2017-02-02

Abraham y Sara: controlador y esclava-prostituta-sacerdotisa MK Ultra (1)


Giovanni Muzzioli, Abraham y Sara en la corte del Faraón, 1875, Museo Civico Archeologico Etnologico, Palazzo Dei Musei, Módena.

DE SARA A SANTA ANA

Partimos de la base de que en el corazón del judaísmo y del cristianismo se esconde el paganismo. Que la mayoría de los personajes, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento encubren a las castas politico-religiosas que han seguido siendo siendo paganas hasta el día de hoy. Pero al mismo tiempo han operado en la superficie como judíos y/o cristianos, como vehículo de manipulación de masas e ingeniería social.

Creemos que todas estas figuras de los textos judíos y cristianos hay que entenderlas sobre todo como arquetipos, como mecánicas de poder-religión, que se van repitiendo una y otra vez con ciertas variaciones. Son símbolos que nos permiten entender la realidad de la única manera posible: interpretando los símbolos, accediendo a una verdad que necesariamente es aquello que encarnan los símbolos. Las otras verdades son verdades de menor categoría que no nos interesan.

Ya hemos visto que Santa Ana y la Virgen María no son lo que parecen.

http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2017/01/santa-ana-no-es-la-madre-de-la-virgen.html

http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2017/01/la-virgen-maria-prostituta-sagrada-o.html

Robert Graves nos dice que Ana retoma el arquetipo de otras figuras como Sara, Rebeca, Raquel, Hazelelponi (madre de Sansón) o Ana (madre de Samuel) (Los mitos hebreos, Madrid, Alianza, 1985: 31.2).

Estas figuras serían sacerdotisas naditum o naditu, una figura a medio camino entre la prostituta de élite y la cortesana, de origen babilónico. Similar a la hieródula o heteria griega. Una anomalía social, no sometida al orden patriarcal, que viven en los templos, con mayor capacidad de acción que las mujeres normales. Vinculadas a los linajes de la élite. Algunas se podían casar. Nos dicen que no tenían hijos, de donde viene su nombre ('barbecho'). Pero sospechamos que sí tenían hijos no declarados, que pasaban a engrosar las filas de los servidores del templo, o bebés negros de los linajes de poder, como sigue ocurriendo hoy.

https://es.wikipedia.org/wiki/Naditu

Graves nos dice que Sara alude a la diosa Sharit o Sharayat, adorada en Bosrá, en la meseta de Haurán, en la actual Siria. Vendría a significar 'Reina del Cielo'. También conocida como Anat, Ana o Asherah, emparentada con la egipcia Isis. Sería una diosa de la fertilidad, caracterizada por una gran belleza (9.f).

En efecto, el Génesis Apócrifo nos habla de la belleza de Sara en el tono de una diosa de la fertilidad o de una alta sacerdotisa (26.c). El personaje bíblico nos estaría hablando del arquetipo de alta sacerdotisa de un templo pagano de la fertilidad, uno de esos templos que encontramos en las culturas agrarias arcaicas, en los que se practican rituales eróticos, orgiáticos, de protitución sagrada, desvirgamientos, etc (cf. Gail Evans, The Firstborn of God: Resolving the Contradictions in the Bible, Lincoln, Writers Club Press, 2000: p. 27). Donde se conocen las "debilidades" de unos y otros para hacer de ellas material de manipulación política. Donde se hace lo que no está permitido hacer en el ámbito profano. Exactamente igual que hoy. 

Si nos dicen que Sara —como Ana, la madre de María— eran infértiles, es para encubrir que si en algo son expertas estas mujeres es en el erotismo y la sexualidad, pero también en la formación de niños sagrados, esto es, de controlados mentales mediante trauma, de MK Ultra avant la lettre. Son altas iniciadas, que han pasado por todos los estadios de la perversión de las logias, que se las saben todas, que han visto mucho sexo y mucha sangre, que forman al resto de los adeptos desde que son bebés.

