2018-03-21

"La esvástica rosa: Homosexualidad en el Partido Nazi" (1/2)


"Así, pues, si hubiera alguna posibilidad de que exista una ciudad o un ejército de amantes y amados [homosexuales], no hay mejor modo de que administren su propia patria que absteniéndose de todo lo feo y emulándose unos a otros. Y si hombres como ésos combatieran uno al lado del otro, vencerían, aun siendo pocos, por así decirlo, a todo el mundo. Un hombre enamorado, en efecto, soportaría sin duda menos ser visto por su amado abandonando la formación o arrojando lejos las armas, que si lo fuera por todos los demás, y antes de eso preferiría mil veces morir. Y dejar atrás al amado o no ayudarle cuando esté en peligro ... ninguno hay tan cobarde a quien el propio Eros no le inspire para el valor, de modo que sea igual al más valiente por naturaleza. Y es absolutamente cierto que lo que Homero dijo, que un dios «inspira valor» en algunos héroes, lo proporciona Eros a los enamorados [homosexuales] como algo nacido de sí mismo." Platón, El banquete, 178c-179b, Diálogos III, Gredos, Madrid, 1986-1988.


Alusión velada a las relaciones homosexualizantes en el ámbito bélico, en "Barry Lyndon" de Stanley Kubrick.

La idea dominante es que el nazismo apoyaba los valores de la familia tradicional y las relaciones heterosexuales y que persiguió a los homosexuales. Se los retrata como víctimas del nazismo, de una manera similar a como sucede con los judíos. Pero, como vamos a intentar mostrar, esta victimización de los homosexuales, como la de los judíos, era parte de una agenda global de largo alcance. De manera que, aunque esto pueda parecer paradójico (porque operaba en el marco del mecanismo sacrificial), el nazismo contribuyó a la agenda del género. Lo mismo que a la agenda de excepcionalidad en relación al antisemitismo y el Holocausto.

Que los nazis persiguieron a los homosexuales es cierto, en términos generales. Pero es también muy relativo y solo la superficie de un fenómeno más complejo en el que la homosexualidad y la pederastia fueron centrales en las estructuras de poder (poder-religión, de hecho) del nacionalsocialismo.

Hablamos de poder-religión porque en este movimiento jugó un papel central el ocultismo. Pero, de hecho, todo el nazismo no se puede entender si no es como un culto religioso, fuertemente atravesado por la programación mental mediante trauma, que remite a su vez a prácticas de abuso sexual, sodomía traumática, tortura, privación, sublimación homoerótica, etc.



Para comprender todo este complejo fenómeno una fuente muy valiosa es el libro "The Pink Swastika: Homosexuality in the Nazi Party" (La esvástica rosa: Homosexualidad en el Partido Nazi) de los autores Scott Lively y Kevin Abrams (Keiser, OR, Founders Publishing Corporation, 3 ed., 1997).

Lo que no se suele comprender es hasta qué punto el fenómeno de la homosexualidad y el de la violencia se vinculan en determinados contextos. La homosexualidad puede ser un fenómeno exento de violencia, pero también puede suceder lo contrario, y entonces se convierte en un ingrediente fundamental de determinadas estructuras de poder-religión, como las que estaban en el corazón del nazismo.

Este libro nos muestra que las sociedades más violentas, más atravesadas de tendencias sadomasoquistas, han tendido a ser aquellas en las que la homosexualidad y la pederastia jugaron papeles centrales. No hablamos de sociedades en general, de sociedades profanas, sino de grupos humanos específicos, en general, masculinos, de corte iniciático, jerárquico, militarista. Como vamos a ver, el nazismo se inspiraba en experiencias históricas en las que exisitieron sociedades de este tipo, como en la Grecia antigua o en la Prusia de Federico II el Grande (p. iv).


