este caso estamos ante una sustitución hierogámico-sacrificial. Las ofrendas de hijos al poder se siguen practicando hoy, en distintos grados. Desde ofrendas circunstanciales, similares al derecho de pernada, ofrendas de tipo sexual, de adopción, hasta ofrendas sacrificiales. Son las leyes no escritas que están en el centro de todo régimen de poder-religión, que dan sentido último a las leyes formales. Esto nunca lo explicarán en las universidades porque para eso están.

Todo esto está implícito en los símbolos, en las imágenes y los textos religiosos, como distintos niveles de lectura que son reconocidos a su vez por distintas grupos sociales. Todo esto es lo que estamos intentando comprender, leyendo los niveles más profundos de estos símbolos, hasta donde somos capaces.

En este contexto hay que interpretar la figura de la Virgen María. Ella nace porque le es impuesta a Joaquín por las castas en el poder-religión. Ana es la figura que los articula. Pero lo cierto es que todo apunta a que ella no es la madre natural. María podría ser hija de Judit, la criada, o de alguna otra mujer, posiblemente de una prostituta del templo y un poderoso. Y además tampoco sería su padre Joaquín.

María es todo menos fruto del amor, de la fidelidad, del matrimonio, de la castidad, o de cualquier otra virtud, esto es, todo lo que representa su símbolo. Como todos los símbolos, está inscrito en una lógica de dominación, según la cual los poderosos transgresores, más allá del bien y del mal, establecen las prohibiciones que sí rigen para los sometidos. Es el producto del más puro interés de las élites por controlar a sus subordinados. En particular a Joaquín, que representaría una suerte de amenaza al sistema, por su relativa independencia, riqueza, magnanimidad.

María y Madonna no son tan distintas. Son simplemente estrategias de ingeniería social que operan a varios niveles, con significados radicalmente contrarios para los iniciados y para los profanos. 

Todo esto se encubre para, a otro nivel, vender la historia cristiana de la Inmaculada Concepción y todo el resto de fábulas, como una estrategia de ingeniería social para controlar a las masas mediante la culpa, el pecado, la represión, la confesión-espionaje. Facebook es lo mismo, heredero de la confesión cristiana. También la pornografía en internet. CIA = jesuitas.

El arquetipo de la virgen, por lo tanto, recupera el de la virgen pagana, tanto en su dimensión popular, como en su instrumentación por las castas en el poder para controlar a sus subordinados. 


Jean Hey, Maestro de Moulins, "El encuentro en la Puerta Dorada; Carlomagno" (ca. 1491-4, National Gallery, cat. NG4092); y "La Anunciación" (1490-95, The Art Institute of Chicago, cat. 1933.1062). Partes de un retablo incompleto.

Todo esto parece intuirse en "El encuentro en la Puerta Dorada; Carlomagno" del Maestro de Moulins. El encuentro en la Puerta Dorada de Jerusalén representa el momento en que Joaquín y Ana se encontraron, depués de saber que iba a ser madre (adoptiva) de María. Joaquín llevaba mucho tiempo fuera, lo que confirma que María no es tampoco hija suya.

A pesar de que ha sido retratado mirando al otro lado, los supuestos padres de María aparecen acompañados del poderoso de turno, en este caso actualizado con la figura de Carlomagno. Probablemente esto signifique vinculaciones de linaje entre María, Jesús, Carlomagno y los Borbones, para los que el Maestro de Moulins pintó este cuadro.

http://www.artic.edu/aic/collections/artwork/16327

Pero de momento nos basta con la estructura, con la mecánica, y esto nos permite comprender que María es hija de un poderoso, pero también una suerte de hija encubierta, de 'bebé negro'. Como los que siguen teniendo las castas en el poder-religión real hoy. Esto también permite venderla a las masas como una mujer normal, humilde, en la que se fija Dios. Se trata de un doble juego típico de los poderosos desde siempre.

Además Carlomagno mira hacia la derecha, donde se encuentra, en el mismo retablo, una escena de "La Anunciación" de María, que a su vez mira hacia la izquierda. De hecho entre la Anunciación de Ana y la de María hay un cierto paralelismo. En ambos casos son figuras sagradas, dos estadios distintos de una misma carrera de servicio en el templo, virgen-prostituta sagrada y sacerdotisa.

Pero lo interesante, como veremos, es que María es, de hecho, la madre de María. Esto es, el símbolo de María engloba el de la madre de Jesús y el de la verdadera madre, encubierta por Ana, de la madre de Jesús. 

El caso es que, ante las presiones a Joaquín para que tuviese un hijo, Ana "tomó sus vestidos de boda". Estos vestidos de boda hay que leerlos también a un doble nivel: como boda profana con Joaquín y como boda sagrada con el poderoso de turno. Lo que menos importa en estos textos es el orden temporal, a menudo engañoso, en la medida en que para los símbolos no existe el tiempo. La boda profana y la sagrada se han podido dar antes o después, lo importante es que ambas estén presentes, sobre todo en lo que respecta a las castas en el poder.

