2017-04-28

"Metrópolis" (3/3): la programación de control mental mediante trauma es la madre del cordero



En el sótano del alquimista, María es sometida a programación mental. Fritz Lang comprendió muy bien la vinculación entre el satanismo y la programación de control mental moderna, mediante métodos científicos y tecnológicos, que se estaban empezando a utilizar y se consolidaría en el nazismo y su continuación en el imperio occidental de posguerra. Esta es una imagen clave en el filme. El androide no puede ser creado más que a partir del sacrificio del humano. Y en todo esto juega un papel central la mujer, como articuladora fundamental del elemento erótico-fértil que da continuidad a la vida. La ciencia, la tecnología, el capitalismo, y aún más el transhumanismo en el que desembocan, no dejan operar en el marco de una mecánica hierogámico-sacrificial, en la que el sistema se alimenta del sacrificio y de la hierogamia, de la muerte ritual de inocentes y de la hierogamia en la que la unión natural es sustituida por otras formas de unión más artificiales.

Continuación de http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2017/04/metropolis-23-el-transhumanismo-es-la.html.





Mientras Rotwang, la "violencia roja", le está transfiriendo la vida, o el alma, por así decirlo, de la humana a la androide, vemos un corazón humano palpitar en esta última, junto a una suerte de circuito sanguíneo. Todo esto son alusiones evidentes al sacrificio de sangre y al papel central que esta tiene en los rituales. El corazón palpita y vemos cómo de él salen destellos de luz en diagonal, dibujando, de nuevo, un rombo, esto es, dos pirámides.



Y finalmente vemos cómo la androide se convierte en humana, el rostro de María aparece sobre el de la mujer-máquina, al mismo tiempo que la María humana desfallece. Estamos ante el sacrificio satánico de la virgen. Pero también ante la mecánica sacrificial, la del abuso satánico ritual, que hace posible la traumatización, la disociación, la programación mental de las adeptas-esclavas, al servicio de la agenda satánica transhumanista. Esto se corresponde a la perfección con la disociación mental, con los sistema de álters que crean en los mútiples, en los que álters ocultos satánicos conviven con álters frontales cristianos que actúan de tapadera. El mal está oculto al mismo tiempo en el espacio y en la psique de millones de seres que te rodean, muchos de los cuales no siquiera son muy conscientes de que viven vidas múltiples.

Freder le pregunta a Rotwang dónde está María, y él le responde que está con su padre. Esto lo interpretamos (sucede precisamente frente al escenario dondo vimos a Hel) como una vinculación entre la esposa de Fredersen y madre de Freder, Hel, y María. Esto es, que Hel ha sido sacrificada a Satanás como parte del pacto de Fredersen para obtener poder. Que Hel y María son en definitiva una misma figura de una mecánica sacrificial que se repite.



Fredersen recibe una carta de Rotwang en la que le dice que la mujer-máquina "es el instrumento más perfecto y obediente que jamás haya poseído un hombre". Esto confirma lo que venimos diciendo: el alquimista moderno es el programador de control mental. Esto coincide con lo que nos dicen Fritz Springmeier y Cisco Wheeler de los máximos programadores del proyecto Monarca, empazando por el Dr. Mengele, que son grandes conocedores de las religiones de misterios, la cábala, el satanismo, la demonología, el tarot, etc.

De lo que nos habla "Metrópolis" es de una esclava MK Ultra/Monarch avant la lettre. Hay que recordar que por aquel entonces británicos y alemanes estaban empezando a implementar programas de control mental institucionales, de tipo científico-tecnológico, que se consolidarían con la llegada al poder de los nazis, se practicarían en los campos de concentración y tendrían su continuación en EEUU. Por los mismos científicos alemanes, a través de las operaciones Paperclip y Proyecto 63.

En coherencia con lo que decimos, vemos a María como una posesa, como una esclava Monarch en trance, junto a Fredersen, que en última instancia es su propietario. Este le encarga que vuelva a las catacumbas a manipular la revuelta de los trabajadores. Aquí vemos cómo la revolución comunista es infiltrada por la masonería. Y el papel central que juegan estos programados mentales, cuya estructura de álters se corresponde punto por punto con la mecánica de la infiltración, el encubrimiento, el manejo de información secreta, etc.