OCULTISMO Y SOCIEDADES MILITARES PEDERASTAS

Para comprender el nazismo es necesario hablar de la corriente milenaria ocultista que lo alimentaba. Ocultismo en el que, a su vez, tienden a darse la homosexualidad y la pederastia (p. 57). Porque son estas relaciones de abuso infantil y la programación mediante trauma que producen, las que "mejor" (en la mentalidad de sus miembros) sacan al individuo de la relación natural y familiar, y lo introducen —"resocializan"— en la relación artificial, sustitutoria, de la secta o la logia. Esto es lo que dicen los autores de este libro de este tipo de sociedades iniciáticas:
"El proceso de iniciación homosexual de un chico en estas sociedades es horrible: es privado de sueño, alimento, golpeado y violado durante días, hasta que es completamente resocializado como un homosexual" (p. 63).
Hacen un repaso de numerosos cultos, de todos los ámbitos culturales y diversos períodos históricos, en los que homosexualidad y pederastia jugaron un papel importante (pp. 58 y ss). (No decimos que, en general, homosexualidad y pederastia coincidan.) De hecho, el fenómeno es mucho más extendido de lo que se suele creer. A menudo, los investigadores y críticos no lo han sabido interpretar, o lo han encubierto, confundiendo prácticas de prostitución sagrada o rituales heterosexuales con lo que tiende a estar en el centro de todos ellos, que es la producción, en un marco iniciático, del andrógino. Culto al andrógino pero como resultado de la producción ritual del andrógino.

Los autores tienden a identificar estos cultos pederásticos y androginizadores con las religiones paganas, y a oponerlas a las religiones judeocristianas. Aunque reconocen que pervivieron en la sombra en estas últimas (p. 61). La producción del andrógino ha sido el gran secreto de todas las religiones y ha jugado un papel mucho más importante en la historia de lo que se cree. Y hasta el día de hoy. Y este es también el secreto mejor guardado del nazismo. 

El andrógino es la clave. Incluso dando forma a las relaciones heterosexuales. Esta es la paradoja que pocos comprenden. Los modelos dominantes del amor heterosexual han sido construidos ritualmente desde las prácticas androginizadoras. El andrógino está en el centro de la ingeniería social, desde siempre, extendiendo este término a toda la historia.

Las prácticas pederásticas y homosexuales han estado siempre en el corazón del poder-religión en la sombra, y han dado de hecho forma a los modelos dominantes heterosexuales. Dominantes, repito. Si hay algo "culto", si hay algo "sublime", si hay algo "divino", siempre desde la perspectiva dominante, ha sido siempre esto. Aunque esto no lo dirán los activistas del género, probablemente porque lo desconocen. O, si han llegado a conocerlo, porque sus iniciaciones o sus programaciones mentales les impedirán reconocerlo.

Pues bien, esto se puede percibir con particular claridad en el nazismo, en el que nada es lo que parece con respecto al género, y en el que la homosexualidad jugó un papel protagonista.



En la Grecia clásica encontramos una vinculación muy evidente de pederastia, homosexualidad y sociedades exclusivas de corte iniciático, conformando las estructuras del poder real. Estas prácticas fueron, entre otras, los modelos que retomaron las élites nazis (pp. 18 y ss).

Es sabido que los nazis calificaron el arte moderno como "degenerado" y retornaron, también en el ámbito estético, a los modelos clásicos. Lo que es menos sabido es que este arte clásico representaba, para ellos, un ideal masculino muy particular, asociado a estas prácticas homoeróticas, iniciáticas, jerárquicas, etc.



Pero estas prácticas se dieron también en el ámbito de sociedades de corte religioso-militar, aristocrático, como fue el caso de las órdenes de caballería medievales (p. 62). Era también el caso de ciertos contextos bélicos de la Grecia clásica, como los ejércitos de Creta o Esparta. En este último, los adolescentes de 12 años eran asignados a un "amante" adulto, para su instrucción. Otro ejemplo más conocido es el "batallón sagrado" de Tebas, compuesto por unas 150 parejas de varones homosexuales (p. 82).

Plutarco habla de un ritual de inducción militar en el que los jóvenes eran esclavizados durante dos meses y sometidos a abuso sexual por parte de los adultos (p. 20). Se trataba de prácticas de programación mental mediante trauma, similares, aunque menos sofisticadas, a los métodos Mk Ultra de hoy.