Los "vestidos de boda" que Ana coge aluden a un ritual hierogámico. También que "sobre la hora nona bajó al jardín", y que se sentó a la sombra de un laurel (Santiago: II.4; cf. Pseudo Mateo: II.2). La dimensión transgresora, anómala, amoral, interesada, de Ana, puede percibirse en el Protoevangelio de Santiago:
"He venido al mundo para ser como tierra maldita entre los hijos de Israel; éstos me han colmado de injurias y me han barrido del templo de Dios" (Santiago: III.1).
Coloquialmente, podemos decir que Ana es una bruja, pero también una madame y una espía. Una desalmada que está al servicio de los poderosos, que actúa sin escrúpulos.



Un ejemplo de estos vestidos de boda, pero utilizados para una boda sagrada, para un ritual de desvirgamiento con el León, lo encontramos en el videoclip de "Like a Virgen" (1984) de Madonna. De nuevo están los dos niveles de lectura, la virgen cristiana y la virgen pagana. Por eso es "like", 'como' una virgen. Por eso aparece vestida con el trajo blanco de novia y el negro de 'chica mala'. Por eso hay un hombre-león: boda profana y boda sagrada.

Ana parece estar con un pie dentro del templo y con otro fuera. Pero creemos que esto es parte de la leyenda fabricada para enmascarar que es una insider, un prostituta curtida, que conoce lo que se cuece en la cloacas, utilizada por el poder para sus objetivos.


Joos van der Beke, 'van Cleve', Santa Ana trinitaria y San Joaquín, Musées Royaux des Beaux-Arts de Belgique, cat. 565.

En este cuadro de van Cleve vemos a Santa Ana como Isis. Sentada frente al velo-naturaleza, flanqueada por las Dos Columnas del templo, con la concha afrodítica sobre ellas. La Santa Ana que ven los cristianos es solo la que está a la puerta del templo. Pero esta encubre la que también accede al sancta sanctorum, la iniciada, la prostituta, la sacerdotisa, la que estamos tratando de des-velar aquí. Y como veremos María no es muy diferente.

Además vemos un 'niño' sobre las piernas de Ana, que no parece estar muy cómodo sobre ella. Cualquiera pensaría que se trata de Jesús, que prefiere estar con su madre María. Pero lo cierto es que el título del cuadro solo hace referencia a Ana y a Joaquín. Pero, de hecho, a Ana trinitaria. En realidad el 'niño' que está sobre su regazo no es Jesús, sino María, que no quiere estar con ella porque no es su madre, sino una vieja desconocida, que lo que menos conoce en el mundo es el amor desinteresado. Posiblemente ha sido verdugo de cientos de niños en el sancta sanctorum del templo. La niña María quiere estar con su verdadera madre, que como hemos dicho podría ser una prostituta del templo o una criada. Pero al menos es su madre natural.

Aquí está también ya implícita toda la tendencia a la desfertilización, a la sustitución de la maternidad natural por la institucional y tecnológica, que está hoy en la base de toda la ingeniería social. Y que es solo una continuación de esta ingeniería social ancestral.



En "Santa Ana, la Virgen, el Niño y san Juanito (Cartón de Burlington House)" (ca. 1499-1500, National Gallery, cat. NG6337) de Leonardo da Vinci, volvemos a encontrar algo similar. En contra de lo que dice el título, otra vez encontramos al "niño" en una posición muy ambigua, agarrado por la supuesta "María", pero de hecho en el regazo de Ana. Creemos que, otra vez, el alto iniciado Leonardo está transmitiendo un mensaje oculto. El "niño" que vemos en el centro es en realidad María, que no es hija de Ana, sino de la prostituta o criada que está a la izquierda. Esto explica la extraña juventud de Ana, que aparece siempre excepto aquí como una mujer de avanzada edad, incluso en el nacimiento de María, y debería serlo aún más en el de Jesús.



Algo parecido pasa con otra obra muy similar de Leonardo, "Santa Ana, la Virgen y el Niño jugando con un cordero" (ca. 1503-1519, Museo del Louvre, cat. 776). Otra vez Ana aparece sorprendentemente joven, si la otra joven que está sobre su regazo fuese de verdad María y el niño fuese Jesús. Pero en realidad el niño es María y la mujer que acompaña a Ana es la verdadera madre de María. De ahí que se haya llamado a este cuadro "La Santa Ana".

Todo esto explica el verdadero significado de la expresión "las tres Marías". Lo mismo que Ana trinitaria.

La postura un tanto forzada de la madre de María en el regazo de Ana, en ambos cuadros, pone de manifiesto el encubrimiento. Sería una actitud natural si fuese una niña, como de hecho es retratada la verdadera María. Pero no tratándose de una mujer ya adulta. Hubiese sido más natural que Ana y María estuviesen una al lado de la otra. Esta posición tan forzada es la que delata que Leonardo ha querido hacer creer a los profanos que la mujer de rojo es María, y al mismo tiempo mostrar a los iniciados que es la verdadera madre de la niña María. Do you understand? Entenderlo requiere también una cierta iniciación.