Fritz Lang comprendió muy bien el significado profundo del Ojo Illuminati y su vinculación a la programación mental y la disociación perceptiva y mental. Que sea el ojo derecho solar el que María abre, y el ojo izquierdo lunar el que cierra, pone de manifiesto también que conoce su ascendencia ritual egipcia, que encontramos, entre otros, en Plutarco.

http://deliriousheterotopias.blogspot.de/2016/10/la-simbologia-del-ojo-en-el-antiguo.html



María hace este gesto con el ojo mientras Fredersen la está ordenando su misión de agente infiltrado. Vemos el panel al fondo, que nos habla de esta programación, y el gesto del cuello de María, que pone de manifiesto su trance. En otras palabras, Fredersen es su propietario y controlador, en cierta medida también programador, aunque esta labor la realiza sobre todo su socio en la conspiración Rotwang. María hace el gesto de ojo y reacciona como un robot, porque está en trance disociativo.

Y al fondo seguimos viendo el mismo detalle de la pirámide invertida o el anagrama AVM que veímos desde el principio.

Entonces los encuentra Freder, lo que enfatiza el elemento de rivalidad entre padre e hijo. No solo porque representan dos orientaciones político-económicas, sino también porque compiten por una misma mujer, pero por los dos polos, afrodítico y demétrico, de los que hemos hablado.

Esto confirma lo que decíamos de María como encarnación de Hel. Pero la iniciación de Freder pasa también porque asuma esta estructura disociada en su psique. Porque establezca una distinción neta entre su mujer y el resto de esclavas y esclavos sexuales con los que saciar sus perversiones.



Rotwang da una fiesta, a la que invita a la alta sociedad, para mostrarles su invención. María sale de una suerte de cofre sostenido por esclavos, que nos recuerdan que ella es justamente esto, una esclava de control mental. Esto se corresponde también con las exhibiciones y ventas de esclavos humanos que realizan los Illuminati con regularidad. Cada año cerca de Las Vegas, según comentan Springmeier y Wheeler.

Vemos salir María de este gran cofre o caldero, en medio de vapores, que recuerda a los calderos o trípodes sacrificiales. María es lo mismo que la Pitia o la Sibila: una esclava de control mental mediente trauma, que sirve para comprometer a los poderosos, para que las élites establezcan pactos entre sí, de sexo y de sangre, como hacía la Liga Anfictiónica en Delfos.



Y además, tanto en la tapa de este caldero sacrificial, como en otros elementos que decoran la escena, que vemos al fondo, hay alusiones al Ojo Illuminati. María miraba con el ojo, pero es sobre todo el Ojo el que ve a través de ella. Por eso la vemos con los ojos cerrados, en trance disociativo, dentro del Ojo Illuminati, que está encarnado en todos los ojos de todos los esclavos de control mental que trabajan al servicio del Nuevo Orden Mundial, bajo la égida del Falo traumatizador. También su sombrero sugiere una pupila en un cristalino.





La esclava baila frente al público, compuesto únicamente de hombres, que se ven poderosamente atraídos por esta Gran Ramera capitalista.

Todo esto confirma lo que venimos diciendo, el papel central que desempeñan tanto la mujer como la programación mental en las jerarquías de poder-religión y en la ingeniería social de hoy.





Después volvemos a ver a María, como decíamos, encarnando la Gran Ramera del Apocalipsis. En otras palabras, la élites masonas-satanistas están utilizando el arquetipo sagrado femenino de las religiones paganas, de los cultos de la prostitución sagrada, como elemento de manipulación e ingeniería social. Eso son todas las estrellas femeninas hoy, desde Marilyn Monroe a Madonna, que son de hecho esclavas de control mental mediante trauma, la mayoría de ellas satanistas, como Madonna.



Vemos cómo el público se transforma en una masa informe de ojos...



... que son en el fondo un solo ojo. Y que es el mismo ojo disociado de la esclava que veíamos antes. En otras palabras, es el ojo robótico de la programación mental, el ojo Illuminati encarnado que adoctrina al resto de la sociedad en lo que hay que mirar y en cómo hay que mirar.