Lo interesante es que estas prácticas pederásticas y homosexuales se daban en paralelo a una demonización de lo femenino y a una divinización de lo masculino, como encontramos en el nazismo (p. 21). Pero que es, de hecho, algo que está en el trasfondo más profundo de la cultura moderna, y que es la base del satanismo: la demonización de la maternidad natural y la divinización de modelos sociales alternativos. En este sentido, no hay una oposición tan rotunda como nos quieren vender entre el nazismo y nuestros llamados "Estados de derecho". Todos están al servicio de un mismo proceso satanista-capitalista-transhumanista de extinción de la fertilidad natural humana y transformación del humano fértil en andrógino infértil.

Y es que, de hecho, es también el andrógino el que estaba en el centro del nazismo. Divinizaban la relación homoerótica, porque significaba encarnar tanto el polo masculino como el femenino, a pesar de que el segundo de ellos fuese compartimentalizado amnésicamente o reprimido. El nazismo era, por lo tanto, también, aunque esto pocos lo han comprendido, una forma de culto al andrógino. Y por eso es muy posible que algunas de las figuras centrales de este movimiento, como el mismo Adolf Hitler, fuesen mujeres transexualizadas de manera encubierta. Hablaremos de ello con más detalle en lo sucesivo.

La inspiración del Estado nazi remite a "La República" de Platón (p. 82). Esta obra inicia una serie de utopías fascistas caracterizadas por la imposición de un orden racional sobre las sociedades naturales. Como paso previo para la eliminación de la familia y la fertilidad natural, así como la propiedad privada, y su sustitución por un orden estatal comunista y cientifista (p. 82). Como ocurre en "Un mundo feliz" de Aldous Huxley, que simplemente retoma el modelo utopista platónico, con un posicionamiento muy ambiguo, como no podía ser de otra manera en un miembro de la élite.

La vinculación de esta filosofía totalitaria con las tendencias homosexuales es evidente, aunque haya sido poco destacada por el pensamiento dominante. Porque contradice la retórica de la propaganda de género. Pero, insistimos, no todo el homosexualismo tiende a este polo coactivo.

Todo esto nos lleva a pensar que, detrás de la fachada del "heteropatriarcado" que nos venden, lo que verdaderamente se ha escondido siempre son las relaciones homoeróticas forzadas, pero al mismo tiempo sublimadas. Esto es, nos retratan a los homosexuales como víctimas de los heterosexuales totalitarios. Pero lo cierto es que, en muchos casos, los homosexuales tienden a ser protagonistas ocultos también en el polo represor. De hecho, para ser más rigurosos, no son exactamente los homosexuales, sino los sujetos fuertemente androginizados, a menudo públicamente heterosexuales, y todo ello a menudo en el marco de prácticas de iniciación dura. Esto es lo que encontramos de hecho en el nazismo.

Para los autores, este renacimiento de la cultura pagana, y griega en particular, es central (p. 21). Cultura iniciática dura, como decimos, que fue también protagonista en otros contextos históricos, como el de los Caballeros Templarios y Teutones, la Italia renacentista o el militarismo de Federico II de Prusia (p. 26).

Federico II el Grande fue, como decimos, otro de los modelos admirados por lo nazis. Era uno de los héroes de Hitler, además de homosexual y pedófilo (p. 83). Federico obligaba a sus oficiales a permanecer solteros, y se inspiraba en las prácticas homosexualizadoras y pederastas de control mental de los Caballeros Teutones y Templarios. Odiaba a las mujeres, lo que vuelve a ser un ingrediente central para entender a las élites nazis (p. 83). Pero que, como decimos, caracteriza a toda la cultura occidental.



Más cerca del nazismo, una fuente decisiva para entender su corriente ocultista es Helena Petrovna Blavatsky y su Sociedad Teosófica. Los autores creen que Blavatsky podría haber sido lesbiana. En todo caso, era muy masculina. No es descartable, dado su aspecto y su interés por la figura de Isis, que fuese un hombre transexualizado. "No hay nada de mujer en mí", afirmaba (p. 65).



La relación entre Blavatsky y su discípula Annie Besant, a la que elegió para sucederla en la Sociedad Teosófica, sugiere un elemento homosexual. La primera se refería a la segunda como "Mi querida PENÉlope" (p. 66). La Teosofía fue muy popular en Alemania y Austria desde finales del s. XIX (p. 65).