De la misma manera Abraham sería un alto sacerdote del dios armenio Ramman, asociado al carnero ('ram' en inglés), de tribus procedentes de las actuales Armenia o Turquía (Evans: p. 26-27).

Los textos académicos nos dicen que, según el código de Hammurabi, una sacerdotisa naditum podía casarse con un hombre y una doncella les daba los hijos que la primera no podía tener, debido a su avanzada edad (Evans: p. 28). Que este sería el caso de Sara, de Rebeca, de Raquel, de Ana.

Gail Evans reconoce que hay mucha incoherencia entre la supuesta infertilidad de estas figuras y su rol como altas sacerdotisas o prostitutas sagradas, como ocurre también con la mujer de Isaías. Sugiere que Sara, Rebeca y Raquel eran exactamente esto, prostitutas sagradas que han alcanzado la categoría de altas sacertotisas. Propone, con Ahmed Osman, que el "Señor" que inseminó a Sara o a Rebeca, sería el mismo emperador egipcio (pp. 29 y ss).



Algo parecido a lo que vemos en el filme "Faraón" de Jerzy Kawalerowicz (1966).

En todo caso lo que parece evidente es que Abraham y Sara no son un matrimonio normal, sino dos altos iniciados, los arquetipos de los máximos responsables, masculino y femenino, de templos. Y como vamos a ver, de templos paganos.

Sus cambios de nombre, de Abram a Abraham y de Saray a Sara nos hablan igualmente de una iniciación, de la pertenencia a un orden diferente al de los profanos. Forman parte de las tramas del poder-religión. Son estas tramas de poder-religión las que tienden a quedar enmascaradas en los textos oficiales. Según esa gran manipulación que consiste en separar, de cara al profano, la religión y la política. Pero estos textos canónicos sobre todo lo que enmascaran es la importancia que los rituales paganos, los de sexo y sangre, siguen desempeñando en estas redes. Exactamente igual que hoy.

Rituales paganos que llegan a los extremos de las prácticas de sexo y de sangre, en la medida en que estas desempeñan un papel central en la mecánica de control y compromiso político a distintos niveles. Pero también cargan libidinosamente todo el sistema. Desde la cadena del valor de cambio a la del valor moral, que son de hecho una misma cadena.

En este sentido se pueden interpretar como formas de programación mental, como las utilizadas por las religiones de misterios, y que siguen practicándose hoy en el ámbito de las sociedades secretas, de la masonería, de las logias. Todo esto es lo que los textos oficiales nos encubren y sin embargo, al mismo tiempo, sugieren al conocedor. Al iniciado o al investigador que no se deja atrapar en el lavado de cerebro académico.

Lo importante es comprender que estos templos, en su corazón, son templos paganos en los que se practican rituales de sexo y sangre. Que los textos judíos y cristianos están encubriendo todo esto, para mostrarnos una imagen completamente edulcorada de estas figuras. Y a pesar de todo, en numerosos detalles y en obras de arte que tratan de estos temas, podemos encontrar claves que nos hablan de esta dimensión oculta.

El satanismo no es la anomalía sino el paradigma, la continuidad de una prácticas paganas en lo oculto, bajo la superficie de las grandes religiones de masas occidentales. Hasta que no se comprende esto no se comprende nada. Y sobre todo no se entiende nada de cómo opera el poder-religión hasta hoy. 

Graves dice igualmente que el matrimonio de Abraham y Sara es una estilización de una alianza entre dos tribus, una patriarcal y otra matriarcal (31.4). Y remite a los comentadores midrásicos, según los cueles, Sara no es la madre de Isaac (31.7).

Veamos hasta qué punto podemos interpretar esta dimensión oculta en los textos.


Wenceslaus Hollar, Sara devuelta a Abraham, s. XVII, Thomas Fisher Rare Book Library, Toronto, Canadá.