Todo esto ocurre mientras Freder está enfermo, y teniendo alucinaciones. Cayó enfermo en el momento en que vió a su padre y a María juntos. Pero aquí otra vez lo que está implícito es el ritual satánico del que ha sido objeto su madre, y que ha servido entre otras cosas para traumatizar al hijo, que probablemente ha tenido lugar cuando él era un feto, un "Niño Luna" del que nos habla Aleister Crowley.



Y mientras la Gran Ramera es adorada por la alta sociedad capitalista, y Freder se revuelve en la cama, la Muerte y los Siete Pecados Capitales que había visto antes en la Catedral, toman vida, bailando al ritmo de la "Danza de los Muertos".

Josaphat le confirma a Freder que, como consecuencia de la perversión moral, los hombres se han enemistado entre ellos, otros se han suicidado, el vicio y la decadencia se han extendido en toda la ciudad. Como lo que está pasando hoy, de manera muy intencionada.





Volvemos a ver a María en uno de estos locales de diversión, en lo alto de una escalera, como una sacerdotisa o una diosa capitalista. Le arroja una liga al público y estos se peleen por obtenerla. Aquí vemos otra vez el papel central que la mujer juega en la ingeniería social.
Josaphat le dice a Freder que esta Gran Ramera que revoluciona los locales de alterne, se llama también María. Que es la misma que es considerada una santa por los cristianos-comunistas. Quizás esta sea una alusión a la Orden de la Jarretera, que evidentemente hace alusión a la misma mecánica prostibularia.

Como era de esperar Fredersen quiere que los trabajadores recurran a la violencia, para así poder legitimar su respuesta violenta. Una operación de contrainteligencia en la que juega un papel central la esclava sexual y su programación mental.

Para provocar a los obreros, María les dice expresamente lo que ya vimos cuando eran víctimas del Moloch capitalista:
—¿Quién alimenta a las máquinas de Metrópolis con su propia vida?
¿Quién lubrica las articulaciones de las máquinas con su propia médula?
¿Quién alimenta a las máquinas con su propia carne?
Entonces les propone un sacrificio a la inversa: "dejar que las máquinas mueran de hambre", "dejarlas reventar", "matarlas".



De esta manera la María-Gran Ramera lidera esta revuelta comunista, o mejor, habría que decir ludita, pero en la que las alusiones sacrificiales son más evidentes. No se trata solo de destruir las máquinas, como hacían los luditas, sino de acabar con la máquina-corazón. Aquí, como decimos, hay una alusión evidente al sacrificio de sangre, a la mutilación del corazón. Y ahora veremos que la inundación hay que interpretarla como un sacrificio ritual, como una baño de sangre purificador.

La máquina-corazón está precisamente gobernada por Grot, el capataz masón que vimos al principio conspirando con Joh Fredersen.

El caso es que, como decíamos, destruyen (sacrifican) la máquina-corazón y se produce una inundación (un baño de sangre catártico) en la ciudad de los trabajadores.



Entretanto aparece Freder y les dice a los obreros que esta mujer que habla de destrucción no es la misma María que antes hablaba de paz.

Entonces aparece la primera María, que salva a los hijos de los trabajadores de la inundación. Pero ya hemos visto que el agua es la sangre, de manera que lo que está imlícito también son los sacrificios de niños. Que son de hecho los que se celebraban en honor a Moloch-Baal. Solo que aquí han puesto el énfasis en sus padres, en las masas trabajadores, en el papel de víctimas, indentificando a Moloch con la máquina capitalista.

La aparición de la María original es un giro importante, al mismo tiempo que nos parece lo más flojo del guión. Es de hecho la manera de que la película acabe bien y de que el profano no comprenda que ambas mujeres son la misma. Es la clave para comprender la complicidad de Lang y Harbou con las élites. Leyendo entre líneas podemos comprender lo que está en juego, pero esto no lo podrá hacer la mayoría del público, que no conoce la mecánica del poder-religión real en las sombras.