Otra de las fuentes del ocultismo que subyacía al movimiento nazi fue el probable homosexual Guido von List, con su Ariosofía y la Höher Armanen-Orden ('Alto Orden Armánico'), de la que fue Gran Maestro, y a la que pertenecían muchos miembros de la alta sociedad austríaca.

Como en la Teosofía, en la Ariosofía jugaba un papel importante la supuesta superioridad racial de los arios (pp. 67-69). Sabemos que este pasó a ser uno de los ingredientes de la ideología nazi.

Pero lo que no se suele comentar, es que todo el tema de la pureza racial nazi funcionó en dos sentidos. Por un lado, demonizando el racismo, de cara a la agenda globalista que el nazismo debía impulsar, por oposición. Y por otro, creando una cortina de humo para encubrir un tema aún más central, en parte vinculado al racismo, como es el de los linajes de sangre traumatizados-demónicos que conforman el poder-religión oculto. La pureza racial funciona como cortina de humo para que no se comprenda el tema de la pureza de sangre de las élites, pero que no es exactamente de tipo racial, sino sobre todo demónico-satánico.



Otra influencia ocultista fue la del también probable homosexual Jorg Lanz von Liebenfels, que fue expulsado de un monasterio cisterciense, precisamente por transgresiones sexuales, y fundó la Ordo Novi Templi ('Orden del Nuevo Templo'), vinculada a su vez a la Ordo Templi Orientis ('Orden del Templo Oriental').

Estas órdenes se basan, como avanzábamos, en las de los Caballeros Templarios y Teutones de la Edad Media (p. 69), que a su vez entroncan con lo que venimos diciendo de las sociedades jerárquicas, religioso-militares, en las que la iniciación forzada de tipo pederástico y homosexual, y la programación mental mediante trauma, juegan un papel central. Los nazis adoraban a los Caballeros Teutones:
"Como List y Lanz, Himmler estaba obsesionado con la Orden de los Caballeros Teutones... veía su Guardia Negra [parte de las SS] como un cuerpo de élite de guerreros teutónicos" (p. 70).


Muchos de los Ordensburgen ('Castillos de la Orden'), las academias en las que los líderes nazis eran internados y adoctrinados, tomaron sus nombres de fortalezas de los Teutones (p. 70).

Todos estos movimientos estaban imbuidos de un odio visceral a la mujer (p. 72). De hecho, en el marco de prácticas satánicas de demonización. Y, como vamos a proponer, esto encaja a la perfección con la hipótesis de que Hitler, y quizás también otros líderes nazis, eran transexuales encubiertos. A los que se habría demonizado, sospechamos, su dimensión femenina, que habrían compartimentalizado amnésicamente como parte de su multiplicidad psicópata.

Esta sería la paradoja que explicaría todo el nazismo. La aparente masculinidad de los líderes nazis sería, en realidad, una tendencia fuertemente homoerótica, y también fuertemente sadomasoquista, más cuanto más nos acercamos a los cuadros de mando. Pero una tendencia muy reprimida, si lo expresamos en términos psicoanalíticos, o compartimentalizada amnésicamente, si lo hacemos en los términos de la programación mental mediante trauma.



Así, la ambivalencia que caracteriza a los líderes se daría de la manera más extrema en el caso de Adolf Hitler. Hitler sería, según nuestra hipótesis, la mujer que los líderes nazis odiaban. Pero esto operaría de manera encubierta, reprimida, con el Hitler masculino como fachada y como modelo de la masculinidad sesgada que muchos de ellos encarnaban.

Hitler encarnaría, por lo tanto, lo que la mayoría de estos altos mandos nazis eran: un hombre muy masculino de cara a la galería, que reprimía ferozmente su feminidad. Y esto, evidentemente, quien mejor lo puede hacer, de la manera más radical, más extrema, más efectiva, es una mujer transexualizada en hombre, de manera forzada, en el marco del abuso satánico y la posesión demoníaca, como todo apunta era el caso del führer. Y de manera encubierta, operando de manera velada. Isis natural encarnando a Or-Isis. Propiciación del andrógino Horus. Solo otra etapa más de un mismo orden transhumanista en ciernes. Y no oposición como nos venden.