SARA PROSTITUIDA CON EL FARAÓN

Cuando huyen a Egipto desde Jarán, Abraham le dice a Sara:
"He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti" (Génesis: 12.11-13).
Estamos ante una Sara que se corresponde más con el arquetipo de la prostituta sagrada joven, de la virgen pagana, de la "modelo presidencial" MK Ultra, que con el de la alta sacerdotisa que será después.

Para atravesar la frontera de Egipto Abraham encierra a Sara en un arcón, ataviada con sus mejores galas. El oficial de la aduana le obliga a abrir el arcón y le dice:
"Esta mujer es demasiado bella para que la goce alguien que no sea Faraón" (Graves: 26.c).


Curioso paralelismo con la manera como la MK Ultra Fiona Barnett es transportada en un avión de carga desde Australia a California, para que la programen en Disneyland y abusen de ellan en Bohemian Grove.

https://www.facebook.com/fiona.barnett.940


James Jacques Joseph Tissot, Sara es llevada al palacio del Faraón, a partir del Antiguo Testamento, ca. 1896-1902, The Jewish Museum, New York, cat. X1952-91.

Significativamente esta obra es una donación —un intercambio no declarado— de los herederos de Jacob Schiff.
"Y aconteció que cuando entró Abraham en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera. También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón. E hizo bien a Abraham por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos" (Génesis: 12.14-16; cf. Flavio Josefo, Antigüedades judías: I.8.1; cf. Graves: 26.a, d).
"Y cuando llegaron a Egipto, le salieron las cosas a Abraham como había imaginado, ya que corrió la voz de la belleza de su mujer, por lo que el propio Faraón, rey de los egipcios, no contento con lo que de ella se contaba, ansiaba contemplarla y tener relaciones íntimas con ella" (Flavio Josefo: I.8.1).
Otro texto dice que "Faraón prometió a Sara el país de Gošen y toda la plata y el oro que deseara como pago por la noche que iba a pasar con ella" (Graves: 26.f).

Los textos hablan por sí solos. El hebreo Abraham es un controlador MK Ultra que está prostituyendo a Sara, que de hecho es su medio hermana, a cambio de riqueza y poder. Sara es, en este momento, una especie de "modelo presidencial", como las que producen en las agencias de inteligencia atlantistas, desde bebés o niñas, para que complazcan las perversiones sexuales y sádicas de los altos cargos.

La presencia de los ángeles, como el que aparece en el momento en que el Faraón y Sara se encuentran, hay que interpretarla como tapadera y disparador de control mental (Graves: 26.e). Bluebird.

Después nos dicen que hay un malentendido entre Abraham y el Faraón, que este le pide disculpas y le devuelve a Sara, junto con cuantiosos regalos:
"Entonces Faraón llamó a Abraham, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer? ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete. Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abraham; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía" (Génesis: 12.18-20; cf. Flavio Josefo: I.8.1)
Evidentemente todo esto es una cortina de humo moralizadora para encubrir las relaciones de poder-religión de las que hablábamos. Pero, sobre todo, que Sara es una moneda de cambio en estas relaciones de poder. Hablamos siempre de Sara como arquetipo, que en este momento, como virgen joven, es equiparable a la Virgen María, y después, como sacerdotisa naditum, con Santa Ana. En el nivel superficial la Biblia nos presenta a Sara como mujer de Abraham y por lo tanto su relación con el Faraón como ilegítima. Pero sabemos que este es solo el nivel de lectura superficial.

En este ejemplo vemos muy bien cómo la Biblia es utilizada como una arma de adoctrinamiento, de moralización, de manipulación de masas. Pero lo hacen utilizando arquetipos y mecánicas de poder reales. Mecánicas que los textos canónicos encubren, pero al mismo tiempo dejan entrever, para el que las conoce o las intuye.

Esta es la mecánica que ya conocemos, según la cual solo la transgresión, como acto positivo, puede instaurar la prohibición, como reacción negativa. Solo el mal puede dar forma al bien.

La Biblia se puede leer siempre en estos dos niveles. Uno superficial, para el consumo de los profanos, y otro codificado, para las iniciados.