María, Freder y Josephat ayudan a salvar a los niños de la inundación. Esto es también una cursilería que busca el final feliz. La realidad es que el capitalismo se alimenta de la crisis y de la guerra, que a su vez consiste en el genocidio de millones de personas.



Mientras tanto los obreros, es decir, lo padres de los niños recién salvados, bailan en corro alrededor de las máquinas destruidas, como si estuviesen celebrando un ritual sacrificial. Esto encaja a la perfección con toda la simbología que venimos mostrando, pues, como vemos, lo hacen delante de la máquina-Moloch, que al principio sacrificaba humanos, y ahora es "sacrificada" por ellos.

Pero entonces el capataz les dice que no sean idiotas, que destruir las máquinas no es la solución, que se han olvidado de lo importante, que son sus hijos. Lógicamente el capataz masón está ahí para defender los intereses de su hermano masón el capitalista, para proteger su patrimonio, sus máquinas.

El capataz masón les dice también que la "Bruja" tiene la culpa de todo, que es a ella a quien deben matar. Evidentemente esto es, otra vez, una estratagema de la élites para desviar la ira del pueblo de sí mismos y de su sistema de producción, y canalizarla hacia las brujas, que de hecho les hacen la competencia en el uso de la magia y el ritual. Pero sin que se sepa que las élites también hacen uso de la brujería, solo que más organizada y más oculta.



Primero persiguen a la María original, confundiéndola con la Gran Ramera, pero luego la masa de trabajadores y la alta sociedad, que se divierte en un local nocturno, se mezclan, y el capataz atrapa a la Gran Ramera, o como él la denomina, la Bruja. En esta confusión se pone de manifiesto que, como venimos diciendo a lo largo de este escrito, María y la Gran Ramera son la misma.

Pero aquí las separan para que la película tenga un final feliz. Al fin y al cabo la gente va al cine y paga una entrada para evadirse de la realidad, para que la engañen. Porque vivir engañado con una imagen falsa de la realidad es más cómodo y hace la vida más fácil. Somo una minoría los que nos atrevemos a mirar a la realidad cara a cara.



A la Gran Ramera o la Bruja la queman frente a la catedral. Lo interesante es que este sacrificio es al mismo tiempo el de algunos objetos modernos, en particular vehículos. Sigue aquí implícita la idea del ludismo, pero también de la dimensión sacrificial de "accidentes" o atentados modernos de transporte, y cómo estos son utilizados como parte de la catársis social. En el 11S, en el 11M, etc., se sacrifician personas pero también grandes rascacielos, trenes, etc.



Mientras queman en la hoguera a la Bruja, María se ha escondido en el pórtico de la catedral. Esto es muy intencionado. Ya hemos visto que María es solo parte de la mecánica total. De la misma manera que la catedral cristiana es solo una cara de la moneda. La otra cara es el ritual satánico que se celebra en la cripta, lejos de la mirada de los fieles manipulados.

Rotwang la persigue en las puertas de la catedral, frente a la mirada de los santos, que son también parte del mismo culto de programación mediante trauma. Más o menos víctimas o verdugos, según los casos, más o menos esclavos, controladores o programadores.

Rotwang llama Hel a María. Esto confirma lo que decíamos, que ambas son la misma figura recurrente en generaciones sucesivas. La acorrala y esta se mete en la catedral. Como Freder se metía voluntariamente en el taller del alquimista (en la logia masona satánica).

La sombra del alquimista se proyecta sobre la sombra de María, con ambos haciendo el mismo gesto, de manera parecida a lo que sucedía antes en la película, cuando la mano negra de Rotwang se solapaba con la de la mujer-máquina. Todo esto sigue confirmando que estamos ante la misma María-Gran Ramera esclava de control mental, que la progamación mental comprende ambos polos, ambos álters.

Esto sucede a la vez que están quemando a la Bruja en la hoguera, de nuevo, para que comprendamos que ambas son la misma figura.



Perseguida por Rotwang, María sube al campanario. Es importante que la película termine en lo alto de la catedral, de la misma manera que ha empezado en las catacumbas. Son los dos polos de los que estamos hablando todo el rato, pero que son parte de una misma mecánica hierogámico-sacrificial. Hemos hablado de esto en "Sacrificios y hierogamias".