Todo lo que decimos nos parece que está en la base de la fuerte polarización que se produjo en el nazismo entre homosexuales "machos" y "chicas". Pero, como decimos, todo esto es general en la agenda de la cultura moderna europea, y no algo específico del nazismo. Agenda de sacrificio de la maternidad natural y propiciación del infrahumano andrógino, producido en laboratorio, que hoy se consuma.

Así, el nazismo no fue más que la emergencia relativa de una corriente más profunda, que sigue en el corazón del sistema hoy. Como no podía ser de otra manera, pues el nazismo fue un movimiento de oposición controlada orquestado y controlado desde los centros del poder global (Roma, Londres, Washington).



A partir de los movimientos ocultistas de List y Lanz surgió, en 1912, la Orden Germánica (Germanenorder). Utilizada, entre otras cosas, para reclutar asesinos políticos, entre los que se contaban Gerhard Rossbach, Edmund Heines y otros homosexuales "machos", de los que vamos a tratar (p. 75).

En 1917, el capítulo bávaro de la Orden Germánica cambió su nombre por el de Sociedad Thule, que seguía siendo la continuación de las prácticas ocultistas de Blavatsky, así como de las de Aleister Crowley (p. 76).

Uno de los líderes de la Sociedad Thule fue Walter Nauhaus, procedente de los Wandervögels (p. 77), una organización de base del nazismo de la que hablaremos después. Esto pone de manifiesto hasta qué punto todas estas organizaciones, más o menos ocultas, estaban vinculadas. De hecho, el nazismo, como el resto de los movimientos políticos, y especialmente los más revolucionarios y violentos, era solo un frente de las sociedades secretas.

Así, algunos de los principales líderes del nazismo, como Hans Kahnert, Dietrich Eckart o Rudolf Hess, eran miembros de la Sociedad Thule. Se dice que Adolf Hitler era un invitado habitual a los encuentros de Thule (p. 78). Dietrich Eckart habría iniciado a Hitler en los ritos de magia sexual de tipo tántrico practicados en estas sociedades. Según Eckart, él habría "creado" a Hitler, algo que también afirmaban Ernst Röhm, del que hablaremos después, y Lanz von Liebenfels (pp. 77 y 78).

Es de notar la connotación cabalística de la expresión "crear". Hitler era un golem, una marioneta movida por sus amos. Hitler le dedicó el libro "Mein Kampf" ('Mi lucha') a Eckart, lo que parece confirmar su intimidad con el ocultista de Thule.

Esta cita de Eckart parece también aludir a la programación de control mental:
"¡Seguid a Hitler! Él danzará, pero lo hará con mi música. Le hemos proporcionado los medios para mantener el contacto con ellos (los «maestros»)" (p. 78).
Estos detalles, como otros que seguiremos viendo, apuntan a que Hitler era un esclavo de control mental mediante trauma, controlado, como una marioneta, desde estas sociedades semisecretas, y otras aún más secretas.

Otro importante líder nazi, Heinrich Himmler, estaba también muy influenciado por estas sociedades ocultistas. Era muy cercano a Karl Maria Wiligut, conocido como el "Rasputin de Himmler". Con Himmler, las SS se convirtieron en una orden fuertemente ocultista, en la que los miembros cambiaban sus nombres cristianos por otros de origen teutónico. Se cree que Himmler habría sido también homosexual (p. 79).

Como decimos, todo el nazismo no fue más que un frente de todo este sustrato ocultista. Así, el Partido Nazi surgió en 1918 a partir de la Sociedad Thule (p. 93). En sus inicios, las dos figuras centrales del Partido fueron Ernst Röhm, de cuyas perversiones sexuales vamos a hablar, y Adolf Hitler. Según muchos historiadores, Röhm era, en un principio, más poderoso que Hitler (p. 95). Como otros líderes nazis, Hitler se rodeaba de homosexuales, y esto no parecía ser ningún problema, sino al contrario, algo intencionado:
"En contra de los que sugieren lo contrario, Hitler no era antihomosexual. De hecho, como Röhm, Hitler parecía preferir compañeros y colegas homosexuales. Como Röhm y Hess, dos de sus amigos más cercanos, Hitler parecía elegir homosexuales y otros desviados sexuales para ocupar los puestos clave cerca de él" (p. 95).
Baldur von Schirach, líder de las Juventudes Hitlerianas era bisexual; Hans Frank, alto cargo del Tercer Reich, era homosexual; Wilhelm Bruckner, alto cargo de las SA, era bisexual; Walter Funk, otro alto cargo del Tercer Reich, era homosexual; Emile Maurice, chófer y secretario personal de Hitler, era homosexual; todos los guardaespaldas de Hitler eran homosexuales; etc. (pp. 95-96).