Decimos que Abraham es el controlador MK Ultra —avant la lettre— de Sara, esto es, el que ejerce el poder del Falo violador, sodomizador, felado, traumatizador. Sara es una prostituta sagrada que forma parte del templo desde que es una niña, porque ha nacido ya en él, hija de otra prostituta, porque es una huérfana, o por algún otro motivo anómalo socialmente.

Que Abraham es, no solo un perverso y un sádico, y probablemente un sociópata-psicópata, sino además un manipulador, se pone de manifiesto en los textos:
"Era formidable para entender cualquier cosa, conseguía persuadir a las gentes a que escucharan sus palabras y no erraba en suposición alguna. Impulsado por ello no sólo empezó a tener una idea de la virtud más sublime que los demás, sino que también decidió modernizar y modificar la idea que de Dios tenían todos. Y, así, fue el primero en atreverse a declarar que Dios es el único creador de todas las cosas..." (Flavio Josefo: I.7.1)

"Así, admirado por ellos en aquellas conversaciones como el hombre mas inteligente y formidable no solo para idear cosas, sino también para persuadir cuando exponía los temas que pretendía enseñar..." (I.8.2).
Aquí vemos una de las claves para entender lo que son el judaísmo y el cristianismo: fabricaciones de altos iniciados paganos, que siguen utilizando de manera encubierta los viejos métodos del poder-religión, esto es, los rituales de sexo y sangre, el abuso infantil y sexual, la tortura, el trauma creador de álters disociados, etc., pero elaboran una doctrina religiosa de masas basada en la idea de un dios trascendente, de la virtud, del pecado, etc.

Entre Abraham y algunos personajes de hoy, como Henry Kissinger, no hay tanta distancia, si atendemos a lo que nos cuenta la MK Ultra Brice Taylor. Por eso Abraham es un modelo para las élites poderosas, un ejemplo de perversión, de doble moral, de capacidad manipuladora de los profanos, de hipocresía en su máxima expresión. Abraham es el arquetipo del perverso, del ambicioso, del psicópata, que está dispuesto a sacrificar a su hijo, como veremos, para ganar poder. Así nos va, con estos modelos morales.


Wenceslaus Hollar, Abimelec reprende a Abraham, s. XVII, Thomas Fisher Rare Book Library, Toronto, Canadá.

SARA PROSTITUIDA CON ABIMELEC

Como ha señalado Robert Graves, la misma estructura del episodio de Abraham, Sara y el Faraón volvemos a verla con el rey Abimelec de Gerar. Y después con su hijo Isaac, Rebeca y el mismo Abimelec (26.3). Esto pone de manifiesto que estamos; antes que nada; ante arquetipos, ante una mecánica más o menos genérica de poder-religión.

Abraham se instala como forastero en Gerar, en el actual Israel, y vuelve a suceder lo mismo que en Egipto. Le dice a Abimelec que es su hermana y este la toma (Génesis: 20.1-2). De nuevo lo que los textos canónicos nos están escondiendo es que Abraham está negociando con el rey Abimalec a cambio de la esclava MK Ultra Sara como moneda de cambio. Sara como "libra de carne" que el judío Abraham vende al mejor postor.

La Biblia nos lo presenta como un malentendido, como si Sara fuese la mujer de Abraham y el rey, por ello, no quisiese tocarla y se la devolviese, junto con ganado, esclavos, dinero, y el derecho a quedarse en su tierra. Exactamente igual hoy con el colateral de la deuda:
"Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos y siervas, y se los dio a Abraham, y le devolvió a Sara su mujer. Y dijo Abimelec: He aquí mi tierra está delante de ti; habita donde bien te parezca. Y a Sara dijo: He aquí he dado mil monedas de plata a tu hermano [Abraham]; mira que él te es como un velo para los ojos de todos los que están contigo, y para con todos; así fue vindicada" (Génesis: 20.14-16; cf. Jaser: 20.25).