Otro detalle que apunta a lo que decimos es que el brazo derecho de Ana y el de la madre de María se confunden, y el brazo izquierdo de la madre de María se prolonga en el de esta.

Otro dato significativo es que el cuadro fue hecho para el rey Luis XII de Francia y su mujer, también llamada Ana, con motivo del nacimiento de su entonces hija única Claudia. Donde probablemente haya una tercera mujer y verdadera madre.

http://www.louvre.fr/oeuvre-notices/la-vierge-l-enfant-avec-sainte-anne



Además hay una copia anónima del cuadro de Leonardo, "Santa Ana, la Virgen y el Niño" (principios del siglo XVI, Museo del Prado, cat. P00349) en la que volvemos a encontrar la ambigüedad entre la figura de Ana y la de la madre de María, con trajes azules que apenas se distinguen.

Todo lo que venimos dicendo tiene una importancia brutal, en la medida en que supone encubrir el símbolo de María en el de Jesús. Esto es, que en el fondo de la figura sagrada masculina está enmascarada la femenina.

Todo esto a su vez se vincula con las figuras de los niños Jesús y Juan el Bautista, otro tema críptico de Leonardo del que nos ocuparemos en otra ocasión. Pero que, con lo que hemos dicho ya, podemos adivinar que encubre la relación erótica de María con Juan.

Que estamos, antes que nada, ante una estrategia de poder y de control social es evidente, si leemos con atención lo que Ana le responde al ángel que le anuncia la concepción de María. Pero que como sabemos es una tapadera, porque María no es hija suya, y porque de lo que se trata es de ocultar el papel de Ana como insider, como una suerte de espía infiltrada en la familia de Joaquín, para controlarle. Joaquín es un bonachón inocente, que se ha dejado manipular por la bruja Ana. El caso es que Ana le responde al ángel:
"Vive el Señor, mi Dios, que, si llego a tener algún fruto de bendición, sea niño o niña, lo llevaré como ofrenda al Señor y estará a su servicio todos los días de su vida" (Santiago: IV.1).
"Tú conoces, Señor, el voto que hice al contraer matrimonio: que, si me hubieras concedido un hijo o una hija, te lo hubiera ofrecido a ti en tu templo santo" (Pseudo Mateo: II.2).
Esto confirma lo que venimos diciendo. Este es el hijo —en este caso hija— que la casta en el poder le reclamaba a Joaquín. Estamos ante una lógica de compromiso y amenaza. Si quieres seguir disfrutando de tu riqueza tienes que tragar con las reglas del sistema, que son siempre, en última instancia, reglas no escritas, las reglas del Falo. Tienes que darnos lo que más quieres...

Lo que está aquí implícito es el vender el alma al diablo, que es en lo que en última instancia consiste el poder-religión, lo que se esconde en los sancta sanctorum de todas las iglesias, de todos los palacios. Es la vieja mecánica de la ofrenda hierogámico-sacrificial de las primicias, en todos los grados: servicio de las doncellas en el templo como prostitutas sagradas, abuso y sacrificio de niños. Y todo ello en el marco de una mecánica de perversión moral, de control mental. Exactamente igual que como funciona hoy el poder-religión al máximo nivel, del abuso intergeneracional a los programas institucionales de control mental mediante trauma  como el MK Ultra.

Todo esto es lo que está en el trasfondo de las palabras de Ana al ángel, que en realidad son esta trama de amenaza y compromiso según la cual Joaquín debe pagar su tributo, entregar su "libra de carne". Y estos evangelios nos dicen ya de manera muy evidente cual será el rol de María: "servir" en el templo "todos los días de su vida". María será una prostituta sagrada. El tributo de Joaquín a la pirámide de poder.

También el ángel que anuncia a Joaquín el nacimiento de María le dice a qué está destinada:
"... sábete que ella ha concebido ya de ti una hija. Ésta vivirá en el templo del Señor, y el Espíritu Santo reposará sobre ella" ( Pseudo Mateo: III.2).
Esto es un símbolo que encubre la prostitución sagrada. Los poderosos se aprovechan de la credulidad de las masas. El poder y la religión son lo mismo.

Por cierto que, cuando Ana se encuentra con el ángel que le anuncia el nacimiento de María, leemos este pasaje, que apoya que estamos ante una iniciada, que está sometida a algún tipo de programación mental, que está vinculada a rituales de cercanía a la muerte:
"Mas ella, toda temblorosa y asustada por haber contemplado una aparición semejante y por haber oído palabras tales, entró en su habitación, se tendió en el lecho cual si estuviera muerta, y allí permaneció todo aquel día, con la noche siguiente, orando temblorosa" (Pseudo Mateo: II.3).
Continuaremos con la prostituta sagrada María en un próximo artículo.

Pedro Bustamante es autor de "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015). Colabora en diversos medios alternativos como El Robot Pescador, El Espía Digital, Katehon, La Caja de Pandora y Csijuan.