Pero, insistimos, la cuestión de fondo aquí no era que fuesen homosexuales por elección (que es el otro polo de este fenómeno, que no estamos negando que exista, y que respetamos), sino que eran homosexualizados en el marco de prácticas coactivas, iniciáticas, de programación mental, etc. Porque solo esto podía dar al movimiento nazi la capacidad de actuar de la manera que lo hizo.
"Ningun partido en Alemania [como el Nazi] se acercó a atraer tantos caracteres sombríos... proxenetas, asesinos, homosexuales... A Hitler esto no le importaba, mientras le fuesen útiles" (p. 106).
Según los autores, todo esto apunta a que Adolf Hitler era también un homosexual (p. 99 y ss). Pero nosotros, como hemos avanzado, creemos que hay que ir aún más lejos. Que la clave de todo el nazismo está en que el führer podría haber sido una mujer de manera oculta. Nos ocuparemos de ello en lo sucesivo.



Pedro Bustamante es autor de "En el nombre del Falo y del Ano y de la Matriz transhumana: El sacrificio de la maternidad y el nacimiento del infrahumano" (2017), "Sacrificios y hierogamias: La violencia y el goce en el escenario del poder (1 y 2)" (2016) y "El imperio de la ficción: Capitalismo y sacrificios hollywoodenses" (2015).

4 comments:

  1. Hola, Pedro, me ha parecido muy interesante el post. Ya había oído algo de que Hitler es un trans y me parece perfectamente factible. En las dos fotos que muestras donde se le ve de pie se aprecia perfectamente un fémur femenino, además del resto de rasgos, como la cadera aparente, las orejas pequeñas, el cráneo femenino, la falta de barba, etc, etc...
    El modus operandi me parecería perfectamente factible, es decir, el descaro de ellos mostrándonos homosexuales y trans a plena luz del dia, pero ocultándolo ante el ojo del espectador. Es muy de ellos, todo muy macabro. Es interesante también ver cómo ha pasado ese mensaje subliminal a la sociedad actual y cómo nos sigue afectando, cómo sentó las bases de la sociedad de hoy, totalmente homosexualizada y sin que nadie se atreva ser mínimamente crítico con la homosexualidad a riesgo de ser demonizado y tachado de homófobo. Fue una jugada magistral, como lo fue con la temática "judíos". ¿Habrá continuación?
    Gracias.
    Susana

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  2. ¡Excelente! qué intrincada, macabra, contra natura esta élite satanista. Perturbador. Gracias por desentrañarlo, Pedro.
    Después de leer esto, me voy al jardin a ver los pajaritos volar y cantar. Saludos!

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  3. Me parece un analisis novedoso, pero que ocurre con la gente que si es homosexual por elección como dices? Es un argumento complicado relacionarlo con pederastia y satanismo no crees? Por ejemplo a mi me gustan las mujeres y no he sido víctima de ningún tipo de control mental.. No sé me parece muy generalista decir que la sociedad está homosexualizada porque en realidad si desde Grecia hubo homosexuales que diferencia ves ahora?

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  4. Buenísima y brillante la hipótesis de un Hitler marioneta,víctima de abuso ritual satanico y ello demostraría que el "ahora" de estas victimas de control mental es una actualización de las prácticas del pasado. Bueno lo del tiempo, es discutible, yo tengo la hipótesis de que para las viejas entidades satanicas siempre es el presente, no así para nosotros que en esta tercera dimensión estamos atrapados en una línea de tiempo/espacio.

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