En el campanario vemos una imagen de la campana y su badajo, que podemos interpretar en clave fálica. Hay que comprender que en las iglesias el sonido de las campanas ha sido utilizado para encubrir el abuso ritual, de manera que el sonido actúa como disparador de trance disociativo en los abusados. Lo mismo con el violín en los campos de concentración y la programación mental. A menudo encontramos a programadores que son grandes aficionados a tocar el violín u otros instrumentos, como del Dr. Mengele.

Y porque la música y la cultura desempeñan un papel central en toda esta mecánica de programación mediante trauma. Nos lo han contado muy bien Kubrick, Pasolini, y otros.



Así hay que interpretar que María se agarre a la cuerda que acciona la campana, y suba y baje colgada de ella, mientras Rotwang la persigue. Estamos ante el abuso ritual.



Recordemos que, al mismo tiempo, está siendo quemada la Bruja, que se transforma en la mujer-máquina bajo las llamas. Insistimos, María y la Bruja son dos álters disociados de una misma mecánica de programación mediante trauma.



El alquimista sigue persiguiéndola en la cubierta de la catedral, junto esculturas de demonios. Para que comprendamos que este es el mismo ritual satánico que vimos al principio en la cripta subterránea, que el satanismo y el cristianismo son dos caras de la misma moneda.

Entretando Freder sube hasta allí para rescatarla. Lucha con Rotwang, hasta que, finalmente, este cae desde la altura y muere. Ya hemos visto que la película retrata como el "malo" a Rotwang, para a su vez retratar como el "bueno" a Fredersen. A pesar de que hemos visto que ambos son cómplices de la mecánica satánica de programación, infiltración, manipulación del movimiento obrero, perversión moral, etc.



Entonces María y Freder se besan frente a una pirámide tallada en la piedra. Lo hacen, insistimos, en la misma catedral.



Acto seguido, volvemos a ver la geometría piramidal formada por las masas de trabajadores, desfilando como si fueran un ejército. Enfatizada por la idea de la escalera, del ascenso en la pirámide de poder. Pero de hecho la verdadera ascensión se da por encima, al otro lado de las dos columnas, en el sancta sanctorum masón-satanista.

La pirámide está encabezada por el capataz masón, que se acerca a la puerta de la catedral a recibir a Freder y María, así como a Fredersen.



De la catedral (de la logia, del culto satanista) salen Joh Fredersen, Freder y María, que hay que interpretar como una recuperación de la Trinidad cristiana. Freder es una suerte de Mediador entre Dios y los hombres, entre el gran capitalista y las masas de trabajadores, a medio camino entre Jesucristo y el Mesías. Que son de nuevo, dos caras de la misma moneda, "ex post" y "ex ante" de una misma mecánica sacrificial. Y María está también a medio camino entre diversas figuras. Ya hemos visto que es al mismo tiempo la Virgen y la Gran Ramera, la Virgen María y María Magdalena.

Con todo esto el Padre Illuminatus, que como ocurre con los Illuminati se cree divino, legitima el poder y el privilegio de su linaje. Todo esto pone de manifiesto hasta qué punto Thea von Harbou y Fritz Lang son parte de estas élites en el poder-religión real. Este final feliz tan ñoño y tan cursi habla por si solo. Si bien es verdad que a lo largo de la película nos han dado muchas claves que nos permiten comprender el satanismo del poder-religión real.



Y para terminar, en la puerta de la catedral, el gran capitalista y el capataz, que representa a los trabajadores, escenifican su rivalidad y su posterior reconciliación. Pero esto es parte del teatro. Por eso lo hacen frente a la catedral, delante de la masa de trabajadores. Porque en realidad, como hemos insistido, son hermanos masones y lo han orquestado todo en la sombra.

Finalmente Freder, el Mediador, actúa como tal, coge las manos de ambos y las une. Así, "el corazón se convierte en el mediador del cerebro y las manos".

Y esta frase es rigurosamente cierta. Lo que la mayoría no entenderá es que se están refiriendo al ritual de sangre.

Pedro Bustamante es autor de "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015).