"Y Abimelec dijo a Abraham: He aquí, toda la tierra está delante de ti, vive en ella dondequiera que escojas" (Jaser: 20.26).
Evidentemente esto es una manipulación que encubre al controlador fálico Abraham y a la esclava-prostituta Sara. ¿Por qué le habría de dar Abimelec a Abraham todo esto a cambio de nada?

Estos textos están hay para encubrir lo que está en el fondo de la famosa Tierra Prometida. Nos muestra hasta qué punto todo el mito de la Tierra Prometida, de los judíos como el pueblo elegido para habitarla, es una tapadera para ocultarnos el uso político del sexo y la sangre para obtener privilegios políticos. No solo de los judíos sino de todos los que tienen ambiciones de poder desmedidas. La situación ha cambiado poco en milenios.

Además, el que Abraham presente a Sara como su esposa, cuando en realidad es su hermana, pone de manifiesto otra cuestión de suma importancia. Estas élites político-religiosas, judías o no, se caracterizan por operar al margen de la prohibiciones que rigen entre los profanos, y en particular la del incesto. El manipulador Abraham juega con esto para engañar a Abimelec. Presentarla como su hermana supone reconocer que puede ser ofrecida en un régimen exogámico, que es el habitual entre los profanos, en la medida en que la relación entre hermanos es endogámica y por lo tanto prohibida.

Lo que no dice Abraham es que pertenece a un clan de iniciados, entre los que estas prohibiciones no se cumplen. Precisamente porque conservar el poder supone la endogamia, o en todo caso una exogamia relativa con otros clanes de la élite. Otra cosa es que se mezclen con los profanos con fines de control político, infiltración, inseminación de bebés negros, etc. Pero siempre haciendo distinciones. 

En el Libro de Jaser encontramos la misma historia, algo menos manipulada:
"Y mientras Abraham estaba viviendo en la tierra de los filisteos, los sirvientes de Abimelec, rey de estos, vieron que Sara era extremadamente bonita, y ellos preguntaron a Abraham referente a ella, y él dijo: Ella es mi hermana. Todos los sirvientes de Abimelec fueron a él, diciendo: Un hombre de la tierra de Canaán ha venido para hacer su hogar en esta tierra, y él tiene una hermana que es extremadamente hermosa. Y Abimelec oyó las palabras de sus sirvientes quienes alabaron a Sara al rey, y Abimelec envió sus oficiales y ellos trajeron a Sara a él. Y Sara vino a la casa de Abimelec, y el rey vio que Sara era bonita, y ella lo complació extremadamente" (20.3-6).
Aquí vemos de manera más evidente lo que decíamos. Abraham "ha venido para hacer su hogar en la tierra" y "tiene una hermana que es extremadamente hermosa". Sara "complació extremadamente" a Abimelec.

Una vez "complacido" el rey Abimelec le dice a Sara:
"He aquí mi tierra está delante de ti, sitúa a tu hermano [Abraham] en cualquier parte de esta tierra que te plazca, y será nuestro deber exaltarlo y elevarlo por encima de toda la gente de la tierra, puesto que él es tu hermano" (20.8).

"Y Abimelec dijo a Abraham: He aquí, yo he dado órdenes que tú seas honrado como desees por causa de tu hermana Sara" (20.10).
Y después vuelven a producirse las plagas y los malentendidos (20.20).

Más claro imposible. Abraham obtiene el derecho a quedarse en Gerar a cambio de prostituir a su hermana Sara. En esto consiste la Tierra Prometida. La Tierra Prometida es la tierra prostituida. La tierra vendida por cuatrocientos siclos de plata, como hará después, muy significativamente Abraham al comprar la cueva de Macpela.

Pero insistimos en que la cuestión es aún algo más compleja. Todos estos textos son simplificaciones para que los entienda la masa, y al mismo tiempo ocultar la realidad del poder-religión. Abraham no es peor o mejor por ser judío. En todas las grandes religiones de masas opera la misma lógica: el encubrimiento de los rituales de sexo y de sangre, su utilización política por las castas de iniciados.

Quizás los judíos fueron pioneros en esta mecánica de encubrimiento y de manipulación. Pero sobre ella se construyeron las subsiguientes capas cristiana y musulmana. En el fondo, entre estas tres religiones hay mucho más en común que lo que distingue a la castas que se sirven de ellas para dominar a los pueblos, de los pueblos mismos. De ahí que una de las fabricaciones por excelencia de estas castas sea la rivalidad entre estos pueblos. Para ocultar lo que distingue al poderoso y al iniciado del pueblo profano: la hipocresía, la mentira, la doble moral, la falta de empatía.


Juan Antonio de Frías y Escalante, Abraham y Melquisedec, 1668, Museo del Prado, cat. P03399.

MELQUISEDEC INICIA A ABRAHAM

La figura de Abraham se puede interpretar a partir del encuentro que tiene con el rey Melquisedec. Ocurre después de un enfrentamiento entre varios reyes locales, en el que participa Abraham, para librar a su sobrino Lot y a su familia. Tras la victoria, Abraham se encuentra con Melquisedec, rey de Salem:
"Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo" (Génesis: 14.18-20).
Pero según muchos comentaristas, Melquisedec coincidiría con Sem, el hijo de Noé y antepasado de los semitas:
"Y otros dicen que Melquisedec... era Sem, el antepasado de Abram, y que enseñó a Abram los deberes del sacerdocio, en especial las normas referentes al pan de la Presencia, las libaciones de vino y los holocaustos. También dio a Abram las túnicas de piel que Dios hizo para Adán y Eva... Todo esto hizo Sem porque Dios había designado a Abram su sucesor" (Graves: 27.g).
Lo importante es lo que este encuentro simboliza. Melquisedec es al mismo tiempo sacerdote y rey. Conoce la tradición ritual y se la transmite a Abraham, como heredero, pero también como vencedor en la batalla, cuyo diezmo le entrega a cambio. El sacerdote-rey le entrega a Abraham el pan y el vino de la ingesta sacrificial, y las pieles que cubren a Adán y Eva. En otras palabras, el saber que Melquisedec le transmite es el del ritual hierogámico-sacrificial, el de sexo y sangre que se oculta en el sancta sanctorum del templo. Y a cambio Abraham le entrega una parte del botín de guerra y le promete obediencia.

No hace falta ser muy inteligente para entender lo que esto significa. La estructura de poder está supeditada a un conocimiento oculto, que es el del ritual de sexo y sangre. Todo la cadena de transferencias de riqueza en que se basan las tramas de poder se superpone a esta.

Nada ha cambiado en lo esencial en el régimen de poder-religión capitalista. Tampoco en el hollycapitalista. Toda la cadena mercantil está tensada por la transferencia real de riqueza desde la base al vértice de la pirámide, a cambio de dinero ficticio.

Pero lo más importante es que a este intercambio se superpone otro, que es el del goce y la violencia, el deseo y la amenaza. Que emanan del ritual hierogámico-sacrificial real, del ritual de sexo y sangre, que está en el centro, aunque sea en buena medida oculto, del poder.

Esto es lo que simboliza la entrega del pan y el vino de Melquisedec a Abraham. Abraham es un intermediario en esta estructura. Así hay que interpretar también la tentativa del sacrificio de su hijo Isaac, sin tener en cuenta la idea trascendente de Dios, que está hay para enmascarar esta estructura real, inmanente, del poder-religión, que es la mecánica hierogámico-sacrificial.

Abraham es un alto iniciado, un adepto obediente, ambicioso, desalmado, un conocedor del ritual pagano, un manipulador de masas. Un modelo a seguir para las castas que ostentan el poder-religión.

Continúa en http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2017/02/abraham-y-sara-controlador-y-esclava_4.html

Pedro Bustamante es autor de "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015). Colabora en diversos medios alternativos como El Robot Pescador, El Espía Digital, Katehon, La Caja de Pandora y Csijuan.